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Por GERMÁN TEMPRANO...

Por GERMÁN TEMPRANO...

Amagos fiscales

Los amagos del Gobierno en política fiscal han sido propios de un novillero miedoso y malo. Hasta donde se puede constatar el único impuesto que ha subido al calor de la crisis es aquel que afecta a todos por igual, es decir el IVA, aunque no significa que su incidencia en las economías familiares sea la misma.

NUEVATRIBUNA.ES

Por mucho que el ministro de Fomento trate de no cortarnos la digestión tras la ingesta de una paellita en el chiringuito, eso de tachar de reflexión personal una posible subida de impuestos no se lo cree ni un forofo del Atleti y mira que tienen fe. De ser así, dado el hábito del señor Blanco a acudir a un plató a explicar las cosas, en esta ocasión, en vez de ir a La Noria, sería más procedente concertar una entrevista con Jesús Quintero. Además de la intimidad contaría con la ventaja de aprovechar los legendarios silencios del entrevistador para meter una cuña electoral por la patilla. De todos modos, tampoco sería necesario anunciar estas medidas con anestesia. Si se quieren tener servicios, vías y carreteras habrá que pagar por ello. Sólo nos falta que nos digan cuándo, cuánto y a quién se los van a incrementar.

Por el momento, los amagos del Gobierno en política fiscal han sido propios de un novillero miedoso y malo. Hasta donde se puede constatar el único impuesto que ha subido al calor de la crisis es aquel que afecta a todos por igual, es decir el IVA, aunque no significa que su incidencia en las economías familiares sea la misma. Más gravoso para quien menos tiene y mucho más llevadero para quien vive con holgura. Si ahora se trata de que las rentas más altas soporten algo más de peso tributario hace tiempo que, más que una reflexión, debería haber sido un decreto. Se ha perdido tiempo y dinero.

Un dinero que ha salido de los bolsillos de los trabajadores y de los jubilados mientras las rentas de capital se han ido de rositas del ajuste. Claro que dirán que bastante castigo han tenido con ganar la mitad de millones de euros que el año anterior. Y no les falta razón. Angelitos. La secuencia política por la que optó el gobierno de Zapatero delata que, de concretarse este cambio fiscal, no será tanto por convencimiento como por el bochorno que supondría crujir de nuevo a los mismos. En el caso contrario, lo último, y sólo en caso de extrema necesidad, hubiera sido justo lo que se hizo lo primero. Es decir, poner manos arriba delante de un trabuco publicado en el BOE a los salarios y a las pensiones. Visto que el botín no alcanza para tapar los agujeros, y aun a riesgo de molestar, el ministro no descarta pues que ahora sean las clases sociales con más posibles quienes arrimen el hombro con la grima que les debe dar esa cercanía corporal con gentes que incluso compran el desodorante en el Lidl.

Claro que tampoco especifica en qué tramos de renta piensa de manera personal e intransferible. Y debería, él o quien corresponda, y una vez tirada la piedra, detallar si contribuyentes que ya han padecido recortes notables en sus nóminas también van a ser paganos por partida doble a través de su declaración de la renta de una crisis que, lejos de provocar, sólo han padecido de manera múltiple. Quizás no sea la forma más idónea prevenir de una modificación tributaria tras el disfraz de una ocurrencia personal por muy ministro que se sea. Sin embargo, menos adecuado parece aún, no ya desde la ideología sino desde el sentido común, no apretar las clavijas con valentía a aquellos que fueron los mayores beneficiarios en el pasado de un clima financiero que ha traído los desastres del presente y las hipotecas del futuro.

De todos modos, sólo recordarle al ministro Blanco que ese loable empeño que pone en llevarnos a la Primera División de la UE en materia impositiva bien podría ser extrapolable a otros ámbitos. No sé qué le parecería, por ejemplo, que el salario mínimo de España se equiparara al de Francia que es justo el doble o que opinión le merecería ajustar la pensión máxima a la de los jubilados alemanes o finlandeses. Ya que nos ponemos europeos que no falte de nada. Otra reflexión personal como otra cualquiera. Y eso que todavía no me han nombrado ministro.

Germán Temprano es escritor y periodista

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