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Entrevista a Toxo en La Nueva España...

Entrevista a Toxo en La Nueva España...

«Zapatero es como la Iglesia: nos promete la dicha futura, pero nos arruina el presente»

«Esta reforma laboral es la más lesiva de la democracia y ninguna huelga general ha sido hasta ahora inútil»

IGNACIO FERNÁNDEZ TOXO
Secretario general de CC OO

Gijón, Javier CUARTAS
Ignacio Fernández Toxo (Ferrol, 1952), secretario general de CC OO, sostiene que, con la reforma laboral, el izquierdismo de Zapatero actúa como la Iglesia: «Promete la felicidad futura y eterna pero arruina el presente». Ayer UGT y CC OO formalizaron la convocatoria de huelga general para el día 29.

-A la vista del cambio de prioridades del Gobierno, ¿cree que los conversos son los peores?

-A veces da la sensación que el PSOE sufriera el «síndrome de Estocolmo», como si necesitara demostrar que son defensores de los intereses empresariales.

-¿Cree, entonces, como Galeano, que el poder es como un violín: se toma con la izquierda pero se ejecuta con la derecha?

-Es un buen resumen. Cuando Zapatero dice que los sacrificios de hoy son los beneficios de mañana está copiando una frase que ya pronunció en su día Felipe González, y que éste a su vez había copiado de Abraham Lincoln. La izquierda que practica Zapatero es como la Iglesia: promete la dicha futura y eterna pero nos arruina el presente.

-¿Cree como el líder de UGT que este Gobierno es el «campeón de la derecha europea»?

-Esa frase hay que interpretarla desde el desencanto que haya podido producirle a Cándido que desde sus propias filas se meta la piqueta a los derechos laborales. Y Zapatero puede pasar a la Historia como el que ha impulsado el mayor retroceso en el Derecho laboral español.

-¿La reforma laboral supondrá el desarme definitivo de los asalariados?

-No lo creo porque, si esta reforma se consolidara -y la huelga está convocada para evitarlo-, el movimiento obrero tiene capacidad para autogenerarse y desarrollar nuevos instrumentos defensivos.

-¿Es tan lesiva esta reforma?

-Es la más lesiva para los derechos laborales en la democracia. Lo que se pretende es impulsar las relaciones laborales individuales y terminar con la negociación colectiva, lo que dejará inermes a las inmensa mayoría de los trabajadores, que quedarán, frente al poder de las empresas, sin el amparo de los convenios sectoriales.

-¿Tiene algún sentido hacer huelga para evitar una reforma laboral que ya entró en vigor?

-Ninguna huelga general ha sido inútil y ahora no tiene por qué ser distinto. En la reforma del PP de 2002 y antes contra el plan de empleo juvenil se logró hacer reversible una parte muy importante de lo que se pretendía imponer.

-El objetivo argumentado de la reforma es crear empleo, acabar con la precariedad y corregir la dualidad del mercado laboral.

-Que la reforma creará empleo ya no lo dice ni el Gobierno y los datos de julio y agosto, ya con la reforma en marcha, evidencian que no sólo no ha crecido, sino que ha decrecido la contratación estable y que se ha llegado al máximo nivel de contratación temporal en doce años, y que el contrato indefinido con 33 días de indemnización, que se pretendía fomentar, está en cifras inferiores a antes de la reforma.

-Los grandes apóstoles de la reforma laboral fueron profesores con una elevada protección laboral. ¿Les incomoda?

-Muchas reflexiones, como la del grupo de «Los cien», tienen un componente excesivamente académico y sería conveniente que determinadas tesis pasaran por el filtro de la experiencia en el mundo de la empresa, de la que adolecen.

-En España hay regiones con tasas de paro homogéneas a otros países. ¿El problema del paro español es más de estructura productiva que de normas laborales?

-Ésa es una vieja reclamación que venimos haciendo los sindicatos. Nosotros advertimos de los riesgos de la «burbuja» inmobiliaria y que había que aprovechar los años de bonanza para cambiar el patrón de crecimiento.

-Durante 2008 y 2009 se reprochó a los sindicatos que no hiciesen huelga general y ahora se les recrimina por hacerla.

-Antes de la crisis se nos alabó (incluso en exceso) por nuestra responsabilidad y capacidad de acuerdo. Luego sufrimos una crítica feroz porque alguno interpretó que la crisis debía servir para un cambio político y se quiso que los sindicatos fuésemos la infantería para lograr lo que no consiguieron en las urnas.

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