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El margen de ahorro en esto está lejos de tocar techo … y sin merma alguna en la calidad de la prestación, como ya todos empiezan a saber...

El margen de ahorro en esto está lejos de tocar techo … y sin merma alguna en la calidad de la prestación, como ya todos empiezan a saber...

Los médicos de primaria llegan a final de año al 23% de recetas de fármacos genéricos

El área V podría haber ahorrado cinco millones de euros del gasto en farmacia si se hubiera prescrito el máximo de medicamentos sin marca

Foto: Luis Sánchez, jefe de farmacia del área sanitaria V, en su despacho. 

A. RUBIERA, en La Nueva España

Las recetas de medicamentos genéricos, aquellos desprovistos de marca comercial pero basados en los mismos principios activos que los fármacos que «copian», avanzan en el área V a paso lento, pero parece que seguro. Los doscientos facultativos de la red de primaria de Gijón, Carreño y Villaviciosa alcanzaron el pasado año una media acumulada del 21% de prescripción de genéricos, una cifra que en noviembre (el último mes con registros cerrados) llegó al 23%.

Aunque Gijón está lejos del 30% de introducción que ya han logrado este tipo de medicamentos sin marca en algunas comunidades españolas, o incluso en unidades de gestión clínica de Asturias, lo cierto es que en el área V la tendencia va al alza. Así, al menos, lo considera Luis Sánchez, responsable farmacéutico de atención primaria, para quien es indudable que «vamos mejorando. Es una sensación que confirman las cifras. No somos el área que mejores datos maneja, pero tampoco estamos en la cola. Y eso, teniendo en cuenta las características propias de esta zona, con 300.000 habitantes, doscientos facultativos, muchos pacientes crónicos y polimedicados y cien residencias de ancianos, por mencionar algunos datos, es importante. En un área como ésta un crecimiento, aunque sea del 1% como el que hemos tenido este año, tiene mucha repercusión y un impacto significativo en conductas y en gasto».

Sánchez es un convencido del beneficio que supone la introducción masiva de los genéricos, unos fármacos que tienen el beneficio de su bajo coste (porque las patentes de las marcas comerciales ya han vencido), pero que han superado los mismos controles ministeriales de seguridad y eficacia que cualquiera. Sólo en el área V se podrían llegar a ahorrar cinco millones de euros al año si se prescribieran en todo su potencial.

Luis Sánchez hace hincapié en la responsabilidad que tienen tanto los facultativos como los pacientes en el cambio de mentalidad frente a estos productos. «Aún hay quien tiene reticencias, pero cada vez son menos personas. Otra cosa es que no siempre sea fácil modificar una prescripción que se mantiene desde hace mucho tiempo -por ejemplo en el caso de los pacientes crónicos- o que no se tenga el tiempo suficiente en consulta para explicar por qué se va a cambiar un medicamento habitual por otro con los mismos principios activos y el mismo uso, pero sin el nombre de la marca conocida», relata. Pero el objetivo debería ser incuestionable. «Todos los facultativos deberían hacer un uso racional del medicamento, saber lo que es necesario para el paciente, la dosis y el tiempo necesario, y al menor coste para él y para la comunidad. Y todo eso, basándose en guías clínicas y que sea coste efectivo. Muchas veces los tratamientos que salen al mercado son sólo modificaciones pequeñas de la forma de dosificación que hace la compañía porque se le acaba la patente y quiere sacar algo nuevo», explica.

Aunque la media de prescripción en el área V está en el 23%, las excepciones también existen. Así, entre los facultativos gijoneses existe el caso de un médico que destaca por que más de la mitad de todas las recetas que emite son genéricos; en la parte contraria, también hay quien apenas supera el 10%. «Unificar absolutamente no es fácil porque además de la concienciación del profesional incluye también qué tipo de población tiene en su cupo», relata Luis Sánchez.

Un antiinflamatorio de los que más se recetan baja su precio a la mitad frente al original con marca

A. R., en La Nueva España

En el plano de los pacientes, también hay grupos muy proclives a extender el buen nombre de los genéricos. Es el caso de los integrantes de «A pie de barrio», un colectivo que desde La Arena lleva años trabajando activamente para que haya un cambio en la cultura sanitaria de la polimedicación. «El paciente tiene algo que decir en todo esto y sería importante que cada vez más gente se mostrara favorable a este tipo de recetas, porque a igual calidad suponen un ahorro importante», declara Luis Sánchez, que reflexiona sobre «el beneficio que puede tener un trabajador que paga su receta si opta por un medicamento que le cuesta la mitad que otro».

Y los ejemplos son muy muchos. Uno de los más clarificadores podría ser el consumo que se registra en el área del Neobrufen 600, un antiinflamatorio a base de ibuprofeno que cuesta 6,51 euros por caja, y en su versión de genérico apenas supera los 3 euros. «En la factura del área sólo con ese medicamento podríamos tener un ahorro potencial enorme, porque es uno de los diez fármacos que más se prescriben». Lo mismo ocurre, por poner un segundo ejemplo, con un fármaco para combatir la hipercolesterolemia que en su versión de marca cuesta 32 euros y en el genérico, algo menos de 10 euros. «Hay un margen de ahorro evidente en una factura farmacéutica que sólo en el área ronda los 6 millones de euros al mes», cuenta Luis Sánchez.

Entre los trabajos del farmacéutico del área V está el de mandar mensualmente a cada médico de la zona el balance de su consumo en recetas, el acumulado del año y la relación de las 35 especialidades de mayor gasto del mes en toda el área, junto con las 35 especialidades con mayor ahorro potencial por genéricos. «El consumo de estos fármacos es un indicador de calidad, de ahí que sea bueno ofrecer datos puntuales a los médicos. Aparte de esto, también intento ir a los centros de salud, ofrecer sesiones informativas sobre genéricos, mantener a los profesionales al día de las novedades y, en general, ayudarles en lo que pidan de forma que entre todos fomentemos el uso de estos fármacos. Hay profesionales que son reticentes y otros no tanto», sostiene el farmacéutico, que recuerda que «aún nos queda mucho trecho por recorrer hasta ponernos al nivel de Estados Unidos, donde suponen el 50% de la prescripción, o algunos países nórdicos, donde su introducción llega al 60% de todo el gasto de farmacia».

En Asturias, una de las circunstancias que han hecho que se eleve más la prescripción de genéricos en algunas áreas concretas es la puesta en marcha de unidades clínicas. En el área V no hay ningún centro de salud que se haya subido al carro de esta iniciativa, de ahí que no se haya visto reflejado en ningún cambio sustancial en la prescripción.

El farmacéutico del área también espera que una de las novedades que va a introducir la Consejería en el futuro, como es impulsar las recetas por principios activos y no por nombres comerciales, juegue a favor de los genéricos, sobre todo porque permitirá salvar las diferencias de criterio que muchas veces existen entre los médicos de la red de atención primaria y los especialistas. «Mucho ahorro de farmacia en atención primaria depende de especializada. Una de las pegas de implantación de los genéricos es lo que se llama la prescripción inducida, que es como se conoce a las recetas que se dan en primaria, pero generadas en origen por los médicos especialistas. Se estima que esa prescripción inducida puede ser desde el 30 al 70% de todo lo que se receta. Muchos facultativos de los centros de salud se ven condicionados a mantener la receta que un especialista le dio a un paciente, aunque sepa que podría tener lo mismo en su versión de genérico. Por eso, el cambio que se va a producir podrá beneficiarnos a todos», sostiene Sánchez.

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