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Desde aquí nos sumamos al reconocimiento de la altísima calidad humana y valor profesional del que fuera Consejero de Sanidad entre 1995 y 1999…

Desde aquí nos sumamos al reconocimiento de la altísima calidad humana y valor profesional del que fuera Consejero de Sanidad entre 1995 y 1999…

Muere a los 65 años Antonio Cueto, exconsejero de Sanidad del Principado

Desde diciembre de 2010 era decano de la facultad de Medicina y llegó a competir por la Alcaldía de Oviedo con la URAS en 1999

02.01.12, El Comercio.

Ya no resonará por los pasillos de la Facultad de Medicina su agraciado acento almeriense ni tampoco se verá su desparpajo, mezcla andaluz-astur, como a él le gustaba definirse. Antonio Cueto Espinar, consejero de Sanidad del Principado entre 1995 y 1999, falleció en la noche de ayer en el Hospital Central de Asturias a causa de un derrame cerebral. Abandona esta vida a la edad de 65 años, dejando tras de sí un enorme vacío, tanto en el ámbito universitario como sanitario, donde se prodigó con buen tino. Antonio Cueto era decano de Medicina desde diciembre de 2010, cargo en el que relevó a su amigo Pedro Riera, que ayer no podía emitir palabra alguna sobre la desaparición del catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública.

La noticia sobre el fallecimiento del exconsejero de Sanidad cayó como un jarro de agua fría entre sus allegados. Con algunos de ellos había compartido hace pocos días el tradicional encuentro de Navidad. Cueto había sufrido meses atrás un derrame cerebral, pero había logrado recuperarse por completo. Pero el destino (desafortunado en esta ocasión) hizo que acabara nuevamente en el HUCA en la madrugada del pasado sábado, cuando apenas faltaban unas horas para despedir al 2011. Esta vez no pudo superar la embestida y acabó falleciendo sobre las once de la noche de ayer, para tristeza de su mujer, María José, y de sus tres hijos, Antonio, David y María del Mar, quienes no dudaron en respetar la última voluntad de Antonio: donar sus órganos.

Cueto había nacido en Almería, el 31 de julio de 1946, en el seno de una extensa familia. Pese a ser originario de Andalucía y estudiar Medicina en Granada, mantenía una profunda relación con Asturias, a donde llegó en 1986 para ejercer de catedrático en la Universidad de Oviedo. La simbiosis con el carácter asturiano tardó poco en llegar y Cueto se convirtió en uno más de la región.

En 1995 accedió al cargo de Consejero de Sanidad y Servicios Sociales del Gobierno del Principado presidido por Sergio Marqués. Desde allí bregó por la ampliación de la red de Atención Primaria y logró desbloquear la apertura del Hospital de Arriondas, a cuyo funcionamiento se oponía la entonces administración central. Durante su mandato, defendió el proyecto para remodelar el actual Hospital Central ubicado en El Cristo, al considerarlo mucho más asumible financieramente esta opción para una región como Asturias.

Cueto incursionó algo en política. Poco, lo justo. Lo hizo de la mano de la URAS (partido que nació de la escisión del PP), en 1999, cuando se presentó como candidato a la Alcaldía de Oviedo. No salió elegido concejal y decidió centrar sus esfuerzos y concentrar su energía en la Universidad, donde era docente y donde también llegó a ocupar años después el vicerrectorado de Ordenación Académica y Profesorado. En 2008, animado por su entorno más cercano, compitió, sin éxito, con Vicente Gotor por el rectorado. En diciembre de 2010 gana las elecciones al Decanato de la Facultad de Medicina, cargo que ocupaba en la actualidad. Al cierre de esta edición, no se había decidido el lugar del funeral.

Consejero y consejero

Por JOSÉ MARÍA NAVIA-OSORIO | CONSEJERO DE SANIDAD.

02-01-12, El Comercio.

En Antonio Cueto se reflejaba la polisemia de la palabra 'consejero'. Yo siempre lo recordaré como el buen consejero de Sanidad que fue en aquella legislatura tan difícil en la que comenzamos militando en el mismo partido y terminamos en partidos distintos. Hace poco aún lo recordábamos y bromeábamos, al comentar que yo tampoco militaba ya en aquel partido político que compartimos.

Lo hizo muy bien durante su mandato porque tuvo la habilidad de despolitizar una consejería que se iba volviendo cada día más sectaria y alejada de los profesionales sanitarios. Antonio, con su simpatía, inteligencia y autoridad moral, llevó un aire distinto a aquel viejo edificio de General Elorza.

Yo ya había tenido algún contacto anterior con él. Le había conocido participando en un curso sobre infecciones hospitalarias que había organizado en su cátedra de Medicina Preventiva y Salud Pública. Poco tiempo después, cuando ya era el decano de la facultad de Medicina, había seguido su sugerencia, con la intermediación de Alfonso Fidalgo, de poner en marcha la Asociación de Antiguos Alumnos de la Facultad de Medicina.

Pero fue en su época de consejero de Sanidad cuando estrechamos más nuestra relación porque durante aquellos años, de 1995 a 1999, era el subdirector provincial del Insalud asturiano, que dirigía Sergio Gallego. Era una delicia compartir con Antonio y Sergio una charla en la que cada uno aportaba un golpe de ingenio. En circunstancias difíciles, Antonio siempre supo mantener una relación cordial con todos.

Recuerdo que un día nos contó su participación en un mitin electoral. Aún no era una persona conocida fuera del ámbito sanitario y su apellido, Cueto, tenía cierto aire local. Después de haber sido presentado, subió al estrado y con su inconfundible acento andaluz empezó su arenga diciendo: «Nosotros, los asturianos.».

¡Qué trabajo me va a costar darme cuenta de que ya no volveré a oír ese acento que hacía tan característica su habla pausada! Y aquí es cuando le recuerdo como consejero, como el amigo que te regala un consejo. ¿Por qué esta acepción de la palabra no es la que se escribe con mayúscula?.

En los próximos meses íbamos a trabajar juntos en el proyecto de la puesta en marcha del nuevo Campus de Ciencias de la Salud de La Cadellada, con otro amigo común, José Antonio Álvarez Riesgo, que había sido director regional de Salud Pública en su etapa de consejero y es ahora director general de Innovación Sanitaria conmigo.

Los dos hemos perdido a uno de nuestros referentes profesionales. Hemos perdido a esa persona a la que íbamos a poder hacer las preguntas difíciles que él mejor que nadie nos podría contestar.

Ahora tendremos que continuar sin él, pero llevando su recuerdo con cariño.

Adios, Antonio; adiós, querido consejero.

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