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«No somos conscientes de lo que supone tener una sanidad gratuita» ...

«No somos conscientes de lo que supone tener una sanidad gratuita» ...

«Las pensiones no están al borde del precipicio»

«Es triste que con lo que está pasando en Irlanda aquí no se llegue a un mínimo de acuerdo para salvaguardar el bienestar de los ciudadanos» .

Marcos Peña Pinto. Presidente del Consejo Económico y Social (CES)

06.12.10 – El Comercio.

 «Es triste que con lo que está pasando en Irlanda aquí no se llegue a un mínimo de acuerdo para salvaguardar el bienestar de los ciudadanos»

Marcos Peña Pinto. Presidente del Consejo Económico y Social (CES)

Marcos Peña (Teruel, 1948) es Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid e Inspector Técnico de Trabajo y de la Seguridad Social. Fue consejero laboral en la Embajada de España en Italia y secretario de Salud del Ministerio de Sanidad y Consumo de 1991 a 1992. Posteriormente, ocupó la Secretaría General de Empleo y Relaciones Laborales del Ministerio de Trabajo durante los años 1993 a 1996. En la actualidad preside el Consejo Económico y Social (CES), órgano consultivo del Gobierno y foro de diálogo y reunión de administraciones, sindicatos y empresarios.

-Estamos ante una crisis de grandes dimensiones y nadie se pone de acuerdo en este país. ¿Se ha perdido la capacidad de diálogo y de entendimiento?

-Considero esencial que exista una vocación de entendimiento y no tanto de acuerdo. Puede que sea difícil saber lo que tenemos que hacer porque incluso tenemos problemas para comprender lo que está pasando, pero sí sabemos cómo hay que hacer las cosas. Y la vocación de entendimiento, de educación y de razonabilidad son fundamentales. Diría más, el ejercicio de la razón casi como ejercicio revolucionario. Y eso corresponde a las fuerzas políticas en primer lugar porque eso genera un clima que permite la cooperación institucional y la gestión de lo público. El diseño de cómo afrontar las cosas pasa por el entendimiento, la cooperación y el compromiso.

-¿Una foto de Zapatero y Rajoy ayudaría a reforzar nuestra imagen exterior como país?

-Sí ayudaría, aunque poco si nos quedásemos en la foto porque generalmente lo más importante es lo que está detrás. Me produce una sensación de tristeza comprobar que con lo que está pasando en Irlanda no se llegue a un mínimo de acuerdo para salvaguardar el bienestar de los ciudadanos. Estamos en un momento complicado donde la rivalidad y la pasión superan a la razón y eso afecta al bienestar de la gente.

-¿Plantear reformas se ha convertido en una moda?

-Veo aterrador que cada día se descubra por un listo una nueva reforma, una nueva ocurrencia. Que proliferen los que dicen que saben lo que hay que hacer para salvar el país. Creo que hay que reformar lo que se debe reformar y en algunos casos eso ya se está haciendo o está en trámite de aplicación. Pero lo que se haga hay que afrontarlo con seriedad y de manera no tan estridente.

-¿Se nos está metiendo miedo con la reforma de las pensiones?

-Es un buen ejemplo de lo que estamos hablando. No quiero insinuar que la reforma de las pensiones no es importante, pero debe partirse del compromiso de salvaguardar el sistema reconociendo en primer lugar que está bien, y que el objetivo de los cambios persigue que siga bien durante el mayor número de años posible. No estamos al borde del precipicio y esos mensajes de 'arrepentíos pensionistas que vuestro fin está cerca' me parecen una barbaridad.

-¿Ampliar la edad de jubilación y el número de años para calcular la pensión lo ve necesario?

-Todas las medidas anunciadas son razonables. Lo más importante es asegurar que las pensiones no son una pieza separada de nuestro mercado de trabajo. Es decir, que el régimen de pensiones que se quiera debe adecuarse a la forma en que trabajamos y, claro, un país al que le cuesta muchísimo que sus ciudadanos lleguen a los 65 años trabajando le va a ser más difícil que lleguen hasta los 67. Como las carreras profesionales comienzan muy tarde y en muchos casos son precarias también habría que hablar del sistema educativo y de la formación. Eso exige un estudio más sereno y con gente que quiere sentarse para llegar a acuerdos y que tenga visión global de las cosas.

-A eso y a estimular que quien pueda y quiera siga trabajando más allá de los 65 años. La política de pensiones empieza con los bebés, en habilitar más plazas de guarderías para que las mujeres pueden trabajar y aumente la tasa de empleo. Las cosas han cambiado, ya no estamos en un mundo monocolor y a lo mejor no cabe un sistema universal de pensiones idéntico para todos porque a lo mejor hay gente que se quiere jubilar a los 70. ¿Cómo combinamos pensión y trabajo? Es un debate complejo y las cosas complejas no requieren soluciones simples.

-¿Una reforma laboral aprobada sin acuerdo nace herida?

-Nace con menos peso, es un bebé que tiene menos peso. Hablamos de unas normas cuyos destinatarios y los que las van a aplicar deberían estar de acuerdo; eso es lo sensato y razonable, pero no hay que olvidar que la obligación del Gobierno es gobernar, es una obligación ética y la acción de un Ejecutivo no puede estar condicionada a la existencia de un acuerdo. Ha habido reformas no acordadas que también fueron el origen de nuestra recuperación y no hay que ser muy maximalistas en esto.

-En Francia los sindicatos han convocado varia huelgas generales y aquí sólo una. ¿Qué le parecen las acusaciones y críticas que han sufrido los sindicatos estos meses?

-Hace mucho tiempo que vengo defendiendo a los sindicatos, no tanto su acción porque de hecho a mí me convocaron una huelga cuando era secretario de Empleo. Lo que defiendo es cómo está hecho mi país y el artículo siete de la Constitución dice que los sindicatos y las organizaciones empresariales defienden y promueven los intereses económicos y sociales que les son propios. Son sujetos constitucionales que merecen protección, respeto y reconocimiento. El artículo siete va después del seis, que son partidos políticos, y antes del ocho, que son Fuerzas Armadas. Mi Constitución los reconoce y eso significa que hay que promoverlo legalmente. Hay que tener memoria: llevo metido en esto desde que tengo uso de razón y en los últimos treinta años el esfuerzo de los sindicatos y de las patronales en embridar un poquito este país ha sido descomunal; se ha pactado todo, reestructuraciones, legislación... Y a mí sólo me queda insistir en darles mi máximo respeto y agradecimiento. ¿No se ha llegado a un acuerdo ahora? Pues mala suerte, pero tenemos que reconocer que han estado casi un año empeñados en lograrlo. Tenían voluntad y siguen negociando y a mí el descrédito y la ridiculización, me parece que grava algo esencial: la vertebración y la cohesión del país.

-¿Qué le parecen las declaraciones como las que hizo el presidente de la CEOE en las que aseguraba que había que trabajar más y cobrar menos?

-Son una boutade. El otro día decía uno que había que despedir a funcionarios, luego salía otro asegurando que había que vender los bosques en Inglaterra... Ya lo decía antes. Algunos se levantan cada día intentando resolver los problemas del mundo con una frase brillante. Son majaderías. Las ocurrencias tienen un peligro enorme. Primero porque deslumbran y segundo porque se recuerdan.

-Le noto crítico y pesimista...

-Es que la situación es muy mala y los ciudadanos lo saben y esta realidad exige seriedad, preocupación y empatía con los problemas y no decir ocurrencias. Muchos pensamos que lo más difícil de la crisis es que no la comprendemos porque no sabemos lo que está pasando.

-¿Hace falta a su juicio más sentido común?

-Por supuesto. Soy consciente de que es muy fácil predicar en vez de dar trigo y no creo que sea inconveniente reclamar un mayor entendimiento y sensatez.

-¿Le preocupan todos los rumores sobre un posible rescate de España si Portugal también cae como Grecia e Irlanda?

-Me preocupa la lentitud en la recuperación que está cercada por el entorno exterior y eso genera mucha preocupación. Tenemos un volumen de desempleo demoledor. Creo que la opinión pública está narcortizada porque escucha dieciséis veces cada año cifras relativas al mercado laboral y ya hemos destruido casi dos millones de empleos que siguen ahí y eso no merece una respuesta alegre ni ocurrente. Más bien sensatez y empatía con aquellos que lo pasan mal.

«No somos conscientes de lo que supone tener una sanidad gratuita»

-El CES acaba de presentar un informe sobre la sanidad en las comunidades autónomas. ¿Qué conclusiones refleja ese estudio?

-El sistema exige mayor armonía y mejor evaluación. El desarrollo autonómico ha de ser solidario para promover la cohesión social y hacer una España más competitiva. Lo considero vital y la sanidad es un buen ejemplo porque está transferida desde hace treinta años.

-¿Es sostenible el sistema?

-Estamos hablando de que representa el 6,4% del PIB y es la segunda partida de gasto público más importante después de las pensiones, que son el 8,9%. Pero con ese porcentaje de producto interior bruto dedicado a la sanidad tenemos unas condiciones de salud infinitamente superiores a un país puntero como EE UU que posiblemente gaste el triple, el 16%. A pesar de que criticamos y hablamos mucho de nuestro sistema sanitario, estamos ante un modelo estupendo y muy valorado por los ciudadanos. Los españoles no nos damos cuenta de que esto es un milagro porque la red sanitaria española era impensable hace pocos años y los ciudadanos están satisfechos con ella.

-¿Cree que los ciudadanos no son conscientes de lo que disfrutan?

-No lo saben y creo que no son conscientes de ello porque no hay una narración política, un discurso que narre lo que ha pasado y explique por qué los españoles tienen la sanidad gratis. ¿Es que ha caído del cielo? Corresponderá a alguna política... ¿Y qué pasa con la educación? ¿Y por qué hay pensiones y pensiones mínimas? Esa narración política es fundamental porque es la que identifica al ciudadano con su país. Y se puede criticar y contestar, pero se puede estar satisfecho con lo que tenemos porque era algo impensable en un país como España. No es el momento para descubrir culpables, porque lo somos todos, pero hay que estar contentos con nuestro país y con lo que hemos logrado.

-¿Seguimos siendo derrotistas?

-Lo que llamaba Azaña «la literatura del desastre».

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