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¿Será posible lo de la sanidad de bajo coste…?

¿Será posible lo de la sanidad de bajo coste…?

Un Gobierno muy optimista asegura que con un recorte de fondos del 5,7% se dará lo mismo que con aumentos del 9%

Llega la sanidad «low cost»

La Nueva España. PABLO ÁLVAREZ

Cuando uno toma un vuelo de bajo coste y se marca un periplo Madrid-Londres-Viena-Roma-Madrid por 250 euros se plantea, como mínimo, un par de reflexiones. Una optimista y la otra un poco menos salerosa. 

La primera: 

-¡Qué supermegaestupendo! 

Y la segunda, una vez desvanecidos los efluvios del entusiasmo inicial: 

-¡Pero cuánto tiempo estuvieron atracándonos los «piratas» de Iberia (y muchos otros)!

Cabe extraer esta doble consideración de las declaraciones efectuadas ayer por los consejeros de Salud y de Administraciones Públicas. Ramón Quirós recibió con elogiable optimismo el recorte presupuestario que su departamento sufrirá en 2011. Aunque cercanas en el tiempo, conceptualmente lejanas quedan aquellas palabras del propio consejero en las que admitía que un eventual recorte de los fondos haría «muy difícil» mantener las actuales prestaciones de la sanidad pública. 

Lo que era «muy difícil» el pasado 8 de octubre ha dejado de serlo. En sus declaraciones de ayer Quirós transmutó el tono de su mensaje: prescindiendo de lo superfluo y ajustando una serie de mecanismos de gestión será posible conservar la cartera de servicios y llevar a buen puerto los proyectos que están en marcha, aseveró. 

Una pregunta -como la referida a Iberia- surge con inmediatez: Pero entonces, ¿qué habíais hecho hasta ahora? Un interrogante que se dirige no sólo a Quirós, sino a todos sus antecesores en el cargo y a los sucesivos gestores del Insalud, que necesitaron de incrementos presupuestarios de un promedio del 9 por ciento para preservar lo que ahora podrá ser sostenido pese a una caída de recursos del 5,76 por ciento.

Y, tras la pregunta desafiante, una reflexión: gracias, amiga crisis, por prestarte a eliminar estos «michelines» que lastraban a nuestra sanidad pública y por obligarnos a situar el gasto sanitario público en sus justos términos. Porque, según Quirós, los presupuestos diseñados para el año que viene son viables si se pone esfuerzo en cumplirlos. ¡Hombre, qué menos! Uno suponía que poner esfuerzo era la actitud general de los responsables sanitarios. Con todo, demos por bueno que en esto de esforzarse casi siempre es posible hacer algo más. 

No obstante, hay que decirlo todo. Quirós apela, y no se equivoca, a una palabra clave: responsabilidad. Responsabilidad de los dirigentes sanitarios, en primer lugar. Y, tal vez más importante aún, responsabilidad de los profesionales del sistema y de los usuarios. 

La semana pasada los médicos de atención primaria advirtieron de que la sanidad pública no se sostendrá sin su colaboración. Razón tienen. Un dato: el recorte de presupuesto para 2011 se apoya sobre una sensible reducción del gasto en medicamentos, un objetivo muy ligado a lo que diga el «bolígrafo» de cada facultativo.

Bien sabido es que la simpatía de los médicos asturianos por el titular de Salud tiende a cero, y esa desafección difícilmente se mitigará de aquí a mayo de 2011. Habrá que ver qué ocurre después de las elecciones autonómicas de la próxima primavera. Pero, suceda lo que suceda, la misión de los políticos y de los ciudadanos es evidente: obligar a los médicos y demás personal sanitario a cumplir con su deber y a hacer todo lo posible -por profesionalidad y por ética- para mantener en pie la empresa que les da de comer. Aunque el cuerpo les pida -que se lo pide a una amplia mayoría- hacer todo lo contrario de lo que les ordene su patrón. Salvo, claro está, que prefieran ganarse la vida en otro lugar y de otra manera.

Los gestores, por su parte, habrán de rechazar la tentación -que será intensa- de gestionar «alegremente» los magros fondos disponibles en los meses anteriores a los comicios, para dejar las arcas esquilmadas a los que vengan detrás.

Los usuarios, como financiadores de la sanidad pública, han de exigir a los médicos, enfermeros y demás que cumplan con sus obligaciones. Ahora bien: ¿Están dispuestos los ciudadanos a asumir las cotas de responsabilidad que les pide el consejero de Salud? De forma implícita Quirós habla de no ir a urgencias salvo que sea estrictamente necesario, de no presionar al médico hasta acumular en casa un auténtico arsenal de fármacos, de no exigir resonancias y escáneres injustificados... Es más que probable que al usuario medio, un tanto «refalfiado» en materia sanitaria, le cueste ajustarse un cinturón tradicionalmente elástico. Todo apunta a que esa labor de concienciación va a resultar costosa. El tiempo lo dirá.

En los vuelos de bajo coste no hay regalos: cualquier consumición cuesta dinero y aquellos refrigerios gratuitos que tan bien sentaban se han acabado. Quirós afirma que la sanidad del futuro, aunque más barata, no suprimirá los tentempiés. Habrá que ver qué ocurre con las innovaciones tecnológicas. Y con los nuevos medicamentos, casi siempre caros. Y con los plazos de los pagos a los proveedores. Habrá que ver si la sanidad «low cost» nos da lo mismo a más bajo precio o si a mitad de vuelo se anuncia a los pasajeros por megafonía que ha llegado la hora de elegir: dar pedales o apearse en un aeropuerto secundario de Chequia.

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