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OPINION

La vocacion

La vocacion

La crisis económica ha favorecido que muchos se pregunten por el propósito de sus vidas.

La Voz de Asturias. 03/09/2009 JOSE LUIS Caramés

Ahora, que muchos estudiantes han aprobado la prueba de acceso a la Universidad, la famosa PAU, se habla mucho de la vocación. Para qué tengo yo vocación? Cómo siento lo que es la vocación o qué debo estudiar?

La palabra vocación proviene del latín, vocare, que significa llamada. Se utilizaba ya antes del siglo XVI para referirse a la llamada que hacía Dios a una persona para que Le siguiese y, a la llamada a toda la humanidad para que hiciese lo posible por salvarse. La llamada individual se concretaba en el sacerdocio y, la global en todo tipo de ocupación que supusiese acercarse a cierta santidad universal. En esta llamada personal se trataba de orientar el talento y las cualidades individuales hacia propósitos específicos asociados con una forma determinada de vivir. Poco a poco, esta llamada divina se fue secularizando o, si se quiere, ampliando a la vida particular de las personas que se comprometían en quehaceres más humanos que divinos, que iban desde el matrimonio y la vida familiar, hasta la elección de las profesiones y trabajos.

 

 

HOY, se habla de vocaciones humanitarias en organizaciones como Caritas, Médicos sin Fronteras, Amnistía Internacional o Greenpeace. Actualmente, bastantes personas se preguntan por el propósito de sus vidas, dentro de un entorno, en el que la crisis económica ha abierto la pregunta debido a la desaparición de trabajos y carreras, en lo que parece un túnel oscuro del que va a ser complicado salir. De todas formas, es en el tiempo del bachillerato cuando los jóvenes tienen tiempo y posibilidades para preguntarse por el futuro de sus vidas, al menos, profesional y laboralmente, hablando.

 

La vocación o llamada es una pregunta que nos hacemos aunque sea en silencio, Por qué he nacido? Cuál es el propósito de que haya nacido? La contestación no es sencilla, aunque hallemos a personas que parece que saben lo que quieren ser desde pequeños. Otros, emprenden un camino sin percatarse que, por ejemplo, para ser profesor o médico, es necesario tener algo de vocación. La vocación puede separarse del trabajo y pensarse como algo etéreo y poco definido. Se dice, "quiero ser médico para ayudar a los demás", sin pensar que para hacer esa función, la persona puede elegir casi todas las carreras u oficios ya que, en todos, se tratará de ayudar al ser humano y al grupo social al que se pertenezca. Además, una persona puede estudiar herbología y hacer medicina china, aunque nunca sea un médico tradicional.

 

Algunos estudiosos de las vocaciones han señalado que la vocación es "lo que no puedes dejar de hacer". Otros, han señalado que la vocación es "el lugar donde una persona se encuentra profundamente contenta y el mundo que la rodea, con el que se topa a diario, profundamente herido y enfadado". Por ello, nuestras vocaciones no parecen ser para nuestro beneficio particular. Son un regalo dado, a través de una persona, a toda la comunidad en la que vive ese individuo.

 

Y, si esa persona, no ejerce su vocación, todos perderán algo dentro de ese grupo humano. No es verdad que cada persona solamente pueda hacer una cosa en el mundo y que sólo encuentres felicidad cuando te topes con lo que realmente puedes y debes hacer. El individuo tiene bastantes opciones y, se diga lo que se diga, puede llevarlas a la práctica si hay esfuerzo individual. Es cierto que cada uno de nosotros tiene una vocación, por lo que hay que darse cuenta que debería ser una actividad en donde nuestro talento y nuestros dones nos convirtiesen en un médico, profesor, madre o padre al nivel máximo de cada exigencia. De aquí que cada joven debería pensar en que la vocación contiene nuestra propia idea sobre nuestra inteligencia y capacidad, nuestra idea de responsabilidad con la comunidad en la que vivimos, el significado de lo que van a ser nuestras tareas y trabajo; las relaciones que vamos a tener, la capacidad de decisión, nuestra identidad, nuestra apertura a los cambios y nuestro propio placer.

 

Por otro lado, para descubrir nuestra vocación, tenemos que reconocernos como diferentes comprendiendo la situación social en la que nos encontramos, ya que lo que define nuestra identidad son las elecciones que hacemos y como se reflejan en nuestra vida. Tenemos, por tanto, que saber discernir, tomando en consideración los elementos necesarios para elegir nuestro futuro. Aquí deberíamos darnos cuenta que es lo que más nos gusta, que nos llega a apasionar, qué tipo de persona somos, que grado de talento poseemos, que es natural para nosotros, qué dones poseemos, qué necesita nuestro entorno, cuál es la mejor opción para mí y, si somos muy generosos, cuál es la mejor opción para ayudar al mundo.

 

En estos momentos, se está hablando en muchos congresos internacionales sobre la necesidad de un nuevo humanismo para Europa, en el que las universidades tengan un papel fundamental. Europa se encuentra llena de inestabilidad y dentro de una creciente convulsión de los valores tradicionales. Para encontrar soluciones a esto se habla de la cuestión del hombre y de la mujer dentro de la creación de una nueva cultura al servicio de una Europa solidaria y unida. Se está promocionando un nuevo humanismo que requiere un entendimiento claro de lo que significa lo nuevo y, en donde, los jóvenes tendrán que se más claros sobre sus necesidades y su futuro vocacional.

 

*Profesor titular de la Universidad de Oviedo.

Articulo de opinión desde el Blog del Hospital Monte Naranco.…

Articulo de opinión desde el Blog del Hospital Monte Naranco.…

LOS “NI SI, NI NO, NI TODO LO CONTRARIO, DEL PERSONAL LABORAL DEL SESPA”

A menudo los sindicatos de sanidad de la comunidad autónoma del Principado de Asturias, ya sean de clase o corporativos, cuando firman o alcanzan un acuerdo con la administración, ya sea en la Mesa Sectorial de Sanidad o en la de la Comunidad Autónoma; siempre hacen en algún apartado referencia al personal laboral del SESPA…, aunque también es frecuente que esas referencias no valgan para nada ya que no suele cumplirse nada de lo pactado para ese colectivo, aunque figuren compromisos y fechas concretas. Bien es cierto que,  tanto la administración como los sindicatos ponen poco interés, por no decir ninguno, en tratar de corregir esos incumplimientos. Al menos yo, tengo la sensación de que tratan de decirnos algo así como “…no os podéis quejar, nos acordamos de vosotros….”

Con el acuerdo de 2002  el derecho a la negociación colectiva del personal laboral del sespa quedó vacío de contenido, principalmente por el empeño de UGT, defendiendo que los Comités de Empresa se adhirieran a dicho acuerdo. Se dio la paradoja que  sindicatos que no habían firmando ese acuerdo, caso del SAE,  apoyaron con entusiasmo en los comités de empresa la adhesión al mismo. La CSIF, que no estaba representada en la Mesa Sectorial, también apoyó la adhesión del convenio al acuerdo.  No recuerdo que CCOO como no firmante, hubiera realizado reuniones conjuntas de los tres Comités de Empresa (Hospital General de Asturias, Centros de Salud Mental y Hospital Monte Naranco), aunque solo fuera para unificar el discurso. Al final se cayó en la trampa: la homologación retributiva que ya figuraba en los convenios, se volvió a firmar con el pretexto de cobrar lo estipulado en el acuerdo, sin tener en cuenta que el proceso de homologación con el INSALUD, se había iniciado años antes. (Ver articulo 4º, letra f del CC del H.MN, firmado en octubre del año 2000:

  • f) Cuantas otras actividades tendentes a la mayor eficacia práctica del Convenio y, en especial, las que se relacionen con el proceso de homologación retributiva al INSALUD.

Por lo tanto, la adhesión al acuerdo no supuso ninguna garantía de homologación, valga como ejemplo el Acuerdo sobre carrera y desarrollo profesional, en el que el personal laboral del SESPA, está percibiendo el nivel I a cuenta y se desconoce cuando se abrirá el periodo de solicitudes para el nivel II, y mucho menos si habrá periodo extraordinario, es más que probable que no lo haya, ni aún optando por la estatutarización, aunque muchos trabajadores/as tengan más de 30 años de antiguedad.

 

El acuerdo de 2002, ya se hace mención a un convenio único para el personal laboral del SESPA.

 

*Acuerdo de julio 2002, firmado por la Administración y los sindicatos CEMSATSE y UGT.  Establece:

* Homologación retributiva del conjunto de categorías equivalentes que forman parte

Del Servicio de Salud del Principado de Asturias,  teniendo como referente el

Régimen estatutario.

 

9.-Ámbito de Aplicación.

…las parles firmantes se comprometen a trasladar el presente

Acuerdo a los diferentes ámbitos de negociación colectiva laboral existentes en las Instituciones Sanitarias del Servicio d e Salud del Principado de Asturias para avanzar en la consecución de un convenio único para todos ellos

 

*2005-2007, Acuerdo administración-sindicatos para la modernización y mejora de la administración pública del Principado de Asturias.  Firmando por la administración y los sindicatos UGT, CEMSATSE y SAE,… en la página 3 al final, se decía… En el ámbito sanitario se negociará durante este ejercicio 2005, un convenio colectivo único par el personal laboral adscrito a los centros sanitarios del Servicio de Salud con el objetivo de permitir la homogenización de las condiciones de trabajo de los distintos colectivos laborales afectados.

 

*Acuerdo de 8 de octubre de 2008, sobre mejoras organizativas y retributivas en el ámbito del SESPA, firmado entre la administración y los sindicatos UGT y CCOO.

En la página 27, letra K del mismo establece: personal laboral… en el transcurso de la segunda quincena de octubre de 2008 se convocará la Mesa de Negociación del Convenio Colectivo que afecta al personal laboral adscrito a instituciones sanitarias del Principado de Asturias, estableciendo un calendario de reuniones con el compromiso por ambas partes de alcanzar un acuerdo en el menor tiempo posible.

 

*Plan de Ordenación de Recurso Humanos del SESPA: Acordado en Mesa General de la Comunidad Autónoma a últimos de julio de este año, entre la Administración del Principado de Asturias y los sindicatos UGT y CCOO - al menos UGT dice que hay acuerdo -, en cuanto a CCOO, no se sabe, ni si, ni no, sino todo lo contrario.

En dicho acuerdo se hace referencia al Acuerdo de 8 de octubre de 2008, resaltando la importancia del mismo y de su desarrollo.

En el Plan de Ordenación de RRHH, la referencia al convenio único la hace al referirse al acuerdo de 8 de octubre y además añade:

Objetivos: Pág. 11.-La homogenización de las condiciones laborales de todos los profesionales del Servicio de Salud del Principado de Asturias con independencia del régimen jurídico de partida al que se hallen adscritos.

Con este panorama se hace difícil pensar que a corto plazo se inicien las negociaciones de un Convenio Único para el personal laboral del SESPA, sobre todo si tenemos en cuenta que hasta la fecha ni siquiera está constituida la comisión negociadora.

Me consta los esfuerzos que está realizando la FSSA, para conseguir un buen convenio para el personal laboral del SESPA, sirva como ejemplo y esta en los archivos del sindicato  para que los incrédulos lo puedan comprobar la cantidad de veces que este tema se trato tanto en las reuniones de la Comisión Ejecutiva, como del Comité Federal, sólo espero que la firma en caso de producirse no sea como en el Plan de Ordenación de RRHH, que da titulo a este articulo “NI SI, NI NO, NI TODO LO CONTRARIO”

Joaquín Alvarez Alvarez, es miembro de la Comisión Ejecutiva de la FSSA.

Artículo de opinión de Rafael Simancas

Artículo de opinión de Rafael Simancas

Subir impuestos también es de izquierdas, y además es sensato

Necesitamos un Estado presente, activo y con instrumentos eficaces para recuperar la fluidez crediticia, para promover la actividad con inversión pública, para proteger el empleo, para estimular los factores que cimentarán un nuevo modelo productivo más estable y más sostenible (la educación, la formación, la I+D+i), para sostener unas políticas sociales eficaces…Y el Estado necesita recursos para financiar estas acciones.

NUEVATRIBUNA.ES

La fiscalidad ha sido siempre uno de los elementos predilectos para el debate en el seno de la izquierda. Durante los últimos Congresos del PSOE se impuso una posición pragmática. La izquierda no respaldaba dogmáticamente ni la subida generalizada de impuestos ni los recortes indiscriminados en la presión fiscal. Los socialistas plantearíamos aumentos o descensos de la fiscalidad dependiendo del contexto económico, a partir de unos principios irrenunciables: la suficiencia, la progresividad y la justicia social. Buscamos el crecimiento económico, el empleo de calidad y la equidad social. Y si para ello es preciso subir unos impuestos y/o bajar otros impuestos, no nos pararíamos en prejuicios ideológicos periclitados.

En virtud de esta filosofía, los socialistas hemos ejecutado durante los últimos años desde el Gobierno de España importantísimos recortes sobre los principales impuestos. En un contexto de crecimiento económico fuerte y de superávit en las cuentas públicas parecía sensato aliviar determinadas cargas fiscales para consolidar la actividad y el empleo. Del mismo modo, a nadie debería extrañar que ahora, en un contexto de recesión económica y de grave descenso en los ingresos del Estado, se plantee una subida “moderada y temporal” en algunos impuestos, para poder financiar las políticas de estímulo a la demanda y las medidas de protección social ante los más desfavorecidos. Si lo primero era propio de una izquierda moderna y sensata, lo segundo me parece imprescindible para una izquierda igualmente sensata y comprometida.

Las declaraciones de José Blanco durante este verano, por tanto, están cargadas de razón. Y debemos recordar que no solo las ha pronunciado en calidad de Ministro del Gobierno de España, sino también como Vicesecretario General del PSOE. La argumentación que sostiene su propuesta de elevación de algunos impuestos es diáfana e incontestable. Si algo hemos aprendido de la crisis gravísima que padecemos es que las tesis defensoras de un papel reductor del Estado han resultado clamorosamente fallidas, hasta el punto de que alguno sus más ilustres voceros vienen reclamando “un paréntesis en la economía de mercado”. Necesitamos un Estado presente, activo y con instrumentos eficaces para recuperar la fluidez crediticia, para promover la actividad con inversión pública, para proteger el empleo, para estimular los factores que cimentarán un nuevo modelo productivo más estable y más sostenible (la educación, la formación, la I+D+i), para sostener unas políticas sociales eficaces…

Y el Estado necesita recursos para financiar estas acciones. ¿De dónde obtenerlos? Los recursos propios ahorrados durante los ejercicios de superávit se han agotado. Los niveles de endeudamiento y déficit alcanzan cotas más que significativas, muy criticadas desde la derecha por cierto. ¿Qué otras opciones existen? Hacer uso de la política fiscal, desde luego. Con “moderación y temporalidad” si se quiere. Sin excesos. Sin castigar a las rentas bajas y medias, que sufren las consecuencias de la crisis con especial intensidad. Sin poner en riesgo el emprendimiento empresarial y la reactivación económica. Pero si el Estado necesita recursos para atender el interés general, debe obtenerlos de donde los hay.

Actuar fiscalmente sobre las rentas más altas y sobre las rentas del capital, aplicando a la vez límites severos para los premios y bonificaciones que se adjudican algunos de los grandes ejecutivos, supondría actuar en línea con los países más avanzados del mundo, como Estados Unidos o Alemania. Actualizar en clave de progresividad algunas de las ventajas fiscales más recientes, como los 400 euros del IRPF o los 2.500 por nacimiento, tampoco parece desatinado. Y revisar las llamadas SICAV, las sociedades mediante las que los más adinerados orillan sus obligaciones con el fisco, me parece hasta obligado y con retraso. También resultaría sensato aplicar criterios ambientales en la determinación de algunos tipos impositivos, con el objeto de contribuir a la lucha contra el cambio climático.

La mejor prueba de que este planteamiento no es ninguna locura se encuentra en el diferencial que aún mantiene la fiscalidad española respecto al resto de la Unión Europea. Según los datos suministrados el pasado mes de junio por Eurostat, la presión fiscal estaba durante 2007 en el 37,1% sobre el PIB, por debajo de la media europea (39.8%) y muy lejos de la media en la eurozona (40,4%). Es verdad que algunos países aplican menos impuestos a sus ciudadanos, pero quizás algún día los españoles tendremos que optar entre las condiciones de vida de suecos y daneses (por encima del 48%) y la realidad de rumanos y eslovacos (por debajo del 35%).

Resulta llamativa la demagogia con la que la derecha actúa en este ámbito. El PP español no es una fuerza política de discurso liberal coherente. Solo son liberales en relación a los ingresos públicos, pidiendo desde la oposición recortes de impuestos que no practican donde gobiernan. Sin embargo, en lo relativo al gasto público son insaciables. Cada día reclaman al Gobierno más ayudas públicas para todos los sectores económicos, más subvenciones a los empresarios, más infraestructuras públicas en todos los municipios de España, y más políticas sociales también (cuando no son ellos quienes las han de financiar y gestionar). La física impide la acción simultánea del sorber y el soplar. Pero a la derecha española le da lo mismo. Sorben reclamando recortes fiscales, y soplan pidiendo más y más gasto público.

En definitiva, las decisiones sobre nuestra fiscalidad en estos tiempos de tribulación requieren de mucho estudio, de sosiego y de sentido común. Ahora bien, si en su día se entendió razonable prescindir de prejuicios ideológicos para rebajar impuestos porque esto era lo sensato, cabe esperar que esos y otros prejuicios no impidan actuar en estos momentos con la misma sensatez pero en sentido contrario.

Rafael Simancas es diputado del PSOE en el Congreso.

Publicado por la Fundación “1º de Mayo” de CC.OO.

Publicado por la Fundación “1º de Mayo” de CC.OO.

Necesitamos una lectura ideológica de la crisis

 

El Estudio número 10 lo firma Joan Coscubiela i Conesa, presidente de la Fundación Cipriano García y director del Observatorio sobre Modelo de Estado y Cohesión Social de la Fundación 1º de Mayo. Para el autor del trabajo "no parece que se este por la labor de analizar las causas más políticas e ideológicas que están en la base de esta crisis. Y ahí radica uno de sus mayores riesgos. Que se cierre en falso, con un reparto absolutamente injusto de sus costes, sin reformas significativas y con las mismas reglas de juego y valores que la han propiciado". [DESCARGAR PDF]

 

Han transcurrido más de dos años desde las primeras evidencias  que la crisis se instalaba en nuestras vidas. En este período se han escrito ríos de tinta, llenado de opiniones la red y celebrado jornadas de todo tipo. La sociedad ha sido sepultada por informaciones y análisis sobre el funcionamiento de la economía, de los mercados de capitales o los productos financieros. Pero hasta ahora poco se ha dicho sobre las causas más profundas de la crisis. Los diagnósticos realizados se han limitado a identificar  los problemas del sistema financiero global y de la economía de cada país.

 

 

Se esta consolidando como lugar común  la idea que las causas de la crisis hay que buscarlas en un mal calculo de los riesgos que comportan los sofisticados productos financieros, en los  déficit de la regulación – se discute si es un problema de más regulación o de mejor calidad – y en la actuación de los supervisores nacionales – algunos incluso se han atrevido a hablar de “casta oligárquica” para referirse a la realidad de algunos países en los que un pequeño grupo de personas se reparte de manera intercambiable cargos de dirección empresarial con otros de regulación o supervisión el sistema financiero. También se han señalado con el dedo los incentivos perversos que han recibido y continúan recibiendo los directivos por los resultados económicos conseguidos a corto plazo por las empresas que dirigen. Todas ellas son razones ciertas y a no menospreciar, pero tienen como elemento común cargar las tintas en los comportamientos personales y obviar las causas inherentes a la naturaleza del  sistema económico y social dominante, sus  reglas de juego y los valores con los que han funcionado en las últimas décadas. 

 

No parece que se este por la labor de analizar las causas más políticas e ideológicas que están en la base de esta crisis. Y ahí radica uno de sus mayores riesgos. Que se cierre en falso, con un reparto absolutamente injusto de sus costes, sin reformas significativas y con las mismas reglas de juego y valores que la han propiciado.

 

En estos momentos en que los poderes económicos y las elites políticas han superado la fase de desconcierto primero y pánico después, parece haberse entrado en una tercera etapa, en la que se olvidan los compromisos de reformas y las miradas vuelven a estar fijadas en la evolución de los indicadores macroeconómicos o  la recuperación de los mercados de capitales.

 

Las supuestas lecciones de la crisis no aparecen por ningún lado. Más bien al contrario, las ideas y los ideólogos que han dado soporte al sistema que se ha derrumbado están en pleno proceso de contraataque. En unos momentos en que para salir de la crisis se utilizan recursos públicos para cambiar deuda privada por deuda pública, se esta consolidando la idea de que es normal privatizar beneficios y socializar perdidas - una peculiar manera de entender el libre mercado y el capitalismo como sistema social -. 

 

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Es “su” opinión …

Es “su” opinión …

Claves para la sostenibilidad de la sanidad pública asturiana

La conjunción de burocratismo, espíritu funcionarial e hipersindicalización dificultan la adaptación del sistema a las nuevas exigencias

El ex presidente del Principado y ex consejero de Salud, Juan Luis Rodríguez-Vigil, defiende, en la última entrega de una serie de cuatro en las que ha analizado la situación del sistema de salud asturiano, una reforma de las estructuras asistenciales y el modelo de gestión del servicio. Rodríguez-Vigil propone desterrar del sistema el burocratismo, el exacerbado espíritu funcionarial y la hipersindicalización.

JUAN LUIS RODRÍGUEZ-VIGIL EX CONSEJERO DE SALUD

En Asturias disfrutamos de una asistencia sanitaria pública francamente buena, por más que resulte obligado hacer reformas organizativas que aseguren su sostenibilidad. Parafraseando al Príncipe de Lampedusa, hay que hacer que todo cambie para que todo siga igual, esto es, para conseguir que en los próximos años se garantice la misma calidad, gratuidad y equidad que hoy tiene nuestra sanidad pública. Para ello, al igual que es necesario sustituir un mapa sanitario obsoleto e inservible, habría que reformar a fondo los modos de gestión de los servicios sanitarios públicos, que se han quedado no menos obsoletos, y que son fuente de ineficiencia y de excesos en el gasto, además de diluir y dificultar notablemente la responsabilidad en la gestión del mismo.

El régimen de gestión de la mayor parte de los servicios de salud de las comunidades autónomas se inspira claramente en el Insalud. Éste era un gran aparato burocrático que ciertamente ofrecía contados pero muy significativos márgenes de libertad a sus directores provinciales, gerentes de hospital y de área, pero que estaba muy abierto a la innovación y la mejora. Era, sobre todo, una organización especialmente avezada en la gestión de servicios como los médicos, que per se tienen elevado componente técnico-científico y que exigen tener unos cuadros directivos de elevada cualificación.

En el momento de la transferencia únicamente se transfirió a las comunidades autónomas la parte del Insalud radicada en ellas, pero su cabeza, su puente de mando, su área pensante y directiva, los expertos y técnicos que dirigían aquella poderosa máquina administrativa extremadamente centralizada, quedaron, en general, en Madrid, sin que en el ámbito de casi ninguna CA se haya podido crear algo que lo sustituya. Desde luego, Asturias no ha sido excepción a la regla.

Ello ha determinado que si bien durante los seis primeros años de las transferencias los servicios sanitarios autonómicos vivieran con relativa comodidad de la inercia gestora del Insalud, de sus normas, instrucciones técnicas y organizativas, criterios, métodos, políticas de gestión de personal, etcétera, eso se haya ido agotando poco a poco, llegándose a una especie de final de playa, en el que es obligado tomar impulso para salir del impasse y afrontar cambios, porque los modos del pasado ya no sirven.

No obstante, por las razones que sean, no se ha conseguido reclutar un grupo de gestores y de expertos asimilable al que llegó a tener en su día el Insalud (y el Ministerio de Economía y Hacienda central), que permitió alcanzar un alto grado de eficacia en la gestión sanitaria, y particularmente en relación con la ordenación de un personal tan variado, complejo, especializado y cualificado como el sanitario. A esa deficiencia se ha unido la configuración de un modelo de gestión sanitaria que tiene un carácter aún más burocrático que el propio del Insalud. Sin perjuicio de su distinto color político, los gobiernos autonómicos han contribuido a generar una mayor politización en la selección, orientación y control del personal directivo de los establecimientos sanitarios, reduciéndose su profesionalidad e independencia. A la par, y quizá relacionado con ello, se ha consolidado una clara hipersindicalización de las relaciones laborales en el ámbito sanitario.

La aplicación al servicio público sanitario del régimen de gestión burocrático-funcionarial genera efectos especialmente negativos sobre entidades asistenciales que, pese a no depender directamente del Principado de Asturias, están claramente incardinadas en el servicio publico sanitario, dado que carecen de ánimo de lucro y pueden alcanzar resultados de igual o mayor eficacia asistencial con medios económicos similares y, en casos, hasta menores. Este el caso de los hospitales de Arriondas, Jove y de la Cruz Roja, pues en el esquema burocrático imperante la idea de sanidad pública se pervierte hasta el punto que sólo se considera que pertenecen a ella los servicios en los que trabajan personas rígidamente encuadradas en esquemas funcionariales.

La conjunción de burocratismo, espíritu funcionarial e hipersindicalización dificulta enormemente la adaptación del sistema a las situaciones cambiantes como las que, nos guste o no, están a la vuelta de la esquina a consecuencia de la crisis fiscal del Estado y del incremento del endeudamiento público que, obviamente, van a determinar en los años venideros una reducción del crecimiento del gasto publico sanitario.

Adaptarse a esa situación exige que el sistema gane en flexibilidad, modernizando sus estructuras de gestión, aceptando que los establecimientos sanitarios no son, ni se pueden gestionar como oficinas administrativas, eliminando disfunciones y duplicidades, maximizando el rendimiento de sus instalaciones y establecimientos mediante políticas de personal que discriminen positivamente a quien más y mejor trabaja, introduciendo criterios de sana y leal competencia interna entre los distintos centros sanitarios públicos, y también entre las personas que trabajan en ellos. Son muchas las fórmulas que en otras zonas se están experimentando a tal fin (desde empresas 100% de capital público a corporaciones, pasando por distintas figura de entidades autónomas). Seguramente los expertos a que me he referido en otro artículo pueden detallar cada una de las experiencias existentes en España a los políticos asturianos para que éstos puedan elegir las que parezcan mejores.

El arcaísmo burocrático aplicado a la gestión sanitaria puede producir efectos paradójicos y contrarios a lo buscado, generando un gasto mayor, fundamentalmente en el capítulo de personal, que significa algo más del 40% del gasto sanitario total. En tal sentido baste recordar lo ocurrido con la carrera profesional de los médicos y enfermeros, que por osmosis burocrática hubo de extenderse al resto del personal del Principado, sin que se aprecie en incrementos de la productividad o de mejora de los servicios. Y lo mismo conviene hacer respecto al significativo aumento de los días de vacaciones del personal sanitario, que se han pactado sin valorar adecuadamente sus efectos en el incremento del coste de las plantillas.

Cualquier persona que conozca cómo funciona el sistema sanitario sabe que sin mejorar notablemente la gestión, resulta ilusorio pretender mantener las mismas plantillas, equipamientos y consumos sanitarios de forma que la población no perciba alteración negativa alguna en la asistencia. El problema se contrae a jugar con gasto reconocido, o con compromisos de pago, que tarde o temprano hay que aflorar.

Una política fundamentada en una escasa capacidad gestora y bajo nivel de decisión de los directivos sanitarios estimula en ellos una manifiesta minoración o, en casos, hasta ausencia de responsabilidad, algo que alcanza no solamente a los gerentes y los directores médicos, sino y sobre todo a los médicos asistenciales y el personal de enfermería titulado. Con ellos se impone un nuevo modelo de relaciones.

La experiencia demuestra que las organizaciones asistenciales sanitarias que mejor funcionan y que mejores resultados obtienen son las que, aun permaneciendo de forma indubitable dentro del sector público, utilizan criterios de gestión asimilables a los de las empresas privadas, disponiendo de un régimen eficaz de incentivos del personal y de responsabilidad de los directivos, algo que el complejo burocrático tiende a eliminar, homologando a todos por igual. Pero eso platea muchos problemas y exige una dirección firme y una visión de conjunto.

Por ejemplo, la fórmula de las Unidades Clínicas de Gestión es una buena idea del actual consejero de Sanidad para modernizar el funcionamiento de los servicios asistenciales, romper inercias, acabar con la rutina e integrar y motivar a los mejores facultativos, como ha ocurrido en el Hospital Clínico de Barcelona (probablemente el mejor hospital español en la actualidad). Ninguna razón existe para que lo que ha dado buenos resultados en Cataluña no pueda darlos en Asturias. Pero es evidente que esa fórmula puede chocar con la cultura burocrática de la Administración autonómica, dado que poco tiene que ver con las fórmulas que rigen en el resto del aparato administrativo de la Comunidad, poco conocedor habitualmente de las peculiaridades del ámbito sanitario...

En todo caso, sea cual sea la fórmula por la que opte políticamente para la mejor y más flexible gestión de la sanidad publica, nada podrá hacerse sin una amplia, abierta y franca (y hasta descarnada) interlocución con los sindicatos, y sobre todo con los profesionales sanitarios, que debe extenderse e implicar a las sociedades científicas y las corporaciones profesionales.

Las sociedades científicas y las corporaciones profesionales deben ser interlocutores imprescindibles de la Administración en el específico ámbito sanitario, dado que la relación profesional de los médicos con la Administración pública no se reduce, ni se agota en las cuestiones derivadas del contrato de trabajo en sentido más estricto. Los sistemas de interlocución profesional basados exclusivamente en la negociación de los salarios y la jornada chocan a veces con la autoestima de los médicos, y en otros con asuntos que rozan la ética y la deontología. Tampoco es fácil encajar en ese ámbito las cuestiones que conectan con temas científicos y de formación e investigación.

Hacer esos cambios en las estructuras asistenciales y en los comportamientos políticos no es fácil. Pero por complejo y difícil que parezcan, parecen necesarios si quiere cambiar que, por otro lado, es lo único sensato y realista que se puede hacer con los mimbres y recursos de que se dispone.

Continuaciones (2) y (3) del artículo de opinión de JAVIER LÓPEZ, publicado el pasado día 13 de Agosto ...

Continuaciones (2) y (3) del artículo de opinión de JAVIER LÓPEZ, publicado el pasado día 13 de Agosto ...

Negociación colectiva y crisis (2): OIT, un Pacto Mundial por el Empleo

La OIT, Organización Internacional del Trabajo, ha apostado por un Pacto Mundial por el Empleo, como respuesta a la crisis basada en el trabajo decente, desde la conciencia de que volver a la situación anterior no es una opción...

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...Al igual que la CES, las propuestas de la OIT pasan por medidas como el impulso de la demanda efectiva, evitando espirales salariales deflacionistas, mejorando prestaciones por desempleo, reforzando los sistemas de protección social, respetando los derechos sindicales, invirtiendo en perfeccionamiento profesional y potenciando el diálogo social y la negociación colectiva.

El Pacto Mundial por el Empleo es el camino para dar forma a una globalización justa y sostenible, desde la cooperación entre gobiernos y organizaciones internacionales.

Desde esta perspectiva, movilizaciones sindicales como las eurodemostraciones que tuvieron su punto de partida y su mayor respaldo en Madrid el 14 de Mayo, seguida de los días posteriores en Bruselas, Praga o Berlín, o la celebración de la Segunda Jornada Mundial por el Trabajo Decente convocada de nuevo por la Confederación Sindical Internacional, para el próximo 7 de Octubre, adquieren importancia para alcanzar los objetivos sindicales.

A lo largo de este Curso de Verano hemos tenido ocasión de contar con ponentes que han analizado la situación española y el proceso de diálogo social. Las pretensiones patronales y la Propuesta por el Empleo y la Protección Social, impulsado por CCOO, en el marco de la necesaria unidad de acción con UGT. Las estrategias y medidas que planteamos. No me detendré por ello en lo que sería un intento de sobrevolar sobre un terreno ya trillado.

Me detendré en último lugar en el escenario de negociación colectiva que vivimos en estos momentos.

Francisco Javier López Martín - Secretario General CCOO de Madrid.

 

Negociación colectiva y crisis (3): negociación colectiva en Madrid

La negociación colectiva va a ser el campo donde se ventile la salida concreta de la crisis y de ahí su importancia. De ahí que CCOO hayamos planteado la necesidad de reformar la Negociación Colectiva, reforzándola e impulsando sus contenidos.

NUEVATRIBUNA.ES

En Madrid hablamos de 3.409.000 personas activas, de las cuales 2.950.000 trabajan y otras 460.000 están paradas. 2.112.000 trabajan en el sector privado y 497.000 en el público. Con un componente importante de 1.326.500 personas con estudios superiores. Otros datos relevantes: 1.566.000 mujeres trabajan. 409.000inmigrantes de alta en seguridad social y 60.400 tienen menos de 20 años.

Contamos con 519.000 empresas, de las cuales 288.000 no tienen asalariados y 466.000 cuentan con menos de 6 trabajadores. Un tejido económico de microempresas que sustentan la economía madrileña.

En Madrid se han registrado hasta 31 de Diciembre de 2008, 560 convenios y 1.418.000 trabajadores. 448 convenios son de empresa y 112 de sectores, que sin embargo afectan al 88 por ciento de los trabajadores. El incremento medio del salario fue del 3,74 por ciento.

De 1 de Enero a 31 de Mayo de 2009 se registraron 91 convenios y revisiones con incremento salariales medios del 2,78 por ciento. En Madrid operan 700 convenios, la mitad de los cuales son interautónomicos o estatales. Contamos con una Negociación Colectiva muy atomizada.

Si tomamos en cuenta todo lo dicho hasta el momento, concluiremos que la Negociación Colectiva se convierte en un escenario muy importante. La crisis económica el proceso de diálogo social entre gobierno, patronal y sindicatos y los propios condicionantes internos, exigen afrontar problemas y establecer prioridades.

La negativa de la CEOE a la renovación del Acuerdo de Negociación Colectiva (ANC) suscrito desde 2002, precisamente en un contexto de crisis, ha servido a la CEOE como palanca para publicitar un programa de máximos que incluía congelaciones salariales, control del absentismo por parte de las MUTUAS, flexibilidad externa, abaratamiento del despido, modalidades de contratación y propuestas de reducción de cotizaciones sociales. Una agresividad patronal, alentada por la derecha extrema (cada propuesta ha sido, por ejemplo, inmediatamente aplauda por el Gobierno madrileño), cuyo objetivo último es torcer el brazo del gobierno central, impulsando una reforma laboral a su medida.

Por suerte, la representatividad de CEOE, por más que institucionalizada y nunca contrastada, no alcanza a la mayoría de los negociadores patronales de convenios, que han matizado sus posiciones en aras del acuerdo, aunque en otros casos los procesos se han resentido y alargado, incrementando la movilización.

La negociación colectiva va a ser el campo donde se ventile la salida concreta de la crisis y de ahí su importancia. De ahí que CCOO hayamos planteado la necesidad de reformar la Negociación Colectiva, reforzándola e impulsando sus contenidos.

Para ello sería necesario racionalizar su estructura. Revisando sus ámbitos funcionales y territoriales. Atendiendo a nuevas realidades y fórmulas empresariales marcadas por la segregación, la descentralización, diversificación y subcontratación. Extendiéndola a grupos de empresa. Aumentando sus niveles de cobertura y extendiendo el convenio hacia sectores que carecen de negociación colectiva sectorial. Vinculando convenio de empresa con convenio sectorial de su ámbito.

Igualmente el empleo, la lucha contra a precariedad, la mejora de las condiciones de trabajo, se ventilan en este ámbito. Por ello hay que afrontar la política salarial en línea con los incrementos de inflación y productividad, reforzando el umbral de los salarios mínimos y eliminando discriminaciones retributivas entre hombres y mujeres.

Hay que reforzar la estabilidad del empleo, causalizando la contratación, limitando la rotación de trabajadores temporales, generalizando las cláusulas de subrogación y regulando el derecho del sindicato a representar a trabajadores de empresas subcontratadas o que comparten centro de trabajo. El gobierno de los Expedientes de Regulación de Empleo o los procesos concursales son esenciales también en momentos de crisis.

La jornada, su reducción y la ordenación de la distribución irregular del tiempo de trabajo. La Salud Laboral. La participación sindical en la gestión medioambiental. La organización del trabajo. La clasificación profesional, la formación, la promoción.

Sin olvidar la dimensión europea e internacional de algunos procesos de negociación colectiva. La responsabilidad social de las empresas. La extensión y desarrollo del Estatuto Básico del Empleado Público. O la inclusión de los trabajadores autónomos dependientes. La generalización de los derechos de información, consulta y participación.

Francisco Javier López Martín - Secretario General CCOO de Madrid.

Es evidente que existe un amplio margen de mejora en la eficiencia ...

Es evidente que existe un amplio margen de mejora en la eficiencia ...

El debate sobre un servicio público básico
 

Los tratamientos para la sanidad asturiana

Médicos y economistas aportan veinte soluciones a la crisis del sistema de salud
Concursos para material o incentivos a los trabajadores, algunas de las propuestas

Oviedo, Marcos PALICIO / Pablo GONZÁLEZ, para La Nueva España

La sanidad asturiana se ha convertido en un enfermo necesitado de demasiados cuidados para una Administración que ha asumido que su precio comienza a ser insostenible si prosigue aumentando. El coste sanitario se lleva buena parte del presupuesto del Principado, el 40 por ciento, y las cifras suben año tras año. El Gobierno regional ha abierto hace unas fechas del debate sobre cómo garantizar la sostenibilidad del sistema. Y LA NUEVA ESPAÑA ha preguntado a expertos en sanidad y financiación qué soluciones ven factibles para controlar el caballo desbocado de la sanidad. Las soluciones alcanzan la veintena.

El copago, sí. La posibilidad de que los usuarios financien de forma directa el sistema, sobre todo los medicamentos, no es una de las medidas que concitan unanimidad. Economistas como Miguel de Fuente, su decano en la región, entienden que en un contexto de crecimiento del gasto y de crisis hay dos opciones para mantener la calidad: «Pagar más impuestos o instrumentalizar medidas de copago». Por su parte, Francisco González, catedrático de Economía Financiera, cree que «se tiende a consumir más aquellas cosas que son gratis».

El copago, no. Faustino Blanco primer gerente del Servicio de Salud del Principado (Sespa) entiende que el copago «no resuelve el problema» y que además «crearía dificultades de acceso a los servicios a la gente con menos capacidad económica». Manuel Matallanas, ex director general del Insalud, tampoco es partidario del canon por consulta para evitar las aglomeraciones. «Un canon bajo ni es disuasorio, ni mejora sustancialmente la financiación del sistema. Al final los únicos grupos que no irían para no pagar serían los más pobres. Y ya se sabe que la mayor causa de enfermedad es la miseria», advierte Matallanas.

El gasto farmacéutico. El médico Martín Caicoya parte de la premisa de que controlar el gasto es complicado, por lo que primero sería establecer la frontera entre «¿quién abusa y quién lo necesita?». ¿Y el gasto farmacéutico cómo se controla? Médicos como Matallanas defienden la creación de un «listado con los fármacos realmente útiles retirando los de menos uso». A su vez, esto evitaría financiar fármacos que varían muy poco de su versión anterior, pero que las farmacéuticas modifican ligeramente para poder seguir cobrando la patente.

Recetas con el tratamiento justo. Otra medida para controlar el gasto en medicamentos pasa, según Matallanas, por que se estableciera «la prescripción del tratamiento completo. Evitaría el almacenamiento de medicamentos». Esto supondría que el médico debería recetar la cantidad exacta de pastillas, sobres o jarabes para evitar estar a expensas de los formatos de los medicamentos.

Liberalizar el mercado de las farmacias. Además, Matallanas propugna revisar los conciertos con los colegios farmacéuticos, que permiten que los medicamentos tengan un precio único evitando así la competencia entre las farmacias. En resumen, liberalizar el mercado.

Control de las tecnologías. Casi todos los expertos consultados por este periódico abogan por controlar la compra de tecnología hospitalaria pasando por un examen de evaluación para garantizar su utilidad. Este modelo también podría aplicarse a los tratamientos hospitalarios de última generación.

Sanciones a los médicos. Ésta es una de las posibilidades que estudia el Gobierno para controlar el gasto en farmacia, castigando a aquellos médicos que más receten sin justificación. «Es un disparate que no tiene sustento legal. Lo dicen, pero no se atreverá a hacerlo», asegura Ángel Colmeiro (Simpa).

Unificación de salarios. «Las retribuciones del personal deberían estar unificadas en toda España, para evitar una carrera entre comunidades para ver quien gana más», defienden varios expertos, lo que enlaza con la siguiente medida.

Coordinación estatal. Para establecer políticas sanitarias comunes entre regiones se aboga por una coordinación estatal que ahora no funciona. Las grandes cuestiones a coordinar irían desde los salarios ya citados, a unificar criterios de investigación para evitar duplicidad de estudios, actuaciones conjuntas ante problemas con la gripe A e, incluso, llegar a centralizar compras o servicios muy especiales.

Plantar cara la industria farmacéutica. Desde fuerzas políticas como IU se ha instado al Gobierno central a plantar cara a los grandes laboratorios para evitar que el gasto siga creciendo.

Concursos para material. Desde el PP asturiano se asegura que utilizar la fórmula del concurso para adquirir material como prótesis supondría un ahorro del 25 por ciento.

Modernización de la gestión hospitalaria. Ésta pasa por «definir y caracterizar» los centros de cara a las próximas dos décadas. El Principado quiere especializar algunos, centralizar servicios en otros, pero mantenerlos todos en funcionamiento. «Cuando se construyeron los comarcales se hizo con varios objetivos, entre ellos fijar población en las alas», explica Matallanas. También se apuesta por el trabajo cooperativo y en red.

Implicar al capital humano. «Hay que buscar alianzas y no responsables», avisan sobre que el cambio del sistema no funcionará sin la colaboración del personal. Los expertos consultados aseguran que el «profesional no puede estar aislado del sistema, se tiene que sentir implicado. Si no sienten como suyo el sistema, no lo van a cuidar».

Incentivos a los más trabajadores. Para mantener a los mejores dentro del sistema público se apuesta a dar incentivos por productividad, formación continuada o por vinculación con la investigación.

Impulso a la atención primaria. Hay quien apuesta dar un vuelco a la atención primaria aprovechando la mejora de la cualificación de su personal y de los equipos técnicos.

Otras medidas. Algunas son muy conocidas, como el fomento del consumo de genéricos, la congelación de salarios, el aprovechamiento de las mejoras en las comunicaciones para evitar altas concentraciones de centros o evitar la polimedicación.

El Gobierno que meta mano tiene perdidas las elecciones

El Gobierno que meta mano tiene perdidas las elecciones

Cascabel sanitario

 La Nueva España. JOSÉ MANUEL IBÁÑEZ. El personal anda un tanto revuelto a costa del globo sonda o, quizá, la intención de los gobernantes de meter mano de una vez al complejo mundo del entramado sanitario, que de un modo u otro se lleva el cuarenta por ciento de los presupuestos de Asturias. El debate está en la calle, pues no resulta gustoso que se esté estudiando el posible recorte de derechos adquiridos desde ni se sabe. En la diaria tertulia salen a relucir las diferentes opiniones con el pleno convencimiento de que se está llegando a una situación límite.

Simplemente voy a hacer la transcripción de alguna de ellas. En coincidencia general, la descentralización de la sanidad y la aceptación apresurada por parte de Asturias de sus competencias, sin amarrar bien los cabos, son la base del problema. La gratuidad total del sistema sanitario para todo el mundo, sin distinciones, con el todo incluido, puede restar valor a la asistencia que se recibe. Las presiones de la industria farmacéutica y la metodología de diversos laboratorios sobre determinados sectores para prescripciones alegres y caras agrava la situación. El descontrol en las recetas, que por ganar tiempo se entregan a meses vista, nos lleva a que se pierdan cientos de euros. El mal uso por parte de una inmensa mayoría de determinados servicios, básicamente el de urgencias, lo colapsa habitualmente por parte de personas que tan sólo buscan comodidad y evitar esperas.

 

Además, existe la nula racionalización de los recursos existentes, con evidente exceso de burocracia, que se supone deberían tener un mayor grado de efectividad. Junto al nulo control sobre visitantes de otros países, que regresan al suyo con medicación para el resto del año. Se resume en que no hay comunidad ni país que pueda soportar un pozo sin fondo de este tipo, con culpas compartidas entre dirigentes y usuarios.

 

Nos vamos a dar cuenta de lo que vamos a perder cuando el lobo llegue de verdad y tengamos que pasar por taquilla, aunque en Asturias ya lo hacemos con el «céntimo sanitario». En esta opinión uno hace de mero transcriptor de otras muy razonadas en debate suscitado entre un grupo de conocidos. Al final les tranquilizo, porque la necesaria catarsis se va a quedar en nada. El Gobierno que se decida a poner en marcha medidas correctoras que afecten al bolsillo tiene perdidas las próximas elecciones, y ¡coño, eso sí que no, compañeru!