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OPINION

Tal cual…

Tal cual…

Camino al neoesclavismo

Por Jorge Moruno, Sociólogo y autor del blog larevueltadelasneuronas.com

La modernidad puede resumirse, entre otros aspectos, como el proceso de naturalización del trabajo en la actividad humana y con ello el deber a la disciplina. Como anunciaba Jovellanos, el Estado debía pasar de centrarse en hacer la guerra para convertirse en un estado de producción. Jovellanos también criticaba la asistencia social puesto que desde su punto de vista, desincentivaba la obediencia de la población al trabajo. En la misma línea, el Presidente del Consejo de Ministros de Isabel II, Bravo Murillo, argumentaba contra la construcción de un colegio que “España no necesita hombres que sepan, sino bueyes que trabajen”.

La era industrial se caracteriza por destruir el saber obrero todavía impregnado de las antiguas formas del trabajo gremial, y despiezarlo en miles de actos rutinarios, fáciles de ejecutar, para, así, obligar a las masas desposeídas a ingresar en las fábricas. Burocracia y jerarquía eran sus señas de identidad. Por eso Henry Ford empezó a pagar 5 dólares al día y no 2,5 como se estilaba, porque necesitaba garantizar la sumisión ante la aberración del trabajo fabril de la que el obrero siempre se fugaba.

El Estado de Bienestar ha sido entonces fruto de una combinación de necesidades productivas, con logros conseguidos por las luchas obreras. La dictadura de la fábrica y el taller se compensaba durante un breve periodo, con la universalización en el acceso a los derechos y el disfrute del ocio ajeno a la producción.

El neoesclavismo que se asoma inicia el camino de la historia a la inversa, arrastrando los cambios que han tenido lugar en los últimos 200 años. Hoy el capitalismo extrae la riqueza de otra manera, aunque también mantiene vivas las viejas formas. No existe ninguna compensación social al modelo precario de producción. El neoliberalismo no es capaz de otorgar un volumen de trabajo necesario para garantizar un mínimo de dignidad a la población. Lo que no es óbice, para que la retórica oficial continúe apoyándose sobre el imaginario que lleva asociado el trabajo en nuestra sociedad. Aunque éste ya no cumpla su función como elemento de integración social.

Así, de esta forma, el parado se construye socialmente como parásito y el que está empleado como privilegiado. Eres culpable por no obtener lo que casi no existe, o afortunado por sufrir lo que hasta hace no mucho era un yugo más que un lujo. Un tiempo puedes ser parado –o mucho–, a veces trabajar, pero siempre inseguro, sometido al tiempo empresarial. Frente a esta situación de plena incertidumbre se exige implicar el alma en la empresa, pidiendo que des todo por ella cuando busca pagar siempre menos por ti.

En una sociedad dominada por la imagen, la pelea por la atención, la comunicación y las ideas transformadas en mercancía, todos somos emprendedores. La innovación aumenta con la cantidad de personas conectadas, donde juntas se dotan de un mayor conocimiento compartido. Los grados de potencia singulares aumentan en colectivo.

El Renacimiento supuso sobre todo el saber liberado del claustro, y puesto al servicio de más mentes y vidas. Así surgieron los Da Vinci, Maquiavelo, o Copérnico. Esto es perfecto; el problema reside cuando el capitalismo busca que esa innovación colectiva se ponga al servicio privado de la empresa y el valor de cambio. Como un parásito absorbe y se nutre de su víctima hasta que esta no de más de sí. Utilizan los recursos comunes, –desde el campo, el agua o las ideas–, para fines mercantiles, y vendernos productos a través de una publicidad que emula rasgos revolucionarios y transgresores; siempre apelando a la idea de cambio.

El neoescalvismo se nos presenta en defensa de la libertad. Agentes libres que deciden según su capacidad de intervención pública –el dinero–, lo que comprar o donde trabajar. Son libres de despedirte o de ofrecer paupérrimas garantías y tú eres libre de marcharte o de no aceptar esas condiciones. Todos somos libres para convertirnos en siervos, cuando la parodia de la vida simulada transcurre entre pozos de consumo y la desesperación se viste de cinismo y miedo.

Al esclavo le aseguraban un techo –las infames ergástulas– y la manutención, pero en su versión renovada esto no se incluye. El neosclavismo debe empujarnos a superar el miedo y enfrentarnos a la necesidad de exigir una renta básica y no un trabajo precario, porque necesitamos reinventar las formas de protegernos contra los vaivenes del mercado caótico. Apropiarnos del tiempo y su riqueza para garantizar la vida en lugar de la renta y deuda financiera. La defensa de la democracia y el sostenimiento de la vida se ubican hoy más que nunca, en las antípodas del capitalismo.

“Nuestros gobiernos venden como reformas sanitarias lo que son amputaciones del sistema público de salud que responden a su ideología sobre los servicios públicos o a intereses de grupos económicos”…

“Nuestros gobiernos venden como reformas sanitarias lo que son amputaciones del sistema público de salud que responden a su ideología sobre los servicios públicos o a intereses de grupos económicos”…

Los dictadores benevolentes

Antón Costas, catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona.

Publicado en EL PAÍS de 20/08/2012

La UE y Alemania usan el euro como instrumento de dominación cuasi colonial para imponer medidas de austeridad y reducción salarial. Los “mercados” no son los malos de esta película; solo reaccionan

Para cualquier persona que no esté cegada por su ideología o sus intereses particulares, debería saltar a la vista que la política de austeridad compulsiva y caídas de salarios no funciona. Dos recesiones económicas en tres años y la existencia de una depresión rampante es algo que nunca habíamos visto desde los años treinta del siglo pasado.

La recesión de 2008 fue provocada por la crisis financiera de 2008. Pero la recaída en la recesión, después de que las economías hubiesen comenzado a recuperarse en 2010, ha sido provocada por la política de austeridad y reducciones salariales. La terquedad con la que se impone esa estrategia desde las instituciones europeas y se práctica por nuestros gobiernos pone al descubierto una sorprendente indiferencia a sus severos costes humanos. Y manifiesta también una llamativa ceguera frente a los estropicios democráticos que ocasiona: el recurso a gobiernos tecnocráticos y el aumento de apoyo político a opciones populistas y radicales.

¿Cómo explicar esta tozudez y ceguera política? Podemos hacer dos hipótesis. La primera es que crean en la idea de la “austeridad expansiva”. Pero es difícil sostenerla. La investigación económica no encuentra efectos expansivos en este tipo de políticas y, por el contrario, alerta de sus costes. Aunque sean tozudos, hay que suponer que están informados. La segunda es que los gobiernos y las autoridades europeas se comportan como dictadores benevolentes y practican contrabando de reformas. Vale la pena explorar esta hipótesis.

Todo estudiante de un curso de introducción a la Economía de mercado aprende dos principios básicos. El primero es que las personas tienen distintas preferencias acerca de los bienes privados y las políticas públicas que mejor satisfacen su bienestar. El segundo es que los mercados y las políticas solo funcionan bien cuando tienen en cuenta esas preferencias sociales.

Muchos políticos y economistas metidos a reformadores olvidan estos principios y se comportan como dictadores benevolentes. Dictadores, porque imponen sus propias preferencias a la sociedad; y benevolentes, porque creen estar haciéndole un favor, en la medida en que esta tendría un velo de ignorancia que le impide ver cuáles son sus verdaderos intereses a largo plazo.

Bienintencionados, los dictadores benevolentes acostumbran a practicar el contrabando de reformas. Es decir, venden como verdaderas reformas lo que no son sino políticas movidas por su propia ideología o por intereses de grupos que han conseguido capturar las políticas en su beneficio. Se pueden poner muchos ejemplos, pero quizá el más evidente es la sanidad. Nuestros gobiernos venden como reformas sanitarias lo que son amputaciones del sistema público de salud que responden a su ideología sobre los servicios públicos o a intereses de grupos económicos.

Pero, se me puede objetar, ¿acaso no es cierto que las sociedades pueden no ver la necesidad del cambio? En ese caso, ¿no es función de la política liderar las reformas? Sin duda, pero liderar no es imponer sino persuadir.

La economía política de las reformas enseña que no hay reforma eficaz ni sostenible si no cuenta con el apoyo de una amplia corriente de opinión pública. Eso es también lo que nos dice el conocimiento existente. Una investigación reciente encuentra que el “apoyo social” es clave para el éxito de los procesos de ajuste fiscal (Paolo Mauro, Chipping Away at Public Debt. Sources of Failures and Keys to Success in Fiscal Adjustment, FMI, 2011). Cuando las reformas se imponen, además de no ser eficaces, el malestar social acaba moviendo violentamente el péndulo de la política contra ellas. La huelga general de 28 de diciembre de 1988 contra la política de Felipe González o el retroceso de José María Aznar en su decretazo laboral son buenos ejemplos.

Incapaces de persuadir, los dictadores benevolentes que practican el contrabando de reformas apelan con frecuencia a la retórica del “sufrimiento” y al “decreto-ley”.

En primer lugar, se comportan como malos médicos. La buena práctica clínica obliga al cirujano a informar de forma veraz al paciente y a que sea este quien tome la decisión final; y, en su caso, a practicar la cirugía con el mínimo dolor. La buena práctica política debe hacer lo mismo con las reformas. Sin embargo, no sucede así con las políticas de austeridad y reformas que practican nuestros gobiernos bajo el dictado de Bruselas, Berlín y Fráncfort.

En la medida en que la explicación que utilizan para imponer la austeridad y las reformas no es veraz, quien más está actuando como dictador benevolente y haciendo contrabando de reformas son las autoridades europeas y el Gobierno alemán. La visión liberal-conservadora germánica de las causas del sobreendeudamiento es errónea, interesada y basada en tópicos. Sostiene que el sobreendeudamiento fue debido a la prodigalidad fiscal y a la falta de competitividad. Oculta que tanto la economía española como irlandesa han mostrado un buen comportamiento exportador y que la verdadera causa del sobreendeudamiento de estos países no fue el despilfarro fiscal (tenían superávit público antes de la crisis) sino un fallo monumental del sistema bancario europeo, en particular del alemán.

Durante los primeros años de este siglo los bancos alemanes no encontraron oportunidades de inversión en su país para el ahorro que generaba su economía, sometida a dieta de consumo y reducción de salarios para favorecer sus exportaciones. En esa situación de anorexia interna, los bancos alemanes optaron por prestar a los bancos españoles e irlandeses (y al Gobierno griego) para que estos financiasen inversiones inmobiliarias de rápida plusvalía. Crearon una burbuja crediticia, distorsionaron el modelo productivo de la economía española y no midieron bien el riesgo crediticio que estaban creando. Ese fallo bancario es lo que ahora oculta el Gobierno alemán a sus ciudadanos, contándoles a cambio una historia llena de tópicos. La realidad es que la política de austeridad que ahora impone a Grecia, Portugal, Irlanda y España es en beneficio de sus bancos.

Incapaces de persuadir, los gobiernos de los países a los que se les imponen la austeridad y las reformas han de imponer a su vez esas medidas mediante el uso del decreto-ley. Una forma que, como me ha recordado el catedrático de Ciencia Política Josep M. Vallés, trae memoria de la práctica alemana del “decreto presidencial” extraparlamentario de los años 1930-33, mediante el cual el canciller Heinrich Brüning impuso la austeridad a sus ciudadanos durante la recesión de aquellos años. Con los dramáticos efectos sociales y políticos que son bien conocidos.

Para imponer con contundencia esta política, el Gobierno alemán está utilizando el euro como un instrumento de su hegemonía comercial y financiera. Los “mercados” no son los malos de esta película; lo único que hacen es reaccionar. Sabiendo que los países sometidos a austeridad sufrirán años de estancamiento y elevado desempleo y no podrán devolver la deuda, lo que hacen es aprovechar la ocasión para aumentar el precio al que prestan. Esa presión de los mercados es aprovechada por Bruselas para el contrabando de reformas. Pero el problema no son los mercados sino la mala política.

Hay un malentendido sobre el euro. Creemos que es la moneda de una unión política cuando en realidad es la moneda común de una unión cambiaria cuyo principal beneficiario ha sido y es la economía alemana, algo que puede verse fácilmente observando las balanzas comerciales de la eurozona. El euro es utilizado por Alemania como un instrumento de dominación cuasi neocolonial. O se hace del euro una verdadera moneda común, con un banco central merecedor de tal nombre, o no tiene sentido seguir con este malentendido.

En cualquier caso, nuestro país tiene que hacer reformas orientadas a reducir el déficit público, lograr un mejor reparto de responsabilidades sobre el Estado del Bienestar, fomentar una sociedad más innovadora y mejorar la competitividad de la economía. Pero esas reformas no se lograrán con gobiernos que se comporten como dictadores benevolentes y practiquen el contrabando de reformas.

Puntadas sin hilo … a propósito de la espiritualidad de Rajoy

Puntadas sin hilo … a propósito de la espiritualidad de Rajoy

Rajoy se siente reconfortado

Por Arturo González en Público.es

Aznar era políticamente una mala persona. Felipe González, un vanidoso descuidado. Zapatero, políticamente endeble. Pero Rajoy es simplemente un necio. Es asombroso que los españoles hayan elegido a este señor como presidente. Pero es aún más asombroso que una buena mayoría continúe sustentándole. A lo que se ve e intuye, los españoles somos de mala calidad democrática.
Porque es de necios decir, ni aun de pasada, que ‘nos preocupamos demasiado por lo material, y que al final los seres humanos somos sobre todo personas, con alma y con sentimientos, y esto es muy bonito y me reconforta mucho’.
¿De qué quiere el señor Rajoy que estén preocupados los cinco millones de parados, los millones de españoles que viven en la pobreza, los pensionistas que ni haciendo equilibrios pueden llevar una vida digna, los seiscientoeuristas o los funcionarios que ven amenazados sus puestos de trabajo, los mendigos en las puertas de los híper? No está el horno para sentimentalidades ni espiritualidades. Es insultante que quien lo dice, ni sus centauros, no esté preocupado por lo material al tenerlo asegurado con suficiencia y alevosía. Necio, cínico y consciente o inconscientemente cruel. La crueldad, el gran pecado de los gobernantes poderosos. Se les va el impulso político en romerías, códices y plegarias. Con su sentimentalidad de plástico y cartón-piedra. La sentimentalidad de la mentira. Rajoy no ha dicho una verdad en su vida, ni cuando estaba en la oposición ni desde que está en el Gobierno. Siempre hace y dice lo contrario de lo que hizo y dijo. La sentimentalidad de machacar al débil. La espiritualidad de no llamar a las cosas por su nombre para desnaturalizarlas. La espiritualidad de reprimir con dureza los actos cívicos y amenazar las libertades más esenciales. La espiritualidad de ceder ante los terroristas como si no cediera y antes tanto condenaba. La espiritualidad de impedir que las mujeres dispongan de su cuerpo. La espiritualidad del servilismo europeo. De la restricción brutal de la cultura y la enseñanza. La espiritualidad indecorosa del control obsceno de la televisión y la radio públicas. La espiritualidad de los niños con tartera. La espiritualidad de su sumisión al Opus Dei. La espiritualidad de vender armas. La espiritualidad de condonar deudas y fraudes de los ricos. La espiritualidad de poner en peligro la salud de los españoles. Del estúpido intento de convertirlos en cómplices aprobadores de sus recortes. La espiritualidad de no tener la menor sensibilidad social. La espiritualidad de su zafiedad ideológica. La espiritualidad de la gran paradoja de los de su capa, casta o clase social. La espiritualidad de sentirse reconfortado con su alma y la necedad de sus sentimientos tan bonitos. Rajoy o la espiritualidad de la injusticia social que apadrina.

La mejor advertencia ante informaciones sectarias y tendenciosas es la lectura de todos los datos…

La mejor advertencia ante informaciones sectarias y tendenciosas es la lectura de todos los datos…

El BCE y los salarios

Por Juan Francisco Martín Seco – Consejo Científico de ATTAC España

Los bancos centrales, que tan celosos son en la salvaguarda de su independencia y autonomía (léase irresponsabilidad democrática), son aficionados a entrometerse en otras materias económicas muy alejadas de su competencia. El Banco de España durante más de treinta años ha intentado y en gran medida ha conseguido dirigir la política económica nacional. Se convirtió en el principal foco emisor de pensamiento económico neoliberal, al tiempo que dejaba un triste balance en la realización de los cometidos que le eran propios, tanto en la instrumentación de la política monetaria, llena de errores y de rectificaciones con un alto coste en materia de crecimiento y empleo, como en la supervisión de las entidades financieras, del que son buena muestra las frecuentes crisis bancarias que han restado enormes recursos al erario público y a los españoles. Los últimos años han sido especialmente llamativos, ya que, mientras se dejaba arder el sistema financiero, causante de la crisis que sufre la economía española y que va a gravar a los contribuyentes con una carga cercana a los cien mil millones de euros, las autoridades del Banco de España se preocupaban de los salarios y de las reformas laborales.

El Banco Central Europeo cumple fielmente este patrón. A la vez que se desentiende de su cometido, mantener la estabilidad financiera dentro de la Eurozona, y permite que los intereses que pagan unos países miembros sean seis veces superiores a los de otros, se preocupa de los salarios y de las reformas laborales; todo ello, claro está, siguiendo una orientación netamente neoliberal y reaccionaria.

En el informe mensual hecho público el día 9 de agosto, el BCE retorna a sus obsesiones y demanda de los países que reduzcan los costes salariales con la finalidad de ganar competitividad. Recomienda rebajar el salario mínimo, relajar las leyes de protección social, conceder prioridad a la negociación colectiva en la empresa sobre la sectorial, y abolir la indiciación de los salarios con la inflación. Aplaude la última reforma laboral aplicada en España. Lo raro sería que no lo hiciese cuando ha sido impuesta por esta misma institución mediante un chantaje sin precedentes. Como cuenta Ekaizer en su último libro, ”Indecentes”, Rajoy tan solo ha copiado casi al milímetro la famosa carta nunca hecha pública pero conocida por todos, que, suscrita por Trichet y Fernández Ordoñez, el BCE envió al anterior presidente, Rodríguez Zapatero, como peaje a pagar por la intervención en el mercado comprando deuda italiana y española. Lo más grave es que se llega a afirmar que de haberse aprobado antes se habría reducido la destrucción de empleo.

Cuesta imaginar que los conspicuos expertos de esa institución se crean sus propias aseveraciones. Solo prejuicios ideológicos basados en intereses económicos pueden explicar tales posiciones. La desregulación de los mercados de trabajo únicamente sirve para que los empresarios ahorren dinero, puedan despedir con mayor facilidad y el paro se incremente. Si España se sitúa a la cabeza en los niveles de desempleo europeos se debe en gran medida a las múltiples reformas laborales emprendidas en los treinta últimos años.

La experiencia ha demostrado reiteradamente que en crisis de demanda como la actual la reducción de los costes salariales lejos de crear empleo lo destruye. Los empresarios no acometerán nuevos proyectos ni contratarán nuevos trabajadores si no existe demanda para sus productos y servicios y, tal como ha afirmado recientemente la OIT, la reducción salarial tendrá un efecto negativo sobre el consumo y, por lo mismo, sobre la demanda interior, con lo que el resultado será el contrario al pretendido.

El BCE asume un modelo de crecimiento que no se sustenta en la demanda interna sino en las exportaciones. Es el famoso sistema de empobrecer al vecino, consistente no en agrandar el pastel, sino en robar una parte de él a los otros países por el procedimiento de incrementar la productividad reduciendo los costes laborales. Este modelo tiene el gran inconveniente de que es previsible que el vecino reaccione con medidas similares, de modo que los efectos se anulan. El único resultado es que los trabajadores son más pobres y la demanda interior se deprime.

El modelo es tanto más incongruente en cuanto que las recomendaciones se orientan a un conjunto de países tal como hace el BCE; porque si se trata de ganar cotas de mercado en la Eurozona, ninguno de ellos lo conseguirá si todos aplican la misma política, el único efecto previsible será el estancamiento económico, cuando no la recesión. Si lo que se pretende es aumentar la competitividad de los países de la Eurozona frente al exterior, el BCE tiene en su mano un instrumento mucho más eficaz y directo, mantener una política monetaria más laxa que deprecie el euro frente a las otras divisas de tal manera que los productos europeos se abaraten respecto a los de terceros países.

Porque, además, el BCE olvida o quiere olvidar otra variable. Son los precios los que en todo caso hacen más competitivos los productos y servicios, no los costes laborales. La disminución de estos puede no traducirse en una reducción de la inflación sino en un incremento del excedente empresarial, como así ha ocurrido en España desde nuestro ingreso en la Unión Monetaria. Los costes laborales unitarios en términos reales han evolucionado por debajo de los del resto de países europeos. De nada ha valido, ya que los precios han seguido una evolución inversa, con la consiguiente pérdida de competitividad, origen en buena medida de las actuales dificultades. La situación se ha agudizado a partir de la crisis. En estos años el incremento salarial medio en convenios ha sido inferir al incremento del IPC. Los trabajadores, los que aun conservan su empleo, han perdido poder adquisitivo y los empresarios se han apropiado de todo el crecimiento de la productividad, muy alto en estos cuatro últimos años (cercano al 3%), al ser los puestos de trabajo destruidos los de peor calidad.

El BCE en su ofensiva contra los salarios cuenta en el interior con importantes aliados. El sábado día 11 de agosto, un periódico de tirada nacional titulaba en portada, a propósito del informe del BCE y como ratificación de sus recomendaciones, “Los salarios en España han subido en la crisis más que en Alemania”. Y en páginas interiores ofrecía datos de Eurostat sobre la evolución de los costes laborales (incluyendo las cotizaciones a la seguridad social) en distintos países. Según dichas cifras, los costes laborales españoles habían crecido en los últimos cuatro años (2008-2011) un 8,9%, porcentaje superior a los de Alemania (6%), Francia (7,5%) y a la media de la Eurozona (6,9%).

Este análisis parte de un error de bulto. No considera la productividad, variable muy importante teniendo en cuenta la modificación surgida en el mercado laboral español, en el que más de cuatro millones de trabajadores se han incorporado al paro, trabajadores que en su mayoría pertenecían a los sectores más precarios y con peores salarios. Existe por tanto un mero efecto estadístico. Los costes laborales, al ser una media, se incrementan sustancialmente, al igual que la productividad, por el simple hecho de no considerar ya a estos trabajadores, pero eso en ningún caso significa que hayan aumentado las retribuciones de los asalariados que mantienen su empleo.

Las cifras cambian sustancialmente si consideramos la productividad y atendemos a los costes laborales unitarios. Estos (según el informe de primavera de 2012 de European Economy publicado por la Comisión) descienden en España 3,5 puntos, mientras se incrementan 6 puntos en Francia y Alemania, y 4 en la media de la Eurozona. La diferencia sería aun mayor si considerásemos la inflación y hablásemos de costes laborales unitarios en términos reales. Como se puede apreciar, es preciso saber interpretar las cifras si no se desea ofrecer informaciones sectarias y tendenciosas.

Si los datos de costes laborales en valores absolutos facilitados por Eurostat y el citado medio no nos sirven para juzgar la evolución de los salarios, sí son útiles para hacernos una idea del nivel en el que se mueven las retribuciones de los trabajadores en los distintos países. Así, si el coste laboral por hora trabajada en España es de 20,6 euros; en Noruega, Bélgica, Suecia y Dinamarca ronda los 40; en Francia, 34,2; en Alemania, 30; en Italia, 27, y la media de la zona euro se sitúa en 27,6. España se encuentra tan solo por encima de Grecia, Portugal y los antiguos países del Este.

Dos cuestiones surgen ante estas estadísticas. La primera es saber hasta qué nivel quieren el BCE y sus seguidores que desciendan los salarios de los trabajadores españoles. ¿Hasta el de Bulgaria? La segunda cuestión radica en que si la economía española no es competitiva, no parece que la culpa sea de los salarios. Otras serán las causas, tal vez entre ellas estén los incrementos del excedente empresarial, bastante mayores que los de los otros países.

“Hablen. Consulten. Recapaciten. Rectifiquen…” Si, pero no lo harán.

“Hablen. Consulten. Recapaciten. Rectifiquen…” Si, pero no lo harán.

¿Dinero dentro, talento fuera? ¡No!

Por Federico Mayor Zaragoza – Comité de Apoyo de ATTAC España

“El éxodo de médicos y enfermeras se duplica por los recortes sanitarios”… “Las salidas de profesionales van parejas al aumento del paro”…, leímos en la prensa del día 7 de agosto.

¡Cuántos esfuerzos personales malgastados! ¡Cuántos méritos echados por la borda!… por tener que cumplir, ineludiblemente, con las condiciones impuestas por los “mercados”. Ya sólo quedan Europa-Reino Unido sometidos a los dictados de los “globalizadores rescatados”, que imponen ahora sus condiciones sin tener memoria, hasta el punto de nombrar gobiernos y precipitar países como el nuestro a situaciones sociales insostenibles.

El vaivén de las cotizaciones, la austeridad “perentoria” que conduce a una depresión generalizada, a la recesión y disminución radical de los consumos no esenciales… y, lo que es realmente grave, a un porvenir sombrío para todos.

Los fondos –“¡líneas de crédito!”- con tantas obligaciones concedidos se destinan a las instituciones bancarias que peor se han comportado…. y que siguen apremiando al pago de la deuda y a la disminución del déficit.

No cabe duda de que los excesos de algunos españoles deben ahora regularizarse y evitarse de cara al futuro. Pero sin afectar a los pilares fundamentales de la Nación: la educación, la salud, el conocimiento. Lo único que debe salvaguardarse siempre es el talento: los médicos y personal sanitario ya formado; los científicos y profesores; los profesionales bien preparados… Ésta y no otra es la base de la prosperidad y, en consecuencia, no debe “recortarse” lo que tanto ha costado (también en términos económicos).

Ofrecer estos talentos, frutos ya maduros, a otros países más avezados –a veces, los mismos que promueven su emigración- es la peor operación que un Estado soberano puede llevar a término.

 

No lo hagan. Rectifiquen. La Unión Europea necesita ahora que dos o tres de sus líderes den un “volantazo” y pongan los puntos sobre las íes.

Observen la desaceleración de Alemania. Y la urgente y oprobiosa regulación de la especulación que se cebaba en BANKIA… Y la debacle del trabajo y del empleo, sin incentivos ni ayudas… y con el Banco Central Europeo que en lugar de arrimar el hombro se une al coro de agencias de clasificación y expertos que añaden más leña al fuego.

José María Ridao lo advierte sin cortapisas en un artículo publicado en “El País” el 8 de agosto: “Traicionan al ser humano aquellos economistas que preconizan una política de austeridad a ultranza para combatir la crisis del euro y se desentienden de sus efectos devastadores, del paro y de la miseria”.

Rectifiquen. Presenten un Plan bien pensado y pactado, en el que se expresen con toda transparencia cómo, cuánto y cuándo se cumplirán las exigencias financieras, sin admitir fechas inadmisibles, sin admitir plazos incompatibles con crecimiento. Un Plan en el que se indique también cómo y cuándo se juzgará severamente a los responsables de corrupción y/o de prácticas indebidas… y qué aspectos intangibles para asegurar el bienestar social y el desarrollo sostenible serán salvaguardados.

Hablen. Consulten. Recapaciten. Adopten medidas democráticamente. Ya ven que la “arbitrariedad legal” de la mayoría absoluta parlamentaria da más disgustos que satisfacciones.

Piensen en el porvenir. Están forzando a mucha gente preparada –algunos de los cuales confiaban todavía en su anunciada creación de empleo- a salir de España.

¿Dinero, sí; talento, no? Rectifiquen. De otro modo, de forma alarmante, las protestas podrían alcanzar límites que nadie desea.

Rectifiquen.

“If you tollerate this your children will be next” (Si toleráis esto, vuestros hijos serán los siguientes)…

“If you tollerate this your children will be next” (Si toleráis esto, vuestros hijos serán los siguientes)…

La batalla del Evros: el renacer fascista en Grecia.

Por Xavier Ferrer-Gallardo

Investigador, Nijmegen Centre for Border Research, Radboud Universiteit Nijmegen y Universitat Autònoma de Barcelona

Y Henk van Houtum

Investigador, Nijmegen Centre for Border Research, Radboud Universiteit Nijmegen y Universidad de Bergamo

Público.es

Ebro. Evros. No se escriben igual pero suenan parecido. Hete aquí dos paisajes fluviales sobre los que discurren, o han discurrido, líneas territoriales de separación violenta entre seres humanos.

Empecemos con el Ebro. A finales de julio de 1938 se iniciaba allí la más cruenta de las batallas de la Guerra Civil Española. Lo ocurrido en el Ebro marcaría el rumbo final de un sangriento enfrentamiento entre vecinos. Iba a trazar casi cuatro décadas de meandros fascistas en la península Ibérica, acompañados de, cuando no reforzados por, la indiferencia de un buen número de democracias occidentales.

Con un intervalo de algo más de siete décadas, hoy, en el otro extremo del Mediterráneo, el río Evros se erige también en una arbitraria y agresiva línea de separación entre personas. Lo que allí ocurre –y sobre todo el eco político de lo que allí ocurre- puede también condicionar el fluir del renacer fascista que en la actualidad se cierne sobre Grecia. Y también sobre el resto de Europa.

La primera semana de Agosto, en plena canícula, el Gobierno griego lanzó la operación ‘Zeus Xenios’. En el contexto de la misma fueron detenidos más de 7.500 inmigrantes que se hallaban en el país de forma irregular. El ministro heleno de orden público, Nikos Dendias, aseguró que el objetivo de la maniobra era luchar contra lo que calificó de “invasión histórica”. Amnistía Internacional denunció la dimensión racista del operativo.

La acción, por un lado, y el discurso gubernamental justificativo en torno a la misma, por otro, son punzantes. Atestiguan el ímpetu con el que la sobredosis xenófoba recién inyectada por Aurora Dorada fluye ya por las venas de la política griega. Dieciocho escaños de fascismo en el nuevo parlamento condicionan, y mucho, la práctica y el talante del Gobierno de Atenas.

Pero igual que sucede con la crisis financiera, el desenfreno xenófobo por el que atraviesa Grecia no puede ser atribuido a la mala práctica económica de un único Estado miembro. La crisis política y económica que atraviesa la UE no puede ser entendida de forma fragmentada. Lo mismo sucede con la tendencia a la gestión exclusionaria de fronteras y flujos migratorios que de ella deriva.

La expansión de la pobreza no explica por sí misma el fenómeno de la xenofobia. Para que éste cuaje, antes debe haberse creado un clima que permita la discriminación del forastero. El actual régimen de gestión de la frontera exterior de la UE arroja luz sobre este particular.

Bajo un manto de prácticas y discursos militarizantes, las fronteras en la UE están siendo utilizadas de manera creciente como armas arrojadizas entre vecinos, como líneas territoriales de exclusión entre iguales/hermanos.

Desde hace unas décadas, y sobre todo tras la apertura de las fronteras interiores de la UE, los veintisiete se baten en una batalla desigual contra los viajeros indocumentados que desean entrar en la UE a través de sus frontera exteriores. Pero ninguna frontera parece ser suficientemente alta para detener a quienes pretenden venir a trabajar a la UE. Los inmigrantes siguen llegando. Y lo hacen mediante caminos, ríos y mares cada vez más peligrosos. En un esfuerzo constante por burlar los controles fronterizos de la UE, durante los últimos años el foco de tensión ha ido desplazándose hacia el Este. La agitación empezó en las costas de Andalucía, Ceuta y Melilla y las Islas Canarias. Tras la fortificación de dichos segmentos fronterizos, se desplazó hacia Italia. Más tarde, el grueso de la lucha fronteriza contra la inmigración irregular se instaló en Grecia, hallando su epicentro en el río Evros.

Al margen de su sorprendente inefectividad, esta batalla fronteriza en movimiento provoca y legitima un clima de xenofobia. Lo que estamos viendo hoy en Grecia constituye la amalgama tóxica de una política económica fallida y de la legitimación de la discriminación contra los extranjeros más pobres.

La proliferación de prácticas y ataques racistas en las calles de Grecia, así como la entrada y normalización de la xenofobia en la retórica de su ejecutivo, no pueden ser reducidos a un problema interno de un país atenazado por las dificultades financieras. Se está allanando el terreno a un preocupante resurgir del autoritarismo en Europa.

Parece oportuno recordar la frase incluida en uno de los más célebres carteles propagandísticos impresos por el gobierno español republicano, y musicada décadas más tarde por la banda de rock galesa Manic Street Preachers: “If you tollerate this your children will be next”.

Ebro. Evros. Dos nombres de fluviales batallas fronterizas. Su reflejo es inquietante: nos muestra el pasado y el presente de la democracia y del fascismo en Europa.

Ese crecimiento económico que ni hay ni se le espera porque el gobierno no sabe o no quiere propiciarlo…

Ese crecimiento económico que ni hay ni se le espera porque el gobierno no sabe o no quiere propiciarlo…

Rajoy nos lleva al suicidio colectivo

Por Manuel Lago, Economista

nuevatribuna.es.

La política económica de Rajoy nos lleva al suicidio colectivo. Deteriora las condiciones de vida y de trabajo del 99% de la sociedad y al mismo tiempo fracasa estrepitosamente en su objetivo formal de estabilizar la economía. Hay muchas razones detrás de este gravísimo error y entre ellos está uno de diagnostico. Rajoy no para de insistir en que todos sus tijeretazos son imprescindibles para poder pagar la deuda publica. Y que ese, pagar la deuda, es el objetivo supremo. Y sin embargo, esta afirmación es absolutamente falsa. Porque la deuda de las administraciones publicas no se paga, nunca, sino que se refinancia hasta que es absorbida a través del crecimiento.

Rajoy, que sabe poco de economía, también desconoce su propia historia. En 1996 cuando Aznar ganó las elecciones, la deuda publica española era de 323.920 millones de euros, una cifra que equivalía al 66% del PIB. Ocho años después, en 2004 cuando Rajoy pierde las elecciones por primera vez, la deuda pública era de tan solo el 46% del PIB, veinte puntos menos. Y no, no fue que Aznar pagara la deuda que le dejo Felipe Gonzalez. Porque en cifras absolutas la deuda no solo no se redujo sino que siguió creciendo hasta alcanzar un máximo histórico, en aquel momento, de 389.942 millones de euros.

¿ Que pasó entonces? . Pues que la economía española creció, y mucho, en esos ocho años de tal forma que absorvió la deuda. Mientras que la deuda aumento el 20%, el PIB lo hizo el 72%. El resultado es una reducción del ratio de deuda, lo que significa que al disponer de mas recursos el coste de la deuda se hace menor. Por cierto, y para que a Rajoy no se le suban los humos, en la primera legislatura de Zapatero las cosas fueron todavía mejor y la deuda bajó hasta un mínimo histórico del 36% del PIB en 2007.

Aprendamos de nuestra historia. La formula más eficiente de enfrentarse a los problemas de deuda es el crecimiento. Lo fue con Aznar y con zapatero y lo tiene qyue ser ahora. La estrategia de Rajoy de pagar la deuda alcanzando superavit presupuestario está condenada al fracaso. En un escenario sin crecimiento harían falta diez años con un superavit del 2% para reducir la deuda al 60% del PIB. Pero alcanzar ese resultado presupuestario, ademas de basarse en recortes socialmente inasumibles, no es posible. A pesar de los cuentos del PP en todos y cada uno de los ocho años de Aznar las cuentas publicas se cerraron con déficit. En ningún ejercicio se alcanzó el superavit. Nuestra experiencia demuestra por lo tanto que la estrategia de Rajoy ademas de injusta y dolorosa para la sociedad está condenada al fracaso.

La solución es el crecimiento. Con un aumento del PIB nominal del 3%, muy por debajo de lo que creció en los últimos 20 años, la deuda se situaría por debajo del 60% en solo cinco años sin necesidad de superavit, solo con cuentas equilibradas. Más aun, si el PIB nominal creciera al mismo ritmo que la media de los últimos 15 años hasta se podría alcanzar ese objetivo con un déficit publico del 2%. Eso sí, Rajoy tendría que demostrar que no solo sabe utilizar el BOE para recortar sino que es capaz de gestionar de verdad la economía del país para lograr ese crecimiento.

Por mí que no quede: JORNADA SESPA ¿A NEGOCIAR? parte II.

Por mí que no quede: JORNADA SESPA ¿A NEGOCIAR? parte II.

Diáfano y claro lo dice La Ley 2/2012, de 29 de junio, de Presupuestos Generales del Estado para 2012:

“…a partir de la entrada en vigor de esta Ley, la jornada general de trabajo del personal del Sector Público no podrá ser inferior a treinta y siete horas y media semanales de trabajo efectivo en cómputo anual”

Pero a partir de ahí no dice más y en eso que no dice está el margen de desarrollo autonómico:

Si la jornada en cómputo anual para 35 horas semanales era en Asturias el resultado de multiplicar 217 días efectivos de trabajo por 7 horas, lo que arrojaba el total de 1.519 h. para los años normales y 1.526 para los bisiestos, que todos conocíamos hasta el 30 de junio de 2012 (VER LA SECCION DE JORNADA DE NUESTRA WEB), la introducción ahora de las dos horas y media semanales en cómputo anual NO TIENE POR QUE MODIFICAR EL NUMERO DE DIAS EFECTIVOS DE TRABAJO sino, simplemente, hay que multiplicar éstos por las 7,5 horas que se supone que habría que hacer diariamente para cumplir con el requisito de las 37,5 horas semanales… El resultado, como podéis comprobar no es el de 1.665 h. que propone el Principado, sino el de 1.627 horas y media…

Las 1.665 h. propuestas suponen, haciendo la operación matemática alrevés, que los 217 días efectivos pasan a 222 días de 7,5 h. ¿por qué?...

¿Porque incluyen ya, como dicen, los tres días en los que se transforman los 6 de asuntos propios, a partir del 1 de enero de 2013?

Puede que si, pero 3 no son 5 que es lo que hay entre 217 y 222 días efectivos a efectos del cálculo, en todo caso serían 220, y si estos se multiplican por 7,5 horas la jornada anual no sería 1.665 horas sino 1.650 h…

Números y números con gazapos y gazapinos que sólo servirán para crispar la posible negociación…, cómo un ejemplo más pondremos el de que para devolvernos los tres días – disposición adicional única del documento - que este año aún tenemos de asuntos propios lo hagan con el texto “…reducida a su vez en 21 horas, correspondientes éstas, a los 3 días de asuntos particulares que van a resultar suprimidos a partir de 1-1- 2013” (o sea que para quitárnoslo multiplican por 7,5 horas y para devolverlos lo hacen sólo por 7 h….???).

Si, desde mi punto de vista, los objetivos de la optimización de este incremento de jornada – al margen de las cifras resultantes de jornada – por parte de la Consejería son: la tendencia a la supresión de todo el gasto, que no de la actividad,  en “peonadas”; el promover una oferta de actividad de tardes sin generar contrataciones – una especie de prolongación de jornada ordinaria -; y un control más estricto y riguroso de las contrataciones eventuales en función de la adecuada utilización previa de todos los recursos orgánicos de plantilla disponibles…  ¿por qué no ir directamente al grano?

Esto, se sabe, exige colaboración y voluntad de los trabajadores y ésta no se va a lograr con ¿errores? que estimulan fáciles crispaciones…

Echarle un vistazo a la tabla de ponderación que a nosotros nos resulta de la aplicación tal cual de la propuesta de la administración ciertamente ¡¡mete miedo!!

VER DICHA TABLA

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