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OPINION

Los autores del artículo abogan por aunar voluntades para plantear como una necesidad perentoria la convocatoria de un referéndum democrático sobre las decisiones de este gobierno…

Los autores del artículo abogan por aunar voluntades para plantear como una necesidad perentoria la convocatoria de un referéndum democrático sobre las decisiones de este gobierno…

España entra en la espiral de la muerte

Por Antoni Domènech / G. Buster / Daniel Raventós, en SinPermiso.info

El pasado viernes, 13 de julio, el Consejo de Ministros aprobó el radical paquete de medidas de austeridad fiscal procíclica anunciadas por Rajoy en sede parlamentaria dos días antes. “No disponemos de más ley ni de más criterio que el que la necesidad nos impone. Hacemos lo que no nos queda más remedio que hacer, tanto si nos gusta como si no nos gusta. Soy el primero en estar haciendo lo que no le gusta”: palabras literales de un presidente más nervioso, más inseguro y con peor dicción que de costumbre. Es la segunda vez en dos años que una escena así se produce en las Cortes: el 11 de julio de 2012 de Rajoy es el 10 de mayo de 2010 de Zapatero.

Zapatero se dio un autogolpe de Estado para evitar, supuestamente, el golpe de la intervención de la Troika. Con el resultado de todos conocido: todo fue a peor, como no podía ser de otro modo con unas políticas procíclicas de consolidación fiscal y recortes de derechos sociales e ingresos populares en un país, entonces, con un desempleo superior al 20%, el 45% de los jóvenes en paro y la demanda efectiva en rápido proceso de contracción. Ahora se anuncia un recorte anual para los próximos tres años de más del 2% del PIB, en un país con más del 25% de su población activa desempleada, más del 50% de los jóvenes en paro –decenas y decenas de miles convertidos ya en emigrantes— y una demanda efectiva en caída libre.

De ideas milagreras, retóricas electorales y agendas ocultas

Rajoy subió al poder con la idea milagrera –avalada por toda una corte de tertulianos, todólogos mediáticos y pseudoeconomistas diz-que-profesionales— de que bastaba poco más que un gobierno conservador de gentes de viso en la Moncloa para recuperar la “confianza” de los mercados financieros internacionales y la benevolencia de los burócratas de Bruselas y de Francfort. Esa era la idea “técnica” básica.

Había, además, una retórica de campaña electoral rectificadora del giro antisocial de Zapatero: no se tocaría a los pensionistas, no se tocaría a los funcionarios públicos, no se recortarían derechos ni en educación, ni en sanidad (¿quién dice copago?), ni en la cobertura del paro; habría austeridad y consolidación fiscal, por supuesto, pero se trataría de una “austeridad expansiva” (sic), facilitadora del crecimiento económico (no se subiría el IVA, ¡claro que no!). Contra el entreguismo de Zapatero, se defendería la soberanía nacional; España sabría hacerse respetar en la UE y ante la Troika: el Reino, en fin, no sería intervenido, ni informal ni, menos, formalmente. Por fin alguien haría valer la “marca España”.

Y había, por supuesto, una agenda oculta. Con la excusa de la necesidad de bienquistarse a los mercados financieros y recuperar la “confianza” perdida por la calamitosa gestión del PSOE, acometer un conjunto de contrarreformas –incoadas ya por el gobierno Zapatero y largamente anheladas por la derecha social española— que alteraran radical e irreversiblemente la relación de fuerzas. Que reconfiguraran la constitución social del país, particularmente la regulación del mercado de trabajo. Que reordenaran pro domo sua, a favor del poder político-económico del PP, la fatalmente dañada estructura bancaria (lo que pasaba crucialmente por convertir a Bankia en un coloso financiero privado promiscuamente vinculado al partido). Que terminaran de poner en almoneda y desmantelar el sector público, pusieran proa a la conversión de la vida económica de nuestro país en un rimero interminable de peajes privatizados, cobrables por rentistas improductivos de toda laya, nacionales y extranjeros, y entraran por uvas en la más o menos disimulada tarea de recentralizar administrativamente y jibarizar el “Estado de Medioestar” español, como atinadamente lo ha llamado en alguna ocasión Gaspar Llamazares.

La agenda oculta, en una palabra, consistía en aprovechar la crisis para consolidar hasta las últimas consecuencias el tipo de capitalismo oligopólico de amiguetes políticamente promiscuos construido por el PSOE y el PP en las últimas décadas y reubicar al núcleo político dirigente conservador en la nueva situación. Si se quiere, y por servirnos del neologismo muy a propósito inventado por el académico de la lengua Emilio Lledó, pasar de la economía política del capitalismo oligopólico de amiguetes, al casino de negocios público-privados de los “amigantes” (que rima con mangantes).

Del fracaso, también, de la agenda oculta

En tan sólo 6 meses de gobierno, la realidad de la crisis se ha llevado ya por delante la idea “técnica” básica del programa electoral del PP, la de la “confianza”: la prima de riesgo no ha dejado de subir, la renta variable no ha dejado de bajar, el interés de los bonos españoles se ha disparado hasta rebasar todos los niveles de alarma (7%), y lo que es más grave y perentorio, ha comenzado a acelerarse una fuga masiva de capitales y depósitos bancarios, cuyo ritmo anual se estima ahora mismo en un ¡50% de nuestro PIB! Un pánico bancario desatado, peligrosísimo para España y para el conjunto de la UE, al que no son ajenas las sucesivas torpezas del gobierno Rajoy en el manejo de la crisis de solvencia de la banca española. Y a todo eso, la unión bancaria y la garantía europea de depósitos –única medida eficaz para contener la hemorragia—, siguen ahora tan lejos, si no más, que antes de la famosa cumbre del pasado 28/29 de junio. Han pasado sólo dos semanas, y parecen meses. Tiempo suficiente, en cualquier caso, para que varios sedicentes “europeístas” demostraran una vez más su incapacidad para comprender la naturaleza de la crisis política europea y se cubrieran con el más bobalicón de los ridículos.

Como previsto por todo el mundo, de desmentir la retórica electoral se encargó el propio gobierno no bien entró en ejercicio. Pero lo verdaderamente interesante es la suerte que ha corrido en sólo 6 meses el desarrollo de la agenda oculta del PP. Porque la puesta por obra del “programa oculto” se fundaba también en la necia idea de la restauración de la “confianza” (y en el pésimo diagnóstico –compartido con el núcleo dirigente del PSOE— de la naturaleza de la presente crisis europea que subyace a esa idea). La realización del programa oculto de Mariano Rajoy pasaba decisivamente por evitar la intervención de España por la Troika; intervenido el Reino, todo cambia. No importa el grosero jaleo forofesco de los diputados del PP a cada anuncio de recorte declarado por el jefe, ni siquiera el obsceno “que se jodan” los parados de una pijilla descerebrada que calienta escaño en las Cortes. Harto más significativo se antoja el rostro desalterado del Presidente del gobierno. Porque, si bien se entiende, de lo que verdaderamente se despedía era de su agenda oculta.

Y despedirse de la agenda oculta no era sólo despedirse del verdadero programa partidista con que accedió al gobierno. Es mucho más. Es despedirse de toda una época política y económica que ese programa trataba de salvar, y a su modo, perpetuar, rectificándola por la vía de escorar irrreversiblemente, hasta donde se pudiera, su centro de gravitación hacia la derecha. Es muy significativo que el Consejo de Ministros del pasado viernes comenzara no en Moncloa, sino en la Zarzuela, con el monarca en persona presidiendo la sesión del reconocimiento oficial de todos los fracasos. Como agarrándose a un clavo ardiendo, precisamente al amparo de un Rey de todo punto desacreditado ante la opinión pública y convertido en los últimos meses en la cara visible del fracaso nacional y del fin de época. En el símbolo mismo de la agónica fatiga política, social y moral del régimen de la Segunda Restauración borbónica que fue la Transición democrática.

Res ipsa loquitur: ministros que filtran secretos de su cartera (el escándalo de la ministra Báñez y el ERE del PSOE); una red gigantesca de espionaje a empresas y ciudadanos y compra y venta de datos privados protegidos por la ley con la connivencia de las instituciones privadas y públicas –incluidos los servicios secretos— encargadas de protegerlos; socialización de la corrupción de lo público a lo privado con las preferentes, como se ha visto con la apertura de la causa contra los gerentes de Bankia, la CAM y CaixaNovaGalicia; el bloqueo de un poder judicial incapaz de autogobernarse, carente de la legitimidad democrática que solo pueden otorgarle los ciudadanos, y no el escalafón de la judicatura y los acuerdos bajo mano entre el PP y el PSOE; unos incendios pavorosos que no se pueden extinguir por los recortes del gasto público; amnistía a los depredadores urbanísticos de la propiedad común de las costas; amnistía a los defraudadores fiscales… ¿Qué más?

La espiral de la muerte

Con las medidas de recortes y austeridad fiscal que ha impuesto la Troika al gobierno, España entra en la espiral de la muerte. Es decir, se aventura por la senda que ha llevado al suicidio económico, social y político a las naciones hasta ahora intervenidas (Grecia, Portugal, Irlanda). La dinámica es harto conocida: las drásticas medidas procíclicas de austeridad fiscal encaminadas a reducir la deuda y el déficit públicos generan destrucción de empresas y de empleo, desplome de los salarios, caída de la demanda agregada, descenso de los ingresos fiscales del Estado y, para cerrar el círculo vicioso, ulterior crecimiento del endeudamiento público, acrecida desconfianza de los acreedores internacionales y nuevas y más desapoderadas exigencias de austeridad y consolidación fiscales y consiguiente degradación del Estado social, de la enseñanza, de la sanidad, de la cobertura del desempleo.

En esa perspectiva, perdida la soberanía monetaria y sin autoridad fiscal común en la UE, el círculo vicioso sólo podría romperse con una enérgica mejora de la exportación. Los últimos datos al respecto no son nada halagüeños. Y no cabía esperar otra cosa. Primero, porque a diferencia de Portugal, por ejemplo, en donde el sector exportador representa cerca del 50% de su economía, la exportación española significa apenas un tercio, es decir que al menos dos tercios de la demanda de los productos de las empresas españolas vienen de un mercado interior deprimido por el paro creciente, por el tremendo estado de endeudamiento de las familias y de las empresas españolas, por los recortes salariales públicos y privados, por el terrible aumento del IVA, por las nuevas tasas universitarias, por el copago sanitario, por presentes y venideros peajes de usuario en el acceso a los bienes públicos o comunes; en una palabra, por las extremistas políticas de austeridad fiscal. Y segundo: porque las políticas de austeridad incompetentemente impuestas a escala europea han deprimido la demanda continental, y el grueso de nuestras exportaciones –como las de los alemanes, dicho sea de pasada— van a parar a una eurozona devastada por esas suicidas políticas procíclicas de consolidación fiscal.

Es evidente que el núcleo dirigente del PP es a estas alturas perfectamente consciente de todo eso. El fracaso estrepitoso de Montoro es el fracaso de la agenda oculta de una derecha política española que era todavía orgánica en intereses oligárquicos más o menos nacionalmente arraigados, y que tenía intereses electorales propios. Es aventurado –y acaso necio— decir que estamos asistiendo al triunfo del “independiente” y “cosmopolita” De Guindos, ese fracasado gestor europeo de los intereses del quebrado banco norteamericano Lehman Brothers.

Pero de lo que no cabe la menor duda es de que decidir –o allanarse a— meter a España en la espiral de la muerte trae consecuencias devastadoras para la identidad de quien lo propone (el PP). Para la identidad de quien lo aplaude, jactándose incluso de haberlo propuesto antes (Duran i Lleida). Para la identidad de quien lo tolera “responsablemente” y aun lo acompaña como “inevitable” y “necesario” con dos que tres salvedades y matices y tres que cuatro lagrimitas impostadas (Rubalcaba). Y desde luego para la identidad política de quienes, aplaudiéndolo en el fondo, sólo pretenden aprovecharse del río revuelto para promover aquí o allá su propia agenda superficialmente populista (el desmantelamiento del Estado de las Autonomías, à la Rosa Díez; el fantasma del pacto fiscal catalán sin contenido social para justificar, à la Mas, su cruel ofensiva en toda regla contra los derechos de las clases populares).

Como las elites políticas coloniales tradicionales

Las medidas de choque decididas –“sin libertad”— por Rajoy la semana pasada van contra los intereses mediatos e inmediatos de la inmensa mayoría de la población española, incluidas esas clases medias madrileñas abrumadoramente votantes del PP que habrán perdido todos sus ahorros con la estafa de Bankia y Caja Madrid. La espiral de la muerte al estilo griego no sólo tiene consecuencias económicas y sociales devastadoras; tiene también consecuencias para las propias elites políticas que se allanan de mayor o menor grado al suicidio de la nación. Porque pierden su identidad política como representantes fiduciarios más o menos legítimos de distintos intereses sociales más o menos encontrados, para convertirse paulatinamente en castas políticas de tipo colonial, sin arraigo social en la población. Franz Fanon describió hace ya muchos años a ese tipo de elites coloniales en Los condenados de la Tierra, una obra maestra de la literatura anticolonialista de los años 60.

Este era el tenor literal de su descripción: las elites coloniales, cualquiera que sea el matiz de su color político:

■niegan a los pueblos la seguridad en los puestos de trabajo;

■reducen los ingresos del grueso de la población al nivel de subsistencia;

■llevan a los pobres a la desesperación;

■buscan con denuedo desmantelar a los movimientos y a las organizaciones sociales, señaladamente a los sindicatos obreros;

■se empeñan en degradar el sistema educativo, de modo que solo las elites puedan tener acceso a la educación superior;

■hacen leyes a la medida de las empresas transnacionales saqueadoras;

■criminalizan el disenso, la crítica y a la oposición política no acomodaticia.

El corolario de esa clásica descripción del hacer de las elites coloniales era el comportamiento que buscaban inducir en la población: el miedo y la sensación de inestabilidad generados por esas políticas garantizaban la pasividad de la población, forzada a derivar hacia la propia supervivencia personal todas las energías disponibles.

Lo mejor del buen discurso parlamentario de Cayo Lara –convertido de facto en el jefe de toda la oposición en las Cortes, incluidos, verosímilmente, los parlamentarios socialistas desolados por las frívolas payasadas de Rubalcaba— es que entendió perfectamente este punto. No sólo ha traicionado Rajoy a su propio electorado al violar groseramente las promesas de su programa, no sólo, esto es, ha fracasado como político democrático, sino que ha fracasado también en la promoción de su agenda oculta “soberana”, es decir, ha fracasado como político tecnocrático. Doble fracaso. Se impone la consulta popular.

Hasta un periodista tan cargantemente circuelocuente como Pedro J. Ramírez se ha visto en la necesidad de reconocer sin reservas lo obvio, aunque sea para salir cínicamente al paso:

“En otras circunstancias el reconocimiento de esta súbita pérdida de autonomía democrática debería llevar aparejada la dimisión del gobierno de turno, la disolución del Parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones. Pero nadie está pidiendo que Rajoy haga eso porque su rotundo triunfo electoral ha sido muy reciente y, como indican todos los sondeos, no se percibe ninguna alternativa fiable. Más bien existe el consenso de que al líder del PP le toca cargar con la cruz de lo que será una creciente impopularidad, gestionar con la mayor solvencia posible la ejecución del diktat de Bruselas y tratar de que la desagradable travesía del desierto concluya cuanto antes.” [“Protectorado de ’soberanía suspendida’”, El Mundo, 15 julio 2012.]

Quien comprenda mínimamente la naturaleza de la crisis política europea, o quien al menos sepa algo de macroeconomía elemental, o quien, si más no, se haya molestado en informarse un poco de la experiencia de Grecia, Irlanda y Portugal desde su intervención, sabe ya que lo que viene no es “una desagradable travesía del desierto” destinada a “concluir cuanto antes”. Sino la entrada en una verdadera espiral de la muerte.

Que la población sea, o no, presa del pánico, que se entregue, o no, a una inerme pasividad política cruzado el portalón de esa espiral, dependerá de la decisión con que el conjunto de la izquierda social y política de este país –sindicatos obreros, 15 M, colectivos de parados y trabajadores precarizados, representantes institucionales (locales, autonómicos y estatales) de las izquierdas federalistas y soberanistas, asociaciones ciudadanas, colectivos culturales, investigadores y académicos comprometidos, grupos de apoyo a los desahuciados, afectados por las estafas bancarias, pequeños comerciantes arruinados por el IVA, autónomos acorralados por la inopinada subida de su IRPF, etc.— sepan aunar voluntades y plantear como una necesidad perentoria la convocatoria de un referéndum democrático que, manifiesta y clamorosamente fracasadas las elites rectoras dominantes, permita a los pueblos de España elegir libremente su destino en uno de los momentos más dramáticos de nuestra historia, que, como bien dijo hace muchos años el poeta, es la más triste de todas las historias.

Un estado no es una economía doméstica…

Un estado no es una economía doméstica…

El simplismo de Rajoy

Por Manuel Lago, economista de CC.OO. de Galicia, y Santiago Lago, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de de Vigo.

nuevatribuna.es

La eliminación de la paga extraordinaria a los empleados públicos es una barbaridad que pone en evidencia el simplismo de Rajoy en la gestión económica. El Gobierno cuantifica el ahorro para las cuentas públicas en 4.000 millones de euros y lo vende como una medida necesaria para reducir el déficit. Pero esto no es cierto. Porque además de ser una medida injusta, también es falso que sirva para mejorar el saldo fiscal, al menos en esa cifra.

El Gobierno vuelve a caer en el simplismo en las decisiones económicas: dice cuánto va a reducirse el gasto público pero no tiene en cuenta las repercusiones que tiene en la actividad económica y en los propios ingresos públicos. En este caso, la caída de la recaudación tiene un efecto directo  de fácil cuantificación.

Los 4.000 millones de reducción salarial son brutos, esto es antes de descontar tanto el IRPF como las cotizaciones sociales de los funcionarios. Con un tipo impositivo medio del IRPF del 30 % y un tipo de cotización del 6 %, el Estado recaudaría en torno a los 1. 440 millones entre impuestos y cotizaciones. Pero hay más. La paga de Navidad se dedica casi de forma íntegra al consumo, de tal manera que el Estado deja de ingresar otros 480 millones por el IVA. Esto es, el Estado dejará de ingresar 1. 920 millones de euros. Por lo tanto el ahorro neto real será de tan solo 2.080 millones de euros, la mitad de lo que dice el Gobierno.

Pero además de este efecto directo, también hay un efecto indirecto: las repercusiones que la caída de la demanda tiene en la actividad y en el empleo del conjunto de la economía. La campaña de Navidad y las rebajas en enero son una de las épocas de más gasto familiar y también el período de ingresos más importante en sectores del comercio y de la hostelería, además de la actividad industrial y de otros servicios.

En muchos negocios el resultado de todo el ejercicio está condicionado a este período excepcional, que concentra una parte considerable de las ventas. Eliminar la paga extra de los funcionarios, con el riesgo de que cunda el ejemplo en el sector privado, va a provocar una gravísima caída en las cifras de negocio de estas actividades y del empleo, que pueden causar el cierre de muchos establecimientos con costes elevados para la sociedad pero también para el presupuesto público.

Esto no es una elucubración teórica. Sucedió en Portugal el año pasado, tal y como contó el profesor Carballo en un curso de la UIMP organizado hace unas semanas por el departamento de Economía Aplicada de la Universidade de Vigo.

No siempre dos más dos son cuatro

Es un error pensar en el sector público como en una familia o en una empresa. Para una familia con déficit, dejar de gastar significa ahorro y desapalancamiento en la misma medida. Para las administraciones públicas no. Por su tamaño, se convierten en un agente económico sistémíco y pieza básica de un ecosistema en el que sofisticados mecanismos arruinan máximas como la que da título a esta columna. La eliminación de la paga extra de Navidad a sus empleados es un buen ejemplo.

Para entender lo que sigue es importante tener en la cabeza que el objetivo del gobierno es reducir el cociente entre déficit público y PIB; y que el primero es la diferencia entre gastos (G) e ingresos (T). Recortar la paga extra supone reducir G y, por tanto, el cociente. Y aquí se acabaría el problema para el gestor de una empresa que quisiese equilibrar su contabilidad. Para el ministro, no.

En primer lugar, aparecen el IRPF de los empleados públicos y sus cotizaciones a la Seguridad Social y mutualidades. Al dejar de pagarles la extra, tributan menos y cae T. Y lo relevante aquí no es el tipo de retención, sino el marginal, el tipo al que pagarían por esa paga extra. Un porcentaje que en la mayor parte de España varía entre el 24,75 y el 52%. Es razonable pensar que para el conjunto de empleados públicos, alrededor de un tercio de su paga extra se queda en IRPF y cotizaciones.

En segundo lugar, los dos tercios restantes tienen por destino fundamental el consumo. Y aquí aparece el IVA. Tras la subida, el IVA medio que pagarán los españoles estará alrededor del 14% (existen tipos que van del 0% al 21%). Incluso dejando al margen impuestos especiales sobre alcohol, tabaco y combustibles y aceptando que no toda la extra se gasta, cada 100 euros de ahorro en G contrae T en más de 40 por estos dos primeros mecanismos.

Pero existen más. El menor consumo de los empleados públicos va a minorar las ventas de comerciantes, hosteleros y empresas en general. Es el efecto multiplicador, en este caso negativo, que va a reducir en una segunda y sucesivas vueltas el valor de T. Además, la forma en la que el gobierno ha gestionado el asunto está generando dosis añadidas de desconfianza y pesimismo en buena parte de la población. Aunque habrá que esperar a ver si los indicadores de confianza del consumidor confirman este deterioro, es probable que así sea, con lo que ello supondría para el consumo agregado y, de nuevo, para T.

Finalmente, por convención contable y ante la inexistencia de precios de mercado para la mayor parte de lo que hace el sector público, el valor de la producción pública que se incluye en el cómputo del PIB se aproxima mediante la suma de las remuneraciones de los asalariados públicos y otro pequeño componente que no viene al caso. Quiere esto decir, que la rebaja de salarios públicos contrae automáticamente el PIB. Obviamente no es lo mismo que el PIB caiga por esto que por el desmantelamiento de una rama productiva, pero la realidad es que eso hace aumentar el déficit y las deudas públicas y privadas en términos de PIB, que son las relevantes en las discusiones y acuerdos.

En conjunto, el efecto neto final de la eliminación de la paga extra sobre el déficit en términos de PIB va ser muy pequeño, desde luego muy inferior a las cuatro décimas que se están manejando. ¿Llegará siquiera a una? ¿Ha sido una decisión razonable para el gobierno en términos de costes y beneficios económicos y políticos? La contabilidad pública y la privada tienen lógicas muy distintas.

No se puede hablar de prestatarios irresponsables (bancos españoles) sin hablar también de los prestamistas irresponsables (bancos de otros países) y los ciudadanos, que somos los que pagamos, resulta que no somos ni lo uno ni lo otro…

No se puede hablar de prestatarios irresponsables (bancos españoles) sin hablar también de los prestamistas irresponsables (bancos de otros países) y los ciudadanos, que somos los que pagamos, resulta que no somos ni lo uno ni lo otro…

El por qué de los recortes

Por Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España

Este artículo señala que una de las causas reales de los continuos y constantes recortes de gasto público incluyendo el gasto público social que están debilitando enormemente el Estado del Bienestar español es la exigencia de que España pague la deuda a los bancos europeos, y muy en especial, a la banca alemana.

Una de las tesis que se promueven con mayor ahínco en los círculos neoliberales del país es que España entró y permanece en crisis por su excesivo gasto público y falta de disciplina fiscal. De esta tesis se concluye que hay que reducir el gasto público y recuperar la famosa disciplina fiscal, reduciendo el déficit público para alcanzar el nivel exigido por el Pacto de Estabilidad (el 3% del PIB).

Esta tesis es fácilmente demostrable que carece de credibilidad. El Estado español era, en realidad, el modelo de rectitud ortodoxa neoliberal. Tenía un superávit en las cuentas del Estado en los años 2005, 2006 y 2007, y su deuda pública era de las más bajas de la Eurozona. Durante el periodo 2004-2007, tal deuda pública bajó del 46% al 36%. España no podía ser más modélica desde el punto de vista neoliberal. Los responsables de la política económica y fiscal del Gobierno español recibieron el aplauso de las autoridades europeas que gestionan y dirigen la Eurozona (desde el Consejo Europeo y la Comisión Europea al Banco Central Europeo) y como no, del Fondo Monetario Internacional.

En realidad, la sensación de euforia era tal que el Gobierno socialista español, bajo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, decidió bajar los impuestos, identificando tal medida con ser de izquierdas. Su slogan más conocido en aquellos años fue que “bajar los impuestos es de izquierdas”. Esta bajada de impuestos aumentó el déficit estructural del Estado, es decir, el déficit público, que determinan los ingresos y gastos estructurales y no coyunturales. Este aumento del déficit estructural permaneció ocultado o ignorado por el aumento de los ingresos al Estado, resultado de la situación coyuntural provocada por la burbuja inmobiliaria. Ahora bien, cuando esta burbuja explotó, el déficit estructural apareció con toda claridad y contundencia. Los ingresos al Estado bajaron en picado, resultado, en gran parte, de que la estructura fiscal del Estado español depende excesivamente de las rentas del trabajo y muy poco de las rentas del capital. Cuando la actividad económica se colapsó y el desempleo se disparó, los ingresos al Estado bajaron y mucho. De ahí el déficit público del Estado. No tiene nada, nada que ver con el aumento del gasto público, el cual, medido en gasto público por habitante, ha ido bajando, no subiendo. Y los datos así lo muestran. Se están recortando y recortando, y en cambio el déficit público apenas baja y el crecimiento económico está decreciendo. ¿Qué evidencia esperan los círculos neoliberales para poder ver que están profundamente equivocados?

Por otro lado, un punto clave poco estudiado y con escasa visibilidad mediática es ¿por qué la burbuja inmobiliaria explotó? La causa primordial es que la mayoría del dinero que estaba detrás de la burbuja inmobiliaria procedía de bancos alemanes, franceses, holandeses, belgas, entre otros. En realidad el enorme flujo de dinero (lo que se llama inversión financiera) a España explica que la balanza de pagos (la diferencia entre el capital que entra y el que sale del país) se disparara en aquellos años de burbuja inmobiliaria. El hecho de que la banca europea alimentara a la banca española se debía, como no podría ser de otro modo, a que eran inversiones financieras extraordinariamente beneficiosas. Su rentabilidad era enorme. Pero cuando esta banca europea contaminada por los productos tóxicos procedentes de la banca estadounidense se paralizó, el dinero dejó de venir a España y la burbuja inmobiliaria explotó, creando un agujero en el PIB español equivalente a un 10% de su tamaño. Y todo ello en cuestión de meses.

Ahora España tiene un problema enorme porque debe mucho dinero a los bancos europeos, que no puede pagar. Y los bancos europeos tienen un problema incluso mayor, porque han prestado tanto dinero a España y a los otros países intervenidos (Grecia, Portugal e Irlanda) que si éstos no lo pagan, tienen un problema gravísimo. En realidad, muchos de ellos se colapsarían. Los bancos alemanes habían prestado en 2009 la enorme cantidad de 704.000 millones de euros a los países PIGS (España, Grecia, Irlanda y Portugal), convertidos en GIPSI con la inclusión de Italia. Esta cantidad es muchas veces superior al capital en reserva de la banca alemana. Si estos países no pudieran pagar su deuda, la banca alemana colapsaría. El establishment financiero alemán y su Gobierno, presidido por la Sra. Merkel, es plenamente consciente de este hecho. Y de ahí su énfasis en que el objetivo prioritario de las políticas de austeridad que está imponiendo a aquellos países y de la supuesta “ayuda financiera”a sus bancos, sea el de que la banca alemana recupere el dinero prestado.

El objetivo de los recortes es salvar la banca alemana

Y así nacieron las políticas de recortes. Como bien escribía recientemente nada menos que el editor senior del Financial Times, el Sr. Martin Wolf (25.06.12) el objetivo de estos recortes en España tiene poco que ver con recuperar la economía española y sí con que se pague a los bancos europeos, incluyendo los alemanes, lo que se les debe. Así de claro.

Ahora bien, como las cosas no se pueden decir tan claro, el argumento que se utiliza por los economistas y políticos neoliberales, es que hay que reducir el déficit público para “inspirar confianza a los mercados financieros” de manera tal que éstos vuelvan a prestar dinero a España. Según tal argumento, la desconfianza de los mercados hacia España determina que la prima de riesgo española haya subido tanto, ignorando que el que marca los intereses de la deuda pública no son los mercados, sino el BCE, que es el lobby de la banca, y muy en especial de la banca alemana. El hecho de que el BCE no haya comprado deuda pública española durante más de tres meses es la mayor causa de que la prima de riesgo se haya disparado. Lo que le importa más a la banca alemana (y a su instrumento, el BCE) es que continúe la austeridad, que sigan y se profundicen los recortes por parte del Estado español a fin de que éste y la banca privada a la que el Estado español ha estado subvencionando y ayudando en cantidades exuberantes (más de un 10% del PIB) paguen ahora lo que deben a aquellos bancos europeos, incluyendo los bancos alemanes. Y los famosos 100.000 millones de euros que el Gobierno Rajoy ha solicitado de las autoridades que gobiernan la Eurozona irán destinados a continuar ayudando (todavía más) a los bancos, y todo ello financiado por el ciudadano normal y corriente que paga al Estado y sostiene la deuda pública. En realidad, incluso dirigentes del Gobierno alemán así lo han reconocido. Uno de los consejeros económicos del Gobierno alemán, Peter Böfinger, así lo ha dicho. “Las ayudas a la banca (de los países en dificultades) no tienen que ver con el intento de ayudar a tales países en sus problemas, sino ayudar a nuestros bancos que tienen gran cantidad de deuda de aquellos países” (Chatterjee, Pratap, Bailing Out Germany: The Story Behind The European Financial Crisis).

En realidad, si de verdad tanto el Gobierno Rajoy o el Consejo Europeo desearan ayudar a la economía española, no transferirían estos 100.000 millones a la banca (que no ha estado ofreciendo crédito ni a las familias ni a las medianas y pequeñas empresas), sino a organismos estatales como el Instituto de Crédito Oficial (ICO), con el mandato de ofrecer crédito accesible y razonable (no el que provee la banca hoy) a la ciudadanía y a medianas y pequeñas empresas españolas. Tales transferencias públicas podrían también estimular el establecimiento de bancas públicas (tanto centrales como autonómicas) o cooperativas de crédito que garantizaran la existencia de crédito, uno de los mayores problemas que existe hoy en la España endeudada.

Pero lo que las autoridades europeas desean más que nada es que la banca española y el Estado español paguen a los bancos alemanes, franceses, holandeses, belgas y otros lo que les deben, a fin de -según dicen ellos- recuperar la confianza de los mercados. Pero este argumento asume que existen mercados, lo cual es fácil de demostrar que no ocurre. En un mercado, la responsabilidad de un préstamo fallido es compartida. Es un fallo de la persona o institución que pidió el préstamo, pero lo es también de la persona o institución que ofreció el préstamo. Y esto no está ocurriendo. En esta situación se está penalizando al primero a fin de salvar los intereses del segundo. Esto es lo que está haciendo, entre otros, el Gobierno alemán, que acusa y critica al Estado español por haber permitido la formación de la burbuja inmobiliaria sin citar el papel clave que el Estado alemán y la banca alemana jugaron en el establecimiento y explosión de tal burbuja. No se puede hablar de prestatarios irresponsables sin hablar también de los prestamistas irresponsables. Y el Gobierno alemán está imponiendo las políticas de austeridad para asegurarse de que a la banca alemana irresponsable se le pague la deuda con intereses (que, por cierto, alcanzan niveles estos últimos que cubren varias veces el coste de la deuda en sí). Y así estamos.

Qué, por qué, quienes, cuándo, cómo… no es tan difícil responder, pero los responsables están tan tranquilos.

Qué, por qué, quienes, cuándo, cómo… no es tan difícil responder, pero los responsables están tan tranquilos.

La Bankia autonómica

Igual que una caja de ahorros intervenida, se levantó sobre mentiras, presumió de lo que carecía, construyeron un estilo de vida alrededor de la burbuja inmobiliaria

Por Josep Torrent, en El País.

Clarividente, un veterano político valenciano del PP pronosticaba hace seis meses: “Si fuéramos una caja de ahorros ya nos habría intervenido el Banco de España, pero por fortuna no lo somos”. Llevaba razón en lo primero, pero no en lo segundo. Hay quien ha comparado a la Comunidad Valenciana con Grecia. Y motivos no faltaban para establecer semejante paralelismo. Dos sociedades endeudadas, despilfarradoras, con una economía ligada a la especulación del ladrillo y donde ser corruptos, lejos de ser un estigma social, era la aspiración de no pocos.

Pero la similitud con una entidad financiera casa mejor con la realidad. La Comunidad Valenciana, en ese sentido, se parece mucho más a Bankia que a la península helénica. Ambas se levantaron sobre mentiras, presumieron de lo que carecían, construyeron todo un estilo de vida alrededor de la burbuja inmobiliaria, engañaron y mintieron a sus clientes/ciudadanos, derrocharon en proyectos absurdos y perfectamente prescindibles, actuaron de forma corrupta y corrompieron y se endeudaron sin tasa ni medida. Y al final, por desgracia para sus accionistas, Bankia ha sido nacionalizada, y la Comunidad Valenciana, rescatada.

Cómo se ha podido llegar hasta aquí es una pregunta que empieza a responderse en el mismo instante en que la megalomanía de los dirigentes del PP, hinchados de ambición, soberbia y codicia, empezaron a levantar un parque de cartón piedra como Terra Mítica, un aeropuerto sin aviones como el de Castellón y le pagaron un fortunón a Bernie Ecclestone para que les organizara un gran premio de fórmula 1. Querían poner la Comunidad Valenciana en el mapa, ser la vanguardia de España y de Europa. Y, a golpe de talonario, lo consiguieron. Lo que nunca esperaron visionarios como Eduardo Zaplana o Francisco Camps, verdaderos artífices de tan fugaz fulgor, fue ver como su obra era objeto de escarnio, burla y sátira en todos los medios de comunicación de referencia del mundo o la desaparición de entidades financieras como Caja Mediterráneo, Bancaja y el Banco de Valencia en medio de un escándalo de proporciones mayúsculas y de la desesperación de sus impositores y accionistas que han contemplado desesperados como sus ahorros se iban por el desagüe de la incompetencia de unos gestores nombrados por los políticos de turno.

La Comunidad Valenciana ha sido testigo de toda clase de escándalos, una tierra saqueada por promotores y cargos públicos que creyeron en la infinidad del negocio del ladrillo. Tanta indecencia solo se hizo insoportable para una sociedad cuando la crisis económica alcanzó a todos porque, hasta ese momento, se mostró pasiva e incluso permisiva con actuaciones tan delirantes como las protagonizadas por el expresidente Camps.

El acceso de Alberto Fabra a la presidencia de la Generalitat y su política de tolerancia cero con la corrupción llega tarde. Las arcas públicas estaban quebradas desde hace mucho tiempo. Una quiebra a la que no ha sido ajena un pésimo sistema de financiación autonómico que ha perjudicado notablemente a los valencianos; pero esta no es excusa suficiente para explicar la postración en que se encuentra el gobierno valenciano que, desde hace tiempo, viene fiando su suerte a unos hisopanobonos que no llegarán. El ministerio de Hacienda ha tomado el control financiero de la Generalitat. Tal que hizo con Bankia.

Merece la pena leerlo…

Merece la pena leerlo…

Los nuevos recortes sociales promovidos por el Gobierno y aplaudidos por su grupo parlamentario, lleva al comentarista a despreciar la catadura moral de promotores y de valedores, incapaces de actuar en contra de los poderosos, cuya actuación parecería estar dominada por el deseo de sumisión de una parte de la sociedad. Para pensar.

¿No hay paga de Navidad? ¡Tampoco Reyes!

Por Juan Gérvas, médico general y promotor del Equipo CESCA, Madrid.  

16/07/2012, Juan Gérvas

En el mundo hay seres miserables. Pero no son totalmente miserables pues mantienen algunos rasgos piadosos. Por ejemplo, los hay que quieren a sus hijos y nietos, por más que en el Congreso (o en el Senado) jaleen con fervor los recortes del subsidio del paro, subsidio que palia la pobreza de los niños españoles, cada vez más pobres y más frecuentemente miembros de familias sin futuro. Los hay que ayudan a una ancianita a cruzar la calle, por más que luego en el Congreso (o en el Senado) aplaudan a rabiar los recortes de la Ley de Dependencia, que hacen imposible que dicha ancianita viva en su casa, cuidada por su familia. Los hay que son buenas personas, incapaces de matar a una mosca en el vecindario, pero luego en el Congreso (o en el Senado) son capaces de aplaudir en pie al Presidente que ha anunciado recortes que llevarán sufrimiento y dolor a millones de españoles. Son seres miserables, de la misma catadura moral de los que aplaudieron la participación española en Irak, guerra con cientos de miles de muertos civiles, que ha devuelto a la Edad Media a la población de un país entero. Son casi iguales los que aplaudieron en julio de 2012 que en mayo de 2010. "Los mismos perros con distinto collar". Pero los de julio son más sádicos, aplaudieron con más ganas, y a todo. Emblemático es el "¡Que se jodan!" tras el anuncio del brutal recorte a los parados, expresión que resume el conjunto de julio de 2012. En ambos casos aplaudieron la "valentía" de sus Presidentes; es decir, su sumisión a los poderosos y su cobardía ante los fuertes, su miedo a dimitir y a convocar elecciones, un referéndum o similar, o a elegir otras alternativas solidarias.

Son como hienas, ríen como gracias los anuncios de desgracias. Se alían entre ellos para negar la "dación en pago", lo que lleva al desahucio de cientos de miles de familias; se unen en todo lo importante. Son como buitres, sobrevuelan la indigencia, la exclusión, el sufrimiento y el dolor. Son gentuza, sin respeto a nada respetable. Por ejemplo, ni temblor al recortar las ayudas al desarrollo, ni dolor al incrementar el IVA que daña a los pobres, ni conmiseración con los ancianos al introducir el repago de medicamentos, ni dudas al prolongar la vida de las centrales nucleares y las concesiones de los embalses, ni sentimientos al cambiar las condiciones de las bajas laborales, ni vergüenza al proponer la resistencia pasiva como atentado a la autoridad, ni empatía con el parado y su familia, ni hospitalidad-atención sanitaria al inmigrante sin papeles, ni capacidad de soñar el futuro cuando recortan en educación y en investigación, ni miedo a eliminar la paga extra en Navidad a los funcionarios. ¿No tienen miedo a nada, nada?

Situaciones esquizofrénicas

Esos seres miserables tienen miedo, sí, a los poderosos. Por ejemplo, mantienen la amnistía fiscal que beneficia a defraudadores, ladrones, mafiosos y demás. Mantienen los privilegios de la Iglesia Católica, tan ensimismada con el sexo. Mantienen la Casa Real, por más indignidades que la colmen. Mantienen las ayudas a la banca, un pozo sin fondo. Mantienen el fraude fiscal, al debilitar la Inspección Tributaria. Mantienen el capitalismo subvencionado, con el apoyo a las autopistas de peaje como ejemplo. Mantienen las SICAV, que cotizan al 1%. Mantienen sus propios privilegios, desde horas de trabajo a dietas, pasando por derechos de jubilación, indemnizaciones y compensaciones varias. Mantienen en sus puestos a corruptos de su clan (presunción de inocencia hasta el infinito). Mantienen la aprobación y financiación de medicamentos que "no aportan nada nuevo". Mantienen la Ley Electoral, de forma que "lo llaman democracia y no lo es". Mantienen sus propios coches oficiales, sus tarjetas de crédito a crédito público, sus guardaespaldas y sus asesores. Mantienen bien quieto el estanque de la corrupción en que participan, de forma que los causantes de la crisis sean invisibles y el dinero "esté desaparecido".

Abanican a los fuertes y pisotean a los débiles. Se sacrifican por nosotros, "haré lo que tenga que hacer, me cueste lo que me cueste", o "haré cualquier cosa que sea necesaria, aunque no me guste y aunque haya dicho que no la iba a hacer". Dan miedo, por marionetas. Hacen lo que no les gusta hacer pues "no hay elección". No convocan elecciones cuando pierden la libertad de decidir, pues las perderían. Dicen tener una "esquizofrenia", que les obliga a hacer con el cerebro lo que no querrían hacer con el corazón.

Esquizofrenia

La esquizofrenia es un trastorno mental grave, una forma diferente de enfrentarse a la realidad. La esquizofrenia nada tiene que ver con una "doble personalidad", nada con las conductas de los miserables que no hacen lo que deben y pretenden justificarse con una disociación entre sentimientos y racionalidad. El esquizofrénico sufre, no es un cobarde.

El esquizofrénico se enfrenta sin querer a nuestro desconocimiento, y a nuestra exigencia de compartir la interpretación social de la realidad. La etiqueta diagnóstica justifica la intervención médica, y los tratamientos. Pero lo clave para el paciente es su sufrimiento, en gran parte por el rechazo social y profesional. Al final los esquizofrénicos mueren antes, y por causas evitables, como expresión de dicho rechazo.

Habló un sabio esquizofrénico: "Hermano, estoy loco, pero no soy tonto. Ni tonto ni cabrón. Dicen que se distingue bien a un loco de un cabrón porque el primero se pilla los huevos y el segundo te los pilla a ti". No confundamos.

¿Sin paga de Navidad? ¡Tampoco Reyes!

La crisis internacional la causó la codicia sin control del sector financiero. Bien lo expresó la bancarrota de banco Lehman Brothers, del que fue directivo el actual ministro de Economía (¡qué simbólico!).

En España la crisis la causó la codicia sin control del aparato de los partidos políticos, que asaltaron el Estado con una política sin contrapesos para lograr la sumisión de sus miembros y cargos electos. La corrupción fue la consecuencia, y ello explica el peso de la deuda privada de promotores y constructores, con el ejemplo del aeropuerto de Castellón como emblema del despilfarro irresponsable. Esa es la deuda que nos ahoga. Esa es la deuda que se intenta pagar como sea, sin considerar su recuperación (el dinero no desaparece). Bankia es la expresión última, con sus 24.000 millones "evaporados" en medio de consejos de cajas copados por políticos y sindicalistas, que no vieron "nada", ni quieren ser ahora vistos. Es imposible "pan para tanto chorizo", y a lo de Bankia se suma lo de Novacaixa, que ya consumió casi 4.000 millones y pide otros 6.000. Y suma y sigue en una locura que llegará a cientos de miles de millones de euros. No falta, claro, el capitalismo subvencionado, con la ministra de Fomento sacando cientos de millones de euros para cubrir a las constructoras de las autopistas madrileñas (y valencianas y murcianas), que ya han recibido miles de millones, para "no deteriorar la imagen internacional de las constructoras" (y para no tener que hacer frente a las deudas, que irían todas al Estado en virtud de la leonina legislación de las concesiones).

En síntesis, los representantes del capital han decidido aprovechar la crisis para ajustar cuentas en la vieja y permanente lucha de clases. Se están vengando de doscientos años de avances de los trabajadores, y pretenden devolvernos a la primera revolución industrial, al comienzo del siglo XIX. Nos mantienen rehenes a los españoles, y nos exprimen y exprimirán hasta la última gota de sangre, sudor y lágrimas, para que paguemos lo que ellos han dilapidado, y dios sabe dónde guardan. Las políticas de los partidos políticos, y los políticos seleccionados por sus "aparatos" destruyen el normal funcionamiento del Estado (los mejores y honrados son apartados).

Hay alternativa. Por ejemplo, si quitan la paga de Navidad que quiten la Casa Real, a los Reyes. Que la crisis se lleve todo lo sucio, como los coches oficiales y su boato. Que cada "esfuerzo" pedido a trabajadores y pensionistas venga alineado con una "compensación" en cantidad similar de ahorro. Que la crisis permita cambiar los partidos para lograr que exista una democracia y unos políticos que no tengan más privilegio que el de dedicarse a servir temporalmente a los demás.

No hay esquizofrenia alguna. Hay partidos políticos y aparatos de los mismos que han asaltado al Estado, y no lo van a dejar. Lo defenderán con pelotas de goma, botes de humo y policías sin identificación, como en Barcelona o en Madrid. Sacarán al Ejército, si se precisa (ya se hizo, con el "estado de alarma" en diciembre de 2010). Ya están pasando por encima de muchos cadáveres, como los niños empobrecidos, la educación, la investigación, los inmigrantes, los enfermos, los ancianos, los dependientes y la sanidad. No se pararán fácilmente, y es necesario frenarlos en seco.

La triste realidad que estamos viviendo, ni más ni menos…

La triste realidad que estamos viviendo, ni más ni menos…

Las recomendaciones de Don Vito

Por Orencio Osuna

Las medidas de demolición del pacto social proclamadas –entre obscenas y canallescas ovaciones de la bancada del PP– por  Rajoy el día 11 de julio de 2012 en el Congreso, pasarán a los anales de la triste historia de España como la culminación de un gran fraude y, a su vez, la caída de las máscaras y la tramoya sobre la que la derecha española edificó su irresistible acceso al poder.

nuevatribuna.es

Michel Corleone: “Mi padre le hizo una oferta que no pudo rehusar. Luca Brasi le apuntó a la cabeza y mi padre le dijo que podía elegir entre los sesos o su firma al pie del contrato. No es personal,son sólo negocios”. (El Padrino).

Las medidas de demolición del pacto social proclamadas –entre obscenas y canallescas ovaciones de la bancada del PP– por  Rajoy el día 11de julio de 2012 en el Congreso, pasarán a los anales de la triste historia de España como la culminación de un gran fraude y, a su vez, la caída de las máscaras y la tramoya  sobre la que la derecha española edificó su irresistible acceso al poder.

A la luz de los acontecimientos,  hoy se puede ver que el dictak ordenado por los “mercados” en mayo del 2010 –con ZP al mando–, no fue más que el inicio de un golpe de estado permanente con un triple objetivo: acabar con  los derechos sociales  de los ciudadanos –que generan redistribución de la riqueza e igualdad– con el mendaz pretexto de su inviabilidad económica; efectuar un  expolio de los recursos públicos para trasvasarlos a las oligarquías dominantes –tan contumaces ellas en su afán de acumular riquezas–; el aniquilamiento de los valores y derechos democráticos hasta su suplantación por una gobernanza posdemocrática tras la que se ocultan los plutócratas de hoy y de siempre y cuyo objetivo  último es reducir a los ciudadanos a la condición de alienados vasallos/súbditos /consumidores.

Un golpe de estado líquido –remedando a Zygmunt Bauman– en una sociedad líquida en el que no ha sido necesario (por el momento) ningún asalto al Palacio de Invierno, ni bombardear el Palacio de la Moneda, ni tan siquiera rellenar las cunetas de cadáveres, si acaso algo de jarabe de palos de los Robocop que reciben órdenes de monseñor Fernández Díaz o de la tal Cristina Cifuentes para  que apaleen de vez en cuando a todo aquel que pase por dónde no debe pasar o si tienen pinta de mineros, perroflautas, yayoflautas, rojos, ateos, parados, sindicalistas y otros manifestantes de mal vivir, según el superior criterio de esos demócratas de toda la vida.

La escalofriante declaración del presidente del Reino/Marca España reconociendo que “Los españoles no podemos elegir si hacemos o no sacrificios. No tenemos esa libertad. Hacemos cosas que no nos gustan, yo el primero, pero no hay más remedio” podría formar parte de la “La Historia Universal de la Infamia” de Borges o de la Técnica  del Golpe de Estado de Malaparte. Pero, en realidad, se trata de un descarnado reconocimiento de que su gobierno es un gobierno títere  y que la soberanía popular queda suspendida hasta nueva orden y queda  bajo la estricta vigilancia de los hombres de negro, de la troika o los einsatzgruppen de guardia para que en España no se gaste un puñetero euro en nada que no sea devolver la pasta que se debe a los forajidos de la City, de Wall Street o de Frankfurt .

Rajoy se cisca en  los principios de la democracia desde el punto y hora en que reconoce que ejerce el gobierno de España para cumplir estrictamente las recomendaciones obligatorias de los oscuros foros del poder económico sin que, como dice Josep Ramoneda, dimita ipso facto y convoque una nuevas elecciones en la que los españoles puedan decidir sin trampas (ni corrupción) sobre su futuro. Pero es que, encima, tiene el desparpajo  de potar en sede parlamentaria su confesión de que miente más que habla,  cuando reconoce con descaro que, donde decía el digo del IVA o de los impuestos o de los parados o de todo lo que fuera menester para acarrear votos, ahora dice el diego a todo  lo que le manden los procónsules del Ecogrupo, del BCE, del FMI, o del quién diablos mande en esa jungla de siglas que sirven de camuflaje a los gánsters de las finanzas globalizadas.

Rajoy se muestra de pronto despojado de su muro de protección construido con los materiales del silencio y el escaqueo, de su pane et circenses con la Roja, escondido tras los Códices Calixtinos, las herencias recibidas que desconocían sus monaguillos Montoro y Beteta o, sencillamente adornado en hondas sandeces (“somos ante todo seres humanos. Cada uno pensamos de una forma o de la otra. Todos tenemos nuestros problemas, unos tienen unos, otros tienen otros. Pero, bueno, como seres humanos, pues los sentimientos, las alegrías... eh... todo lo que sale del alma y del corazón, pues es muy bonito y muy bueno”).

Hoy, tras indignar a medio país y parte del otro, Rajoy aparece como el rey desnudo del cuento y pone al descubierto unas verguenzas hinchadas (¡aunque, a decir verdad, más hinchadas nos las está poniendo a los demás¡) de nimiedades, de  cursilería ramplona, de yoísmo de casino de pueblo, de demagogia de barra de bar, de sumisión  genuflexa ante los jefes, de filosofía de chistoso, de casposa incompetencia, de pellizcos de monja en el refrectorio del convento, sea cual fuese el convento. MR con su navajazo trapero  al escuálido estado de bienestar y el depauperado bolsillo de los pensionistas, parados, funcionarios, trabajadores y dependientes, se ha unido a la estirpe de  gobernantes felones como Fernado VII que también llegó al poder con mentiras (“marchemos francamente, y yo el primero por la senda constitucional”) y el entusiasmado castizo grito  del ¡Vivan las caenas¡ que inició la restauración del absolutismo y la llamada Década Ominosa. ¡Más nos vale que en este caso en vez de década todo se quede en un Bienio Negro¡

Entre la farfolla de frases huecas proferidas por MR emerge una realidad pavorosa:  65.000 millones de euros de recortes (más los 10.000 de la enseñanza y la sanidad impuestos a la remanguillé en cuanto se celebraron las elecciones andaluzas, más los 25.000 que quieren que paguemos a las empresas eléctricas, más los 15.000 de ZP) sólo servirán para profundizar la Depresión; que la reducción de un 2% de la cuotas empresariales a la Seguridad Social va a socavar  el sistema  publico de pensiones (un regalo de 6.000 millones a los empresarios para compensar sus enormes sacrificios); que las reducciones de las nóminas de los funcionarios y los subsidios a los desempleados bajarán el consumo (van a crear más paro y van a precipitar al país a una espiral depresiva); que el indiscriminado aumento del IVA, de las tasas, de los impuestos municipales, los copagos, de los transportes, la gasolina, el turismo y de todo lo que se mueva  aumentará el desempleo hasta límites insospechados (más el aceite de ricino que ya aplicaron con el aumento del IRPF hace unos meses) y será un arma de destrución masiva de los bolsillos de los ciudadanos. Es decir, han hecho exactamente lo contrario que necesita la economía española (crecimiento y creación de empleo) con tal de priorizar el rescate de los 100.000 millones para los habitantes de esa cueva de Alí Babá que es el sistema bancario y para devolver la pasta a los capos de los secuestradores.

Pero, como decía Rafael Sánchez Ferlosio “Vendrán más años malos y nos harán más ciegos; vendrán más años ciegos y nos harán más malos”. De modo que pronto vendrán más recortes y tardaremos más años en jubilarnos con menos pensión o con ninguna, ¿quién sabe?, tal y como anuncia/amenaza Rajoy. El sorprendente reforzamiento anunciado de las Diputaciones y el golpe que se cierne contra el estado de las autonomías no parece un retorno a un neofranquismo centralista, sino más bien a la España de la Restauración de los Cánovas y Sagastas, de los caciques provinciales y los manejos electorales de los Romero Robledo y los Romanones de turno. También pronto veremos como estos tipos tan patriotas de cintura para abajo pondrán en almoneda esos aeropuertos, puertos, trenes, litorales, edificios, hospitales, universidades, carreteras, redes de agua y demás infraestructuras públicas que tanto esfuerzo y dinero costaron a generaciones de españoles. Después, algunos podrán ver con los años cómo determinados responsables públicos se habrán  enriquecido con los cohechos, las prevaricaciones y sobornos de la nueva y jugosa desamortización de Mendizábal que nos anuncian los nuevos trompeteros del Apocalipsis. Pero, como dice el escenógrafo José Antonio Ortega, lo peor está por llegar,  y eso será así, desdichadamente, si la sociedad española y europea no se rebela contra esta nueva edad  de las tinieblas que avanza a pasos de gigante a lomos  de los nuevos bárbaros del ultraliberalismo.

El PSOE parece instalado en una estrategia de agenda común o de Gran Coalición, propia de una visión de un régimen turnista mientras se desangra electoralmente por los boquetes de su indefinición y de su pasado inmediato en el gobierno que inició el golpe de estado de los mercados (con su mayo del 2010 y la inconcebible reforma constitucional que pactó con el PP con alevosía). Los nacionalistas de CDC se han convertido en la vanguardia de los recorte y han puesto la Generalitat al servicio de las políticas de demolición de los derechos sociales mientras construyen un relato que cada vez se parece más a Bosi y sus padanos. Los del PNV más de lo mismo, pero con el añadido  problema de que tienen que reconquistar el poder en competencia con Bildu y con un gobierno Rajoy insumiso ante las sentencias de los tribunales europeos. UPyD con  un  discurso monocorde, ve que una parte del electorado se inclina por convertir a las autonomías en el (falso) chivo expiatorio de la crisis y sube como un cohete de feria en las encuestas. IU señala sin tapujos la naturaleza de la crisis y sus verdaderos responsables y es capaz de catalizar la opinión de muchos ciudadanos indignados, pero tiene el lastre  de un liderazgo al que le falta la credibilidad del depurado Llamazares y carga con una retórica obsoleta. Pero quizás lo peor para IU es que genera mensajes contradictorios en la medida que sostiene una estrategia electoral errática según el territorio: ora permite un gobierno del PP en Extremadura, ora externaliza el apoyo al PSOE en Asturias, ora entra en el gobierno de Andalucía con el PSOE, pero, además, no parece que en estos momentos tengan ningún interés (quizás se frotan las manos pensando , equivocadamente, que el zurrón electoral crecerá inercialmente) en converger con otros sectores de la izquierda (Espacio Plural -que son sus socios de grupo parlamentario-, EQUO, Alternativos...) cuya aportación sería vital para un proyecto de alternativa fuerte.

Por más que Rajoy, Merkel, Durao, Draghi, Monti,Van Rompoy, Junckers, Rehm, o cualquier otro miembro de los gobiernos títeres instalados en la nueva Zona Verde del poder europeo, insistan con la matraca de que no existe otra alternativa que someterse a la autoridad compentente –bancaria, por supuesto– eso es una pura patraña para acojonar a una aterrorizada ciudadanía que ve como se hunde un modelo de sociedad de bienestar y que  “cuando despertó, el dinosaurio aún estaba allí” como escribió Monterroso.

También tenemos otra alternativa: arrebatarle la pistola a Luca Brasi y metérsela en la boca hasta la  campanilla a los Corleone que nos amenazan con volarnos los sesos. Al fin y al cabo sólo son negocios ¿no?

¡Que tal si les ponemos a esos pillos unos cuantos impuestos, les expropiamos sus ganancias ilícitas, socializamos esas empresas depredadoras, metemos en la carcel a unos cuantos estafadores, perseguimos el fraude fiscal, echamos del poder a los políticos corruptos y a los empresarios de puerta giratoria, aplicamos una tasa Tobin, suprimimos los gastos superfluos militares, quitamos privilegios, viajes en preferente, tarjetas de crédito, coches y guardaspaldas a las élites parásitas del estado, cerramos las diputaciones y otros pesebres del caciquismo secular, retiramos los subsidios, exacciones y demás parabienes a algunos sectores chupópteros del estado, reducimos la financiación a la enseñanza privada, a la sanidad privada y dotamos a la pública de más recursos, aumentamos los sueldos y el consumo, limitamos las ganancias obtenidas por los gestores de del Ibex 35 cuando reciban subsidios, contratos o financiación pública, creamos instituciones de control de los mercados en la que estén fuera los representantes de los lobbys...¡ ¿Porqué no, si lo decide la mayoría?

Esta crisis es una gigantesca transferencia de renta desde el trabajo al capital… el retorno a viejos mecanismos de explotación.

Esta crisis es una gigantesca transferencia de renta desde el trabajo al capital… el retorno a viejos mecanismos de explotación.

Nunca “vivimos por encima de nuestras posibilidades”

Publicado el 06/07/2012 por Economistas Frente a la Crisis

Ignacio Muro Benayas es miembro de ECONOMISTAS FRENTE A LA CRISIS

Probablemente usted habrá ya asumido que la crisis es una especia de péndulo que viene a corregir una época en la que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

Si es así, la venta de las políticas de ajuste ha hecho ya su efecto. Pero, no se fustigue en demasía: desde la perspectiva del trabajo y del ciudadano común, podemos decir que no es así, que los datos estadísticos dicen justo lo contrario, que nunca vivimos por encima de nuestras posibilidades, sino más bien por debajo, que llevamos varias décadas castigados con lo que llamaban “moderación salarial” que, en realidad, era descenso.

¿Cómo fueron las cosas realmente en los años de bonanza?

Entre 1995 y 2007 la evolución de los salarios medios reales de los trabajadores españoles o se mantuvo “cerca de cero”, como señala la Organización Internacional del Trabajo (OIT), o según otras referencias, decrecieron en un 10%. Eso significa que, mientras se producía el mayor periodo de auge económico conocido, o estuvieron congelados  o sufrieron una merma de hasta 0,6% en promedio anual.  La misma tónica la sufrieron otros países de la OCDE como Japón o EEUU.

¿Y como se explica entonces la expansión del consumo que acompañó a la burbuja entre 1996 y 2007?

■Porque los incrementos salariales que nos negaron , fueron “compensados” con mayores facilidades de crédito. Amparados en los bajos tipos de interés y en la liquidez aportada por los bancos alemanes y franceses.  Aumentó exponencialmente el endeudamiento de las familias. ¿Cuánto?, a razón de un 6% anual. Como señala el Informe sobre la Democracia en España 2010 elaborado por la Fundación Alternativas, desde 1996, año en el que el endeudamiento representaba el 43% de la renta disponible, se pasó a un 143% en 2008, un incremento del 100% del PIB español en 13 años. Cifras no muy lejanas se produjeron en las otras economías occidentales.

■A pesar del descenso salarial, las familias mejoraron su renta disponible por la generalización de un segundo sueldo en el hogar como consecuencia de la incorporación de la mujer al trabajo. Aunque los salarios decrecieran o fueran bajos, esa segunda entrada de dinero ha permitido aumentar la capacidad de consumo y la renta de las familias. En España, más de 3 millones de mujeres entraron al mercado en un proceso crecientemente acelerado iniciado a finales de los 80.

Hacer que la población viva a crédito, en lugar de su propio sueldo, ha formado parte del modelo económico y social propugnado desde los 80, cuando Reagan y Thatcher iniciaron la revolución conservadora y dió comienzo el desarrollo de la Globalización neoliberal. La crisis ha puesto en evidencia que es un modelo insostenible: ni el segundo sueldo ni el incremento del crédito son ahora posibles.

La crisis facilita el fomento de un complejo de culpa colectiva, amparado en la interiorización de  que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y carga sobre supuestos vicios públicos los que eran, esencialmente, despilfarros privados. Se acentúa el relato del sacrificio. Indiferentes a la caída de la demanda que provoca la asfixia financiera, se centran en las políticas de oferta, aquellas que priorizan los intereses empresariales y los costes de producción.

■En los países periféricos, el descenso de los sueldos forma parte de una imprescindible devaluación interna que, implícitamente, propicia una bajada más o menos acompasada de precios y salarios para ganar competitividad con el exterior. Obviamente, es una nueva falacia ya que el descenso de las retribuciones se acompañan con un alza de los precios en energía, transportes y todos aquellos bienes y servicios en sectores controlados por mercados oligopolizados. Rechazado un pacto de rentas que significaría pactos y consensos con sindicatos para ordenar, lo mejor posible, la evolución de precios y salarios, la devaluación interna se convierte en un mero ardid.

■La devaluación interna forma parte en realidad de una política de ajuste salarial global, que supera el perímetro de los países periféricos. Forma parte de una estrategia general, común a todo Occidente, que en círculos académicos utiliza como referencia la expresión wageless recovery es decir, una recuperación basada el rápido descenso de los sueldos y del nivel de vida de los ciudadanos. Estos términos, impulsado entre otros por Steve Roach, Presidente de Morgan Stanley en Asia, desde 2005, apuntan a un objetivo permanente, con crisis o sin ella, durante muchos años.

La “única salida posible “de Occidente ante la deslocalización de actividad hacia los países emergentes, dicen, es dejar jugar al mercado hasta que la bajada de sueldos de sus trabajadores se coloque en un punto no demasiado lejano de los salarios en alza de China o Brasil, de India o Turquía. Teniendo en cuenta que los niveles salariales de los países emergentes son hasta 10 veces inferiores a los existentes en Alemania o EE UU, no es difícil imaginar que el camino que nos quieren hacer transitar está preñado de minijobs y precariedad y significa un retroceso de cien años en las señas de identidad occidentales.

¡Sigan deprimiendo los sueldos y nunca saldremos de esta! Si lo dudan, piensen que el consumo es la variable fundamental que tira de la demanda interna, (en España algo menos del 60% del PIB, en EE UU casi un 70%) y que, conjuntamente Europa y EE UU representan más del 65% del consumo mundial.

La crisis no es, pues, una oportunidad para depurar una época de excesos de los ciudadanos comunes, sino una vuelta de tuerca más en la vieja política de ajuste. Y esa política supone sencillamente una gigantesca transferencia de renta desde el trabajo al capital, sea este formalmente europeo o norteamericano o asiático. Puro retorno a mecanismos de explotación simples basados en bajos salarios, pocos derechos y jornadas interminables típicas del siglo XIX.

La corriente dominante nos conduce inexorablemente a la lógica de las crisis sucesivas del capitalismo que ya denunciara Marx. Y es que el predominio absoluto del capital sobre el trabajo lleva en su seno una crisis de subconsumo permanente. Así fueron y son las cosas.

Clarísimo, como siempre…

Clarísimo, como siempre…

El sesgo ideológico en el cálculo de los costes laborales y en el conocimiento económico en España

Por Vicenç Navarro, del Consejo Científico de ATTAC, Catedrático de Políticas Públicas en la Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

Existen conceptos que se reproducen con gran facilidad, y yo añadiría con frivolidad, en la prensa, no sólo económica, sino también en la prensa generalista, que son erróneos y que sistemáticamente favorecen a unos (por regla general al mundo del capital) a costa de otros (por regla general al mundo del trabajo). Uno de ellos es el concepto de costes laborales unitarios. Se dice constantemente que los costes laborales por persona empleada han crecido más que la inflación, creando el gran problema de falta de competitividad. En este argumento se supone erróneamente que los costes laborales por trabajador son resultado de dividir el coste del trabajo (los salarios) por la productividad. Basándose en esta interpretación errónea de lo que son los costes laborales por trabajador, se concluye que si los salarios suben más que la productividad tendremos un problema: aumentará la inflación. Y de ahí se asume que la elevada inflación en España se debe a que los salarios han crecido más rápidamente que la productividad y, por lo tanto, que hay que reducir los salarios, a fin de reducir la inflación.

Pero, como bien ha señalado David Lizoain, la definición de Coste Laboral Unitario (Unit Labour Cost, ULC) no es la que se asume. ULC es el porcentaje que los salarios representan sobre todo el producto, es decir, sobre la unidad de producción, sea éste un coche, sea éste un servicio privado de limpieza. En otras palabras, expresado matemáticamente, ULC = (precio del producto) x (porcentaje que los salarios representan sobre el producto final). Por lo tanto, el crecimiento del ULC puede deberse, bien al crecimiento del precio del producto (por ejemplo, como resultado del crecimiento de la inflación) o bien al aumento del porcentaje que los salarios representan sobre todo el producto (como resultado, por ejemplo, del mayor crecimiento de los salarios que del crecimiento de otros costes de producción, tales como los beneficios). Pues bien, mirando los datos, resulta que en la mayoría de los años, este último factor, el porcentaje que los salarios representan sobre el coste del producto, ha ido descendiendo, en lugar de ir aumentando, mientras que el porcentaje que los beneficios representan sobre todo el producto ha ido creciendo. Parecería lógico, por lo tanto, que se indicara que este porcentaje hay que reducirlo, pues su crecimiento (y no el crecimiento de los salarios) contribuiría a la inflación. Pues bien, usted, lector, nunca habrá leído en la literatura económica española (controlada en su gran mayoría por el pensamiento ortodoxo neoliberal), que hay que reducir los beneficios para disminuir la inflación y/o aumentar la competitividad. Y a esto se le llama el sesgo ideológico de la cultura mediática y económica del país que siempre promueve soluciones que benefician al mundo empresarial a costa del mundo del trabajo.

Esta situación que determina un sesgo en la literatura económica a favor del capital (y muy en especial del capital financiero) y en contra del mundo del trabajo, alcanza su dimensión máxima en España, donde la transición inmodélica de la dictadura a la democracia se hizo bajo el gran dominio de las fuerzas conservadoras. Este dominio ocurrió también en el mundo académico incluyendo el área de conocimiento llamada “ciencias económicas”. La influencia de la banca y de la patronal en los forums donde se debaten los temas económicos es enorme. Y la literatura económica aparece, en su mayor parte, en revistas financiadas predominantemente, aunque no exclusivamente, por la banca, sin que ello hada creado ninguna protesta. Esta situación es un indicador del enorme poder de tales grupos fácticos. En otras áreas, como en medicina, se ha intentado (no muy exitosamente) reducir el impacto de la industria farmacéutica en la creación de conocimiento médico y en la práctica clínica. Es bien conocido que la gran mayoría de las revistas y congresos médicos son financiados por la industria farmacéutica, lo cual ha determinado una preocupación por parte de las autoridades públicas, que han intentado regular y disminuir tal influencia.

No así en las áreas económicas. En realidad, la banca controla hoy las revistas económicas de mayor renombre en el mundo académico, lo cual rompe con el principio de libertad académica, pues trabajos de investigación críticos a la banca no aparecen en tales revistas. Y puesto que un principio del mundo académico es “publish or perish” (publica o muere), este control implica una enorme discriminación en contra de las voces críticas que dificulta su promoción en su carrera académica profesional. Las cátedras Fedea son cátedras financiadas por la banca y por grandes grupos empresariales, que gozan de grandes recursos y cajas de resonancia, frente a los economistas críticos que están en una situación claramente discriminada. La enorme y asfixiante ortodoxia conservadora y neoliberal de la mayoría de forums académicos en economía ha determinado su incapacidad de comprender la crisis actual y de cómo resolverla. Su dependencia de tales intereses financieros y económicos les convierte en parte del problema en lugar de en parte de la solución. Es sorprendente que, a pesar del enorme fracaso de las políticas económicas neoliberales, gocen de las plataformas y forums desde donde predican el dogma neoliberal que está haciendo tanto taño a las clases populares de España.