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OPINION

No requiere comentarios, sólo leer…

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Yo también soy minero

Por Amalia Álvarez, escritora.

nuevatribuna.es

Un lazo negro, como el rojo del SIDA, como el rosa del cáncer, como el azul de gesto por la paz. Esta vez negro. Un lazo negro y una leyenda “yo también soy minero”. Un lazo por la solidaridad con los hombres y las mujeres de la mina. Un lazo que nos identifica con un sentir y un pensar.

Con el sentir de la marcha negra, con el esfuerzo de los hombres y mujeres que caminan desde hace días, que partieron de las comarcas mineras de todo el país para ver si conmueven al gobierno, para que rectifique su postura, para que sepa que caminan y esperan, pero que si no se cumple lo pactado llegaran a Madrid. No piden nada nuevo, salvo que se cumpla la palabra dada, el acuerdo firmado. Ignacio Fernández Toxo, que les acompaño, junto con Candido Méndez, en algún tramo del camino, repreguntaba “¿Cómo puede haber incendiarios al frente de ministerios?” en los que se toman decisiones que "hacen tanto daño a tanta gente" y que generan conflictos.

El camino y el calor se alían para cansar a los mineros, son muchos kilómetros, y son muchos grados al sol, y mientras unos caminan, otros permanecen encerrados en el fondo de la mina, reivindicando lo mismo. Que se cumpla lo pactado. El abismo, la humedad y el frío, se alían para cansar a los mineros, son muchos metros bajo tierra, es mucha la humedad. Y mientras unos caminan y otros esperan, otros se manifiestan en las carreteras, en las calles, y son reprimidos y les llaman terroristas.

Cansancio, sol, humedad, frío, lucha, siempre lucha. Y ellos caminan, esperan, y luchan. Están fuertes y unidos, y decididos, y reciben el apoyo de las gentes por donde pasan. Los ciudadanos los miran, les aplauden, los ojos se humedecen, los gritos de apoyo se suceden.

Hoy son un símbolo. Tal vez lo sepan o no. “¿Qué piensa la gente de nosotros?”, ¿Qué dicen?” pregunta un joven minero. “Nosotros caminamos y luchamos y sentimos el apoyo de la gente y eso nos gusta, pero leemos cosas en muchos medios de comunicación que no nos gustan”.

El martes 10 de julio, a las 10 de la noche entraran en Madrid, por Moncloa, todos juntos. Una marcha nocturna, donde el Madrid solidario y obrero que no comprende que no se cumplan los convenios firmados, tiene que saludarles, acompañarles, reivindicarlos y reivindicarse, porque no son terroristas, son mineros, son trabajadores, quieren trabajar y exigen que se cumplan los pactos.

El miércoles 11 de julio, a las 11 de la mañana una manifestación partirá desde Colon hasta el Ministerio de Industria. El resto está por escribir. El gobierno tiene la palabra. Los mineros, la dignidad y la lucha.

Este artículo analiza las características de dogma (cuasi religioso) que ha adquirido el pensamiento neoliberal en los establishments que dirigen las instituciones de la Eurozona incluyendo a sus gobiernos, dogma que se reproduce a pesar de la abundante evidencia científica que cuestiona cada una de sus creencias.

Este artículo analiza las características de dogma (cuasi religioso) que ha adquirido el pensamiento neoliberal en los establishments que dirigen las instituciones de la Eurozona incluyendo a sus gobiernos, dogma que se reproduce a pesar de la abundante evidencia científica que cuestiona cada una de sus creencias.

El dogma económico neoliberal y las políticas y estafas que promueve

Por Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas en la Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

Durante la Edad Media hubo un dogma religioso que creía que la tierra era el centro del universo, dogma que se repitió y reprodujo a base de reprimir la evidencia científica que lo cuestionaba, mostrando la invalidez e insostenibilidad de los pilares conceptuales que lo sustentaban. Toda una batería de clérigos y sacerdotes –los intelectuales de aquel tiempo- promovían tal dogma, detrás del cual estaba la Iglesia Católica, que consideraba que la Iglesia era el centro ideológico y político de la Tierra, la cual era, a su vez, el centro del Universo. El tiempo fue mostrando que los críticos llevaban razón, aunque la Iglesia, todavía hoy, no ha pedido perdón a Galileo, el mayor pensador crítico de aquel dogma, que fue brutalmente reprimido por atreverse a cuestionarlo.

Pues, por raro que parezca, estamos viendo una situación semejante con la crisis actual, con la diferencia que ahora el dogma es económico en lugar de religioso, los sacerdotes y propagandistas del dogma son ahora los economistas del establishment, apoyados, promovidos y/o financiados por la Iglesia actual, la banca y el sistema financiero que controlan la vida política mediática, financiera y económica del país. El dogma es el dogma neoliberal. Economistas como la mayoría de firmantes de documentos patrocinados por Fedea (financiada por la banca y la gran patronal) así como economistas “estrella” promovidos en los medios de mayor difusión del país (uno de ellos tiene una hora semanal en la televisión pública catalana, TV3 -claramente instrumentalizada por la coalición conservadora-neoliberal que gobierna Catalunya-, llamada “lecciones de economía” que consiste en promocionar tal dogma neoliberal) dominan las tertulias y los medios televisivos, radiofónicos y escritos, que les ofrece el fórum para la presentación del dogma. Este dogma consiste en creer que los problemas de la economía española derivan de tener un gasto público excesivo (pues supuestamente nos gastamos más de lo que tenemos) y unos salarios demasiado altos (consecuencia de tener unos sindicatos excesivamente fuertes). De este dogma surgen unas políticas públicas que consisten en recortar el gasto público, incluyendo el gasto público social, y en hacer reformas laborales que tienen como objetivo reducir los salarios y despedir más fácilmente a los trabajadores, debilitando a los sindicatos.

La evidencia de que este dogma es erróneo es abrumadora. El gasto público, incluyendo el gasto público social, por habitante es el más bajo de la Eurozona; el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del Estado del Bienestar (es decir, el empleo público) es el más bajo de la Eurozona, y de los más bajos de la Unión Europea; el Estado español tenía un superávit (no un déficit público) y una deuda pública bajísima antes de que se iniciara la crisis en 2007; los salarios están entre los más bajos de la Eurozona, con el salario mínimo más bajo de tal área monetaria; y así un largo etcétera.

Es más, la aplicación de las políticas públicas neoliberales durante estos años de crisis han sido un desastre (no hay otra manera de definirlo). El desempleo ya alcanza el 24% (entre los jóvenes es un 50%), y la economía está en recesión. Y los países que han aplicado estas políticas con mayor intensidad (los países periféricos de la Eurozona, Grecia, Portugal, Irlanda y España) están todos ellos en recesión. ¿Qué mayor evidencia desean de que tales políticas neoliberales están equivocadas? En realidad nunca (repito, nunca) un país en recesión (y estamos ya casi en una Gran Depresión) ha salido de ella mediante la reducción de los salarios, del gasto público y de la protección social. Es obvio que en un momento en que la economía está paralizada debido al enorme endeudamiento de las familias y de las medianas y pequeñas empresas, y de la ausencia de crédito, lo que se requiere es una intervención del Estado para estimular la economía mediante la expansión del gasto público a fin de crear empleo tanto en la infraestructura física como social del país, a la vez que la activa participación del mismo Estado en la provisión de crédito. Esto es lo que ha permitido sacar a los países en recesión y/o depresión del bache económico en el que se encontraban. De nuevo, como ocurría con el dogma religioso, en este dogma económico la evidencia científica de que la política de recortes es profundamente errónea es abrumadora, pese a lo cual –impermeables a esta evidencia y a los datos que muestran su error- continúan aplicándose, atribuyéndose la recesión a que no se ha recortado suficientemente el Estado del Bienestar, y a que los salarios continúan demasiado altos.

Los clérigos del nuevo dogma y la nueva Iglesia

Pero como ocurrió en el dogma religioso, este dogma económico se propaga, promueve e impone porque sirve a unos intereses claros: los intereses del capital financiero, aliado a la gran patronal. Han sido ellos los que precisamente han creado esta enorme crisis a fin de poder llevar a cabo tales políticas que les benefician significadamente. La Iglesia de ahora es la Iglesia financiera aliada de la gran patronal, orientada a la exportación. Esta última no requiere un consumo doméstico que la sostenga, pues el consumo toma lugar en otros países. El Pacto Social, que significaba un entendimiento entre el capital y el mundo del trabajo, se ha roto, puesto que el capital hegemonizado por el capital financiero, es decir, la banca, se cree lo suficientemente poderoso como para ignorar al mundo del trabajo. El consumo doméstico de los productos producidos por la economía productiva (que requería una demanda interna basada en buenos salarios, y un gasto público elevado) ya no es necesario en una economía liderada por las exportaciones. Cuando el supuesto motor de la economía es el sector exportador (tal como ocurre en Alemania, por ejemplo) la importancia y necesidad del consumo doméstico se diluye, e incluso desaparece. La gran patronal exportadora alemana ha impuesto una congelación salarial, pues no necesita ya la demanda doméstica. Un tanto igual está ocurriendo en España. La mejora de las exportaciones no está repercutiendo en el nivel de consumo interior ni en la capacidad adquisitiva de la mayoría de la población laboral. De ahí que los salarios continúen bajos y ello a pesar del notable crecimiento de la productividad.

Este dogma, a pesar del enorme fracaso de sus políticas, continúa reproduciéndose en los medios de mayor difusión (que al estar profundamente endeudados a la banca) no permiten que artículos como éste se publiquen en sus páginas. La evidencia de ello es también abrumadora (en una conversación reciente con un periodista de uno de los mayores rotativos del país, éste me lo reconocía con toda candidez. Su diario estaba muy endeudado y publicar artículos como el que leía y que ustedes están leyendo les supondría un riesgo añadido). De ahí que las voces críticas continúan siendo vetadas, silenciadas o marginadas, presentándolas como extranjeras, “anglosajonas”, voces que no entienden España, cuando no conspiradoras deseosas de cargarse el euro.

Las medidas represivas de la nueva Iglesia: las instrucciones del Banco Central Europeo y de la Comisión Europea

En realidad, el euro no está en peligro, en contra de lo que se está indicando en los medios. Lo que ocurre es que se ha creado una crisis (la recesión es resultado de la aplicación de las políticas neoliberales) que permita imponer las medidas impopulares que desean imponer. La mejor prueba de ello es mirar las condiciones que el Banco Central Europeo (que no es un Banco Central, sino un lobby de la banca, y muy en especial de la banca alemana) exige a los gobiernos, antes de comprar deuda pública española (que es lo que en realidad debería hacer si fuera un Banco Central, que no lo es). En una carta al Presidente del gobierno español anterior, exigió que impusiera “un contrato laboral de carácter excepcional que contemple indemnizaciones bajas por despido durante un espacio de tiempo limitado”, es decir, que se permita despedir a los trabajadores fácilmente. Tal medida acaba de ser aprobada ahora por las Cortes Españolas, permitiendo que las empresas que emplean menos de 50 trabajadores (que son la inmensa mayoría de empresas en España) puedan despedir sin indemnizaciones durante el primer año, reduciendo considerablemente las indemnizaciones para empleados con mayores periodos de contratación. Otra condición puesta por el BCE es el debilitamiento de los sindicatos, diluyendo la validez de los convenios colectivos, eliminando la indexación salarial.

Y a nivel de política fiscal, el BCE ha estado exigiendo una reducción del gasto público, y en particular del gasto público social, gestionado en su gran mayoría por las Comunidades Autónomas, que están en una situación imposible debido, entre otras razones, a la gran escasez de crédito, escasez que continúa a pesar de que la banca española ha recibido ayudas equivalentes a un 10% del PIB, y el Banco Central Europeo ha prestado a unos intereses bajísimos (1%) un billón (sí, un billón) de euros a los bancos europeos, préstamo del cual, la banca española y la italiana recibieron 500.000 millones de euros.

Estas políticas, que el gobierno Rajoy ha hecho suyas, ya han sido aplicadas en Grecia, con los resultados que todos conocemos. De nuevo, la evidencia que muestra su negatividad es sólida y robusta. Ahora bien, siendo su impacto dañino para el bienestar de la gran mayoría de la población, no quiere ello decir que no beneficien a sectores como la gran banca y la gran patronal que están consiguiendo lo que siempre han deseado, y lo están consiguiendo con sus aliados en el BCE, en la Comisión Europea, en el gobierno alemán (portavoz de la gran banca alemana y de las grandes empresas exportadoras), y, cómo no, por los llamados economistas “estrella” que continúan promoviendo el dogma neoliberal.

Artículo publicado en el diario digital EL PLURAL, 2 de julio de 2012

La posible traslación al SESPA del incremento de jornada…

La posible traslación al SESPA del incremento de jornada…

Como orientación y siguiendo las fórmulas que hasta la fecha ha utilizado el SESPA para la ponderación de la Jornada anual, a continuación os facilitamos la posible tabla de ponderación de la nueva jornada anual, sobre la base de las 37,5 h./semanales…

Quede claro que dicha tabla es de elaboración propia de esta WEB. Es una estimación – NO ES LA TABLA OFICIAL DEL SESPA – ésta la publicarán ellos y aquí os la pondremos cuando sea oficial. Pero está hecha con la misma fórmula oficial de la vigente hasta hoy, sustituyendo 7 h./diarias de jornada en turno diurno por 7 horas y media…

En la misma os ponemos tanto la diferencia de horas anuales por módulo de turno como la que resulta de que hasta 30.06.12 hemos tenido una jornada y desde esa fecha tenemos otra en la que hay que hacer más horas. Luego el incremento sólo debería afectar al segundo semestre del año – medio año exacto – porque no tiene carácter retroactivo (el número de horas de más que corresponderían este año son las de la última columna resaltada en amarillo).

Esperamos sirva de ayuda a las discusiones que, de seguro, ya se están produciendo en los centros y puesto que ningún sindicato tiene ahora la costumbre de hacer asambleas para explicar nada y menos para oír a los trabajadores … ¡¡pues eso!!

VER NUESTRA TABLA DE PONDERACION

TODA LA DOCUMENTACION QUE NOS SIRVE DE BASE PARA AVENTURAR LO ANTERIOR:

VER INSTRUCCIÓN DEL 2006 SOBRE JORNADA Y DISTRIBUCION HORARIA DEL SESPA QUE AHORA TENDRAN QUE MODIFICAR…

IR A LA SECCION DE NUESTRA WEB DONDE FIGURA TODO LO QUE HABIA HASTA AHORA SOBRE JORNADA JUNTO CON LA TABLA DE PONDERACION VIGENTE HASTA 30.06.12

VER NOTICIA ANTERIOR DIRECTAMENTE RELACIONADA

Interesante…¿estamos ante el ocaso de la clase media en occidente?

Interesante…¿estamos ante el ocaso de la clase media en occidente?

El declive de las clases medias

La crisis está echando hacia abajo un estamento esencial para la democracia

Los pobres no serán mayoritarios en 2020 gracias al auge económico de Asia

Por Andrés Ortega en El País.

Mientras en las economías emergentes ascienden las clases medias, en las occidentales descienden, aunque los niveles de vida y de seguridad ante el futuro de unas y otras no sean (¿aún?) comparables. Es el resultado desigual de la última fase de la globalización y de la crisis vivida en Europa y en EE UU desde 2007-2008. Pero si el ascenso de las clases medias puede llevar a pedir más apertura política en sus economías emergentes, su declive en el hemisferio norte puede amenazar el consenso político, social y económico que prevalecía hasta ahora y socavar las bases sobre las que se asienta la democracia y los sistemas políticos occidentales, incluida esa construcción básica que es la Unión Europea.

Como indican Heather Boushey y Adam Hersh, del Center for American Progress en Washington respecto a la clase media de EE UU (pero que también es válido para Europa), “la interacción y concurrencia de la creciente desigualdad con el colapso financiero y la Gran Recesión han planteado nuevas cuestiones sobre si una clase media debilitada y la mayor desigualdad deben entrar a formar parte de nuestra forma de pensar sobre los motores del crecimiento económico”. Pues, en efecto, salvo excepciones, este era un asunto de sociólogos y no de economistas, si bien la Economía se está viendo obligada a entrar cada vez en estas cuestiones, pues afectan directamente a su objeto de estudio. Una clase media fuerte, indican estos autores, impulsa el desarrollo del capital humano y de una población educada; crea una fuente estable de demanda de bienes y servicios y de financiación de servicios públicos a través de impuestos; incuba la siguiente generación de emprendedores y apoya instituciones políticas y económicas inclusivas, que a su vez sostienen el crecimiento económico. Y, cabe añadir, vota a opciones políticas moderadas que hacen posible el entramado institucional que da soporte a ello.

Ya el politólogo de Stanford Francis Fukuyama previno recientemente en un artículo en Foreign Affairs que la democracia liberal en el mundo occidental puede no sobrevivir a un declive de las clases medias. Si sigue su curso destructivo, la crisis económica puede llevar a una gran crisis social y política. Ya ocurrió en los años treinta. En esto Fukuyama puede estar más acertado que con su tesis de 1989 sobre el fin de la Historia.

No hay pleno acuerdo entre los especialistas sobre la definición de clase media, cuyos límites son, por definición, ambiguos y relativos. Algunos sociólogos la circunscriben a satisfacer las necesidades básicas más algunos extras: desempeñar una ocupación cualificada en el sector industrial o de cualificación media en el sector servicios y/o tener alguna propiedad. Otros, para comparaciones internacionales, utilizan la medida de un gasto diario entre 10 y 100 dólares al día (62 euros, en paridad de poder de compra).

Según el informe sobre Tendencias Globales 2030 del Instituto de Estudios de Seguridad de la UE, la clase media global está creciendo. De 1.800 millones en 2009, llegará a 3.200 millones en 2020, y a 4.900 millones (de un total de 8.300 millones de habitantes) en 2030. Se apunta 2022 como el primer año en el que habrá más gente de clase media que pobres en el mundo. El 85% de este crecimiento social se dará en Asia, y especialmente en China que ya cuenta con 160 millones de consumidores de clase media. Pero también en África o en América Latina. Dos terceras partes de los brasileños, según este estudio, se considerarán en 2030 de clase media. Mientras, las clases medias de Europa y Norteamérica pasarán de representar el 64% del consumo total mundial en 2009 a un 30% en 20 años.

Una razón de esta transformación es que las ocupaciones de las clases medias occidentales están teniendo que competir con las nuevas clases medias de las economías emergentes, con costes laborales más bajos y niveles educativos cada vez más altos. Si la globalización afectaba al principio a los salarios más bajos y menos cualificados en Occidente, en los últimos 10 años ha alcanzado a esas clases medias. La globalización las está convirtiendo en perdedoras de este proceso, como señala el economista Dany Rodrik en su libro La paradoja de la globalización.

Ya antes de la crisis, Massimo Gaggi y Edoardo Natuzzi en un libro titulado El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste describían la situación de los mileuristas, condición que la actual situación está convirtiendo en privilegio ante el desempleo creciente y la reducción salarial. Sin embargo, con los productos y servicios de bajo coste y con el pirateo en Internet de la oferta cultural, la clase media se adapta en una cierta medida.

La crisis ha afectado a la clase media en España y otros países de Europa. Pero no cabe olvidar que es a los más pobres a los que más ha dañado. Con los datos disponibles, es a quienes, en España y otros países de nuestro entorno, más ha golpeado la crisis, pues han perdido más poder de compra y tienen más paro, cuando, además, las clases bajas tienen menos capacidad de movilización y de articular sus demandas.

En Estados Unidos, los últimos datos para 2010 de la Encuesta de Finanzas del Consumo de la Reserva Federal (publicados cada tres años) muestran que la riqueza de la familia media ha retrocedido de la mano de la crisis a niveles de 1992, es decir, que dos décadas de prosperidad acumulada se han visto borradas. Esta pérdida de riqueza se debe sobre todo a la depreciación de la vivienda, de un 32% entre 2007 y 2010, una cifra que se asemeja a la española. Hay otros datos preocupantes para las clases medias. Así, en EE UU por vez primera, una mayoría de los parados han pasado por la universidad. Aunque esto se debe más bien al aumento del número de universitarios, no a que la probabilidad de estar en paro sea mayor para los universitarios que para el resto de la población.

En España, según el último informe de la Fundación CYD, la cifra de parados entre 25 y 64 años de edad con un título de grado superior —base de las clases medias— se había multiplicado en España por 2,86 a finales de 2011 en relación con el último trimestre de 2007. Los parados registrados con un título universitario en nuestro país representan un 12,4% de los licenciados (frente a una media de 5,2% en el conjunto de la UE). Es decir, que la educación superior sigue siendo un elemento que favorece el estatus social.

Queda un tema más de fondo que se ha dado en nuestro país de forma más reciente que en otros de nuestro entorno: en España, el proceso de movilidad social ascendente hasta los ochenta tuvo mucho que ver con el cambio estructural, al pasar una mayoría de ocupaciones agrarias e industriales de baja cualificación a otras de mayor cualificación y en servicios. Dado que ese cambio estructural no volverá a producirse en las sociedades avanzadas, las expectativas de movilidad se verán considerablemente reducidas. Los que pertenecen a las clases medias aspiran ahora a no caer, no ya a subir.

¡Camarero: póngame una tapita de eso…!

¡Camarero: póngame una tapita de eso…!

Ahora nos vamos a pagar unas autopistas

Por Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España

Tras haber vivido por encima de nuestras posibilidades, parece que aún nos sobra dinero ahora para rescatar –además de a los bancos- a las autopistas de peaje. Publica El País que 9 de ellas soportan un agujero de 3.800 millones de euros que se propone sufragar el gobierno. Las más afectadas, las de Madrid. Una ciudad récord en este tipo de infraestructuras.

Corría el año 2001 cuando al PP le entró la fiebre constructora con Francisco Álvarez Cascos recién llegado a Fomento desde la vicepresidencia del primer Gobierno de Aznar. Ya habíamos aprobado la liberalización absoluta del suelo, ya se inflaba con gozo la burbuja del ladrillazo y además teníamos algunos compromisos que solventar.

La R2 por ejemplo que une Madrid con Guadalajara, pasando por Yebes, con una estación de AVE también  –que igualmente promovió el PP- a 8 kms de la ciudad, sin conexión con cercanías, y cuyo taxi sale más caro que pagarlo desde Madrid a los aproximadamente 15 viajeros que usan esa parada al día. Es que Yebes iba a ser un pulmón para Madrid, con una urbanización estupenda –hoy fantasma- que os diría que levantaron familiares de Esperanza Aguirre, pero no se puede porque luego la presidenta se enfada e interpone querellas.

Tanta carretera, por dios, y sin hacer planes de viabilidad de usuarios. Y sin prever cómo se disparan las obras en España, aunque reiteradamente nos haya apercibido la UE, por ser el único país en el que ocurre. “La partida para expropiaciones estaba fijada en 40 millones pero finalmente ascendió a 430. Así figura en un libro de la patronal de concesionarias y túneles, Aseta”, explica El País. Porque ésa es otra, los terrenos se expropian y se pagan, los servicios públicos que hemos costeado no.

La autopista que une Madrid con el aeropuerto también es deficitaria. Se llega antes por la carretera nacional y ésta es carísima. Este problema se intentó paliar abocando a los conductores a meterse en ella y pagar quieran o no. Os invito a dar un paseo en coche por la zona. En un nudo de carreteras imposible, -que debe haber costado una fortuna-, todos los carteles indican la opción de Zaragoza pero no la de sentido inverso: Madrid. Como uno no aprenda que ha de seguir las indicaciones de San Fernando de Henares se mete en el peaje con suma facilidad. Pues ni aún así.

Añadid otras tres radiales en Madrid, y las autopistas de Ocaña-La Roda y Alicante-Cartagena-Vera y nos salen esos 3.800 millones de euros, que no son los primeros. El gobierno socialista con el consenso del PP ya viene suministrando dinero a los concesionarios desde hace tiempo.

“En estas autopistas entraron constructoras (ACS, OHL, Cintra, Sacyr, Sando, Isolux…) pero también cajas de ahorros, como Caja Madrid, Unicaja, Cajamurcia o Cajamar. Los dos sectores atraviesan enormes dificultades y tienen en las autopistas una carga extra”, explica El País. ¿Cómo vamos a dejarles que pierdan dinero? Para eso estamos ¿no?

Ahora que desmantelan la escuela rural y la urbana o hacen pagar más por los medicamentos y puede suponer la vida no poder costearse un tratamiento, pensad que estamos ayudando a ACS, OHL, Cintra, Sacyr, Sando, Isolux…a Caja Madrid, Unicaja, Cajamurcia o Cajamar. Ya sé que ellos nunca comparten los beneficios con nosotros, pero en España somos así de rumbosos. Y el neoliberalismo no quiere Estado más que para mantener a los suyos y emplear la mano dura con quienes protestan.

De cualquier modo, pagarlas las pagaremos. “¿Acaso no puede quebrar una autopista? Desde el Gobierno temen que, en caso de bancarrota, la Administración acabe en el juzgado y tenga que hacerse cargo en cualquier caso de la deuda. Hay argumentos legales para ello: las concesiones se hicieron sobre cálculos de tráficos que jamás se cumplieron, la ley del suelo de Aznar disparó los costes de expropiación de los terrenos y las cuentas, por tanto, jamás salieron”, escribe Ignacio Escolar.

Otra ayuda. Cuenta Cinco días que Fomento piensa en sus autovías de Madrid para estrenar el pago por uso. Están ya amortizadas, pero un sobrepago para pagar las facturas del Estado nunca está de más.

Ocurren hoy, toda esta temporada, cosas mucho más graves. Pero he pensado que os gustaría saber cómo nos sobra el dinero para pagar a los dueños de las autopistas por ejemplo. Para el neoliberalismo, las posibilidades de ordeñar a la vaca que ni muge son infinitas.

Clarificador artículo…

Clarificador artículo…

El porqué de las protestas mineras

Por Darío Díaz Alvarez, economista del Gabinete Técnico de CC.OO. de Asturias

nuevatribuna.es

Cuando se daba por desaparecida (o casi) la figura del minero, quedando aquélla como un personaje del siglo pasado, solamente sujeto a maravillosas fotografías, en blanco y negro, que nos retrotraía a épocas cercanas a los comienzos de la industrialización en nuestro país, surgen las imágenes que a algunos les gustaría haber desterrado de la faz de la tierra: carreteras cortadas con neumáticos ardiendo, atascos en todas las comunicaciones, encierros en pozos mineros, huelgas acompañadas de multitudinarias manifestaciones en las comarcas mineras (que aún siguen existiendo, aunque cueste creerlo) de Comunidades Autónomas como León, Asturias o Aragón.

Qué quieren los mineros?. No comprenden que la minería es un sector sin futuro, en crisis total?, claman los ultraliberales que, al mismo tiempo, “aplauden” el rescate de otro sector mucho más quebrado que el minero.

Ya están los asturianos reivindicando seguir viviendo de las subvenciones públicas, proclaman algunos tertulianos “famosillos” después de pasarse por alto e incluso defender bochornosos “regalos” a los grandes capitales, en forma de amnistía fiscal.

El hecho es que tras dos planes mineros, firmados por los Sindicatos UGT y CC.OO. con dos gobiernos distintos (PP y PSOE), para los periodos 1998-2005 y 2006-2012, conseguidos con “sangre, sudor y lágrimas” y con la “espada de Damocles” empuñada desde Bruselas para acabar con el sector a partir de 2018, al gobierno de Rajoy se le ocurre que para qué vamos hacer sufrir más al enfermo, si podemos meterle la “estoca” este mismo año y ya que el Nalón pasa por Langreo de paso lo justificamos con la necesidad de fuertes recortes presupuestarios que tanto sirven para la enseñanza, como para la sanidad, la minería o la dependencia.

El ajuste llega hasta un 63% sobre lo presupuestado en 2011 y sobre lo pactado para 2012, tanto en ayudas directas a la explotación como en ayudas a la reactivación de las comarcas mineras

Todo  lo anterior de por sí siendo grave, encierra otros efectos que sin su conocimiento y análisis haría difícilmente comprensible el “estallido social” que ha generado esta medida claramente impopular. Veamos cuales son las razones económicas y políticas.

Razones económicas

Al igual que ya ocurriera en las principales cuencas mineras de la Unión Europea, correspondientes a destacados países como Alemania, Belgica, Francia o Reino Unido, a la industria del carbón se les asignó una fecha de caducidad a partir de dos premisas esenciales: aparición de nuevas fuentes energéticas (prioritariamente las renovables) y la creencia generalizada de la existencia (a nivel global) de suficientes reservas carboníferas para hacer frente a las necesidades futuras de una energía no limpia y cara como la que se producía, en ese momento, en la Unión Europea.

Partiendo de esa idea genérica, se fue reduciendo la producción de carbón bajo la estrategia de un cierre ordenado y pacífico (salvo en el caso del Reino Unido) con compensaciones sociales de todo tipo y búsqueda de alternativas económicas que hiciera de los territorios sujetos a reconversión agentes reactivadores en otros tipos de industria o empleos alternativos.

En España, los primeros ajustes serios se llevaron a cabo después de nuestra integración en la por entonces Comunidad Europea, contando siempre con el beneplácito de los agentes sociales, no de forma gratuita sino tras fuertes movilizaciones que fueron las que llevaron a la firma no solamente acuerdos importantes de empresa (como fue el caso de Hunosa), sino de los trascendentales Planes Generales de la Minería.

Pues bien, bajo la misma filosofía que impregnaba los cierres mineros en las cuencas del resto de Europa, se había alcanzado un consenso por el cual los sucesivos ajustes se harían con compensaciones sociales (las famosas prejubilaciones), inyecciones de fondos para infraestructuras y nuevo tejido industrial y el mantenimiento de ayudas a la explotación, por entender que, hoy por hoy y pese a su alto coste, el carbón puede formar parte de un mix energético propio que salve cualquier necesidad perentoria encuadradas en el amplio abanico de demandas energéticas, máxime teniendo en cuenta que es una de las pocas energías autóctonas que tiene nuestro país.

Bajo la amenaza del cierre total de la industria del carbón, allá por 2018, en el sector minero, aún pueden confluir dos viejas reivindicaciones que tienen poco que ver con la crisis bancaria, la dichosa prima de riesgo, recortes para reducir el déficit público, etc… que nos amenaza un día sí y otro también con arruinarnos el futuro de nuestro país: ayudas a la explotación que, además de estar consensuadas con los agentes sociales permitirían mantener, aunque sea en mínimos, esa necesidad de completar la “cesta” de productos energéticos, pero sobre todo las ayudas a la reactivación de las comarcas mineras que permitirían finalizar un proceso de fuerte impacto social y económica a pesar de los sucesivos incumplimientos en su financiación y de la mala gestión llevada a cabo en muchos casos.

Algunos datos significativos apuntan a unos compromisos de inversión en infraestructuras, formación y proyectos empresariales  del orden de 5.000 millones de euros en el plan 1998-2005 y de 2.000 millones entre 2006 y 2012. Bien es verdad que gran parte de estos últimos compromisos no se pudieron llevar a cabo, fundamentalmente por efectos de la crisis económica que impidieron la cofinanciación de distintos y variados proyectos, amén de una gestión manifiestamente mejorable.

Como también podemos considerar algún que otro fracaso, dentro del ámbito empresarial, en lo que podemos denominar como proyectos nacidos de los “buscadores de subvenciones” que ha ocasionado notables frustraciones en el contexto sociolaboral y empresarial, por ser captadores de multimillonarias ayudas empresariales sin constatación práctica en el tejido empresarial. Bien es verdad que los fracasos empresariales de los Fondos Mineros están en consonancia con la propia práctica empresarial en momentos de crisis, pero también es verdad que sin ser notable su presencia se percibe algún proyecto fruto de la reactivación de las cuencas, a los que será necesario apuntalar con nuevas iniciativas.

Pero es que, además, el factor dinamizador del sector hullero juega un papel muy significativo en la economía de las comarcas mineras, no en vano aún nos encontramos con 7.000 empleos en toda España que dinamizan parte de la economía de 60 municipios, no de forma homogénea en todos y cada uno de ellos, pero si que podemos decir que sin el carbón muchas comarcas de Asturias, León o Teruel quedarían como un auténtico desierto.

Razones políticas

A las razones económicas hay que añadirle las políticas, pues solamente de este calado ha de ser la negativa a inyectar 200 o 300 millones de euros más en los presupuestos del Estado para el ejercicio 2012, con el fin de mantener un sector aún considerado como estratégico y ayudar, aún con pocos recursos, unas comarcas cuyo horizonte puede ser tan negro como el color del mineral que sacan de sus entrañas, cuando apenas hace unos días se ha aprobado la mayor ayuda económica que un sector, en clara recesión como es el bancario, haya obtenido de las autoridades monetarias europeas, sin que quede claro cual es el objetivo del mismo, teniendo en cuenta no solamente las dificultades de liquidez que tiene el sector sino, lo que es más peligroso, de insolvencia.

Alrededor de todo ello gira también la terrible sospecha de que este gobierno intenta echarle un pulso a uno de los sectores más combativos del movimiento obrero (los mineros), sin los cuales la conflictividad social pierde a uno de sus auténticos baluartes en la pelea por los derechos sociales de los trabajadores, a los que se quiere minar tras auténticas barbaridades reformistas, como si una vulgar política tatcheriana pudiese con ello frenar las demandas sociales que pueblan el conjunto del territorio español.

Ciertamente, y por suerte en el caso de ECONOMISTAS FRENTE A LA CRISIS, entre otros, no todos los economistas piensan ni actúan igual…

Ciertamente, y por suerte en el caso de ECONOMISTAS FRENTE A LA CRISIS, entre otros, no todos los economistas piensan ni actúan igual…

¿Llegaremos a tiempo?

Por Juan Ignacio Bartolomé / Jorge Fabra Utray/ José Moisés Martín Carretero. Miembros de ECONOMISTAS FRENTE A LA CRISIS. El País, 19 JUN 2012.

España se encuentra en un momento determinante. Las malas noticias económicas y financieras de las últimas semanas, de los últimos días, de las últimas horas, nos sitúan en una encrucijada donde cualquier elección es difícil.

La ciudadanía y la opinión pública buscan a los economistas y encuentran economistas que vaticinan terribles consecuencias en un vano intento de engrandecer su valía haciendo predicciones más grandes que ellos mismos. Incansablemente nos repiten que los niveles de bienestar alcanzados no son sostenibles y que es necesario que recibamos menos prestaciones sociales, peor educación, peor salario, peor atención sanitaria. La austeridad forzada tiene un nombre: se llama pobreza. Alegan que, para ser competitivos, tenemos que ser más austeros, esto es, más pobres. Y proponen reformas que se concretan en reflotar la banca privada con fondos públicos, rebajar más si cabe la progresividad de nuestro sistema fiscal, reducir pensiones y prestaciones por desempleo, y privatizar ¡qué ridículo! lo poco que queda del sector público empresarial cuando realmente lo que pretenden es privatizar la sanidad, la enseñanza y las pensiones. Y presentan sus reformas como la única salida a la crisis. Mientras, la ciudadanía va perdiendo confianza en lo que la ciencia económica puede ofrecer si es eso solo lo que ofrece.

No todos los economistas pensamos así. Frente a la devaluación interna, hay economistas que pensamos que es posible salir de la crisis con más Europa. Que un pacto social por el crecimiento y las reformas dará mejores resultados que los recortes que se nos imponen. Que España cuenta, todavía hoy, con sectores industriales punteros que hay que promover e internacionalizar. Que la inversión en I+D+i es nuestro pasaporte hacia la economía del conocimiento. Que los fondos estructurales y el Banco Europeo de Inversiones pueden movilizar recursos en sectores productivos clave. Que las reformas fiscales deben ser progresivas para proteger a los más débiles. Que el Banco Central Europeo debe asumir un papel de prestamista de último recurso. Que la racionalización no está reñida con la prestación de servicios públicos de calidad. En definitiva, que la austeridad, esa pobreza inducida, es mera ideología elevada a la categoría de ciencia.

¿Cuál es el problema de fondo en la actual crisis económica? ¿Es un exceso de endeudamiento público? No. Nuestra deuda está por debajo de la de Alemania, de la de Francia, de la media europea y es la mitad de la Inglesa o la de los Estados Unidos. ¿Es la crisis bancaria? Ha sido rescatada y la prima de riesgo sigue subiendo. ¿Es el contagio de Grecia? Han ganado los candidatos de Merkel y la prima de riesgo se dispara. El problema de fondo es la recesión, la subutilización del aparato productivo existente por falta de demanda efectiva. Contamos con instalaciones, tecnología, empresarios y trabajadores formados, y contamos con infraestructuras. También hay necesidades insatisfechas que son demanda potencial. Sin embargo, las empresas cierran o están infrautilizadas, los empresarios no invierten, los consumidores no consumen, los bancos no prestan y la política económica no asume su responsabilidad en la movilización de los recursos productivos.

Este es el problema de fondo que, como toda enfermedad, se manifiesta por síntomas que no deben ser confundidos con la enfermedad misma. Uno de estos síntomas es la crisis bancaria que contamina nuestro déficit público. El análisis de las cifras evidencia que su causa fundamental es la caída de la actividad económica. Los ingresos públicos dependen de la evolución del PIB y su caída provoca, consecuentemente, caída de los ingresos. Adicionalmente, la disminución de la actividad conlleva un aumento de los gastos públicos, particularmente de las prestaciones sociales y del servicio de la deuda pública. El empobrecimiento del país aumenta el riesgo de impagos y, por tanto, las primas sobre los intereses normales de mercado. Es la recesión, agudizada por los recortes, que aumenta la insolvencia de la banca, de las empresas, de las familias y del Estado frente a nuestros acreedores. No podemos seguir ignorando que el negocio de la banca es prestar para dar fluidez a los negocios. Las provisiones por la devaluación de sus activos y las que tendrán que ser añadidas por imperativo de la reforma financiera no serán nunca suficientes si la crisis sigue deteriorando sus balances.

¿Se está acertando en el diagnostico de la crisis? Insistir en la necesidad de reducir aceleradamente el gasto público no soluciona sino que agrava el problema. No colabora a una mayor utilización del aparato productivo, al contrario, añade al descenso de la demanda privada menor demanda pública.

No puede sorprendernos el desplome del valor de los activos bancarios y de las cifras de ingresos públicos durante los primeros meses del presente año. Al parecer se ignora el papel de las expectativas en las decisiones económicas. El simple anuncio de un recorte drástico de la inversión pública supone que miles de empresarios encarguen al jefe de personal la preparación de un ERE e, incluso, el cierre de la empresa.

Volvemos al problema de fondo y a los síntomas: la recuperación de la actividad del aparato productivo es la condición para solucionar la crisis financiera de manera sostenible. La política económica debe centrarse en el reto de movilizar los recursos productivos porque su verdadero objetivo es combatir el paro y la pobreza. Y a la luz de este objetivo, determinadas propuestas se revelan absurdas. Reducir las pensiones, por ejemplo, insinuando que son los pensionistas los responsables de la crisis, no sólo es un atentado contra la justicia, es, también, un error. El gasto de los pensionistas constituye una demanda permanente con efectos anticíclicos que propicia la supervivencia de multitud de sectores. Reducir pensiones es llevar al paro al camarero del bar de la esquina, al del puesto de periódicos y al dependiente de la tienda de ultramarinos.

El tiempo se acaba, efectivamente. Porque insistir en una política que agrava la depresión de la demanda efectiva acabará destruyendo el tejido industrial y la cohesión social, hipotecando por años las posibilidades de recuperación económica.

Tras los cantos de sirena que provienen de algunos economistas con brillantes currículos académicos, no hay ni ciencia ni progreso. Sólo escolástica, modelos sociales y económicos que esconden una silente ideología que, pacientemente, ha ido seleccionando a sus portavoces en las “mejores universidades americanas y en las más acreditadas escuelas de negocios privadas”. Nuestros políticos tendrán, como Ulises, que atarse al mástil para llegar a buen puerto. De otra manera la crisis se prolongará y, con ella, el sufrimiento y la incertidumbre. Sin alternativas a la política que nos ha traído hasta aquí proliferará el desapego en las instituciones, proliferará el fascismo. Sin embargo, las alternativas están sobre la mesa.

El tiempo se acaba. ¿Llegaremos a tiempo?

Víctima, que no culpable…

Víctima, que no culpable…

La víctima griega

El desastre se originó en Bruselas, Fráncfort y Berlín, al crear un sistema monetario defectuoso

Por Paul Krugman, en El País.

Desde que Grecia cayó en picado, hemos oído hablar mucho de lo que no va bien en todo lo que sea griego. Algunas de las acusaciones son ciertas, y otras son falsas, pero todas ellas son irrelevantes. Sí, existen importantes fallos en la economía griega, en su política, y, sin duda alguna, en su sociedad. Pero estos fallos no son los que causaron la crisis que está desgarrando a Grecia, y que amenaza con extenderse por Europa.

No, los orígenes del desastre se encuentran más al norte, en Bruselas, Fráncfort y Berlín, donde las autoridades crearon un sistema monetario profundamente defectuoso —y quizás abocado a morir— y luego agravaron los problemas de ese sistema sustituyendo el análisis por las lecciones de moral. Y la solución a la crisis, si es que existe alguna, tendrá que llegar de los mismos lugares.

Por tanto, veamos esos defectos griegos: sin duda alguna Grecia tiene mucha corrupción y mucha evasión fiscal, y el Gobierno griego tiene por costumbre vivir por encima de sus posibilidades. Más allá de eso, la productividad laboral griega es baja de acuerdo con los niveles europeos, ya que es inferior en un 25% a la media de la Unión Europea. Sin embargo, vale la pena señalar que la productividad laboral en, vamos a decir, Misisipi, es más o menos igual de baja según los niveles estadounidenses, y más o menos por el mismo margen.

Por otra parte, muchas cosas de las que oyen sobre Grecia no son ciertas. Los griegos no son vagos; al contrario, trabajan más horas que casi todo el mundo en Europa, y muchas más horas que los alemanes en concreto. Grecia tampoco tiene un Estado del bienestar desenfrenado, como les gusta afirmar a los conservadores; el gasto social como porcentaje del producto interior bruto (PIB), la medida habitual del tamaño del Estado del bienestar, es considerablemente más bajo en Grecia que en, digamos, Suecia o Alemania, que son países que hasta ahora han capeado la crisis europea bastante bien.

Entonces, ¿cómo se metió Grecia en tantos problemas? Culpen al euro.

Hace 15 años, Grecia no era un paraíso, pero tampoco estaba en crisis. El desempleo era elevado pero no era catastrófico, y el país más o menos se valía por sí mismo en los mercados mundiales, ya que ganaba lo bastante con las exportaciones, el turismo, los barcos y otras fuentes como para pagar más o menos sus importaciones.

Luego Grecia se incorporó al euro, y sucedió algo terrible: la gente empezó a creer que era un lugar seguro para invertir. Entró dinero extranjero en Grecia, una parte de él, pero no todo, para financiar los déficits del Gobierno; la economía se aceleró; la inflación aumentó; y Grecia perdió cada vez más competitividad. Sin lugar a dudas, los griegos despilfarraron mucho, si no la mayor parte, del dinero que entraba a raudales, pero también es verdad que todos los que quedaron atrapados en la burbuja del euro hicieron lo mismo.

Y luego estalló la burbuja, y en ese momento, los fallos esenciales de todo el sistema del euro se hicieron demasiado evidentes.

Pregúntense por qué la zona dólar —también conocida como Estados Unidos de América —funciona más o menos, sin las graves crisis regionales que afligen ahora a Europa. La respuesta es que tenemos un Gobierno central fuerte, y las actividades de este Gobierno proporcionan a todos los efectos rescates automáticos a los Estados que se meten en problemas.

Piensen, por ejemplo, en lo que podría estar sucediendo en Florida ahora mismo, tras su enorme burbuja inmobiliaria, si el Estado tuviera que sacar el dinero para la Seguridad Social y Medicare de sus propios ingresos que se vieron reducidos repentinamente. Por suerte para Florida, es Washington en vez de Tallahassee quien se está haciendo cargo de la factura, lo que significa que Florida está recibiendo a todos los efectos un rescate a una escala que ningún país europeo podría soñar.

O piensen en un ejemplo más antiguo, la crisis de las cajas de ahorros de la década de 1980, que fue en gran medida un problema de Tejas. Los contribuyentes acabaron pagando una enorme suma para resolver el lío, pero la inmensa mayoría de esos contribuyentes estaba en otros Estados que no eran Tejas. Una vez más, el Estado recibió un rescate automático a una escala inconcebible en la Europa moderna.

Por eso Grecia, aunque no exenta de culpa, se encuentra en apuros principalmente debido a la arrogancia de las autoridades europeas, en su mayoría procedentes de países más ricos, que se convencieron de que podrían hacer que funcionase una moneda única sin un Gobierno único. Y estas mismas autoridades han empeorado la situación al insistir, a pesar de las pruebas, en que todos los problemas de la moneda estaban causados por el comportamiento irresponsable de esos europeos del sur, y que todo funcionaría si la gente estuviera dispuesta a sufrir un poco más.

Lo que nos lleva a las elecciones del domingo en Grecia, que acabaron por no solucionar nada. Puede que la coalición de Gobierno haya logrado mantenerse en el poder, aunque ni siquiera eso queda claro (el segundo socio de la coalición está amenazando con abandonarla). Pero, de todas maneras, los griegos no pueden resolver esta crisis.

La única forma en la que el euro podría —podría— salvarse es si los alemanes y el Banco Central Europeo se dan cuenta de que son ellos los que tienen que cambiar su comportamiento, gastar más y, sí, aceptar una inflación más elevada. Si no, bueno, pues Grecia pasará a la historia como la víctima del orgullo desmedido de otros países.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008.