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OPINION

Un argumento de presión que no utilizan fuera mientras nos machacan dentro…

Un argumento de presión que no utilizan fuera mientras nos machacan dentro…

Llamazares dice que no compensa cambiar soberanía y derechos por estar en el euro

"El Gobierno no puede vender el país y debe decir a la UE que no estamos en el euro a toda costa ni a costa de los trabajadores porque si para eso hay que tirar por la borda los derechos de los ciudadanos no vale la pena", ha señalado Gaspar Llamazares.

nuevatribuna.es

El diputado de IU Gaspar Llamazares ha asegurado hoy que no compensa estar en el euro si para ello se ve afectada la soberanía del país y se recortan los derechos de los ciudadanos y de los trabajadores como, en su opinión, va a suceder con la "inaceptable intervención del conjunto de la economía que se avecina".

En su opinión, la posición manifestada por el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, supone una "secuestro y chantaje claro" a la sociedad española ya que plantea recortar la autonomía política, la sanidad, la educación y prestaciones sociales "a cambio de un puñados de euros".

Llamazares ha insistido en que el presidente Mariano Rajoy tiene encomendado el Gobierno, pero no puede ceder la soberanía del país por lo que ha insistido en que debe hacerse un referéndum o adelantar las elecciones generales para que los ciudadanos se pronuncien sobre estas medidas.

"Firmar esta segunda intervención de la economía española sería una alta traición de Rajoy con los ciudadanos porque no puede delegar la gestión que tiene encomendada ni acabar con derechos reconocidos", ha subrayado el dirigente de IU.

A su juicio, en vez de ceder, España debería presionar al BCE y a Alemania con dejar atrás la zona euro porque lo que están pidiendo a este país supone su devaluación social y prolongar la salida de la crisis durante una década o más.

Las políticas a las que, según Llamazares, "se pliega sin más el presidente del Gobierno" van a producir una "convulsión social" y dejan al país "con el agua al cuello y camino de Grecia".

Desde otro punto de vista…

Desde otro punto de vista…

Es más fácil rescatar a España que a Rajoy

Por M. Valles en su Blog “CAUSAS PERDIDAS”.

Rajoy no da los “buenos días” si no puede leer la frase en un papel, con tipografía apreciable. Su oratoria con báculo alienta el resquemor de que su discurso ha sido redactado en alguna de las instituciones que más menciona, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. Se refiere a ellos con más frecuencia y veneración que a España, un Gurb alienígena tendría dificultades para averiguar el nombre del país presidido por el líder del PP. A falta de concretar la intervención económica, el rescate argumental ya se ha producido. El Gobierno no efectúa una sola declaración que no esté visada por la troika de los hombres de negro.

Los expertos debaten encendidamente si Europa dispone del fuelle necesario para rescatar a España. Si al peso muerto del país en cuestión se le añade el lastre de su presidente del Gobierno, la salvación adquiere el rango de utópica. Es más fácil acometer el socorro íntegro español que empeñarse en el rescate de Rajoy. El gobernante en cuestión empeora la operación desde la abulia. No quiere demostrar que la situación es difícil y que su ejecutivo puede solventarla, sino que no pasa nada. Con el país en bancarrota, efectúa un recorrido por su labor que incluye el orgullo por un Plan Nacional de Turismo, donde hasta la denominación posee tintes franquistas.

Rajoy no aclara si tendrá que leer “Guten Morgen” en vez de “buenos días” pero, ante la desesperante ausencia de ideas propias, descarga cada párrafo en “todo el mundo sabe” y “todo el mundo dice”. Así escamotea su responsabilidad, se esconde detrás de la humanidad entera para descargar sobre lomos ajenos la responsabilidad de su Gobierno en la zozobra de Europa. No despertó entusiasmo desde la humildad pretérita, y mucho menos desde el engreimiento actual. Le adorna la virtud de hablar de todo aquello que no interesa a los ciudadanos, desde una falta de empatía robótica o clasista según la inclinación del analista. Ningún gobernante occidental asociaría el padecimiento de “muchas familias y muchas empresas”, además de obviar a los trabajadores con prima de riesgo de paro.

El gesto de estupor que esboza Rajoy –”qué necesidad tengo yo de hablarle a esta gente”– se contagia al espectador, convencido de hallarse ante un personaje que describiría un caballo a partir de un automóvil, con patas en vez de ruedas. De hecho, el presidente no entiende la mayoría de cosas que pretende estar explicando, como el cambio en los signos de los EREs. Resulta curioso que el gobernante más opaco de la democracia presuma de la ley de Transparencia. Máxime cuando la citada norma ni siquiera le obliga a explicar su agenda como presidente del Gobierno. Bromear con “la famosa prima de riesgo” refleja la ausencia de la realidad de quien está dispuesto a sacrificar la vida para que florezca un sarcasmo.

“Buena parte de las cosas que pasan aquí dependen de las decisiones que se adoptan en otros sitios”. Y a partir del entreguismo, se echa a dormir. Se siente satisfecho por que “hoy no es posible atender las peticiones que hacen los ciudadanos”, lo cual elimina buena parte de su cometido profesional. Después del consejo de ministros se limita a ofrecer un popurrí de sus escasas intervenciones previas, olvidando de nuevo que no es un espectador de desastres ajenos, sino el foco de una hoguera que amenaza con la combustión planetaria. Hablar de “los problemas que tienen algunas economías, entre ellas la nuestra”, oscila entre la inconsciencia  y la pereza antropológica.

Ha incumplido todas sus promesas electorales, con “medidas que no son populares”. En efecto, porque ninguna de ellas figuraban en el programa del PP. Rajoy se refugia ahora en que “no prometimos milagros”, cuando su sola presencia en La Moncloa es probablemente el mayor prodigio obrado por la política contemporánea. Su despedida final –”el que pueda, feliz verano”– delata a un gobernante que dejó de tener gracia sin haber sido nunca gracioso.

Para acelerar el desmantelamiento del estado de bienestar… y del autonómico, principal garante de aquel.

Para acelerar el desmantelamiento del estado de bienestar… y del autonómico, principal garante de aquel.

La regresividad de las respuestas de Rajoy a la crisis

Por Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.

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Una de las características que España comparte con los otros países intervenidos en la Eurozona (Grecia, Portugal e Irlanda) es la pobreza de su Estado. Los ingresos al Estado son de los más bajos de la UE-15, el grupo de países de la UE más próximos a España por su nivel de riqueza. Cuando la crisis empezó, representaban sólo el 34% del PIB (en Grecia el 37%, en Irlanda el 34% y en Portugal el 39%. Como comparación, en Suecia representan el 54%). Esta pobreza se basa (como también les ocurre a los otros países intervenidos) en la escasa capacidad recaudatoria del Estado, que se explica, en parte, por la gran regresividad de su política fiscal. Las rentas del capital, por ejemplo, reciben un tratamiento muy distinto a las rentas del trabajo. A las primeras se las trata mucho más favorablemente que a las segundas. Esto implica que las personas que derivan la mayoría de sus rentas de la posesión de capital pagan muchos menos impuestos que los que derivan tales rentas del mundo del trabajo, y que representan la gran mayoría de la ciudadanía. Ni que decir tiene que hay argumentos (algunos válidos) para explicar tal diferencia, pero toda la evidencia muestra que en España tal diferencial es excesivo, y ello como resultado de que los poseedores de capital tienen mucha más influencia sobre las instituciones políticas que los que derivan sus rentas del trabajo. Ejemplos de ello hay múltiples. Veamos.

En los años de bonanza económica, creada principalmente mediante la burbuja inmobiliaria, el Estado español (que incluye el Estado central y las CCAA) redujo los impuestos significativamente, sobre todo de las rentas del capital y de las rentas superiores. Este descenso creó un déficit estructural que pasó desapercibido porque los ingresos al Estado subieron espectacularmente, resultado del elevado crecimiento económico y crecimiento de empleo.

Ahora bien, cuando la burbuja inmobiliaria explotó (resultado de que la banca europea, principalmente la alemana y la francesa – que había alimentado la burbuja inmobiliaria española- dejó de prestar a la banca española, porque aquella, la banca europea, estaba contaminada con productos tóxicos procedentes de la banca norteamericana) apareció con toda su crudeza tal déficit estructural del Estado, causado por aquellas reducciones de impuestos (según el Fondo Monetario Internacional la mitad del déficit estructural se debía a la rebaja de impuestos).

Pero, cuando el déficit apareció, en lugar de anular las rebajas fiscales para recuperar los fondos del Estado, éste (tanto central como autonómico) recortó el gasto público, incluyendo el gasto público social, asumiendo que el crecimiento del déficit del Estado se debía al excesivo tamaño de tal gasto público, atribuyéndole, además, ser una de las causas de la crisis. Tal argumento fue promovido extensamente a pesar de que la evidencia existente claramente lo cuestiona. En realidad, el Estado español, cuando se inició la crisis, estaba en superávit, y la deuda pública era de las más bajas de la Eurozona. El crecimiento tan acentuado del déficit no se debió a que se disparara el gasto público, sino a la bajada de impuestos que había creado el déficit estructural, incrementada esta bajada por la enorme disminución de la actividad económica y del empleo, puesto que, al depender de una manera tan acentuada los ingresos al Estado de las rentas del trabajo, el elevadísimo desempleo -que el estallido de la burbuja produjo- se tradujo en una gran disminución de los ingresos al Estado.

Ignorando estos hechos, la respuesta a la crisis fue recortar el gasto público, sin tocar las causas estructurales del déficit. Ejemplos de ello hay a miles. Se congelaron las pensiones, intentando ahorrar 1.200 millones de euros, recorte que hubiera sido innecesario si se hubiera mantenido el impuesto de patrimonio (2.100 millones de euros) o se hubiera anulado la rebaja del impuesto de sucesiones (2.552 millones) o se hubiera revertido el descenso de impuestos a las personas que ingresan más de 120.000 euros al año (2.500 millones).

Tras sus últimas propuestas, Rajoy intenta recortar todavía más, centrándose en los servicios públicos, incluyendo servicios y transferencias del Estado del Bienestar, 13.764 millones de euros en la reducción de los seguros de desempleo para, teóricamente, estimular a los parados a encontrar trabajo y 3.024 millones en los servicios de dependencia. Como ingresos al Estado propone recoger 22.104 millones en tres años (2.300 en el primer año, 10.134 en el segundo y 9.670 en el tercero) mediante el crecimiento del IVA. Pero como bien señala el sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda español, GESTHA, (cuyas estimaciones hasta ahora han sido las más creíbles), la recaudación será mucho menor. De cada 100 euros gastados, el Estado recoge 9,7 euros (frente al promedio de la UE-15, de 12,3). Esto quiere decir que España pierde 17.000 millones de euros al año por el fraude del IVA. Hubiera sido, por lo tanto, más efectivo corregir este déficit en lugar de aumentar el IVA, que afectará sobre todo a la demanda de las clases populares. Las consecuencias de estas políticas regresivas serán aumentar todavía más las desigualdades en España, uno de los países más desiguales de la Unión Europea.

La incertidumbre sigue ahí…

La incertidumbre sigue ahí…

El batacazo del abejorro

Los fallos de la estructura del euro estaban ocultos por un periodo de auge económico en el sur

Por Paul Krugman, profesor de Economía en Princeton y premio Nobel de 2008.

La semana pasada, Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, declaró que su institución “está preparada para hacer lo que haga falta a fin de proteger el euro”; y los mercados lo celebraron. En concreto, los tipos de interés de los bonos españoles cayeron en picado y las Bolsas de todo el mundo subieron como la espuma.

Pero, ¿se salvará realmente el euro? Eso sigue siendo muy cuestionable.

En primer lugar, la moneda única de Europa es una construcción con fallos muy graves. Y Draghi en realidad lo ha reconocido, algo que dice mucho en su favor. “El euro es como un abejorro”, ha declarado. “Este es un misterio de la naturaleza porque no debería volar, pero lo hace. Y el euro era un abejorro que ha volado muy bien durante varios años”. Pero ahora ha dejado de volar. ¿Qué se puede hacer? La respuesta, indicaba él, es “transformarlo en una abeja de verdad”.

Dejando a un lado el dudoso argumento biológico, entendemos lo que quiere decir. A largo plazo, el euro solo será viable si la Unión Europea se convierte en algo mucho más parecido a un país unificado.

Fíjense, por ejemplo, en la comparación entre España y Florida. Ambos tuvieron enormes burbujas inmobiliarias que fueron seguidas de quiebras espectaculares. Pero España está en crisis de un modo en el que no lo está Florida. ¿Por qué? Porque cuando la crisis los golpeó, Florida pudo contar con Washington para seguir pagando la Seguridad Social y Medicare, para garantizar la solvencia de sus bancos, para ofrecer ayuda de emergencia a sus parados, etcétera. España no tenía una red de seguridad así y, a largo plazo, eso tiene que arreglarse.

Pero la creación de unos Estados Unidos de Europa no llegará pronto, si es que llega a ocurrir, mientras que la crisis del euro está teniendo lugar ahora. Por tanto, ¿cómo puede salvarse esta moneda?

Bueno, ¿por qué fue el abejorro capaz de volar durante un tiempo? ¿Por qué pareció funcionar el sistema del euro durante sus ocho primeros años, más o menos? Porque los fallos de la estructura estaban ocultos por un periodo de auge económico en el sur de Europa. La creación del euro convenció a los inversores de que era seguro prestar dinero a países como Grecia y España, que antes se consideraban un riesgo, por lo que el dinero fluyó hacia esos Estados (principalmente, por cierto, para financiar los préstamos privados más que los públicos, con la excepción de Grecia).

Y, durante algún tiempo, todo el mundo fue feliz. En el sur de Europa, las descomunales burbujas inmobiliarias hicieron crecer el empleo en la construcción, aun cuando el sector industrial se volvía cada vez menos competitivo. Mientras tanto, la economía alemana, que había estado languideciendo, se reanimó gracias al rápido aumento de las exportaciones a estos países del sur que contaban con burbujas especulativas. Parecía que el euro estaba funcionando.

Entonces, las burbujas estallaron. Los empleos de la construcción se esfumaron y el paro aumentó vertiginosamente en el sur; ahora está bastante por encima del 20% tanto en España como en Grecia. Al mismo tiempo, los ingresos se hundieron; en su mayoría, los grandes déficit presupuestarios son una consecuencia, no una causa, de la crisis. Sin embargo, los inversores se dieron a la fuga e hicieron subir los costes del préstamo. En un intento por calmar los mercados financieros, los países afectados impusieron duras medidas de austeridad que agravaron sus crisis. Y el euro en su conjunto parece peligrosamente débil.

¿Qué podría revertir esta delicada situación? La respuesta está bastante clara; los responsables políticos tendrían que: (a) hacer algo para reducir los costes del préstamo en Europa y (b) ofrecer a los deudores europeos el mismo tipo de oportunidad de escapar a sus problemas mediante la exportación que tuvo Alemania durante los años de la bonanza; es decir, generar un auge económico en Alemania que imite el del sur de Europa entre 1999 y 2007. (Y sí, eso conllevaría una subida temporal de la inflación alemana). El problema es que los responsables políticos europeos parecen reticentes a hacer (a) y absolutamente reacios a hacer (b).

En sus comentarios, Draghi —que sospecho que comprende todo esto— lanzó, en esencia, la idea de hacer que el banco central compre grandes cantidades de bonos del sur de Europa para reducir los costes que conlleva la adquisición de préstamos. Pero, al parecer, durante los dos días siguientes los funcionarios alemanes echaron un jarro de agua fría sobre esa idea. En principio, Draghi podría limitarse a rechazar las objeciones alemanas, pero, ¿estaría realmente dispuesto a hacerlo?

Y las compras de bonos son la parte fácil. El euro no puede salvarse a menos que Alemania también esté dispuesta a aceptar una inflación considerablemente más alta durante los próximos años (y, hasta la fecha, no he visto ningún indicio de que los mandatarios alemanes estén dispuestos siquiera a debatir este asunto, no digamos ya a aceptar lo que sea necesario). En lugar de eso, siguen insistiendo, a pesar de los sucesivos fracasos —¿Se acuerdan de cuando se suponía que Irlanda iba camino de una recuperación rápida?— en que todo irá bien si los deudores simplemente se atienen a sus programas de austeridad.

Así que, ¿podrían salvar el euro? Sí, probablemente. ¿Deberían salvarlo? Sí, aun cuando ahora su creación parezca un tremendo error. Porque un fracaso del euro no solo causaría problemas económicos; sería un golpe descomunal para el proyecto europeo en general, que ha traído la paz y la democracia a un continente con una historia trágica.

Pero, ¿lo salvarán realmente? A pesar de las muestras de determinación de Draghi, esto es, como he dicho, muy cuestionable.

Que en pleno siglo XXI ocurra esto es inverosímil…

Que en pleno siglo XXI ocurra esto es inverosímil…

El cinismo del ministro Ruiz Gallardón

Por Héctor Maravall Gómez-Allende, Abogado

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Siempre me ha sorprendido esa afirmación que algunas personas dicen de que tener un hijo o una hija con discapacidad es una bendición de Dios. Cuando estuve en el Imserso pude conocer con detalle el sufrimiento que muchos tipos de discapacidad, (de los que hasta entonces tenia idea muy somera, como la mayoría de la población), producía en una familia. Sufrimiento, dedicación intensísima, preocupación por el futuro, gastos constantes, renuncias a la vida personal, laboral o social, etc., lo cual no era óbice de que fuera compatible con el amor y el cariño. En definitiva, casi todas las discapacidades graves son dolor para la persona afectada y para sus padres y a menudo todo su entorno familiar.

Por eso resulta de una frivolidad insoportable y de un cinismo terrible las declaraciones de Ruiz Gallardón, ese lobo disfrazado de cordero, sobre la exclusión de la grave malformación del feto como motivo de interrupción del embarazo.

Ruiz Gallardon es un hombre con suerte. Sus hijos viven confortablemente y no tienen problemas de futuro, uno de ellos hemos sabido por la prensa que ha sufrido un percance de delincuencia callejera en Sao Paulo ya tiene un buen puesto de trabajo, que ni podría soñar si tuviera p.e espina bifida.

Yo entendería, aunque no compartiría en absoluto, que el Ministro de Justicia y el PP dijeran que hacen esa reforma legal por razones religiosas, que se lo imponen sus creencias y las de los que los votaron. Y a renglón seguido dijeran que esas mismas convicciones religiosas les llevan a desarrollar una amplia y diversificada política social para ofrecer a las actuales y futuras personas con discapacidad grave y a sus familias todo tipo de recursos sociales y económicos para facilitarles la vida. No compartiría esa política por razones obvias del derecho de la mujer a decidir sobre su maternidad, pero entendería una coherencia religiosa.

Y así tendrían que desarrollar programas de detección y tratamiento precoz de la discapacidad; adaptación del entorno físico del hogar y del transporte; servicios sociales (ayuda a domicilio, rehabilitación, centro de día, adquisición de productos ortoprotesicos…); apoyo para la plena integración escolar con desplazamiento accesible, centros adaptados, profesores y personal de apoyo, itinerarios curriculares especiales, desde la educación infantil hasta la universitaria; tratamiento idóneo en el ámbito de la salud, gratuidad de los medicamentos específicos, apoyo a la investigación medica en el tratamiento y rehabilitación de la discapacidad; adaptación de los transportes públicos, de los medios audiovisuales, de los edificios públicos, incluidos los de ocio, cultura y deporte; impulso publico a la investigación y desarrollo de tecnologías para facilitar la vida cotidiana y el diseño para todos; establecer medidas efectivas y ejecutivas de incorporación a la vida laboral…..

La realidad es justa la contraria. Este gobierno, que no tiene principios morales ni desde luego cumple con los preceptos básicos de la religión católica, desde que ha llegado ha recortado derechos sociales, empezando por la ley de dependencia, el Sistema Nacional de Salud y el sistema educativo. Las Comunidades Autónomas y Corporaciones locales han restringido al máximo los servicios sociales y en muchos casos han dejado de pagar a Asociaciones de personas con discapacidad o de familiares de personas con discapacidad, obligándoles en unos casos a endeudarse hasta las cejas y en otros a despedir profesionales, cerrar centros o programas. Hemos vuelto a ver, como en los primeros años de la democracia manifestaciones y concentraciones de personas en sillas de ruedas exigiendo derechos sociales.

Y además ni Rajoy ni su gobierno no van a parar en ese camino de recortes sociales, hasta que les paremos nosotros

Que no nos cuenten milongas. Que no jueguen con los sentimientos religiosos. Que no se burlen del dolor de las familias. Y a todo esto no estaría mal que el CERMI (Consejo Español de Representantes de Minusválidos) y las organizaciones de personas con discapacidad o de familiares, dieran su opinión al respecto.

OPINION RELACIONADA:

Ver la carta abierta al Ministro Gallardón del neurocirujano infantil Javier Esparza

CARTA ABIERTA DE UN NEUROCIRUJANO AL MINISTRO GALLARDÓN...

CARTA ABIERTA DE UN NEUROCIRUJANO AL MINISTRO GALLARDÓN...

Nadie tiene derecho a obligar al sufrimiento

El neurocirujano infantil Javier Esparza, uno de los directores médicos de su especialidad más reconocidos de España, alerta sobre las terribles consecuencias humanas de prohibir el aborto en casos de malformación grave del feto. Esparza expone desde su experiencia los sufrimientos que padecen los niños afectados por malformaciones congénitas del sistema nervioso, como la hidrocefalia congénita o la espina bífida abierta.

Por Javier Esparza, en El País, hace 4 días.

He sido neurocirujano durante 40 años en diversos hospitales públicos españoles, hasta hace dos años, cuando me jubilé. En 1982, creé el Servicio de Neurocirugía Infantil del Hospital Infantil 12 de Octubre de Madrid, del que he sido jefe hasta hace dos años, además de haber desempeñado otros puestos de responsabilidad: director del Hospital del Niño Jesús en Madrid, director médico del Hospital 12 de Octubre, secretario de la Sociedad Española de Neurocirugía, secretario de la Comisión Nacional de Neurocirugía y profesor asociado de la Universidad Complutense.

Durante estos últimos 28 años de mi vida profesional, dedicados exclusivamente a la neurocirugía infantil, he tenido que tratar a muchos cientos de niños que padecían malformaciones congénitas del sistema nervioso, como la hidrocefalia congénita o espina bífida abierta. Desgraciadamente, he sido testigo y he tenido que enfrentarme al tremendo sufrimiento que causan estas anomalías a las familias, pero sobre todo a los propios niños.

Quiero suponer, pues no puedo entenderlo de otra manera, que la intención del ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, es producto del desconocimiento de esta realidad y de estas enfermedades. Una de ellas, la espina bífida abierta (o mielomeningocele), consiste en la ausencia completa del necesario cierre de la médula espinal en el feto. Por esta razón, el tejido nervioso normal de la médula no se desarrollará. En este proceso también participan las ausencias de cierre de la columna vertebral, grupos musculares e incluso de la piel en las áreas en las que la malformación se localiza, generalmente la región lumbar, pero también la dorsal. Así, un niño que nazca con esta patología puede sufrir toda su vida de los siguientes problemas.

» Parálisis de ambas piernas. En los casos más graves, que desgraciadamente podrían ser la mayoría si la ley se modificase, el grado de parálisis será completo.

» Atrofia en estos casos de los músculos de los dos miembros inferiores con grandes deformaciones en los pies, piernas y también en la espalda, con desviaciones muy graves de la columna vertebral.

» Incontinencia completa de orina y de heces.

» Impotencia sexual completa.

» Hidrocefalia: crecimiento exagerado de la cabeza en el 90% de los niños.

» Malformación de Chiari II: malformación en el cerebelo.

» Siringomielia frecuente: desarrollo de cavidades anormales en el resto del interior de la médula espinal, que pueden causar parálisis de ambos brazos.

» Deficiencia mental en el 55% de los niños aproximadamente. Eso si las medidas aplicadas han sido las correctas durante toda la vida.

El tratamiento de estas patologías es muy complejo, y se requieren unidades multidisciplinarias altamente especializadas. Precisarán numerosas operaciones realizadas por muy variados especialistas y en diferentes etapas de la vida: neurocirujanos, traumatólogos, urólogos, cirujanos pediátricos, cirujanos plásticos, etc. Además de necesitar rehabilitación permanente, vigilancia pediátrica y antibioterapia muy frecuente, añadiéndose además todo tipo de aparatos ortopédicos, sondajes vesicales permanentemente, sillas de ruedas y un largo etcétera.

Naturalmente, todas estas intervenciones quirúrgicas, la mayoría de ellas muy complicadas, conllevan un número no despreciable de complicaciones, lo que ensombrece todavía más los problemas.

Finalmente, resumiré el pronóstico vital y la calidad de vida de estos niños. Como resultado de tantas intervenciones, su estancia en los hospitales puede ser muy prolongada, incluso en algunos casos hasta años de hospitalización. Es por lo tanto imposible una escolarización correcta. Pero el colmo es que todos estos esfuerzos sanitarios, sociales, familiares y del propio niño terminarán antes de las dos primeras décadas, pues la mayoría de estos niños habrán fallecido, dado que esta malformación presenta numerosas complicaciones muy tardías y difíciles de solucionar.

Que las malformaciones congénitas del sistema nervioso son las más frecuentes entre todas las malformaciones fetales graves es un hecho ya muy conocido. Por ejemplo, la anencefalia (falta completa de desarrollo de los hemisferios cerebrales) se cifra, según la prestigiosa revista JAMA (año 2000), en seis por cada 1.000 recién nacidos vivos o muertos.

No se tienen datos exactos de la incidencia de la espina bífida abierta en la población española antes de las actuales medidas preventivas y de la implantación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, pero se pueden citar las estadísticas del Reino Unido (entre uno y dos por cada 1.000) o de Irlanda (tres por cada 1.000).

En Argentina, país en el que la interrupción del embarazo solo se permite en casos de violación, pero en el que se realiza como en España la prevención con ácido fólico durante la gestación, la cifra publicada en al año 2000 es de 2,7 por cada 1.000 recién nacidos vivos.

En España se ha practicado durante muchos años un excelente programa de prevención de la espina bífida, y desde la implantación de la ley del aborto, la prevención con ácido fólico durante la gestación y el diagnóstico prenatal de estas lesiones, la prevalencia es solo de ocho casos por cada 10.000 recién nacidos vivos; es decir, uno por cada 1.000 en recién nacidos vivos. En sectores profesionales implicados en estos problemas esto siempre se ha considerado como un gran avance de la sanidad española, en comparación con periodos históricos anteriores, y también con otros países.

Desgraciadamente, si se suprime el supuesto de interrupción del embarazo, mucho me temo que volveremos de nuevo a cifras terribles, dado que se trata de malformaciones frecuentes.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la natalidad española es de 10 nacimientos por cada 1.000 habitantes. Es decir, de 486.000 en el año 2010 y de 468.000 en 2011. Extrapolando datos, podríamos asumir que España se colocaría en una situación similar a la de Argentina, con 2,7 por cada 1.000 casos, o a la de Irlanda —que permite solo el aborto por riesgo para la salud de la mujer—, que con terapia de ácido fólico tiene un porcentaje de tres por cada 1.000 casos en recién nacidos vivos. Así, en el caso español y continuando el tratamiento preventivo con ácido fólico, nos colocaríamos en una cifra aproximada de 1.200 a 1.400 casos de niños con espina bífida al año.

¿Es el Gobierno consciente de ello? ¿Cómo piensa gestionar este problema? ¿Qué se les puede explicar a las familias e incluso a los futuros niños? ¿Que por la decisión de un político que fue ministro de Justicia no han podido valorar otras opciones?

No creo que ninguna sociedad tenga el derecho, y menos pudiendo evitarlo, de cargar a ningún ser humano con sufrimientos más allá de lo imaginable. Por otra parte, siempre he creído que los Gobiernos y las leyes deben estar al servicio de los seres humanos para ayudarlos, pero no para castigarlos; y mucho menos por intereses posiblemente espurios.

Nos prestan fondos para rescatar la banca española, con el aval directo del Estado (a partir de ahí los deudores somos todos nosotros), para que les devolvamos con intereses (nosotros) lo que les prestaron a los bancos (ellos, unos a otros) y encima nos cobran nuevos intereses… ¡¡y sigue y sigue como la pila de duracel!!

Nos prestan fondos para rescatar la banca española, con el aval directo del Estado (a partir de ahí los deudores somos todos nosotros), para que les devolvamos con intereses (nosotros) lo que les prestaron a los bancos (ellos, unos a otros) y encima nos cobran nuevos intereses… ¡¡y sigue y sigue como la pila de duracel!!

La gran mentira política: ¡Estamos salvando a los bancos alemanes!

Por Eduardo Gutiérrez, Economista.

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Es preciso levantar el velo mediático que nos han impuesto los grandes medios de comunicación. Las políticas de austeridad y recortes del gasto público, son una excusa y coartada, en realidad estamos salvando a los bancos alemanes, aseguradoras francesas y otras grandes entidades financieras centroeuropeas, de las consecuencias de sus nefastas, incompetentes e irresponsables conductas como banqueros, aunque claro esta muy rentables para sus propietarios y ejecutivos.

El sistema bancario español está muy endeudado, sobre todo, con bancos alemanes y aseguradoras francesas, con cifras próximas a los 1,2 billones de euros. Durante años, aquellas entidades concedieron créditos a los bancos españoles, sin comprobar si estos iban a ser capaces de devolverlos. Estamos ante una variante de los “prestamos subprime”, los que estaban en el origen, junto a prácticas regulatorias, de las crisis financieras de EEUU.

El resultado de tan descabellada conducta bancaria – para ellos muy lucrativas por las ingentes comisiones que cobraban cada vez que se concedían nuevos créditos al sistema bancario español - es un gigantesco riesgo de impago de dichos créditos.

Todos ellos conocían del destino de los créditos concedidos, la financiación a promotores inmobiliarios (aunque no sólo) que inflaban una gigantesca burbuja inmobiliaria. Son el núcleo de los activos incobrables de las entidades españolas, y el origen de la imposibilidad de que estas paguen sus desorbitados niveles de deuda a las centroeuropeas. ¿Por qué se siguieron financiando estas practicas, cuando todas las instituciones presentaban ratios de endeudamiento desorbitados?. ¿Quién tiene que responder de las políticas de análisis de riesgos que han realizado las entidades como Deutsche Bank, o Commerzbank, BNP, o AXA….?

Cuando una empresa da crédito comercial o financiero a un cliente –sea un particular o una entidad bancaria – que no tiene capacidad de reembolso por acumulas endeudamientos exagerados - lo normal, y habitual, en el marco del imperio de las leyes mercantiles, es que el deudor se declare  en suspensión de pagos, y se proceda a un “concurso de acreedores” (entre los que estarían en primer lugar por cuantía, los bancos alemanes, franceses, y centro europeos). Un acuerdo que en la mayoría de los casos implica bien la reestructuración o no cobrar la totalidad de lo prestado (“quitas de deuda”). En estricta aplicación del régimen privado que protagoniza la economía capitalista, los acreedores – los bancos alemanes a la cabeza – son los que no van a poder cobrar la totalidad de lo prestado a las entidades bancarias españolas, y otras grandes empresas.

Por más que hayan sido capaces de convencer, como habitualmente hacen los estafadores, a la opinión pública europea de lo contrario, lo cierto es que estamos salvando - a costa del paro, arrojando a millones de europeos a la miseria - a los bancos centroeuropeos. La Comisión Europea, los Gobiernos de los países miembros, están salvando, a los accionistas, e inversionistas, evitando que corran con las consecuencias de sus irresponsables políticas de compra de las emisiones de entidades españolas, portuguesas, irlandesas, griegas,…. Y mientras tanto, los grandes medios de comunicación adocenan a la clase trabajadora alemana, e la intoxican, con la complicidad de los tecnócratas del BCE, de los políticos de la Comisión Europea – que están llegando mas lejos que el FMI en sus recetas neoliberales -, con relatos que acusan de despilfarradores a los pueblos del Sur, y de lacras de la competitividad a los derechos laborales y  sociales. ¿Hasta cuando el pueblo alemán, y su clase trabajadora va a seguir adormecida, con esos engaños, que esconden los auténticos, e irresponsables, culpables (y beneficiarios) de la crisis del euro?.

La tragedia de millones de familias europeas, de pensionistas, de trabajadores y de jóvenes europeos, tiene causa en el intento de evitar que la banca europea, sus accionistas, e inversores, no corran con las responsabilidades de sus actos en el marco del imperio de la económica privada del sistema económico capitalista. Que no nos cuenten cuentos. Son los bancos alemanes, principalmente, aunque no sólo, los que están siendo rescatados, con el dolor, miseria, exclusión, y desesperanza de millones de personas de carne y hueso. La memoria de los pueblos no olvidara, que para salvar a las oligarquías financieras, se pulverizaron las vidas de millones de europeos.

Si a alguien la caben dudas, atiendan a este testimonio: "Los rescates no son en primer lugar de los países con problemas, sino de nuestros propios bancos, que contienen altas cantidades de crédito allí". Peter Bofinger, asesor económico del gobierno alemán, en declaraciones a Der Spiegel el año pasado.

VER OPINION DE VINCENÇ NAVARRO DIRECTAMENTE RELACIONADA

Para reflexionar y … ¡¡no dejar de actuar en consecuencia!!

Para reflexionar y … ¡¡no dejar de actuar en consecuencia!!

España: el miedo atenaza, la mentira política desarma

Por Marcos Roitman Rosenmann – Consejo Científico de ATTAC España

En más de 80 ciudades, por primera vez en la historia reciente de España, la población sale a la calle a pedir la dimisión de un gobierno a sólo seis meses de haber ganado las elecciones. Ya no se protesta contra los recortes salariales, el rescate a los bancos. Ahora se clama contra el engaño, la farsa, la mentira y la pérdida de soberanía. Pero la clase política no se da por aludida. La diputada del Partido Popular Andrea Fabra, hija de una saga familiar franquista, sintetiza el sentir de sus correligionarios al exclamar una vez aprobados los recortes: ¡Que se jodan!

Ahora son muchas las explicaciones para justificar los recortes sociales, las reformas laborales y los planes de austeridad económica. Todas derivan de un tronco común; el argumento es banal. Empresarios, tecnócratas y políticos en turno se han confabulado para contar una mentira y vivir de ella. Para razonar la crisis, apuntalan: España ha vivido por encima de sus posibilidades, llegó la hora de pagar los excesos. Bajo este principio se han generalizado las justificaciones para el rescate. El PSOE y el PP se tiran los trastos a la cabeza y se acusan mutuamente. El PP ataca al PSOE diciendo que recibió un país en bancarrota y los socialdemócratas le achacan incumplimiento de programa. Los socios menores se suman al carro y piden moderación. Pero todos llegan a la misma conclusión: es la hora de apoquinar con la factura. Lo sensato es no mirar cómo se repartió el gasto. En tiempos de vacas gordas, apostillan, todos sacan tajada y se dejan llevar por el optimismo, el despilfarro y la opulencia. Si España creció, alguna migaja tocó a los más desfavorecidos, aunque sea de manera indirecta. Hubo subidas salariales, se amplió la cobertura sanitaria, se edificó más vivienda social, se dotó de fondos a la investigación, se otorgaron mejores becas, no se subió el IVA, las pensiones crecieron y se impulsaron obras de infraestructuras. Se construyeron autovías, aeropuertos, tren de alta velocidad, instalaciones deportivas, colegios públicos, universidades. Se potenció el arte y la cultura, y las desigualdades no eran visibles. El neoliberalismo hizo ondear su bandera triunfante bajo la fórmula de la democracia de mercado. Todo funcionada a las mil maravillas. A decir de Aznar, España iba bien, era socio fiable y, desde luego, potencia mundial.

De ellos, nadie pensó en el colapso. Rodríguez Zapatero se resistió a pensar que España entraba en una crisis profunda. Primero negó su existencia y posteriormente acabó hablando de brotes verdes. Mientras duró el festín, nos dicen, las clases medias prosperaron, invertían en bolsa, compraban acciones, casas, apartamentos en la playa, yates, viajaban en primera clase y comían en restaurantes de postín. Se las prometían felices. España pasó a tener un parqué de coches de lujo impensables. Por sus calles se pueden ver Mercedes, Porsche, Audi, Volvo, BMW, Ferrari, 4×4. La alta gama se convirtió en objeto de deseo. Los bancos se frotaron las manos, en medio de la desregulación y sin que nadie les pusiera topes a sus productos; participaron del sarao otorgando créditos a diestro y siniestro. Claro, nadie se podía quedar sin crédito. Hubo ofertas para todos. Los bancos mintieron para captar clientes, sean quienes fuesen.

España es un país donde la cultura de la vivienda en propiedad constituye una razón de Estado. Vivir de alquiler está mal visto. Todos quieren tener un apartamento, y se ahorra para conseguirlo. En ello se fundamenta la especulación inmobiliaria. Mientras los trabajadores gozaban de empleo fijo tenían crédito y podían acceder a la casa de sus sueños. Los migrantes llegados en los años 90 y principios del siglo XXI abrazaron esta cultura y como manera de progresar se sumaron al carro de las hipotecas. La oferta de viviendas creció a la par de su demanda. Había para todos. Invertir en el ladrillo se consideró opción de ahorro en el medio y largo plazos. Nunca se devaluarían. Con los bancos deseosos de vender productos hipotecarios y conceder préstamos dilatados a 30 y 40 años, la burbuja creció. Mientras hubo trabajo, aunque fuese precario y basura, el globo podía seguir inflándose y las inversiones de riesgo no ser un problema. Si alguien mencionaba que la economía financiera sobre la que se sustentaba era un castillo de naipes, inestable, se le apartaba. Se le tildaba de aguafiestas, gafe o se le ignoraba. Tal vez era un resentido, un ecologista, un antisistema o un izquierdista frustrado. Escucharlo no valía la pena.

Hoy asistimos a una crisis cuya salida no se avizora. Paralizados y con la cartera vacía, nos dicen que son tiempos de vacas flacas, de apretarse el cinturón y asumir las consecuencias del despilfarro. El discurso está en boca de todos, no importa ser peón de la construcción, albañil, trabajador de la minería, empleado de servicios, enfermero, policía o administrativo. El sentimiento de haber vivido por encima de las posibilidades cala y se acepta a regañadientes. Se interioriza, llegó la hora de recuperar la cordura. Por este motivo los primeros recortes se asumieron con resignación. No gustó, pero se vieron como necesarios para salir del agujero. Protestas, huelgas generales durante el gobierno del PSOE y los sindicatos llamando al diálogo social, el compromiso y la defensa de los derechos laborales. En este contexto, el Partido Popular ganó las elecciones señalando que no habría más recortes ni subidas del IVA, ni bajadas salariales, que no se dejaría avasallar por Angela Merkel, la Unión Europea y la troika. Con estos eslóganes logró mayoría parlamentaria y la gente creyó su discurso. Hoy, el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, se desdice. Caricompunjido dice que “no tiene libertad para hacer lo que quiere, que debe cumplir con la troika y que no le gusta lo que hace”. Lo suyo sería dimitir, por ética política. En esto tiene razón el PSOE, pero no lo plantea sólo el PSOE. Es clamor popular. Inclusive, concejales y senadores del propio Partido Popular han dimitido por vergüenza y reiterando que no era ese su programa.

No estamos ante un discurso y una economía del miedo. El miedo está presente en toda actividad humana. Controlarlo, evitar sentirse atenazado, ser osados, en eso consiste la valentía. Pero la mentira política nos transporta a otro lugar, nos desarma. Tiene múltiples caras y ninguna es su rostro. Bajo el principio de que si es conveniente mentir al pueblo, Rajoy se mantiene en el poder y reprime, criminalizando la protesta social que lo pone en evidencia. El recurso de la mentira como fórmula política hace que España sufra una profunda crisis de dignidad que afecta a su clase política, a sus instituciones y sus poderes. Si realmente quiere construir una ciudadanía democrática sólo queda purgarla y comenzar una nueva andadura.