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OPINION

Sencillo y lúcido… lo que nos pasa a muchos y muchas todos los días.

Sencillo y lúcido… lo que nos pasa a muchos y muchas todos los días.

El gran nombre de la democracia

Por Angeles Caso en Magazine

Desde hace tiempo, cada mañana, después de leer el periódico y escuchar algún informativo en la radio, suelo caer durante un rato en un proceso depresivo. Imagino que a todos ustedes les sucede algo parecido. Por muy bien que les vayan las cosas a cada uno a título individual, es imposible no verse afectado por todo lo que nos rodea. Parece que nos hayan tirado encima un cubo entero de pintura sucia y maloliente, emborronando el fresco más o menos decente que habíamos ido haciendo entre todos.

Entre todos: al menos desde el siglo XVIII y el extraordinario proceso de la Ilustración, han sido muchas las generaciones, infinitos los hombres y las mujeres que han batallado y se han dejado la libertad y hasta la vida por construir un mundo mejor. Una sociedad de la que habían ido desapareciendo lentamente las masas de los desheredados, dando paso a un dominio de las clases medias que fueron accediendo a la educación y al poder a través de la democracia.

Habíamos aprendido que la redistribución de la riqueza era fundamental para la paz social. Que compartir con los desprotegidos era la obligación de los más afortunados. El camino hacia delante parecía imparable. Y ahora de pronto, en unos meses, nos desmantelan todos esos derechos conseguidos a base de tanto esfuerzo. Derechos adquiridos, no privilegios regalados. Día a día, entre unos y otros, nuestros gobernantes se van cargando en nombre de la crisis los logros de una sociedad que, al fin, empezaba a ser justa. Sólo empezaba: España no había llegado ni de lejos al nivel de protección social existente en otros países de nuestro entorno, cuando la guadaña de los recortes ha ido a decapitar precisamente ahí.

Tratan de convencernos de que no queda otro remedio. Pero entretanto vemos cómo los privilegios de los más ricos y los más poderosos se mantienen intactos. Como si la historia no hubiera sucedido. Mientras millones de españoles se van al paro y cientos de miles de parados rozan ya la miseria, los políticos y sus colegas financieros y banqueros siguen impolutos en su mundo perfecto. Y da igual que malversen o dilapiden el dinero que hemos aportado entre todos y que debería invertirse en becas, quirófanos o asilos: nunca pasa nada. Han tirado millones de euros públicos por la ventana, han inaugurado infraestructuras absurdas, adquirido mansiones, arruinado cajas de ahorros, viajado en coches supersónicos, pagado cenorras, prostitutas y cocaína con nuestros impuestos. Pero ahí siguen, con sus corbatas impecables y su aire de ladrones elegantes.

Cada mañana, después de leer el periódico, en medio de la depresión, los maldigo. Maldigo a los corruptos, claro, pero también a los vanidosos que han querido dejar sus nombres escritos en piedra para la posteridad. Y a todos los decentes que han mirado hacia otro lado haciéndose los tontos mientras sus compinches robaban. Y ya sé, ya sé que todo esto no debe decirse, que es dar pábulo a los extremismos y a los populismos. Etcétera. Etcétera. Pero entonces ¿qué hacemos? ¿Nos callamos mientras ellos nos conducen obedientemente, como ovejitas silenciosas, hacia el viejo corral del antiguo régimen, las grandes desigualdades, los señores y los siervos? ¿Decimos amén porque esta bazofia lleva el gran nombre de democracia…?

El FMI impone sus condiciones al Reino de España…

El FMI impone sus condiciones al Reino de España…

La asfixia social es el precio del rescate.

Por Carlos Martínez, Presidente de ATTAC Andalucía

Nada nuevo. El FMI no cambia. Por él pasan los años, pero no las ideas. Pero gracias al último informe del FMI con respecto al Reino de España, podemos afirmar, desmintiendo al mentiroso de Rajoy, que hemos sido rescatados. Si bien el rescate afecta a la banca, en principio,- nada más y nada menos-, al tiempo que el señor De Guindos afirma que todavía hará falta mucho más dinero, incluso el doble, para tapar el agujero provocado por la ruinosa burbuja inmobiliaria, -yo añadiría igualmente- las irresponsables fusiones y la privatización de las cajas de ahorros.

El FMI deja claro, muy claro, que el estado español, rescatado, debe aplicar para salir de la recesión brutal que sufre, novedosas recetas ya aplicadas en América Latina hace más de catorce años y en África desde que dicho organismo existe:

-          Rebaja de las cotizaciones sociales. Es decir puesta en crisis de los sistemas de protección social y pensiones. Rebajas en las prestaciones de desempleo.

-          Privatizaciones, que, claro, como en España y en Europa queda ya gracias a las imposiciones de la UE y las políticas socioliberales muy poco sector público, pues ahora lo privatizable es además de RENFE-ADIF, la sanidad, la educación y las pensiones.

-          Rebajas salariales a los funcionarios, es decir más rebajas y más contrarreforma laboral. Menores sueldos a las y los que aún tienen trabajo. En este sentido, sería muy bueno que las y los funcionarios entendieran, que son trabajadores, clase trabajadora, y comprendieran que el gremialismo es suicida así como el resto de las clases populares, entendiéramos que las campañas contra lo público y los y las empleadas públicas, son una patraña mentirosa, con el objeto de dividirnos y privatizarlo, todo.

Entre otras consideraciones, esas son las propuestas fundamentales que los” sabios y expertos” del FMI y del Banco Mundial, llevan obligando a aplicar al mundo, desde hace cuarenta años, a cambio de ayudas, préstamos, rescates.

La conclusión de esto es más pobreza, ruina y crisis. El ejemplo paradigmático de esta política son las consecuencias del corralito argentino. Llevamos mucho tiempo advirtiéndolo, pero, ante la potencia de los medios públicos y privados- todos ellos, sin excepción- intoxicando y mintiendo, poco podemos hacer, si no nos implicamos todas y todos los activistas sociales y personas sindicalistas, indignadas, precarizadas y desempleadas, con algo de conciencia y dignidad.

Bueno, pues ahora que nos llevan de cabeza a la miseria y tienen el plan de saquear lo que de público, todavía quede y que, ojo, es todavía muy apetitoso  pues entre los bienes privatizables se encuentran los pingues negocios de la salud y las pensiones ¿Qué podemos hacer?

La respuesta debe ser conjunta, común y convergente. Pero desde luego no pasa por la “Unidad Nacional” eso de la unidad nacional ahora, aunque suene a dislate, es una ignominia el plantearlo y demás es de una candidez y simpleza mental espeluznante. La unidad de ricos y pobres, banqueros y sindicalistas, paradas y parados y especuladores, autónomos arruinados y  rentistas, es imposible. Solo sirve al final a los intereses de los ricos, banqueros, especuladores y rentistas, que además son los únicos culpables y responsables de la crisis capitalista, junto a políticas y políticos profesionales que jamás les han frenado o simplemente controlado, al menos desde los años setenta del siglo pasado.

El pacto social de la Transición ha saltado hecho añicos. No existe. Una nueva edición de un pacto socialdemócrata en la actualidad y en estas condiciones políticas, es imposible. La unidad nacional, sería admitir retrocesos incalculables a cambio de alguna migaja. Pero es que ni el FMI, ni la UE-Alemania lo van a consentir. Defender ahora la unidad nacional es suplicar de facto la gran coalición PP-PSOE, advierto. Recomiendo a las poco brillantes cúpulas socioliberales que mediten sobre una palabra, una sola palabra “PASOK”.

CCOO y UGT, deben estar inflexibles junto a las clases populares y recordar, especialmente UGT, que hoy ser socialdemócrata cabal, es ser de izquierdas, es ser antineoliberal, es luchar frente a esta situación. La reforma express de la Constitución del 78 que propició Zapatero, acaba con cualquier posible salida socialdemócrata en estos momentos. El camino a los sindicatos se lo marcan ahora, única y exclusivamente, los mineros del carbón.

Bien, pues se puede decir ¿Y éste que propone? :

-En primer lugar, que las y los políticos profesionales sin experiencia laboral, sin haber sufrido necesidad jamás y sin haberse esforzado más que en vivir un mundo virtual y endogámico del aparatismo político, no nos sirven. Que se vayan todos. Los de la derecha y la extrema derecha, por supuesto, ni los nombro, pues ellos sabemos lo que son y representan, es decir al frentismo franquista, neofranquista y a los sectores más cavernarios de las oligarquías patrias.

-En segundo lugar entender que la alternativa a la nada actual es política y la política. La política de los ciudadanos y ciudadanas, como fuerza auto organizada y consecuente. La convergencia de sindicatos, movimientos, asambleas e izquierdas sociales transformadoras, junto a todas aquellas personas dispuestas a enfrentarse al neoliberalismo.

-Un programa mínimo que defienda lo público y que destine los ingentes fondos públicos que gracias al rescate bancario sabemos que existen a crear empleo, apoyar a la economía social y las pymes y a potenciar una nueva economía sustentable. También a apoyar a todas las personas que ahora están sufriendo la crisis, con dureza y sin esperanza.

-La auditoria de la deuda, separando la deuda privada, la deuda de los especuladores del ladrillo y de la mala gestión bancaria, de la deuda pública, porque como muchas y muchos sabemos, no es lo mismo. La nacionalización de toda la banca procedente de las extintas cajas de ahorros, pero nacionalización de verdad y con criterios éticos y participativos. Una reforma fiscal en profundidad y la persecución inmisericorde de todo fraude fiscal. Negarse a pagar y exigir moratoria, tras la auditoría.

-Una nueva y convergente fuerza política, popular, democrática, constituyente y decidida que le plante cara a la burocracia de Bruselas, Frankfurt y a Alemania. Un alianza política de las clases populares, que le diga que no a los banqueros y que esa ni es su función, ni nos hacen falta. Una coalición política amplia que frene las políticas neoliberales y busque otras alianzas y acuerdos internacionales, con el mundo que emerge y no con el imperio y la UE decadente. Un nuevo frente político, que luche por otra Europa.

Y dicho esto, yo añado, que el capitalismo no es la solución, sino el problema. El capitalismo es injusto, duro, solo favorece a muy pocas personas. No se puede ser socialista sin defender lo contrario de lo que es el capitalismo. El capitalismo es un fracaso para la humanidad.

Pero, lo importante ahora, es no quedarse cruzados y cruzadas de brazos o simplemente tocando el pito delante de una sede bancaria o institucional. Con eso solo, no vamos ya y ahora a ninguna parte. Es la hora de la decisión.

Ellos (la famosa troika) perfectamente lo saben, pero a nosotros (los ciudadanos) nos deja como “paralizados” aunque aprieten y aprieten más … ¿hasta dónde aguantaremos?

Ellos (la famosa troika) perfectamente lo saben, pero a nosotros (los ciudadanos) nos deja como “paralizados” aunque aprieten y aprieten más … ¿hasta dónde aguantaremos?

El rescate traerá más recortes y no sirve para salir de la crisis

Vicenç Navarro/Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC España…

Desde que la crisis se inició en 2007, la población española ha estado sometida a toda una serie de políticas públicas que han significado un gran recorte de sus derechos laborales y sociales, que han afectado de una manera muy notable al bienestar social y a la calidad de vida de las clases populares. Hemos visto durante estos años de crisis la congelación y pérdida de la capacidad adquisitiva de las pensiones, el retraso de la edad de jubilación, la reducción del gasto público en las transferencias y servicios del Estado del bienestar (con recortes muy acentuados de la sanidad pública, de la educación pública, de los fondos y servicios a las personas con dependencia, de las escuelas de infancia -erróneamente definidas como guarderías-, de los fondos para la prevención de la pobreza y de la exclusión social, de los servicios sociales, de las viviendas sociales, del nivel de cobertura de los seguros de desempleo y de las ayudas a la integración de los inmigrantes). Y hemos sufrido las reformas del mercado laboral, que se han llevado a cabo con el objetivo de reducir los salarios y la capacidad de negociación de los trabajadores. Y a todas esas medidas se han añadido la reducción del empleo público y de los salarios a tales empleados públicos.

Pues bien, hoy día sabemos a ciencia cierta que todas estas intervenciones han empobrecido todavía más al conjunto de la clases trabajadoras y que, lejos de haber hecho germinar los “brotes verdes” que las justificaron, han llevado a nuestra economía a una situación mucho peor y más cercana a la depresión.

El rescate no es una ayuda, es una imposición para realizar más recortes

Tales recortes se han justificado siempre como imprescindibles para reducir el déficit del Estado y el tamaño de su deuda pública, algo necesario, según se ha dicho siempre, para ganar la confianza de los mercados financieros y de esta manera poder conseguir dinero prestado para pagar los gastos del Estado.

Tanto el gobierno de Zapatero primero y ahora el de Rajoy han insistido constantemente en realizar esos recortes por encima de todo por el miedo a que no pudiéramos recuperar la famosa confianza de los mercados financieros y entonces fuésemos intervenidos por la llamada Troika, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero ahora resulta que a pesar de que se han llevado a cabo todos esos recortes, a pesar de que se han ejecutado una tras otra las imposiciones de los mercados, expresadas a cada momento muy claramente por esa Troika, España ha sido intervenida por esas tres instituciones

Digan lo que digan, lo cierto es que todos estos enormes sacrificios y recortes han sido en balde y cuando se ha producido su fracaso estrepitoso en forma de rescate, la respuesta del gobierno y del establishment político y mediático es la de negar que haya sido tal y que vaya a llevar consigo una intervención de nuestra economía.

El artículo de Guillermo de la Dehesa Precisiones sobre el rescate bancario, (El País 09.06.12), en el que trata de disimular la verdadera naturaleza del rescate, y las manifestaciones del Ministro de Economía, Luis de Guindos, en la rueda de prensa en la que lo anunciaba como un triunfo, son representativos de esta postura.

Según esas manifestaciones, a las que hay que añadir la del propio presidente Rajoy afirmando que lo ocurrido es algo que “ha conquistado” España, los 100.000 millones de euros no son un rescate, sino una ayuda a la banca que tiene por objetivo reestructurar el sector bancario y sin implicaciones macroeconómicas. Unas interpretaciones que caen por su propio peso cuando se lee el documento del Eurogrupo donde se manifiesta textualmente:

“El Eurogrupo considera que España ya ha implementado importantes reformas fiscales y del mercado de trabajo y medidas para reforzar el activo de los bancos españoles. El Eurogrupo confía en que España cumplirá sus compromisos en virtud del procedimiento de déficit recesivo y con respecto a las reformas estructurales, con el fin de corregir los desequilibrios macroeconómicos en el marco de la Unión Europea. Los progresos en estas áreas serán revisados de cerca y con regularidad, también paralelamente con la ayuda financiera” (el subrayado es nuestro).

¿Puede decirse de manera más clara que se trata de una intervención en toda regla?

El texto del acuerdo del Eurogrupo señala sin lugar a duda alguna que paralelamente a la supervisión financiera se hará la de las políticas fiscales y macroeconómicas. Y el significado y el objetivo con el que se llevará cabo esta supervisión también aparece bien claro en los últimos documentos del FMI y en las declaraciones de sus responsables que constantemente insisten en que habrá que llevar a cabo más reformas del mercado laboral -para conseguir más bajadas salariales-, más reducción de las pensiones, y una reducción más acentuada del déficit, centrándose en el Estado del Bienestar que en España está gestionado por las comunidades autónomas.

Lo que ahora se busca con la excusa de eliminación del déficit de las éstas última no es otra cosa, en la práctica, que nuevos mayores recortes de las transferencias y servicios del Estado del Bienestar que gestionan, principalmente, en materia educativa, sanitaria y de cuidados a las personas.

El rescate no aumentará la confianza de los mercados sino todo lo contrario

Puesto que conocemos perfectamente lo que ha ocurrido en otros países y en situaciones semejantes cuando se toman este tipo de medidas, podemos afirmar ahora con seguridad lo que con toda probabilidad va a ocurrir en España, en contra de lo que vienen diciendo las autoridades sin ningún tipo de fundamento ni base científica ni empírica.

En concreto, es importante que la ciudadanía sepa que, aunque en teoría estas reformas se hacen para recuperar la famosa “confianza de los mercados”, toda la evidencia muestra que los resultados serán precisamente opuestos a este objetivo.

El resultado de los rescates en los otros países supuestamente rescatados es que la prima de riesgo de su deuda pública no ha disminuido. Antes al contrario, ha subido. Y eso ocurrirá igualmente en España porque los recortes adicionales que van a acompañar al rescate van a ralentizar todavía más, y sin ningún lugar a dudas, la marcha de la economía española, acentuando así la recesión.

Además, y en contra de lo que se está diciendo, el rescate aumentará la deuda pública, pues el Estado –el receptor de la supuesta ayuda- tendrá que pagar por las pérdidas de las bancas fallidas en el rescate y asumir sus intereses y el principal.

Y, finalmente, el rescate tampoco garantiza ni que el sector bancario pase a ser solvente ni, por supuesto, que el crédito vuelva fluir a la economía.

La estimación del Fondo Monetario Internacional de las necesidades de capital del sector están hechas ad hoc, para justificar la cantidad con la que se pensaba jugar de antemano. Las cifras que proporcionen las auditorías solicitadas por el gobierno serán otras: las que se desee, porque la experiencia demuestra (como en caso de los bancos que fueron calificados de plenamente solventes meses o semanas antes de que fuesen rescatados en otros países) que dependen de la valoración que se quiera dar a activos que han perdido prácticamente todo su valor. La deuda inmobiliaria con los bancos no es menor de 400.000 millones de euros, así que 100.000 millones (el techo más alto del rescate) serán insuficiente incluso en los escenarios más optimistas de su recuperación.

Y tampoco se garantiza que vuelva a generar crédito a la actividad productiva no solo porque la capitalización será insuficiente sino porque, mientras que las políticas que se vienen aplicando y que acompañarán al rescate sean recesivas, ni habrá demanda suficiente solvente ni compensará a la banca dejar de dedicar los recursos a donde obtiene mayor rentabilidad.

La realidad que el gobierno y los apologistas del rescate quieren ocultar es que éste no es sino únicamente el instrumento mediante el cual la troika gobernará la política fiscal y macroeconómica española para seguir imponiendo reformas y recortes y para asegurar la prioridad de cobro de la deuda que los bancos españoles tienen con la banca europea, y principalmente alemana.

Por tanto, hay que decirlo claramente: el rescate constituye un auténtico golpe de Estado bajo la apariencia de ayuda a la banca. A partir de ahora, el gobierno Rajoy hará lo que digan la Troika y el gobierno alemán. El federalismo de Merkel (“queremos más Europa… y los Estados tendrán que ceder soberanía”) es una manera amable de definir una relación colonial en la que a España le toca ahora ser la colonia.

¿Por qué el rescate ahora?

La respuesta que las autoridades dan cuando se pregunta por qué se da justo ahora el rescate es que los intereses de la deuda pública estaban alcanzando un nivel prohibitivo y que, por tanto, había que hacer algo. Pero tal argumento también cae por su base porque significa ignorar que, como hemos demostrado en varias ocasiones, no son los mercados financieros sino el Banco Central Europeo el que realmente define los intereses de la deuda pública.

El hecho de que los intereses que está siendo obligada a pagar España sean altos se debe a que el BCE no ha comprado deuda pública española durante tres meses, lo que se podría considerar como una auténtica provocación de la situación final a la que se ha llegado que el BCE lleva a cabo habitualmente.

Así lo ha demostrado recientemente con datos indiscutibles la periodista Ana Tudela (BCE, la mano que mece la prima, Más Público, 11/05/12):

“¿Y si la prima (rentabilidad exigida a la deuda de un país respecto a la de Alemania) respondiese a algo más que a un mercado desquiciado? Hay algo más. El Banco Central Europeo (BCE) ha mecido al alza las primas en fechas concretas: las de las cumbres europeas y las semanas en que gobiernos y parlamentos decidían ajustes.

Como demuestra su propio calendario de actuaciones, el BCE dejó, en esas citas clave, de comprar deuda pública. Dejó solos a los Estados cuando más falta hacía. No una ni dos veces sino de forma sistemática desde hace ya dos años, el tiempo suficiente para cambiar Europa. Las peticiones de ayuda por gobiernos como el español, ante periodos de absoluta inactividad del BCE como el actual, caen en saco roto porque la autoridad monetaria, que se empeña en defender su independencia, tiene un objetivo.

Aunque desde Frankfurt se niegan a explicar el patrón de sus actuaciones, a concretar por qué han actuado en semanas con las primas relativamente relajadas y desaparecido cuando la tensión se disparaba, su intención no puede ser otra que propiciar reformas en línea con las tesis de la canciller alemana, Angela Merkel, y del Bundesbank”.

Y también se oculta que España podría seguir pagando la deuda pública a este nivel (y mucho más si el Banco Central Europeo ayudara a abaratar en lugar de encarecer su factura). De hecho, incluso ahora la deuda pública española es más baja que el promedio de la UE-15. Y según los cálculos del FMI, España pagaría el 3,5% del PIB en intereses en 2017, lo cual es una cifra asumible, semejante a la que pagan otros países como Alemania o Gran Bretaña.

La razón, entonces, de que haya sido justamente ahora cuando se ha producido el rescate es otra, y como siempre, no aparece en los medios. Es el temor de la Troika a que en las próximas elecciones griegas gane la izquierda, y se cuestionen con mucha más fuerza las políticas de austeridad que han llevado a Grecia (y a España) al desastre. Es por eso que la Troika quiere tener la sartén por el mango y forzar la continuación de tales políticas, porque sabe que es muy probable que tras las elecciones del próximo fin de semana (y a pesar de las injerencias constantes que están realizando para influir sobre la libre voluntad de los electores griegos) sea mucho más difícil defenderlas. Así de claro.

En definitiva, hay que denunciar el intento de ocultar la verdadera naturaleza del rescate, que está bien clara en el comunicado del Eurogrupo y en los informes del FMI:

- quieren rescatar a los banqueros despreciando y por encima del bienestar de la inmensa mayoría de las personas.

- se ha acordado ya, y se va a producir materialmente cuando se selle la letra pequeña del acuerdo, un auténtico golpe de Estado, porque a partir de ese momento España ya no estará implícitamente intervenida, como hasta ahora, sino expresa y visiblemente por funcionarios extranjeros que impondrán las líneas de gobierno a las que se habrán de ajustar las políticas económicas: nuevos recortes, privatizaciones y reformas institucionales encaminadas a desarmar de derechos políticos y mecanismos de representación a la ciudadanía.

Y se puede adelantar que nada de eso servirá para recuperar la actividad económica:

- volverá a perderse empleo y cerrarán nuevas empresas.

- nada garantiza que vuelva a generarse crédito para la economía.

- no bajará la prima de riesgo y ni siquiera el montante de nuestra deuda, sino todo lo contrario, cabe esperar que siga subiendo porque nada se ha hecho para frenar el impacto de la especulación generalizada en los mercados.

El rescate es un auténtico desastre para nuestra economía y para nuestra sociedad. Es una verdadera perversión política que el presidente del gobierno se alegre de que se haya producido y que el propio Rey Juan Carlos lo haya felicitado por haberlo reclamado a Europa. Los ciudadanos deben informarse bien, explicar con claridad a quienes tengan a su lado lo que de verdad ha ocurrido y exigir respuestas políticas que den la vuelta a la situación para poner en marcha medidas alternativas, que las hay sobradamente, como venimos poniendo de manifiesto en nuestros escritos y libros.

Publicado en Público.es

Grecia: ¿Por qué Syriza es la alternativa digna?

Grecia: ¿Por qué Syriza es la alternativa digna?

Manel García Biel |

nuevatribuna.es | 14 Junio 2012 - 19:08 h.

El próximo domingo hay elecciones en Grecia y muchos y poderosos intereses, incluyendo la propia Comisión Europea, parecen empeñados en impedir una victoria hoy probable de la izquierda alternativa de SYRIZA ¿Porqué?

 

Durante los últimos tiempos hemos visto como se ha intentado demonizar, por parte de una gran parte de los medios de comunicación, vinculados a los intereses citados, la coalición de izquierdas tachándola de que representaba poco menos que el caos. La alternativa que se nos ha querido plantear era poco menos que: o el europeismo y la sensatez representados por Nueva Democracia y el PASOK, es decir los partidarios de cumplir con el “diktat”, o el caos que comportaría todos los males para los griegos y los europeos personificado en SYRIZA.(LEER MAS)

Rompiendo falsos tópicos, de manera muy didáctica, como siempre…

Rompiendo falsos tópicos, de manera muy didáctica, como siempre…

La banca no somos todos

Por Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

Publico.es

Existe una percepción bastante generalizada en España que considera que “el banco somos todos”. El dinero de la banca es el dinero de todos. Tal dinero son los depósitos de la mayoría de la ciudadanía que tiene sus ahorros depositados en la banca. En otras palabras, se asume que el dinero que existe y/o se utiliza por el banco es el depositado por cada uno de los ciudadanos, resultado de su ahorro, de sus nóminas o de sus pensiones, sean éstas públicas o privadas. Ésta percepción es promovida por los propios bancos que quieren transmitir el mensaje de que ellos desempeñan una función social, la de guardar el dinero de la ciudadanía, pagándoles unos intereses como incentivo, a la vez que ofrecen crédito a las personas y a las empresas que lo necesiten. La existencia de tal crédito es la función social que justifica su existencia. De esta percepción se deriva el mensaje que la banca y el Banco de España transmiten a los medios y que está calando en la población: intervenir y penalizar a la banca es penalizarnos a todos nosotros.

Esta percepción, sin embargo, es profundamente errónea. En realidad, la mayoría de ciudadanos no tiene mucho dinero en la banca, ni directa ni indirectamente (como en pensiones). Sería muy interesante poder corroborar los hechos con los datos pero, no podemos hacerlo en España, donde la opacidad estadística, tanto en temas de distribución de la renta como de la propiedad, hacen difícil conseguirlos. Además, los existentes no son creíbles. Fíjese el lector que, según los últimos datos de la OCDE (que extrae sus datos de las cifras oficiales del Estado español), el nivel de renta de la decila superior de España es de 32.000 euros. Cualquier persona que va por las partes alta de las grandes ciudades puede ver que los súper ricos tienen muchos más ingresos que los que constan en sus declaraciones de renta. (Tal opacidad es incluso más acentuada en el sistema financiero, como bien ha mostrado el colapso de Bankia).

Estados Unidos, sin embargo, sí que tiene datos más fiables. Y es más que probable que la distribución de la renta y de la propiedad en España sea bastante semejante a la de EEUU (España, junto con EEUU, es uno de los países más desiguales de la OCDE, el grupo de países más ricos del mundo). Pues bien, la gran mayoría de estadounidenses tienen muy poca propiedad financiera. Ésta está muy concentrada. La decila superior de la población estadounidense posee el 90% de todos los bienes financieros, siendo los más comunes sus acciones bancarias y sus pensiones. En realidad los súper ricos, el 1% de la población, posee el 38% de estos bienes financieros. La mayoría de la población sólo posee su casa, aunque poseer, poseer, es un decir. El banco es el que la posee, y el que vive en ella le paga al banco la hipoteca.

Cuando estamos hablando de los bancos, por lo tanto, estamos hablando predominantemente del dinero de una minoría: de los ricos y de los súper ricos. De ahí que sería razonable decir que cuando hablamos de los bancos no estamos hablando del conjunto de la población sino de los sectores más adinerados y de los gestores de su dinero (los banqueros). De ahí que también sería aconsejable que –tal como propone el que fue Secretary of Labor (Ministro de Trabajo) durante la Administración Clinton, y hoy Profesor de Políticas Públicas de la Universidad de California, el Sr. Robert Reich, se gravara a los banqueros, a los accionistas, y a los que tienen la mayoría de depósitos, haciéndoles pagar un 2% en sus bienes financieros, justificándose tal medida por los enormes beneficios que la banca ha alcanzado durante todos estos años de bonanza, beneficios conseguidos predominantemente de la especulación, incluida la especulación bancaria. Ello conseguiría en EEUU 70.000 millones de dólares más para el Estado (haciéndoles pagar tal 2% a los que tuvieran más de 7.2 millones de bienes financieros).

No estaría de más que se implementara esta política aquí en España, donde la concentración de la propiedad es igualmente acentuada. Hoy, las ayudas públicas al sector bancario español han alcanzado el nivel del 10% del PIB sin que con ello se haya resuelto el problema del crédito. Si a ello se añaden los 100.000 millones del rescate bancario, resulta que tal cifra ha doblado este porcentaje, alcanzando más del 20% del PIB, sin que ello haya facilitado o facilite en el futuro la provisión del crédito. Por cierto, es difícil de entender que estos 100.000 millones de euros que se gastarán supuestamente en la reestructuración del sistema financiero (a unos intereses que pueden significarle a la banca, según el Comisario de la Unión Europea, el Sr. Joaquín Almunia, casi un 8%) consigan lo que no han conseguido los casi 500.000 millones de euros que los bancos españoles e italianos han recibido desde el pasado diciembre del BCE a unos intereses de sólo un 1%. Tal rescate no resolverá el problema de la banca española, pues no se está tocando el problema clave que provocó la crisis: la burbuja inmobiliaria.

Todavía hoy hay más de tres millones de pisos vacíos (3.417.064 viviendas, según el Ministerio de Fomento). Durante el boom inmobiliario se construyeron 800.000 viviendas al año, más que Alemania, Gran Bretaña y Francia juntas. Los precios subieron un 155% durante una década, crecimiento artificial, que no se correspondía con el crecimiento del nivel de vida del país, y que se consiguió gracias a las prácticas especulativas de la banca. Cuando la burbuja explotó (debido al parón de transferencias del dinero de la banca alemana, contaminado por los “productos tóxicos” de la banca estadounidense), la banca española quedó estancada con sus propios productos tóxicos, las hipotecas, que no se podían pagar y continúan sin poder pagarse. Tales activos representan 150.000 millones de euros (equivalente al 15% del PIB). Y ahí está el problema, que requiere para su solución una intervención pública que el Estado español es reacio a tomar debido al enorme poder de la banca. Debería haberse resuelto a base de llenar estas casas vacías con familias que pagaran alquileres o hipotecas asumibles, penalizando a los bancos que se resistieran a tales medidas (en Dinamarca se multa a la vivienda que esta vacía durante más de seis semanas). Y muchos bancos deberían haber sido nacionalizados, con anulación de la deuda privada en gran número de casos. En lugar de ello, el Estado español ha escogido ayudar a los bancos a costa de los intereses de la población. Y de esto es de lo que no se habla. Las raíces de la crisis financiera -el excesivo poder de los ricos y de los súper ricos en España y de sus bancos- no se está ni siquiera tocando. Y así estamos.

Es factible que Paul Krugman acierte y necesitemos de un desastre económico para que nuestros ortodoxos economistas reaccionen..., tengo la impresión de que son de esos de “la letra con sangre entra”.

Es factible que Paul Krugman acierte y necesitemos de un desastre económico para que nuestros ortodoxos economistas reaccionen..., tengo la impresión de que son de esos de “la letra con sangre entra”.

Otro rescate bancario

Los bancos españoles sí que necesitaban un rescate. España estaba claramente al borde de un “bucle de desgracias”

Por Paul Krugman (*), en El País de ayer.

Vaya, otro rescate bancario, esta vez en España. ¿Quién lo habría imaginado?

La respuesta, por supuesto, es que todo el mundo. De hecho, toda esta historia empieza a parecerse a un manido número de comedia: una vez más la economía se hunde, el paro se dispara, los bancos tienen problemas, los Gobiernos se apresuran a acudir al rescate; pero, por alguna razón, se rescata solo a los bancos, no a los parados.

Para dejar las cosas claras, los bancos españoles sí que necesitaban un rescate. España estaba claramente al borde de un bucle de desgracias; un proceso bien conocido en el que la preocupación por la solvencia de los bancos obliga a los bancos a vender activos, lo cual empuja a la baja el precio de dichos activos, lo cual hace que la gente se preocupe aún más por la solvencia. Los Gobiernos pueden poner fin a esos círculos viciosos con una inyección de capital; en este caso, sin embargo, la propia solvencia del Gobierno de España estaba en duda, de modo que el capital tenía que venir de un fondo europeo más grande.

Así que no hay nada necesariamente malo en este último rescate (aunque muchas cosas dependen de los detalles). Lo que llama la atención, sin embargo, es que al mismo tiempo que los dirigentes europeos acordaban este rescate, estaban enviando señales claras de que no tienen intención de cambiar las políticas que han dejado sin trabajo a casi una cuarta parte de los trabajadores españoles (y a más de la mitad de los jóvenes).

Y lo más curioso: la semana pasada, el Banco Central Europeo se negaba a bajar los tipos de interés. Todo el mundo se esperaba esta decisión, pero eso no debería impedirnos ver el hecho de que es algo tremendamente extraño. El paro se ha disparado en la eurozona y todo indica que el continente se encamina hacia una nueva recesión. Mientras tanto, la inflación se ralentiza y las expectativas del mercado en cuanto a la inflación futura se han hundido. De acuerdo con cualquiera de las normas habituales de la política monetaria, la situación exige una rebaja drástica de los tipos de interés. Pero el banco central se niega.

Y eso ni siquiera tiene en cuenta el riesgo cada vez mayor de un colapso del euro. Durante años, a España y a otros países europeos con problemas se les ha dicho que solo pueden recuperarse mediante una combinación de austeridad fiscal y “devaluación interna”, lo que esencialmente significa rebajar los salarios. Ahora está absolutamente claro que esta estrategia no puede funcionar a menos que haya un crecimiento sólido y, sí, un grado moderado de inflación en el “núcleo” europeo, principalmente en Alemania (lo que da otra razón más para mantener bajos los tipos de interés e imprimir montones de billetes). Pero el banco central se niega.

Mientras tanto, los funcionarios de alto rango afirman que la austeridad y la devaluación interna realmente funcionarían simplemente con que la gente creyese de verdad en su necesidad.

Fíjense, por ejemplo, en lo que Jörg Asmussen, el representante alemán en la junta directiva del Banco Central Europeo, acaba de decir en Letonia, que se ha convertido en el ejemplo perfecto de la austeridad supuestamente exitosa. (Antes lo era Irlanda, pero la economía irlandesa sigue negándose a recuperarse). “La diferencia esencial entre, por ejemplo, Letonia y Grecia”, decía Asmussen, "radica en el grado de apropiación nacional del programa de ajuste, no solo por parte de los responsables políticos, sino también de la propia población”.

Podríamos llamarlo el planteamiento de Darth Vader de la política económica; a todos los efectos, Asmussen está diciéndoles a los griegos: “Vuestra falta de fe me parece preocupante”.

Ah, y ese éxito letón consiste en un año de crecimiento bastante bueno después de un declive económico con categoría de depresión a lo largo de los tres años anteriores. Es verdad que un crecimiento del 5,5% es mucho mejor que nada. Pero merece la pena señalar que la economía de Estados Unidos creció casi el doble (¡el 10,9%!) en 1934, cuando salía de la peor fase de la Gran Depresión. Pero la depresión distaba mucho de haber terminado.

Junten todo esto y tendrán una imagen de una élite política europea siempre dispuesta a entrar en acción para defender a los bancos pero, por lo demás, absolutamente reacia a admitir que sus políticas están fallando a las personas a las que se supone debe servir la economía.

Y nosotros, ¿estamos mucho mejor? La perspectiva a corto plazo de Estados Unidos no es tan sombría como la de Europa, pero los pronósticos de la propia Reserva Federal apuntan a una inflación baja y un paro muy alto en los próximos años (precisamente las circunstancias en las que la Reserva debería estar entrando en acción para estimular la economía). Pero la Reserva Federal se niega.

¿Qué explica esta parálisis transatlántica frente a un continuo desastre humano y económico? Sin duda la política forma parte de la explicación; digan lo que digan, las autoridades de la Reserva Federal se sienten claramente intimidadas por las advertencias de que toda política expansiva será vista como si la Reserva acudiese al rescate del presidente Obama. De modo que también se trata de una mentalidad que ve el sufrimiento económico como una redención, mentalidad que un periodista británico apodó en cierta ocasión “sadomonetarismo”.

Independientemente de cuáles sean las raíces profundas de esta parálisis, está quedando cada vez más claro que hará falta una catástrofe sin paliativos para que haya alguna acción política real que vaya más allá de los rescates bancarios. Pero no desesperen: al paso al que van las cosas, especialmente en Europa, la catástrofe sin paliativos podría estar a la vuelta de la esquina.

(*) Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y Premio Nobel 2008.

Lo que deberia de ser...

Lo que deberia de ser...

Hay que salvar a España, pero de quién y cómo

Por Juan Torres López, Economista.

nuevatribuna.es

Desde que empezó la crisis, sus verdaderos causantes han conseguido evadir sus responsabilidades y hacer que quienes la sufren incluso se sientan como los culpables y que paguen sin rechistar los platos que otros han roto.

Los bancos españoles fueron los primeros responsables de lo que ha ocurrido en nuestra economía al haber financiado una burbuja inmobiliaria irracional y a una clase empresarial (si es que se la puede llamar así) que no ha hecho más que dar un pelotazo detrás de otro a base de endeudamiento, de favores administrativos, de empleo precario y de fraude fiscal.

Los bancos han sido el mecanismo utilizado para evadir impuestos y para sacar hacia paraísos fiscales miles de millones de euros, y han obtenido los beneficios más altos del planeta a base de engaños y mil modos de estafas que han arruinado a miles de familias, que ahora se desgañitan para tratar de paliar su quebranto en los juzgados sin que los gobiernos hagan nada por apoyarles.

Los bancos españoles endeudaron artificialmente a familias y empresas para hacer negocio fácil y se endeudaron ellos al mismo tiempo, dando lugar así al auténtico problema de deuda privada que tiene España en estos momentos.

Los bancos españoles utilizaron su dominio sobre los medios de comunicación para hacer creer que su situación era saludable y que no tenían problemas patrimoniales. Y gracias al poder político que vienen acumulando desde el franquismo, y que ahora se traduce en partidos políticos esclavos de los préstamos multimillonarios que les conceden sin obligarles a devolverles, consiguieron que se aprobaran las medidas necesarias para salir del hoyo en el que han dejado al sistema financiero por la vía de quedarse con el mercado que ocupaban las cajas de ahorros. Pero a costa de seguir sin financiar a empresas y consumidores y de sumir a la economía española en una verdadera depresión.

Los bancos han obtenido los beneficios más elevados de toda nuestra economía pero los han obtenido arruinando a miles de empresas, destruyendo millones de empleos y facilitando el fraude fiscal y la corrupción política. Ahora, su situación se hace insostenible y tratan de que la paguemos los demás.

Los dirigentes del Banco de España han sido cómplices de ese desastre. Dedicados a pontificar sobre la necesidad de bajar salarios y de echar abajo las ya de por sí débiles estructuras de bienestar, han hecho la vista gorda ante el aumento del endeudamiento y de la pérdida progresiva de solvencia de la banca, y no solo de las cajas de ahorros. No oyeron ni a sus propios inspectores cuando éstos denunciaban lo que estaba pasando antes de que la crisis estallara, cuando ya habían empezado a detectar lo que se venía encima.

Los dirigentes de los partidos políticos mayoritarios son también corresponsables de lo que ha sucedido, aunque haya sido en medida diferente, pues incluso hasta algunos más radicales han mantenido hasta el último momento en Bankia y en otras cajas a sus representantes aliados con quienes han provocado el desastre, o han tenido dirigentes imputados. Todos ellos han alimentado un modelo de crecimiento y de gestión, sobre todo en los ayuntamientos y comunidades autónomas, vinculado a la obtención de plusvalías inmobiliarias, o tienen deudas millonarias con los bancos que nunca terminan de pagar, sin que el Tribunal de Cuentas u otros órganos jurisdiccionales hagan nada definitivo por evitar la corrupción que les rodea.

Es verdad que hay políticos honestos y que los partidos son necesarios siempre, pero eso no impide denunciar que sus dirigentes han generalizado una política de despilfarro en la administración pública, y de corrupción muy extendida, al mismo tiempo que reducían los ingresos que precisan los servicios públicos esenciales sin los cuales ni hay bienestar mínimo ni incluso democracia posible.

Y a estas responsabilidades habría que añadir las de algunos grandes empresarios, y las de otras autoridades, magistrados o incluso las del propio Jefe del Estado, que no han sabido estar a la altura de las circunstancias ni actuar con probidad cuando se le piden sacrificios enormes a la población.

Ahora bien. Si todas estas responsabilidades se han dado no ha sido solo como consecuencia de que se hayan multiplicado las conductas personales condenables. No. Estas ha ocurrido en un grado ya tan desastroso porque lo que ha fallado es nuestra armadura institucional, nuestro sistema político y, concretamente, nuestra propia Constitución, que no está sirviendo para que los ciudadanos disfrutemos de los derechos que nos reconoce ni para impedir las tropelías que a la inmensa mayoría nos avergüenzan.

Tenemos efectivamente derechos que no nos dejan ejercer, obligaciones que no cumplimos, tribunales que no investigan ni juzgan, delincuentes que no son perseguidos, o incluso culpables que no tienen que cumplir las condenas.

España lleva meses sacudida por especuladores, y bajo la amenaza más grave que ha sufrido en los últimos decenios, pero el empeño del gobierno es salvar a los bancos, se niega a investigar quién ha provocado el roto que hemos de pagar los españoles y se dedica a dividir y desprestigiar a los propios españoles y a sus propias instituciones. Millones de españoles contemplan con estupor que haya dinero sin límite para los bancos y no para los servicios públicos que necesitan, y el Rey se va a hacer las américas con los responsables de las empresas que más dinero han defraudado a las arcas nacionales, que más empleo han destruido y que más responsabilidad tienen en el desencadenamiento de la crisis tan singularmente aguda que vivimos en el contexto del descalabro financiero internacional. Y mientras todo esto sucede, los medios de comunicación de mayor impacto de dedican a difundir programación basura, silencian a las voces y los debates más críticos, se criminaliza la indignación y se permite que los partidos políticos hagan en el gobierno lo contrario de lo que dicen a los ciudadanos que van a hacer cuando se presentan a las elecciones.

¡Claro que España necesita un rescate! Pero no en forma de préstamo que vaya directamente a los bancos y que paguemos los ciudadanos, como están negociando. No. Lo que España necesita es rescatarse a sí misma de quienes la han llevado al desastre: creando una Comisión de la Verdad que depure responsabilidades, impulsando una nueva mayoría social y política capaz de conseguir en las elecciones que salgan del Parlamento los culi-parlantes y los políticos comprometidos con quienes han provocado la situación en la que estamos, y que desde allí abra un debate realmente democrático sobre nuestra institucionalidad, sobre cómo es mejor organizar nuestro Estado, nuestra economía y nuestra sociedad para que no vuelvan a producirse los desmanes y las barbaridades que nos han situado al borde del abismo y que con tanta razón están llenando de rabia e indignación a las personas decentes, con independencia de su ideología o de sus creencias.

Las causas históricas y actuales de las movilizaciones en el sector de la minería…

Las causas históricas y actuales de las movilizaciones en el sector de la minería…

¿Por qué luchan los mineros?

Por MARINO ARTOS, EX DIRIGENTE DE CC OO Y PRESIDENTE DE LA ASOC. CIUDADANOS DE ASTURIAS, en La Nueva España.

Los mineros luchan por las gentes de sus comarcas, de sus regiones, que como Asturias están muy afectadas por la situación del sector, por el valor estratégico del carbón, por sus puestos de trabajo, es una lucha justa que pretende corregir mínimamente un injusticia histórica.

Soy un viejo-joven minero hijo y nieto de mineros, uno de mis hijos también trabaja en la mina. Esta cita viene a cuento porque esas generaciones vivieron toda la historia de lo que hasta hoy es la minería desde sus inicios y una de las razones para mi conocimiento de causa.

Hagamos un poco de historia. Pero, por favor, ruego un poco de atención a los escépticos, a aquellos que preguntan, pero otra vez los mineros, ¿qué quieren ahora?

Hablaré de la minería en general y la de Asturias en particular, la que yo más conozco y a la que quiero referirme porque puede servir como ejemplo de las comarcas mineras en toda España. Más de cien años produciendo carbón, sector estratégico que sirvió para el desarrollo y subsistencia de España (¿recuerdan lo imprescindible que fue en los tiempos de autarquía franquista?).

Recuerdo vagamente las penurias de mis abuelos, pero las de mis padres, mis tíos y las mías propias, esas las tengo bien gravadas. Salarios de miseria, largas jornadas de trabajo, condiciones infrahumanas con ausencia de las mas mínima seguridad, total riesgo pulvígeno contrayendo la mortal enfermedad de la silicosis, toda esa situación provocó centenares de muertos y lisiados , si alguien tiene dudas que consulte las estadísticas, y a los que sobrevivían los mandaban a casa con una pensión de miseria.

Esta terrible situación se consiguió que fuera un poco mejorada a finales de los años sesenta, pero a costa de muchas huelgas, con despidos, detenciones, torturas y encarcelamientos, les recuerdo que vivíamos una dictadura feroz. Al igual que otros muchos yo mismo sufrí los rigores de esa dictadura.

¿Y en qué condiciones vivían los mineros y sus familias, y las personas y empresas que su actividad estaba vinculada a la mina?. Recuerden que por cada puesto de trabajo en mina generaba dos más indirectos e inducidos. Sinuosas carreteras que en muchos casos eran antiguos caminos vecinales un poco reparados y ampliados, el ruido y el polvo lo impregnaba todo día y noche, degradación de los ríos que bajaban negros como el carbón, escombreras por doquier que enrarecían aun más el deteriorado paisaje, (y hoy también es necesario añadir el achatarramiento de las instalaciones abandonadas) , pérdida de manantiales a causa de las explotaciones y un largo etcétera.

Las casas eran viviendas rurales con las carencias de la época en el caso de los habitantes históricos, pero con la llegada promovida por el gobierno de miles de inmigrantes, chabolismo puro y duro. Es verdad que en los núcleos de población donde se asentaba el comercio y pequeña industria vinculada a la mina y también en las barriadas edificadas junto a los pozos la situación era mas asumible.

Básicamente esas carencias se mantienen en el tiempo, siendo la causa fundamental que disuadió del asentamiento a algún tejido industrial que fuera más allá del vinculado a la actividad minera, solo nos querían para eso, ¡extraer carbón¡ Después, durante la dictadura franquista se creará la empresa pública HUNOSA (1967) con indemnizaciones escandalosamente millonarias a los empresarios propietarios de las minas en muchos casos contabilizando activos por metros cúbicos de aire y que aportaron plantillas de trabajadores muy recargadas en puestos no productivos constituyéndose en una gran rémora para la productividad que a lo largo de los años la empresa no logra corregir...

Con las nuevas energías y la globalización de la actividad económica, así como lo dificultoso de nuestros yacimientos que grababan mucho el coste por tonelada, nuestra minería fue perdiendo la fuerza de su capacidad abastecedora de energía.

Por todo ello, en su día nuestros sindicatos, conscientes de la nueva situación, responsablemente pactaron con los distintos gobiernos la reducción del sector, luchando por mantener una producción estratégica, recuerden que en España solo tenemos carbón como productor de energía.

Pero también en ese pacto se alcanzó el compromiso para reparar la degradación ambiental que favorezca el hábitat así como unas buenas comunicaciones y también una imprescindible reindustrialización para mantener población en las cuencas y que estas no sean sumergidas en la marginalidad. Todo ello aunque a veces con dificultades se iba cumpliendo y aun quedan cosas sin ejecutar puesto que los acuerdos firmados están aún vigentes.

Este gobierno como caballo de Atila hace trizas los acuerdos y a día de hoy nuevamente los mineros y los ciudadan@s de sus comarcas sufren la tremenda agresión contra sus derechos históricos y actuales.

Por todo lo expuesto, y seguro que por mucho más, los mineros se movilizan y luchan.