Blogia
La información es la base de tu opción ... y nosotros nunca te la ocultamos.

OPINION

Estudio de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP)…

Estudio de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP)…

Propuestas de medidas para incrementar la racionalidad y  la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud sin recurrir a recortes y privatizaciones…

1- Disminuir el gasto farmacéutico

2- Mejorar la utilización de las tecnologías sanitarias

3- Potenciar la Atención Primaria para disminuir la frecuentación hospitalaria

4- Reducir la frecuentación de las urgencias hospitalarias

5- Reducir la hospitalización innecesaria

VER TEXTO DEL DOCUMENTO INTEGRO

Según la FADSP…

Disminuir un 25% las consultas hospitalarias ahorraría al SNS unos 1.100 millones anuales

MADRID, EUROPA PRESS

La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) asegura que reducir en un 25 por ciento las consultas hospitalarias trasladándolas a la Atención Primaria permitiría al Sistema Nacional de Salud (SNS) ahorrar unos 1.100 millones de euros anuales.

Así se desprende de un documento con propuestas para incrementar la racionalidad y sostenibilidad del sistema con el que la sanidad pública podría ahorrar hasta 13.000 millones "sin necesidad de recurrir a recortes y privatizaciones".

Uno de los principales ahorros, según la FADSP, se puede conseguir en los hospitales, sobre todo reduciendo consultas que se pueden atender en los centros de salud o aligerando las altas hospitalarias.

Por ejemplo, y amparándose en estudios realizados en Europa y Canadá, proponen que las personas supervivientes a un cáncer con bajo riesgo de recidiva sean controlados en Atención Primaria, ya que además de beneficiar a los pacientes (menor dependencia hospitalaria y se les fomentan hábitos de vida saludable) se consigue un importante ahorro para el sistema sanitario.

Por otra parte, recuerdan como, a pesar de la existencia de las Redes de Urgencias de Atención Primaria, la asistencia en los Servicios de Urgencias Hospitalarios se incrementa año tras año cuando, aseguran, "muchos de estos procesos son banales y podrían resolverse en AP".

Teniendo en cuenta que el coste de la urgencia hospitalaria no ingresada es de 244 euros, si se redujera la frecuentación en un 10 por ciento (2,7 millones de urgencias menos) aplicando estrategias de educación y potenciación de la Primaria, se podrían ahorrar de 650 millones de euros.

Además, la FADSP estima en un tercio los días que los pacientes permanecen ingresados de forma inadecuada, por estancias preoperatorias innecesarias, retraso en el alta, demoras en exploraciones diagnósticas durante el ingreso, cirugías con ingreso innecesario o por ingresar pacientes crónicos en hospitales de agudos.

Esta situación supone 10 millones de estancias inadecuadas que, si se redujeran a la mitad, mejorando la eficiencia de los servicios, permitirían ahorrar 5.750 millones de euros.

Otras de las propuestas de la FADSP pasan por disminuir el gasto farmacéutico mediante la revisión de aquellos medicamentos innecesarios que consumen los mayores de 65 años, o mejorar la utilización de las tecnologías sanitarias, ya que hay estudios que concluyen que la tercera parte de los estudios radiológicos que se realizan en España son innecesarios.

VER NOTICIA ANTERIOR RELACIONADA

Por Antonio José Gil Padilla, Analista.

Por Antonio José Gil Padilla, Analista.

Caso Garzón: injusticia, acoso y miseria

nuevatribuna.es

No soy partidario de abordar asuntos de carácter particular, pero el “caso Garzón” tiene una proyección social y política de alcance, por lo que resulta de especial interés entrar en su análisis con el ánimo de sacar a la luz aquello que va más allá de lo evidente, del simple comentario o de las opiniones infundadas que se vierten en los grandes medios de comunicación.

Este asunto, como tantos otros, pone de manifiesto el enfrentamiento entre dos concepciones vitales muy diferentes. Por un lado, quienes con una perspectiva de futuro trabajamos por un mundo de progreso e igualdad; por otro, aquellos que se oponen sistemáticamente a esos valores que nos harían más humanos, gentes inmovilistas, reaccionarios, gentes intelectualmente menos avanzada que, con su extremada torpeza, defienden los intereses de los poderosos. En términos coloquiales, para que todos nos entendamos, podríamos hablar, de una manera simplista, de izquierda y de derecha, asociando respectivamente cada una de estas dos opciones políticas a uno y otro modelo de concepción de la vida.

En el caso que estamos abordando, esos sectores reaccionarios y todos los grandes medios de comunicación en su poder, están en contra del juez Garzón, buscan y esperan un linchamiento porque le sitúan en el otro bando, en el lado de los que estamos por un mundo diferente. Las declaraciones de políticos del PP, a través de su soporte mediático, nos aburren por su tono repetitivo con aquello de que “la ley está para que todos la cumplamos”, esa ley, o esas decisiones judiciales, que se convierten en dogma cuando les son favorables, pero que, en caso contrario, no les duelen prendas en descalificar a los que han dictado sentencias que no les favorecen, o que, simplemente, se oponen a sus reaccionarios esquemas. Sin ir más lejos, ahí está el caso “Bildu” en el que el Tribunal Constitucional decidió a favor de admitir las listas presentadas a las elecciones forales y municipales. Les faltó tiempo para acometer contra esos magistrados sin importarles el rango de la institución.

Lo que está pasando con el juez Garzón es un claro caso de acoso laboral y político. Es razonable que jueces y demás profesionales puedan cometer errores en el ejercicio de su trabajo, pero, al margen de esa posibilidad, ese refractario sector social, en el que se encuentran colegas del propio magistrado, no soportan que una persona se salga del camino marcado por el sistema vigente, sobre todo cuando se tiene la posibilidad de decidir y de influir con sus decisiones. En palabras de E. Fromm: “El sistema capitalista necesita personas que cooperen sin pensar, individuos que quieran ser mandados, hacer lo que se espera de ellos y adaptarse sin fricciones al mecanismo social”. Cualquier desvío pone en marcha de manera automática mecanismos destructivos contra el “osado” que se atreve a oponerse al papel que se le encomienda. Por lo general, el acosado suele distinguirse por ser una persona intelectualmente superior, mientras que los acosadores se caracterizan por esa torpeza asociada a una forma de vida irracional e inhumana. Evidentemente en un caso de acoso (popularizado en la actualidad con el término anglosajón de mobbing) se ponen en marcha todas las miserias que esos acosadores domados por el sistema llevan en su mochila: envidia, venganza, rencor, soberbia, hipocresía, egoísmo, etc.

El ataque contra Garzón es tan bestial que de antemano podemos asegurar que será condenado; si no por un asunto por otro, o si no por el tercero. Tres causas abiertas a un juez en tan corto periodo de tiempo es un hecho insólito, por lo que no es necesario esforzarse intelectualmente para concluir en que detrás de todo ello hay mucho más que ese esperpéntico montaje que le han preparado, inventándose esas falsas acusaciones. Sus enemigos han de apostar fuerte porque son conscientes de la popularidad y de la trayectoria de entrega y eficacia del magistrado a lo largo de tantos años de trabajo en la Audiencia Nacional. La trama contra Garzón es tan miserable, y de tamaña torpeza, que esos sectores reaccionarios, así como los propios jueces que lo juzgan, carecen de la mínima capacidad intelectual que les permita inferir que cuanto mayor sea el ataque contra el juez mayor es su “caché”, es decir, su prestigio y su credibilidad. Por el contrario, el descrédito de todo lo relativo al poder judicial va en aumento, dejando en entredicho a sus agentes, y dando muestras evidentes de que ese poder es un poder otorgado por el poder real, por el de los que tienen el dinero.

El proceso en curso de las escuchas es tan escandaloso que convierte a los corruptos en acusadores de quien persigue el delito de corrupción, algo inaudito. Quienes están apoyando este sinsentido no se dan cuenta del daño que hacen al modelo político que a ellos mismos les mantiene, pues anteponer los intereses de los corruptos a la actuación de un juez que intenta buscar pruebas del delito, en el que están implicados altos responsables del partido conservador, tira por tierra cualquier principio de justicia, pone en evidencia eso de la separación de poderes y, lo que es más grave, refuerzan la analogía entre corrupción y este tipo de democracia.

Para finalizar quiero referirme a la exagerada formalidad que se les otorga a las normas legales, a sus autores y a los que las aplican. Por una parte, hay que entender que las leyes son elaboradas por hombres y mujeres imperfectos, como todos, que no están en posesión de la verdad absoluta. Por lo general, son elaboradas por el grupo parlamentario que sustenta al gobierno y su representación no suele ser superior al 30% de la población adulta. La mayor parte de las normas se dictan a favor de ciertos grupos de poder, en detrimento de las clases populares. Las redacciones son ambiguas y no es difícil encontrar flagrantes contradicciones entre normas de igual rango debido a su profusión. Por su ambigüedad y por sus contradicciones, todas las leyes requieren ser interpretadas, por lo que quienes las aplican tienen un importante margen de maniobra, y sus decisiones tienen una evidente carga subjetiva. En consecuencia, ese respeto interesado que se nos exige desde los ámbitos de poder no es más que una forma de coacción al intentar convencer a las masas que la ley es un valor absoluto, que las sociedades democráticas se rigen por el “imperio de la ley”, otorgándole, incluso, un carácter religioso debido a la ancestral creencia de que la elaboración de las leyes tiene un origen divino. En cuanto al perfil de esos aplicadores (jueces y magistrados) hay que resaltar que, en semejanza con otros altos cargos de la administración pública, el acceso al puesto de trabajo se resume en aprobar una oposición en la que se exige única y exclusivamente la memorización de unos 340 temas –que, curiosamente, suelen coincidir con lo estudiado en la carrera de derecho- para después “cantarlos” como un papagayo ante un tribunal en un periodo limitado de tiempo. Nada de experiencias laborales previas, nada de medida de la capacidad intelectual más allá de la mera memoria, nada de test de tipo psicológico o sanitario. El sistema social y económico vigente ejerce su poder formando y seleccionando a individuos que “cooperen sin pensar” y que se “adapten sin fricciones al mecanismo social”. Por eso, todo aquél “descarriado”, como Garzón, que no se atiene a esos requisitos es perseguido hasta ser expulsado de esa tarea servil que le ha sido encomendada. Acabamos como en otras ocasiones, señalando que éstas son unas de tantas miserias que impregnan a esta especie nuestra sin que se vislumbre signos de cambio significativos de mejora a corto, medio o largo plazo.

La ortodoxia contra el déficit que se sigue, y sin políticas compensatorias para lograr el crecimiento económico y hacia los más afectados por la crisis, hace temer lo peor…

La ortodoxia contra el déficit que se sigue, y sin políticas compensatorias para lograr el crecimiento económico y hacia los más afectados por la crisis, hace temer lo peor…

Adiós al Estado de bienestar

Por Carlos Berzosa, Catedrático de Economía Aplicada. Universidad Complutense de Madrid

nuevatribuna.es

Uno de los mayores logros alcanzados por el capitalismo en el siglo XX fue el nacimiento, desarrollo y consolidación del Estado de bienestar. Ha sido en la Europa democrática de posguerra en donde se avanzó más en el desenvolvimiento de los derechos sociales. El Estado de bienestar fue una conquista de los trabajadores, pero también respondió, precisamente por ello, a un intento por parte de los poderes políticos y económicos del capitalismo en dar concesiones a la clase obrera con el fin de evitar el triunfo de posiciones más radicales y revolucionarias que se oponían a este sistema económico. El miedo que se generó tras la revolución rusa contribuyó a ello.

El Estado de bienestar puso de manifiesto que dentro del capitalismo fue posible combinar el crecimiento económico, el pleno empleo y una cohesión social. Su desarrollo fue desigual entre los diferentes países, y ha sido en los países escandinavos en donde se ha conseguido un mayor avance en los derechos sociales. Aun así, otros países europeos, fundamentalmente Francia, Alemania, los que integran el Benelux, y en su día Reino Unido, alcanzaron cotas de bienestar estimables. Entre los países del sur de Europa, Italia quedó rezagada, y no hubo tal Estado de bienestar en los que estaban dominados por dictaduras, como España, Grecia y Portugal.

El Estado de bienestar no acabó con muchos males que se derivan del funcionamiento del sistema capitalista, pero sí supuso un avance notable en distribución de renta, en la oportunidad que tuvieron las clases trabajadoras de acceder a bienes y servicios que habían tenido vedados en la historia anterior del capitalismo, lo que supuso mayores posibilidades de promoción económica y social para los trabajadores. La igualdad en derechos y oportunidades comenzó a hacerse una realidad, aunque siempre limitada por la naturaleza de desigualdad social y cultural que genera el capitalismo.

La crisis de los años setenta supuso un ataque, desde diversos frentes, al modelo capitalista regulado de posguerra, al keynesianismo, y al Estado de bienestar. La imposición como dominante del paradigma económico que defendía el predominio del mercado frente a cualquier tipo de intervención pública afectó a la posible pervivencia del Estado de bienestar.

El combate que llevó a cabo Thatcher contra el Estado de bienestar, y la clase obrera británica, en especial contra los mineros, y la influencia que sus ideas, así como las de Reagan, estaban ejerciendo en el mundo, hacía desde luego temer por la supervivencia del Estado de bienestar tal como se había conocido. Si a esto se le añade la aparición en el escenario económico mundial de los Nuevos Países Industriales (NPI) y su gran capacidad de penetración en los mercados de los países desarrollados, la idea que se defendía es que el Estado de bienestar era una rémora para que los países europeos pudieran competir con éxito en el mercado global. Así que, no solamente se consideró que la financiación del bienestar era muy costosa e inviable a medio y largo plazo, sino que encima le hacía perder posiciones a Europa en la economía mundial.

En este sentido, me resultó muy llamativa la alusión que hacía a ello, un autor como Mishra, especialista en el estudio del Estado de bienestar. Había escrito este autor un libro sobre “La crisis del Estado de bienestar”(Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales) que fue publicado a principios de los ochenta, y en el prólogo que hace a la traducción al castellano, a primeros de los años noventa, confesaba que cuando publicó el libro y ante lo que estaba sucediendo, lo que supuso es que el Estado de bienestar no resistiría ese ataque, pero que, sin embargo, se podía observar que si bien magullado y con heridas había resistido diez años después de plantear aquello. La razón de esta resistencia era clara: la ciudadanía europea en su gran mayoría defendía la existencia del Estado de bienestar.

La caída de muro de Berlín y un poco después del modelo soviético contribuyó a reforzar más las ideas favorables al fundamentalismo de mercado con lo que las críticas al estado de bienestar no hacían más que crecer. El declive del movimiento obrero tradicional y la decadencia de la socialdemocracia contribuyó a que se reforzaran las posturas contrarias a la intervención pública y se tratara por todos los medios de desprestigiar a un modelo de desarrollo, que se suponía que se encontraba obsoleto y producto de un pasado más que de un futuro que se nos anunciaba lleno de prosperidad si se seguían las directrices marcadas por la nueva ortodoxia económica. De todos modos, el estado de bienestar ha seguido resistiendo, incluso con enemigos dentro de casa, como es el caso de algunos socialistas que se han dejado llevar por el neoliberalismo económico.

En España, el Estado de bienestar se desarrolla con la llegada de la democracia, y sobre todo, en la década de los ochenta. Llegamos tarde como consecuencia de la larga dictadura. Desde entonces ha habido progresos indudables en la sanidad, educación, y en el conjunto de las prestaciones sociales. Sin embargo, como ha puesto de manifiesto en sus artículos y libros Vicenç Navarro, el Estado de bienestar español se encuentra subdesarrollado con relación a los países más avanzados de Europa. Los logros del proceso histórico son indudables y más si se les compara de dónde se viene, no obstante, tiene sus puntos negros al no haber avanzado más en los derechos sociales de lo que se ha hecho, cuando, además, se podía haber llevado a cabo con un sistema fiscal más justo, equitativo, y más combativo contra el fraude.

Las políticas que se siguen en la Unión Europea son un peligro para el Estado de bienestar, pero en España, lo es aún más, pues con lo que se está haciendo las cosas no pueden ir si no a peor, como es que se está recortando en aquello que ha sido un progreso social. La ortodoxia contra el déficit que se sigue y sin políticas compensatorias para lograr el crecimiento económico y hacia los más afectados por la crisis hace temer lo peor. Tal vez haya que decir adiós al Estado de bienestar si no se corrigen las actuaciones de política económica. Lo malo de España es que ya estamos diciendo a muchas cosas adiós sin haber alcanzado las cotas delos países de Europa. Es como un caramelo que se nos quita sin haberlo saboreado del todo.

Lo que no ha conseguido la caída del muro de Berlín, el fundamentalismo de mercado, tantos factores mencionados, lo va a conseguir la crisis, pero sobre todo, los remedios propuestos para solucionarla. El Estado de bienestar no está ya solamente magullado, sino herido de muerte. No se debe olvidar lo que constata Mishra si ha resistido es porque cuenta con gran consenso entre la ciudadanía europea. Ahora, esa ciudadanía lucha de diferentes maneras para defender los derechos que quedan. Esta es nuestra esperanza.

Nombramiento del Secretario General de la FSS-CC.OO. de Asturias…

Nombramiento del Secretario General de la FSS-CC.OO. de Asturias…

Una lección de democracia …¡¡en dos actos… o más!!

Acabo de enterarme de que al parecer mañana, con la presencia en Asturias del Secretario General de la FSS-CC.OO. a nivel estatal, Antonio Cabrera, y de la inestimable responsable de formación, la asturiana Elena Alonso Arango - a la sazón miembro de la Comisión Ejecutiva estatal y también de la FSS en Asturias, auque ni participa ni ejerce en este último cargo desde hace años, como ya he comentado en un artículo anterior -; se va a proceder a sustituir al difunto José Antonio Carnero al frente de la Secretaría General de la Federación en Asturias…
Esta cuestión, absolutamente desconocida para el “común de los mortales” – como podríamos denominar a los afiliados asturianos de sanidad en CC.OO. -, no debería ser objeto de mucha atención por mi parte sino hubiera escrito recientemente lo que califiqué así: “A la pérdida de legitimidad y dignidad, que ya advertíamos a finales de 2010, añaden ahora la pérdida de toda legalidad…”

VER DICHO ARTICULO

Pero al haberlo hecho tendré que seguir completando esta historia hasta su más que previsible “mísero” final.
El candidato a tamaño honor es Gonzalo Gayol Pelaez, que hasta la fecha es el responsable/liberado de la Sección Sindical del Hospital General de Asturias, con una treintena de afiliados sobre un total de más de 800 trabajadores… y que, en tiempos recientes, había sido “designado” por el anterior Secretario General de la FSS-Asturias como adjunto personal. Luego no es miembro de la C. Ejecutiva de Asturias y, por ello, se pretende con carácter previo a su elevación al máximo rango regional, su inclusión en la misma en el mismo acto de mañana… por ampliación o sustitución de los muchos dimitidos de esa C. Ejecutiva, la cuestión no tiene gran importancia, a mi juicio.
Lo que si puede tenerlo es, en sí, el referido “acto”.
Se supone que quienes mañana se reúnen son los miembros del Consejo Regional de la FSS-Asturias. Algo así como los representantes electos de las distintas Secciones Sindicales más los que “continúan” de la C. Ejecutiva que, insisto, creo que ya no es legal (sobre esto no me extiendo ya que lo expliqué en el artículo precedente)… Unos cincuenta y tantos delegados en total… Y es ahí dónde yo ahora veo “el más que posible desmadre”:
Si no me equivoco y la C. Ejecutiva estaría disuelta, como sostengo, el Consejo Regional igualmente lo está. Pero como eso es una cuestión estatutaria y “doctores tiene la Santa madre Iglesia”, me imagino que eso queda implícitamente “desmentido” por la presencia aquí del Secretario General estatal… ¡¡seguro que me equivoqué con las dimisiones!! o alguno dio marcha atrás o … ¡¡sabe Dios!!
Aún así, para por lo menos dar apariencia de legalidad a todo lo que se pretende en la reunión de mañana se necesita primero “quórum” y después mayoría absoluta… y aquí volvemos a topar con mis, voy a decir, “presuntas dudas”…
Años hace que en una buena parte de las Secciones Sindicales no someten a sus “representantes” a elección. La del HUCA, sin ir más lejos, lleva sin celebrar Congreso ni Asambleas de Afiliados para esto más años de los permitidos – muchos ya ni saben que ser delegado del Consejo es por elección democrática… nunca fueron elegidos así -; otras, como la del Hospital del Nalón, fueron directamente designados desde Oviedo (lealtad y obediencia incondicional a cambio de la liberación); en el H. Monte Naranco dimitieron, aunque hay una “desplazada” por horas de otro centro … y así un sin fin de situaciones que, desde luego, distan mucho de ser ejemplo de democracia y participación, si es que les queda algo de ello.
La pregunta, fácil de responder por todos y cada uno de los que son afiliados, y que es una buena medida de la realidad que esconde todo esto es muy sencilla y la he hecho antes: ¿sabías como “común de los mortales” que mañana, en tu nombre, si es que eres afiliado, se elige un nuevo Secretario General de la FSS-CC.OO. de Asturias?...
Hacer más preguntas que, lógicamente, se pudieran derivar de esta tan simple, me resultan ociosas y francamente perniciosas. Y más en tiempos en los que tanto se habla de democracia directa o de “primarias” tan al uso en otras organizaciones a los que nos resulta difícil reconocerles su condición democrática - o tan democrática como la nuestra, que es el no va más, decimos -…, vamos, en tiempos en los que nadie nos tiene que decir lo que es democrático y lo que no lo es, incluyendo en esto el “mandato imperativo” que se les supone a los delegados que, a su vez, “se supone” que nos representan.
El “the end” de esta historia no se pondrá hasta que mañana se baje el telón y a “lo mejor” no ocurre nada de todo esto, pero estoy por apostar a que pasado tendremos un ilustre máximo representante que con su gorra de Lenin nos hará sentir que volvemos a 1917, eso sí, en la Rusia zarista, y nosotros estamos en Asturias y, por cierto, en el siglo XXI... entre otras cosas.

La causa de la persistencia de la crisis financiera es que mientras los bancos y los banqueros sigan ganando dinero de la crisis, esta no tendrá fin… la visión favorable a la destrucción como mecanismo de estímulo de la economía está en la base de casi todo lo que no funciona en nuestra sociedad.

La causa de la persistencia de la crisis financiera es que mientras los bancos y los banqueros sigan ganando dinero de la crisis, esta no tendrá fin… la visión favorable a la destrucción como mecanismo de estímulo de la economía está en la base de casi todo lo que no funciona en nuestra sociedad.

Juegos de guerra de los mercados

Por Alfonso Puncel

"El control de los especuladores y de un sistema financiero que favorece la acumulación del dinero en una sola mano, no es una necesidad puramente económica, es una necesidad para evitar que se impongan los intereses de aquellos que ven en la destrucción más ventajas que inconvenientes", señala el autor del artículo.

nuevatribuna.es
Los gobiernos dejan que los mismos que especulan con la deuda de un país, compren esa deuda. Si tan poco fiable es la deuda subastada ¿por qué la compran?
Nadie, en su sano juicio, encargaría a un posible comprador de su casa la tasación de la misma, de la misma forma que nadie dejaría que juzgara un pleito la persona agraviada puesto que las consecuencias son bastante previsibles. Sin embargo los gobiernos dejan que los mismos que especulan con la deuda de un país, compren esa deuda. Si tan poco fiable es la deuda subastada ¿por qué la compran?. Debería importarles poco o nada, si tan seguros están de la poca fiabilidad de los estados, los intereses que se pudieran pagar. Salvo que el truco para enriquecerse esté precisamente ahí. Los compradores de la deuda, intermediarios entre los gobiernos y los inversores, se dedican a valorar y negociar en los mercados secundarios elevando la prima de riesgo para, llegado el momento de las subastas de los bonos de deuda, este índice esté lo suficientemente alto como para que los intereses que se deban ofrecer a los compradores sean altos.
Nadie se explica por qué se eleva el Euribor mes a mes hasta alcanzar el 2,50% y hasta el 5% recientemente, en una época en la que el precio del dinero que ofrece el Banco Central Europeo (BCE) se mantiene en el 1,25%. El dinero es dinero independientemente de quien lo tenga. Y nadie se explica el por qué de esa diferencia porque nadie sabe cómo se negocia con el dinero. Pero la cosa es bastante simple.
Los bancos viven con el dinero que cada uno de nosotros, con suerte, tiene depositados en ellos más los intereses que nos cobran junto a las comisiones y otros negocios. Ellos no producen nada ni son dueños del dinero. Solo viven de los diferenciales por ofrecer un servicio que consiste en prestar dinero. Pero el mismo dinero que un banco (hipotéticamente) concedería ahora a un ciudadano a un precio del 2,50% (más el diferencial que quiera imponerle por gastos o penalizaciones), le cuesta a esa misma entidad el 1,25% si lo compra al BCE o no le cuesta nada si procede de los generosos intereses que le pagará el Gobierno por su deuda puesto que los gobiernos están pagando un interés de entre el 4 y el 7% por ella. Por cierto, deuda que los bancos compran con el dinero depositado por todos los ciudadanos y por los millones de euros que los gobiernos les han prestado para evitar el crash financiero.
Como se ve, todo es ganancia gracias a su propia valoración de los riesgos, sea el riesgo de morosidad de impago de los ciudadanos o empresas, sea del riesgo de impagos de la deuda soberana y a la facilidad para condicionar el Euribor y otros índices sobre los que se valora el precio de la mercancía con la que ellos trabajan, el dinero. Ellos hacen la valoración, ellos dicen cuál es el riesgo de que nosotros no paguemos, ellos compran o dejan de comprar, amenazando con restringir el crédito o de repercutir cualquier impuesto o tasa que se imponga sobre sus movimientos. Y nadie les pone freno.
Y es precisamente ahí donde está la causa de la persistencia de la crisis financiera en que mientras los bancos y los banqueros sigan ganando dinero de la crisis, esta no tendrá fin. Alessio Rastani, un agente bursátil que se jactó de soñar cada noche con una nueva recesión para seguir llenándose los bolsillos, fue tachado de loco y silenciado a una velocidad de vértigo. Simplemente fue sincero y evidenció que hay unos pocos que están ganando mucho con las penurias de la mayoría. Y la cosa puede ir a peor.
Sin ponerme catastrófico en un viejo libro de economía se recoge una afirmación de la economía clásica, popularizada por Henry Hazlitt y que este llamó las “ventajas de la destrucción” ejemplificado en un cristal roto.
Resumidamente, esta fábula dice que frente a un acto vandálico o casual, pero en todo caso negativo como es la rotura de un escaparate, habrá dos posiciones: la de aquellos que reprenderán al gamberro o se quejarán de su mala suerte sin más consecuencias y la de aquellos que hablarán de las ventajas de este hecho pues con él se moverá la economía. La falacia de este razonamiento consiste en que se consideran los beneficios del cristal roto, pero se ignoran los costes escondidos; el perjudicado está obligado a comprar una ventana nueva, cuando quizás con ese dinero fuera a comprar otro bien beneficiando a otro comerciante.
Sin embargo, por encima de la evidente falacia de este razonamiento, aquellos que tengan que prestar el dinero al perjudicado para comprar un nuevo cristal o aquellos que han especulado con la rotura del cristal, les interesa que eso suceda. De hecho les interesa, ya se han vendido las “ventajosas” consecuencias que ha tenido para Japón la reciente y masiva destrucción por un tsunami de propiedades y bienes, favoreciendo con ello, la aparición de políticas de ahorro que han favorecido el crecimiento económico de su producto interior bruto por encima del 6% tras dos décadas de estancamiento.
Si entrar en otras consideraciones sobre la perversa forma que tienen ciertos economistas de medir nuestro bienestar, la trascendencia de esta reflexión se ve cuando el razonamiento de “las ventajas de la destrucción” se lleva a sus últimas consecuencias en estos momentos de crisis. Si la rotura de un cristal no pasa de ser una molestia casera para quien lo sufre, la destrucción de un país para lograr un nuevo milagro económico, supone mencionar una palabra que prefiero no escribir.
Cuando los especuladores empiecen a darse cuenta, de que su capacidad de acumulación radica en “empezar de cero” entonces estaremos en peligro. Si ese peligro no existiera, qué sentido tienen las palabras de Angela Mekel el 27 de octubre en el parlamento alemán cuando dijo “Tenemos una obligación histórica: proteger el proceso de toda Europa significa la unificación iniciada por nuestros antepasados, después de siglos de odio y derramamiento de sangre. Ninguno de nosotros puede prever lo que serían las consecuencias si llegara a fallar. No puede ser que en algún momento del futuro digan que la generación política responsable de Europa en la segunda década del siglo XXI fracasó de cara a la historia”.
La preocupación de un conflicto en Europa, de mayor o menor intensidad, existe y puede tener un detonante en el fracaso de la guerra de Irak ¿Es sólo armas de destrucción masiva o petróleo lo que buscaba EEUU en su guerra en Irak? ¿O más bien la guerra en Irak pretendía ser el “escaparate roto” que debía servir de banderín de enganche para el crecimiento de la economía norteamericana como fue la guerra de Vietnam en la década de los 70?. Visto así el fracaso de la guerra de Irak no son los miles de muertos ni los billones de dólares y euros gastados en ese conflicto, el fracaso de esa guerra es que no ha servido para levantar la economía de EEUU, convirtiéndose en una excusa más para generar otros conflictos.
Por desgracia, el hecho de que países como China, India o Brasil sean los que están sosteniendo el crecimiento económico mundial también añade argumentos para promover un “nuevo inicio” partiendo de cero. Estos países han estado durante décadas viviendo como si estuvieran en guerra, manteniendo a la mayor parte de la población –e incluso hoy en día se miden por cientos de millones- en condiciones de supervivencia. Son países en permanente reconstrucción que ahora crecen a ritmos del 9% del PIB, tasas impensables para Europa y EEUU desde los años 50.
Lamentablemente es un buen argumento para aquellos que pueden llegar a creer que reconstruir Europa es la única manera de favorecer un nuevo comienzo. El problema es que para reconstruir hay que destruir y las reconstrucciones de regiones pobres del planeta no tienen el suficiente “potencial” para arrastrar la economía mundial. Sólo regiones que han alcanzado un alto grado de crecimiento y cuya destrucción fuera significativa, permitiría aprovechar el diferencial de desarrollo que se provocaría.
Un conflicto generalizado en Asia o América Latina destruiría un mercado muy reducido y la potencialidad de su reconstrucción lastraría más que favorecería el crecimiento económico mundial. La guerra en los países árabes, además de no generar un diferencial de destrucción significativo, pondría en peligro los pozos de petróleo, así que tampoco es probable. Ya se ha demostrado ineficaz en Irak. Y un conflicto generalizado en África el impacto sería más que despreciable en términos contables para los pensadores de las “ventajas de la destrucción”.
En estos casos el escaparate roto no genera importantes economías de reconstrucción. Tampoco interesan las guerras de baja intensidad que favorecen posiciones geoestratégicas de los gobiernos, pero no sirven para arrastrar a la economía mundial con tasas de crecimiento importantes. Así pues, interesa un conflicto generalizado, intenso y en una región cuyo diferencial de reconstrucción sea significativo. Esta es la práctica de los especuladores. De la misma forma que estos ganan dinero a espuertas en el diferencial de las deudas, es el diferencial de destrucción, es decir, el diferencial entre lo que se destruye y lo que sería reconstruible, donde ellos ponen sus especulaciones, sus previsiones de ganancias. Están jugando con Europa como en un mercado de futuros, en este caso jugando a ver cuánto se destruiría en un conflicto generalizado. Primero destrucción de la política, después destrucción de un modelo solidario y cooperativo de Europa, después cuando todo eso ya no dé dinero, jugando a la destrucción real para recuperar la demanda, el consumo, el crecimiento con tasas que reporten ganancias.
La crisis económica actual tiene su origen en la tasa de acumulación de beneficios que se ha alcanzado. Si unos pocos tienen mucho, y la gran mayoría tienen poco y si además aquellos que tienen mucho sólo tienen dinero, por poco que hagan y por poca que sea la ganancia, nadie – ni ellos mismos – pueden evitar seguir ganando dinero. Salvo una cosa. Que aquellos que compran, consumen, se alimentan, necesitan casas, coches, servicios, dejen de comprar y gastar porque no tienen dinero. Eso ya pasó hace más de una década pero el sistema se siguió alimentando gracias al endeudamiento de los países. Si no tenían dinero para gastar, fueron ellos, los especuladores, los que se dedicaron a dar ese dinero a crédito, sin importar las consecuencias. Lo único importantes era que los ciudadanos y los estados dispusieran de dinero para que la maquinaria siguiera engrasada. Pero esto favorecía que ellos, la banca, el sistema financiero, siquiera acumulando más dinero y siendo la cantidad de dinero una cantidad fija, al cabo de unos pocos años ellos tenían más y los demás teníamos menos con lo que de nuevo la máquina se resiente. La misma grasa que sirvió para hacerla funcionar es la que la recalienta y la destruye porque favorece la acumulación de la riqueza en un mismo lado.
Poco o nada importa que la mayoría de los economistas no crean que el multiplicador del gasto keynesiano –que está en la base de las ventajas de la destrucción- sea un instrumento que sirva para combatir una recesión y, en muchos casos, ponen en duda la efectividad del propio multiplicador cuya teoría se fundamenta en la afirmación de que fue la expansión fiscal de la Segunda Guerra Mundial la que proporcionó el estímulo que sacó a Estados Unidos de la Gran Depresión. Como la guerra de Vietnam sirvió para impulsar a la economía de EEUU durante las décadas de los 60 y 70 y la guerra fría sirvió para impulsar la potencia económica y tecnológica de Estados Unidos sobre la base del complejo militar-industrial provocando destrucción o anunciando la destrucción.
Poco o nada importa la evidencia de la falacia de las ventajas de la destrucción. Porque aquellos que consideran los beneficios de una destrucción generalizada, intensa y significativa, no piensan que sus bienes vayan a ser también destruidos sino solamente que se beneficiarán directamente de la misma destrucción y de la reconstrucción. Lo que estos especuladores tienen son apuntes contables en un sistema financiero global (y electrónico). Ellos no tienen casas, ni fábricas, ni armas, ni petróleo, ni oro, ni diamantes, ni comida, no tienen bienes tangibles que perder, tampoco tienen ciudadanos a los que dar cuentas de sus juegos de guerra, sólo manejan apuntes contables que pueden mover en un milisegundo de una moneda a otra, de un mercado a otro, y juegan en un mercado de futuro que descuenta la catástrofe como única salida.
Las entidades financieras privadas sólo tienen, como bien, el medio de pago, y aunque su emisión y respaldo es, en términos generales, una potestad pública desde el siglo XIX, la liberalización de la economía, la desregulación del sistema financiero y el descontrol premeditado desde la década de los ochenta, ha permitido que los bancos privados produjeran otros mecanismos de pago que son tanto o más generales que el uso del dinero fiduciario. Incluso se les ha promovido a que utilicen la "imaginación" y la "creatividad" para favorecer instrumentos de pago al margen del dinero, favoreciendo la especulación de futuros pero jugando en mercados de futuro en los que se apostaba a que determinado bien o servicio iba a perder utilidad, iba fracasar. Esta visión de que el sistema financiero no está al servicio exclusivo de favorecer la prosperidad y la felicidad de la población, limitándose a promover la inversión y el empleo mediante mecanismos transparentes y comprensibles, sustenta la visión de un sistema financiero que promueve el beneficio a costa de todo lo demás. En definitiva de la destrucción.
La visión favorable a la destrucción como mecanismo de estímulo de la economía está en la base de casi todo lo que no funciona en nuestra sociedad. En el fondo todos somos conscientes, por ejemplo, de la destrucción del medio ambiente pero esa evidencia no importa. Si se quema un bosque, se ensucian los mares, se destruyen las costas, se matan especies, se desertizan espacios ya destinaremos ingentes cantidades de dinero para restaurar montes, limpiares las aguas, mantener ejemplares en peligro de extinción, restaurar playas o hacer trasvases. Todo eso se presenta como positivo para la economía es inversión, genera empleo y mueve la economía. Al final, lo moderno es gastar para reconstruir.
Vista así la situación, el control de los especuladores y de un sistema financiero que favorece la acumulación del dinero en una sola mano, no es una necesidad puramente económica, es una necesidad para evitar que se impongan los intereses de aquellos que ven en la destrucción más ventajas que inconvenientes.

Más fuentes de financiación que no son “recortes”…

Más fuentes de financiación que no son “recortes”…

¿Hasta qué punto es grave el fraude laboral?

Los técnicos de hacienda de GESTHA nos ilustran

nuevatribuna.es
El empleo sumergido es una de las grandes lacras de nuestro país, hasta el punto de mover cerca de 82.000 millones de euros anuales, equivalentes a casi un 8% del PIB nacional. Para hacernos una idea, este dato equivale a una tercera parte de la economía sumergida total, mientras que el resto corresponde al componente fiscal. En cualquier caso, hay que destacar que ambas materias están tristemente relacionadas, ya que el fraude fiscal es el origen del dinero negro con el que posteriormente se paga a los trabajadores irregulares.

En caso de que España implantase un plan de calado contra el fraude y consiguiera reducir su tasa de economía sumergida en diez puntos, hasta niveles similares a los de otros países de nuestro entorno, conseguiríamos recaudar más de 13.000 millones de euros únicamente en concepto de cuotas sociales.

Los políticos están tan acostumbrados a medrar en el partido a base de lealtades y sumisiones personales, que cuando llegan a gobernar no se fían de los funcionarios … ¡¡que están ahí por mérito y capacidad!!.

Los políticos están tan acostumbrados a medrar en el partido a base de lealtades y sumisiones personales, que cuando llegan a gobernar no se fían de los funcionarios … ¡¡que están ahí por mérito y capacidad!!.

El desprecio político al funcionariado

Contra la bajada salarial y el incremento de jornada en la función pública

Por FRANCISCO J. BASTIDA, CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL

Opinión, La Nueva España

Con el funcionariado está sucediendo lo mismo que con la crisis económica. Las víctimas son presentadas como culpables y los auténticos culpables se valen de su poder para desviar responsabilidades, metiéndoles mano al bolsillo y al horario laboral de quienes inútilmente proclaman su inocencia. Aquí, con el agravante de que al ser unas víctimas selectivas, personas que trabajan para la Administración pública, el resto de la sociedad también las pone en el punto de mira, como parte de la deuda que se le ha venido encima y no como una parte más de quienes sufren la crisis. La bajada salarial y el incremento de jornada de los funcionarios se aplaude de manera inmisericorde, con la satisfecha sonrisa de los gobernantes por ver ratificada su decisión.

Detrás de todo ello hay una ignorancia supina del origen del funcionariado. Se envidia de su status -y por eso se critica- la estabilidad que ofrece en el empleo, lo cual en tiempos de paro y de precariedad laboral es comprensible; pero esta permanencia tiene su razón de ser en la garantía de independencia de la Administración respecto de quien gobierne en cada momento; una garantía que es clave en el Estado de derecho. En coherencia, se establece constitucionalmente la igualdad de acceso a la función pública, conforme al mérito y a la capacidad de los concursantes. La expresión de ganar una plaza «en propiedad» responde a la idea de que al funcionario no se le puede «expropiar» o privar de su empleo público, sino en los casos legalmente previstos y nunca por capricho del político de turno. Cierto que no pocos funcionarios consideran esa «propiedad» en términos patrimoniales y no funcionales y se apoyan en ella para un escaso rendimiento laboral, a veces con el beneplácito sindical; pero esto es corregible mediante la inspección, sin tener que alterar aquella garantía del Estado de derecho.

Los que más contribuyen al desprecio de la profesionalidad del funcionariado son los políticos cuando acceden al poder. Están tan acostumbrados a medrar en el partido a base de lealtades y sumisiones personales, que cuando llegan a gobernar no se fían de los funcionarios que se encuentran. Con frecuencia los ven como un obstáculo a sus decisiones, como burócratas que ponen objeciones y controles legales a quienes piensan que no deberían tener límites por ser representantes de la soberanía popular. En caso de conflicto, la lealtad del funcionario a la ley y a su función pública llega a interpretarse por el gobernante como una deslealtad personal hacia él e incluso como una oculta estrategia al servicio de la oposición. Para evitar tal escollo han surgido, cada vez en mayor número, los cargos de confianza al margen de la Administración y de sus tablas salariales; también se ha provocado una hipertrofia de cargos de libre designación entre funcionarios, lo que ha suscitado entre éstos un interés en alinearse políticamente para acceder a puestos relevantes, que luego tendrán como premio una consolidación del complemento salarial de alto cargo. El deseo de crear un funcionariado afín ha conducido a la intromisión directa o indirecta de los gobernantes en procesos de selección de funcionarios, influyendo en la convocatoria de plazas, la definición de sus perfiles y temarios e incluso en la composición de los tribunales. Este modo clientelar de entender la Administración, en sí mismo una corrupción, tiene mucho que ver con la corrupción económico-política conocida y con el fallo en los controles para atajarla.

Estos gobernantes de todos los colores políticos, pero sobre todo los que se tildan de liberales, son los que, tras la perversión causada por ellos mismos en la función pública, arremeten contra la tropa funcionarial, sea personal sanitario, docente o puramente administrativo. Si la crisis es general, no es comprensible que se rebaje el sueldo sólo a los funcionarios y, si lo que se quiere es gravar a los que tienen un empleo, debería ser una medida general para todos los que perciben rentas por el trabajo sean de fuente pública o privada. Con todo, lo más sangrante no es el recorte económico en el salario del funcionario, sino el insulto personal a su dignidad. Pretender que trabaje media hora más al día no resuelve ningún problema básico ni ahorra puestos de trabajo, pero sirve para señalarle como persona poco productiva. Reducir los llamados «moscosos» o días de libre disposición -que nacieron en parte como un complemento salarial en especie ante la pérdida de poder adquisitivo- no alivia en nada a la Administración, ya que jamás se ha contratado a una persona para sustituir a quien disfruta de esos días, pues se reparte el trabajo entre los compañeros. La medida sólo sirve para crispar y desmotivar a un personal que, además de ver cómo se le rebaja su sueldo, tiene que soportar que los gobernantes lo estigmaticen como una carga para salir de la crisis. Pura demagogia para dividir a los paganos. En contraste, los políticos en el poder no renuncian a sus asesores ni a ninguno de sus generosos y múltiples emolumentos y prebendas, que en la mayoría de los casos jamás tendrían ni en la Administración ni en la empresa privada si sólo se valorasen su mérito y capacidad. Y lo grave es que no hay propósito de enmienda. No se engañen, la crisis no ha corregido los malos hábitos; todo lo más, los ha frenado por falta de financiación o, simplemente, ha forzado a practicarlos de manera más discreta.

Más recursos no con más recortes sino con más ingresos…

Más recursos no con más recortes sino con más ingresos…

La insuficiente recaudación fiscal de España vista en la perspectiva de la UE

Por Àngels Martínez i Castells – Punts de vista.

En la colección Statitics in Focus de Eurostat se acaba de hacer pública el segundo material de Economía y Finanzas del que es autor Laura Wharig. Con “Ingresos fiscales en la Unión Europea” se tiene una primera aproximación a la estabilización de los mismos en Europa en dicho año 2010, después de tres años caída. Es interesante ver la publicación en su conjunto, pero para poder apreciar en un solo gráfico la diferencia de los ingresos fiscales en relación al PIB para cada Estado Miembro (y poder valorar por tanto la posibilidad de financiación real de las políticas para la salida de la crisis) busquen ustedes España en el ranking de países de la UE y de la EFTA (sus iniciales, ES) y valoren tres cuestiones:

1- Hasta qué punto era ridícula e increíble la afirmación de Mariano Rajoy antes de las elecciones generales cuando, casi imitando a Bush padre y faltando a su palabra tanto como él, poco le faltó para que nos dijera lo de “lean mis labios, no más impuestos”… cuando estamos en la cola de la cola. La evidente mentira electoral de Rajoy sobre no subir los impuestos salta a la vista si encuentran a España en el ranking, y a pesar de que –fiel a sus patronos– ha subido con las últimas medidas la presión fiscal para todos menos para los más ricos, la monarquía y la iglesia (también exenta del IBI) y los poderes financieros.

2- Lo imprescindible que es combatir el fraude fiscal y aumentar la tributación de las rentas de los poderosos y defraudadores (leer aquí también SICAV), del capital y de patrimonio para conseguir acercarnos en tributación a la media europea y poder tener, como la mayoría de países de nuestro entorno, capacidad real de financiación de políticas que permitan capear el temporal con desigualdades más soportables.

3- De lo que recauda el Estado –y más con las políticas neoliberales del PP– sabemos que lo primero son los bancos (y casi podríamos añadir que a continuación se alimenta –mientras no se combata a fondo– la lacra de la corrupción). El escaso resto que queda sirve para justificar los recortes antisociales y anti derechos humanos de las políticas de educación, sanidad, sociales… ¡Y luego dirán que España ya dejó atrás los años y vicios del franquismo y es un estado europeo democrático perfectamente homologado!

En el año 2010, los ingresos fiscales (incluidas las contribuciones sociales) en la UE-27 se situaron en el 39,6% del PIB, representando más del 91% de los ingresos totales del gobierno. La proporción de los ingresos fiscales respecto al PIB en la zona euro (UE-17) fue ligeramente superior en la UE-27, en un 40,2%. Como muestra el gráfico 2 (que ilustra este artículo), la proporción de ingresos fiscales respecto al PIB fue mayor en Dinamarca, Bélgica y Suecia (48,5%, 46,4% y 46,3% respectivamente), mientras que tendió a ser menor que el promedio en los países que ingresaron en la UE a partir del año 2004, y los porcentajes más bajos se registraron en Bulgaria y Lituania (ambos 27,4% del PIB) y Letonia (27,5% del PIB).

Entre los países que ingresaron en la UE a partir del 2004, Eslovenia registró el mayor porcentaje de impuestos en relación al PIB, pero aún así, los ingresos fiscales en Eslovenia siguen estando por debajo de la media de la UE-27.

Entre los países que ingresaron en la UE antes de 2004, Irlanda (29,8% del PIB), España (32,9% del PIB) y Grecia (33,2% del PIB) registran la menor recaudación de impuestos.