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OPINION

Porque no cuadran con los intereses del capitalismo neoliberal…

Porque no cuadran con los intereses del capitalismo neoliberal…

Las 'cenicientas' de la sanidad pública

Salud Pública, Salud Mental y Salud Laboral, las tres marginadas del Sistema Nacional de Salud

Por Marciano Sánchez Bayle, en nuevatribuna.es

 

nuevatribuna.es

Se trata de tres verdaderas “cenicientas” de la Sanidad Pública, cada una por sus propios motivos específicos pero en los tres casos existe un motivo común,  el que no cuadran con los intereses del capitalismo neoliberal, en los dos primeros casos porque sus actividades carecen de rentabilidad y en el último porque una parte importante de la salud laboral, la prevención de riesgos laborales, choca con los intereses empresariales y además, otras de sus actividades, las relacionadas con las mutuas son sumamente lucrativas para los intereses privados.

La Salud Pública (SP), además fue objeto de una ley especifica que se aprobó a finales de  2011 (Ley General de Salud Pública, 31/2011) que no se ha desarrollado, de esa manera la capacidad de nuestro sistema sanitario para abordar problemas serios de Salud Pública esta muy mermada como se evidenció en el caso de la crisis del ébola. Pero también carecemos de una política de abordaje en temas tan importantes como salud medioambiental, determinantes de salud o desigualdades en salud por citar solo los más relevantes.

La importancia estratégica de las funciones esenciales de Salud Pública (tales como vigilancia, monitorización y promoción de la salud) está en la generación por parte del sistema de salud de una respuesta efectiva, eficiente y de calidad a los intereses colectivos en materia de salud. La SP debe de ser uno de los objetivos centrales de las políticas públicas de salud, la manera más económica y ecológica de reducir la mortalidad y la morbilidad entre la población es prevenir y evitar los factores ambientales, sociales y conductuales que provocan la enfermedad y la muerte. La inversión en SP es más eficiente a medio plazo que los gastos en asistencia sanitaria y además promueve la autonomía y los derechos de la ciudadanía...(leer más)

Entrevista hecha por José Luis López Bulla a Gerardo Iglesias y publicada en su blog ‘Metiendo bulla’…

Entrevista hecha por José Luis López Bulla a Gerardo Iglesias  y publicada en su blog ‘Metiendo bulla’…

"La aparición de Podemos ha roto la impunidad de la gran corrupción"

El exsecretario general de Izquierda Unida y fundador de la organización espera que el nuevo discurso de Alberto Garzón llegue a tiempo para que IU pueda ofrecer una aportación importante a la articulación del proyecto alternativo en la izquierda.

Gerardo Iglesias ha accedido a mantener una entrevista—conversación en este blog. Le agradecemos vivamente esta deferencia. Gerardo no necesita presentación alguna. Como se decía antiguamente la fama le precede. La buena fama, añadimos nosotros.

No queremos dejar pasar la ocasión de recordar la faceta de escritor de nuestro hombre, tanto como articulista como de autor de un libro magnífico: Por qué estorba la memoria, editado por Madera Noruega Editores. Importa resaltar que Gerardo Iglesias, autodidacta, exhibe una prosa potente a la par que austera y elegante. Muy alejada del muermo de escritos políticos de la mayoría de los dirigentes de nuestro país. 

López Bulla: Te agradezco, querido Gerardo, que hayas querido compartir unas cuantas horas para conversar sobre asuntos de gran envergadura. Estoy seguro que muchos de los lectores de 'Metiendo bulla' tienen interés en conocer tus puntos de vista sobre una serie de cuestiones desde tu observatorio privilegiado de estar fuera del ring exasperado de la política. Permíteme la primera pregunta: ¿qué características nuevas observas en esta crisis que venimos padeciendo desde 2008 y qué relación ves entre ella y los acontecimientos políticos de estos últimos años?

Gerardo Iglesias: Si hablamos de la crisis económica, que convive con otros factores de crisis del sistema político democrático (en nuestro país, crisis de régimen), resulta evidente que fue causada por las políticas especulativas del capitalismo financiero, a falta de una regulación que  pusiera freno a su insaciable apetencia por amasar dinero, desentendiéndose de las actividades productivas y de cualquier compromiso como servicio público, y ahondando en las prácticas más corruptas, tal como la utilización de los paraísos fiscales.

Los costes de las crisis económicas siempre los pagaron las clases populares más desfavorecidas. Lo característico de esta crisis, refiriéndose sobre todo a los países del Sur de la Eurozona, es que no sólo  la están pagando los de siempre a un precio altísimo, con medidas tan escarnecedoras como la inyección masiva de dinero público a los bancos ladrones, sino que los causantes de la crisis se han adueñado del poder político y de la soberanía de los pueblos, siendo ellos mismos los que prescriben las recetas para “salir” de la crisis, unas recetas que les siguen aportando pingües beneficios, mientras las desigualdades crecen escandalosamente. Así como suena.  ¿Para quienes si no trabaja “la troika”?. El Banco Central Europeo, que no es un banco central, sino un lobby de los grandes poderes  económico-financieros, al amparo de la moneda única maniobra para que los países más afectados por la crisis se traguen la amarga medicina. Ejemplo más reciente, lo que hace con Grecia y el Gobierno de Syriza. Esos poderes, que no se someten al veredicto de las urnas, han llegado a imponer ministros de economía de su cuerda en varios países de la Unión, caso de Italia, Grecia ¡y España!, pregúntense de dónde viene si no y a quién representa el ministro Guindos.

La evidencia misma y la gran mayoría de los expertos confirman que las recetas impuestas por la “troika” son lo más contraproducente para salir de la crisis. ¿Por qué entonces persisten en ellas?. Porque aprovechando la crisis que provocaron ellos pretenden, y lo están consiguiendo, llevar a cabo el proyecto de desmantelamiento de lo que se dio en llamar “estado del bienestar”, que en su día inició la Thatcher. En nuestro país no hace falta poner ejemplos al respecto, todo el mundo conoce en qué se están quedando los servicios sociales. Es más, en España asistimos a una catarata de contra-reformas, promovidas por el PP, que afectan gravemente a las libertades y a la calidad de la democracia. Se trata de un proceso de involución en toda regla.

¿Qué relación existe entre la crisis económica y los acontecimientos políticos de los últimos años, me preguntas?. Supongo que te refieres a los cambios que se están produciendo en el mapa electoral en varios países de Europa. Es verdad que no en todos los casos los cambios son del mismo signo, aunque todos tienen alguna relación con la crisis, no toda. Lo más sobresaliente y esperanzador es lo ocurrido en Grecia con el triunfo de Syriza, y la profunda recomposición de fuerzas que ya ha comenzado en España, promovida  por la emergencia de nuevos y potentes movimientos sociales, que son la base de la espectacular irrupción de Podemos a la vida política. Por el momento, la aparición de Podemos ya ha puesto en solfa el sistema político bipartidista diseñado en la Transición, y ha roto en cierta medida la impunidad sobre la que se asentaba la gran corrupción, generalizada e institucionalizada.

Es evidente que existe relación entre la crisis económica, sus efectos, y la aparición de estos fenómenos. Pero nos quedaríamos en una visión muy superficial si creyéramos que la irrupción de estas fuerzas sólo viene determinada por el cabreo social existente a causa de la política de recortes. Estas fuerzas emergentes tienen raíces más profundas, si bien los recortes han acelerado su eclosión. Supongo que para explicar las raíces profundas de estas fuerzas habrá otras preguntas… (leer más – la entrevista integra- en nuevatribuna.es)

De interesante lectura…

De interesante lectura…

La decencia del sindicalismo

Por AGUSTíN MORENO, en cuartopoder.es

Son las 7:30 horas de la mañana, voy a coger el metro y un militante de CCOO me entrega una octavilla en los pasillos de la estación de Atocha. Es un llamamiento a una manifestación en defensa de las libertades y el derecho de huelga, que se celebrará en Madrid el 18 de febrero. En la hoja se recuerda que hay 300 sindicalistas imputados por ejercer el derecho de huelga, algunos de ellos con condena firme y a la espera del ingreso en prisión. Hay procesos tan escandalosos como el de ocho trabajadores de Airbus de Getafe a los que les pide la fiscalía 64 años de cárcel por una Huelga General; o los cinco obreros de Acelor de Asturias con 24 años de petición de prisión. Hay que recordar que la huelga es un derecho fundamental que está recogido en la Constitución Española de 1978 (artículo 28) y que define la existencia -o no- de democracia en un país. Sin embargo, este derecho se intenta limitar con la intimidación y la represión o por empresarios desaprensivos que no la respetan en muchas ocasiones. Por eso es muy importante la sentencia de la Audiencia Nacional que declara que los directivos de Coca Cola vulneraron el derecho de huelga en el actual conflicto.

La fiscalía está solicitando penas totalmente desproporcionadas y sin justificación, en aplicación del artículo 315.3 del Código Penal. Lo mismo que las sanciones que establece la nueva Ley de Seguridad Ciudadana o “ley mordaza”. Con ella, se podrán interponer multas de 30.000 a 600.000 euros por el ejercicio del derecho de huelga; de 600 a 30.000 euros por encierros; otras cantidades por perturbar la tranquilidad ciudadana, por resistencia pacífica, por grabar a la policía…. ¡hasta de 600 euros por colocar una pegatina en un bien público o privado! Es decir, que habrá que jugársela para hacer sindicalismo y defender a los trabajadores.

Este mismo día nos desayunamos con la comparecencia de algunos sindicalistas en la Audiencia Nacional imputados por el uso de las tarjetas black de Caja Madrid. Y seguimos con El País que titula en primera página: “CCOO de banca gastó 14 millones en comidas y viajes en cinco años”. El día anterior el titular era: “CCOO de banca pagó 3.7 millones en sobresueldos a sus delegados”. El interés del periódico puede ser cualquiera, desde la simple información al ataque directo al sindicato o al intento de engrasar el nuevo pacto de moderación salarial que se está negociando. O todo a la vez. Pero, lo cierto, es que más allá de las imprecisiones que pueda tener, parece bastante documentado y refleja unas prácticas sencillamente impresentables.

Por ejemplo, define mal cuando habla de “delegados” porque la información refleja que son los dirigentes del sindicato, una pequeña nomenclatura que goza de los privilegios que aparecen. Sobresueldos, como los llama El País, o el eufemismo de “retribuciones complementarias” como lo denomina CCOO de Banca (Comfia), pero que no son otra cosa que un salario más que reciben (además del salario que cobran de la empresa los liberados) y que alcanza a cantidades nada despreciables, de hasta 20.000 euros al año en algunos casos. Pueden ser hasta legales ¿pero justos y éticos? El montante es de 3,7 millones de euros en total de complementos salariales de 2008 a 2012, años de crisis en los que se destruyeron 45.000 empleos en el sector. Seguro que habrá gastos justificados en viajes y acción sindical, pero aquellos de comidas en restaurantes selectos (alguno propiedad de exdirigentes de Comfia) y otros sin justificar recuerdan la barra libre de las tarjetas black. Y tampoco está claro de dónde sale la financiación para cubrir estos dispendios. Muy mal si es de la cuota de los afiliados y peor si sale de las entidades financieras, y no está claro el concepto.

Lo más grave de todo esto es que el tema se podía haber detectado e impedido hace años. En 2007 saltó a la prensa la inexplicable e inexplicada fortuna amasada por la entonces secretaria general de banca de CCOO. A pesar de las peticiones de investigación y la exigencia de adoptar medidas contundentes que se hicieron (a nivel público y en los órganos de dirección), se taparon las cosas por la dirección oficialista. Si no se hubieran puesto tantas manos en el fuego para justificar lo injustificable y se hubiera actuado de inmediato, quizá CCOO se podría haber ahorrado el actual escándalo y el de las tarjetas black de Caja Madrid, que también afectó a la pareja de la exsecretaria general. Ha habido demasiada complicidad porque Comfia ha sido un puntal del aparato y de los secretarios generales posteriores a Marcelino Camacho.

Mal asunto si toda la explicación es como la entrevista de El Intermedio con las patéticas respuestas del secretario general de Comfia, basada en la lógica del yo me lo merezco porque trabajo mucho, había que motivar o repartíamos porque había para repartir. La campaña en las redes sociales para quitar filo a los hechos hace ruido pero no es nada convincente. Como tampoco vale el argumento de que si nos votan es que está bien hecho todo lo que hacemos. Es la reacción típica y tópica de los viejos aparatos políticos cuando resultan cogidos en renuncio.

Lo fundamental es responder a estas preguntas: ¿los dirigentes sindicales tienen que tener privilegios respecto a los afiliados y a los trabajadores? ¿Es ético recibir financiación de las empresas? Para mí la respuesta es clara: No, en absoluto, y creo que opinan lo mismo la inmensa mayoría de los afiliados y afiliadas. El daño que hacen estos escándalos y conductas a la credibilidad de CCOO es enorme. Por eso, la siguiente pregunta es ¿a qué espera la dirección confederal del sindicato para dar explicaciones, actuar contundentemente y limpiar la casa? Porque la decencia del sindicalista que está repartiendo hojas a las siete de la mañana, la de aquel que está pendiente de cárcel por una huelga o la de la plantilla de Coca Cola de Fuenlabrada, por poner un buen ejemplo, es incompatible con la falta de decencia de unas pocas personas. Interesadas “penélopes” que deshacen el trabajo que la mayoría construye honestamente. Y no se nos olvide algo muy obvio: nada puede cambiar el que imita lo mismo que dice combatir.

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¡¡De aquellos polvos vienen estos lodos!! y, desgraciadamente, no es un caso que pudiéramos calificar como excepcional…

¡¡De aquellos polvos vienen estos lodos!! y, desgraciadamente, no es un caso que pudiéramos calificar como excepcional…

Mi experiencia como anestesiólogo en el HUCA

El descarnado relato en primera persona de un profesional de la medicina a su paso por el hospital asturiano

Por Ignacio Fernández, en ASTURIAS 24

 

Era enero de 2012, en cinco meses terminaría mi periodo de formación como anestesiólogo y podría ejercer como titular de un quirófano. Esto suponía el desenlace de 11 años dedicados plenamente a este fin, seis años de carrera, uno para preparar el examen MIR y 4 de especialidad. Cinco residentes terminaríamos la especialidad en el HUCA ese año, y en toda Asturias, al ser el único centro formador de residentes de anestesia en toda la comunidad. Nuestra jefa nos ofreció ser titulares de quirófano, habitualmente se estaba acompañado de un adjunto (anestesiólogo con especialidad finalizada) hasta el final de la residencia. De esa manera obviábamos nuevas contrataciones y nos asegurábamos un contrato en mayo.

 

He de reconocer que fueron unos meses muy duros. Había comprado mi piso, me había casado y había decido continuar mi vida en Oviedo, después de todo había vivido allí 28 años, y pensar en irme suponía un problema personal y económico muy importante. Admito que hasta ese momento me había sentido una persona francamente afortunada, había elegido la especialidad para la que había nacido, el ambiente en ese hospital era muy bueno, y el trato con todos los adjuntos era fabuloso, de amistad en algunos casos.

 

El HUCA y mi tenacidad me habían brindado la oportunidad de obtener una formación al máximo nivel. La fecha exacta de finalización del contrato de mi periodo de formación era el 19 de Mayo, y después de eso la incertidumbre. El día 18 la jefa nos reúne, previamente habíamos presentado el currículum (unos más extensos en cursos formativos y rotaciones externas y otros repletos de horas de trabajo de campo) con intención de ser contratados. Nos dice que de los cinco, tres seríamos contratados. Más o menos justa pero esa era su decisión y mi gran esfuerzo había tenido recompensa. Tendría trabajo en el hospital que tan importante había sido para mí. Cuál fue mi sorpresa cuando cinco horas más tarde, mi jefa me comunica que el SESPA cancela dos de los tres contratos prometidos, imponiendo el nombre del trabajador del contrato… (leer más)

 

VER NOTICIA RELACIONADA DE HACE AHORA 1 AÑO…

Por experiencia lo sabemos, pero de vez en cuando conviene detenerse a abstraerlo y recordarlo…

Por experiencia lo sabemos, pero de vez en cuando conviene detenerse a abstraerlo y recordarlo…

¿Gestiona mejor la derecha?

La experiencia muestra que la derecha tiene habitualmente menos interés en el servicio público y más en el control financiero

Para ser un buen gestor de lo público, la primera exigencia es creer en el servicio público

Quien piensa que el mejor impuesto es el que no existe y que lo público es siempre peor que lo privado no puede ser un buen gestor de los intereses colectivos

Juan A. Gimeno. Economistas Sin Fronteras.

Es muy frecuente que en las encuestas se pregunte a la ciudadanía cuál es su opinión comparativa entre los partidos de derecha y de izquierda. Casi siempre, los de izquierda salen mejor parados en lo que se refiere a capacidad para redistribuir y conseguir mayor justicia social, y la derecha en que gestiona mejor. Uno tiene la sensación de que es esta una de esas frases que a fuerza de repetidas parecen convertirse en opinión inapelable. Pero si repasamos un poco la realidad, más bien parece que deberíamos concluir lo contrario.

La experiencia muestra que la derecha tiene habitualmente menos interés en el servicio público y más en el control financiero. A menudo, con especial interés en que ese control recaiga en manos privadas amigas, pero eso es otra historia. Podríamos recordar el cambio en los gestores de Caja Madrid, con la entrada de Blesa y la notoria “mejora” en la gestión que implicó que la derecha asumiera la máxima responsabilidad, pero eso es también otra historia.

Veamos algunos ejemplos. ¿Se imaginan qué pasaría con un gestor de una empresa privada que dijera que los clientes prefieren a otros proveedores porque funcionan mejor? Es obvio que implica reconocer su propio fracaso y parecería ser la antesala de su dimisión por incompetente. Pues nosotros podemos ver cómo responsables de servicios públicos dicen tranquilamente que los padres prefieren la enseñanza privada a la pública y que por eso hay que darle más dinero a los colegios concertados y retirárselo a la escuela pública. Por ejemplo, Esperanza Aguirre señalaba en 2011 que su política respondía “a la demanda en muchos casos mayoritaria" que existe en la comunidad en enseñanza concertada y formaba parte de "los ejes fundamentales de la política educativa" de su Gobierno, que está "decidido a promover y garantizar" la libertad de los padres para elegir la educación que prefieren para sus hijos.

En nombre de la sacrosanta libertad de los padres, se restan fondos para los centros públicos de los que ella es máxima responsable en esos momentos. ¿Es eso un ejemplo de buena gestión o una demostración de desidia en la gestión de lo público?

En la misma línea se mueven la mayoría de los procesos de privatización, externalización o como quieran llamarlo de los servicios públicos. Se saca a concurso con presupuestos inferiores a los que se vienen dedicando y en el baremo de selección se da el peso decisivo a la oferta más barata, despreciando la competencia en la gestión y la experiencia de los concursantes. Naturalmente, gana la contrata una empresa que probablemente jamás ha trabajado en el sector. Y quedan fuera otras ofertas como las cooperativas de trabajadores con amplia experiencia en el servicio público.

¿Puede sorprender que los concesionarios reduzcan inmediatamente el personal y la calidad del servicio? Nuestros gestores públicos dirán con orgullo que han conseguido mantener el servicio igual que antes pero mucho más barato. Cuando surgen los problemas, la cuestión es de la empresa concesionaria pero no suya. No es su responsabilidad la bajada de presupuesto, no es su responsabilidad la contratación de incompetentes, no es su responsabilidad que el servicio público no se preste. ¿Cuál es entonces su cometido? De nuevo, ¿es eso un ejemplo de buena gestión o una demostración de desidia en la gestión de lo público?

El deterioro paulatino de la sanidad pública cuando la gestión cae en manos privadas empieza a ser evidente. No importa el servicio sino la cuenta de resultados. Las prestaciones caras y los enfermos costosos son despreciados y se trabaja para absorber las prestaciones de bajo coste y alto margen de beneficio. Claro, la comparación entre los gestores públicos (obligados lógicamente a atender a todos los ciudadanos) y los privados (que solo se quedan con los rentables) muestra que estos son más eficientes. Sin comentarios.

La saturación de las urgencias, ligada a la pésima gestión en relación con los centros de salud es otro síntoma. Como la venta de viviendas de protección oficial a fondos que modifican las condiciones y desahucian a los inquilinos. ¡Qué gran gestión de los bienes públicos y de los derechos de los ciudadanos!

Otro ejemplo. Se conceden en muchos departamentos públicos subvenciones para realizar determinados proyectos: a organizaciones no gubernamentales, a fundaciones, a equipos de investigación…Naturalmente, se exige presentar un montón de documentos explicando qué se quiere hacer, objetivos, medios…Al final del proceso, como es debido, se rinden cuentas de la utilización de los fondos públicos. Uno esperaría que se dedicara a esa tarea un grupo de funcionarios que comprobaran cómo se habían conseguido los objetivos públicos para los que se había otorgado la subvención. Pues no: últimamente se ha externalizado esa tarea y son empresas privadas de auditoría (¡contable, claro!) las que cobran de la Administración Pública correspondiente para realizar esa tarea.

Naturalmente, el control se refiere a la revisión de hasta la última factura, con criterios tan estrictos que bien parece que cobren en función del dinero que obliguen a devolver al receptor de la ayuda. El control es prácticamente nulo en lo referente a los objetivos conseguidos, a la calidad del servicio. Hemos vivido el caso de tener que devolver la casi totalidad de la ayuda concedida a un proyecto por un fallo formal en un contrato, aun reconociendo el controlador que el servicio se había realizado satisfactoriamente y que detrás del fallo formal no había fallo material. No parece que sea la mejor forma de gestionar eficientemente los servicios públicos.

Eso sí. La derecha muestra una enorme eficacia en el maquillaje de las cifras. Que las listas de espera de atención médica se deterioran, se cambian los criterios de cómputo para que den el resultado adecuado. Que el paro aumenta, se cambia la legislación para que se cree empleo de ínfima calidad (ya no garantiza salir de la pobreza) pero que aparentemente se reduzcan el número de desempleados. Poco importa que la mitad de la población activa esté parada o con empleos precarios y a tiempo parcial o que se vayan muchos profesionales de elevada preparación.

¡Es ejemplar cómo se juega con los presupuestos! Se incrementan las cifras destinadas a becas y a investigación y se reduce el gasto en defensa, se dice. Claro es que el presupuesto de becas deja de ser ampliable según las necesidades (como lo fue siempre) por lo que el gasto efectivo final resulta muy inferior al de años anteriores. Claro es que la mayor parte del gasto en investigación va a defensa o a créditos que hay que devolver (si es que no te prohíben endeudarte). Claro es que el presupuesto para defensa se amplía generosamente a lo largo del ejercicio y que la parte más importante de la deuda pública que pesa sobre nuestros presupuestos proviene de gastos militares.

Quizás estas apariencias y la eficaz maquinaria mediática a su favor expliquen por qué todavía tanta gente piensa que la derecha gestiona mejor. Creo que para ser un buen gestor de lo público, la primera exigencia es creer en el servicio público. Pero quien piensa que el mejor impuesto es el que no existe y que lo público es siempre peor que lo privado no puede ser un buen gestor de los intereses colectivos. Los hechos lo confirman.

Este artículo refleja la opinión y es responsabilidad de su autor. Economistas sin Fronteras no necesariamente coincide con su contenido.

Se jubiló Ignacio González Vázquez de Prada Médico y coordinador del centro de salud de Contrueces durante casi 30 años

Se jubiló Ignacio González Vázquez de Prada Médico y coordinador del centro de salud de Contrueces durante casi 30 años

AREA V (GIJON)

«Hay pacientes que dejan la medicación porque no la pueden pagar»

«La gestión del personal ha sido mala. Los jóvenes mejor formados se han ido por falta de oportunidades y ahora no hay personal para contratar»

LAURA FONSECA, en El Comercio.

Confiesa que lo de ser médico le llegó «casi por revelación». Fue un verano en Gijón, en la playa, cuando estaba en pandilla. «Empezamos a hablar sobre qué íbamos a ser de mayores y me sorprendí a mí mismo diciendo que quería ser médico». Ignacio González Vázquez de Prada (Mieres, 1950) cree que acertó en la elección. Durante 30 años fue médico y coordinador del centro de salud de Contrueces. Lo fue hasta que el pasado día 13 tuvo que marcharse al llegarle la edad de jubilación, confiesa resignado. Habla con orgullo de sus pacientes, de los que casi no tuvo tiempo de despedirse. Su nombre sonó en diferentes legislaturas para ocupar cargos de responsabilidad en Sanidad, «pero nunca di el paso porque en política muchas veces tienes que defender proyectos en los que no crees y yo no valgo para eso».

-Vio nacer el modelo de Atención Primaria tal y como lo conocemos ahora. ¿Cómo cree que lo deja treinta años después?

-Hay una situación de incertidumbre y la hay por varias razones, sobre todo económicas. Los recortes, aunque es cierto que en Asturias no han sido tan acuciantes, han provocado un deterioro en la calidad. En Primaria empieza a haber lista de espera, cuando eso antes no se daba.

-Cuando habla de lista de espera, ¿a qué se refiere? La Consejería de Sanidad niega que haya demoras en Primaria... (leer más)

“De la gripe se habla todos los años; el mayor problema que tenemos no es de gripe, es de memoria. ¿Ya no nos acordamos cómo es la gripe, que colapsa servicios y hospitales, que la gente lo pasa mal, que hay muertos?...”

“De la gripe se habla todos los años; el mayor problema que tenemos no es de gripe, es de memoria. ¿Ya no nos acordamos cómo es la gripe, que colapsa servicios y hospitales, que la gente lo pasa mal, que hay muertos?...”

«Cerrar plantas de hospital en época de gripe me parece una estafa»

Francisco Abal Médico centinela de la red de vigilancia epidemiológica de Siero

 

LUIS FLÓREZ, SIERO, en El Comercio.

 

A escasos días de alcanzar el pico de gripe en Asturias, el médico del centro de salud de Carbayín, Francisco Abal (Vigo, 1958), llama a la calma afirmando que tenemos un sistema de salud preparado, «pero mal gestionado».

 

¿Cuál es la mejor forma de prevenir la gripe?

Lavarse las manos. Tan sencillo y taxativo como eso. La gripe es una enfermedad de contagio respiratorio; los virus se mueven con facilidad en el medio ambiente, pero cuanto tú contaminas tosiendo o tocando algo, vas diseminando los virus por muchos sitios. La única medida que ha demostrado eficacia para prevenir la gripe es lavarse las manos. Sonarse, tirar el pañuelo y lavarse las manos.

 

¿Qué colectivos de personas son más propensos a contagiarse?

Los niños, sin duda. Más que nada porque han tenido menos contacto con el virus de la gripe. Cuando tienes contacto con un virus de la gripe desarrollas inmunidad, como con otras enfermedades transmisibles. Por ejemplo, la famosa gripe A de hace unos años la padeció sobre todo la gente joven, ya que la gente mayor había padecido una gripe similar con anterioridad y había dejado una memoria inmune.

 

¿Y la gente mayor no suele padecer gripe?

La gente mayor suele caer con más gravedad, es decir, no tienen tanta probabilidad de enfermar, pero si lo hacen, puede ser peligroso; pero es algo que ocurre con casi todas las enfermedades.

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Un muy oportuno comentario…

Un muy oportuno comentario…

Hepatitis C: historia de una infamia

En el caso de los enfermos de hepatitis C, este Gobierno no ha podido causarles más injusticias, vejaciones e incomodidades. Ni hecho adrede

Por Antón Losada en “Zona Critica”

eldiario.es

Adam Smith, ese recaudador de impuestos para la Corona británica que tanto invoca nuestra derecha cuando se pone liberal, sostenía que la obligación del Gobierno era evitar infligir a los gobernados más "injusticias, vejaciones e incomodidades de las estrictamente necesarias".

Este Gobierno puede que sea muy liberal e incluso lea a Adam Smith, pero desde luego lo practica poco. En el caso de los enfermos de hepatitis C, no ha podido causarles más injusticias, vejaciones e incomodidades. Ni hecho adrede.

Cuando los enfermos empezaron a movilizarse reivindicando el tratamiento con Sovaldi, intentaron despacharlos con el argumento que lo ha legitimado todo durante estos años: es muy caro y no nos lo podemos permitir. Cuesta trabajo imaginar mayor injusticia que decidir quién vive o quien sufre, o muere, a cuenta del precio de un medicamento, como si fuéramos a las rebajas.

Pero esta vez no coló decir que salía muy caro y no se podía hacer otra cosa. Hasta a una sociedad tan depauperada como la nuestra le cuesta tragarse que alguien que haya podido contagiarse en un hospital o por donar sangre deba asumir semejante sacrificio.

Forzado a renunciar a la injusticia, el Gobierno se entregó a la vejación. Con Ana Mato al frente comenzaron meses de mentiras, falsas promesas y humillaciones innecesarias. Toda la sensibilidad y el tacto exquisito que el Ejecutivo ha deparado hacia la propiedad y confidencialidad de la multinacional farmacéutica Gilead, evitando incluso que sepamos cuánto cuesta realmente el fármaco, se ha tornado en frialdad y desconfianza hacia las peticiones de los enfermos.

Además de no cumplir ni una sola de las promesas hechas durante estos meses, el Gobierno parecía empeñado en convencernos de que los enfermos de hepatitis C son unos exagerados que inflan las cifras para acceder a dosis masivas de Sovaldi, no se sabe bien con qué oscuras intenciones.

El nuevo ministro, Alfonso Alonso, parece haber cambiado la humillación por la incomodidad como estrategia de gestión hacia unos afectados a quienes de momento ni se va a molestar en recibir. Como si no hubieran esperado ya bastante, acaba de crear una comité para elaborar una estrategia nacional y tenerles en lista de espera como mínimo otro mes más.

Cuando le pregunten, ya verán cómo nos cuenta que es cosa de los médicos y no una ocurrencia suya de político, para ver si a base de ponérselo más difícil los enfermos de hepatitis C se cansan, se desmovilizan o al menos consigue que dejen de salir en los medios.