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Por FAUSTINO F. ÁLVAREZ, PERIODISTA…

Por FAUSTINO F. ÁLVAREZ, PERIODISTA…

Elogio de los trasplantes

07.12.11, en El Comercio.

Asturias ha participado en un gran acontecimiento sanitario: 94 trasplantes de órganos en apenas tres días, en una operación que demuestra que no todo en el mundo es egoísmo y que la bondad y el bisturí no entienden de razas ni de miedos. Ojalá Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy tomasen nota a la hora de valorarnos más por el brillo del ánimo que por el tintinear de las monedas. Los viajeros que llegaban a las ciudades en el siglo XIX preguntaban por las murallas, los clérigos, los libros, las doncellas, la plaza mayor, los artesanos y el señor feudal. En Oviedo, se interesaban por los guisos, las mancebías y las reliquias; en Gijón, por la playa, los artesanos y los bergantines; en las villas del oriente, por las ovejas, los santos y las gentes que se habían aventurado hacia Ultramar, y en el occidente por los alfareros, los mayorazgos, la sidra y los enterradores. Más tarde, cuando un turista se acercaba a la ciudad jacobea ya edificada en su imaginación hasta la última calleja del laberinto urbano, se informaba del trato que se les daba a los niños y a los viejos, alfa y omega de una aventura vana, incierta y a veces novedosa. Hoy el turista observador, ya sea "in situ" o desde la inmóvil distancia que le facilitan la ubicuidad en su mesa de trabajo en cualquier lugar del planeta, se pregunta por la oportunidad de negocios, la calidad de vida, las reservas minerales o la bonanza del clima. Pero también, en los días del cólera y de la esperanza, hay unos misteriosos y lúcidos trashumantes que se preguntan, antes de diagnosticar sobre la salud moral de una sociedad, por la donación de órganos y por los trasplantes. A algunos les parecen unos chalados: mire usted que requerir datos sobre asuntos tan raros, sobre vísceras, urgencias, helicópteros, hielos, protocolos y quirófanos. Para otros, son quienes aciertan en la diana si es que quieren saber si hemos pasado, a lo largo de siglos y felizmente, de la antropofagia a la lucidez, del chimpancé ágrafo al mono gramático.

Enhorabuena, Asturias, que estás obteniendo la mejor calificación, entre todos los pueblos de Europa, en la más generosa y vanguardista apuesta ética, que pasa por la consideración de que tu corazón, tus ojos o tu hígado no son obsesiva propiedad privada sino una posible pieza de recambio cuando tú te vas al más allá y otro los necesita en el más acá. Los ojos no son ojos porque tú los veas, son ojos porque te ven, pero a la sentencia machadiana hay que añadir que son ojos porque pueden seguir viendo cuando tú te has apagado. ¿Hay mejor destino para el corazón del enamorado que seguir latiendo en otro pecho más allá de aquel último día que estaba señalado en el libro de las horas? ¿Mejor futuro para la cervantina oficina del estómago que un hígado filtrando otros humores más allá de la muerte? ¿Mejor horizonte para una mirada que otros paisajes, e incluso para una cuadrícula de piel que otros vientos y otros soles?

En los trasplantes de órganos se puede producir el milagro de una segunda oportunidad, que el motor de una respiración desalentada recupere el fuelle o que en la tristeza de los ánimos apaleados y caducos se produzca el milagro de la primavera. Se trata de compartir y de sublimar. ¿A quién le instalaría hoy el doctor Cavadas la ausencia perfecta de los brazos de la Venus de Milo o el que perdió Miguel de Cervantes en Lepanto? La vieja indagación sobre el percibir que ya hemos estado en un lugar que pisamos por vez primera se explicaría mejor si, más que prototipos, nos considerásemos herederos de otras vidas, quiméricos trasplantados del pasado, neuronas vagabundas y memoriosos naufragios sucesivos. En la tornaboda de la extinción, la eternidad se hace posible: es cuando el hombre, ante el niño que nace, se convence de que ya tiene sangre suya puesta de pie en el mundo. Todos somos hijos de todos, y las campanas siempre doblan por ti. Enhorabuena, Asturias, que no es mal corazón el de segunda mano.

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