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Frente a las estimaciones pesimistas de unos las optimistas de otros, pero ambas están considerando la misma política económica que – y esto no es una estimación - nos mantiene en el actual círculo vicioso recesivo…

Frente a las estimaciones pesimistas de unos las optimistas de otros, pero ambas están considerando la misma política económica que – y esto no es una estimación - nos mantiene en el actual círculo vicioso recesivo…

La Comisión Europea destroza las previsiones económicas del Gobierno

Bruselas prevé una caída del PIB en 2013 del 1,5%, el triple de lo pronosticado por el Ejecutivo

El déficit seguirá disparado hasta 2014

Claudi Pérez, Bruselas, en El País

Bruselas no ve brotes verdes: ni un atisbo de metáfora primaveral asomando por ningún lado. Las previsiones económicas de otoño, que la Comisión Europea dará a conocer públicamente este viernes, dibujan un panorama lóbrego para España y hacen añicos las del Gobierno, según un borrador al que ha tenido acceso este periódico. Los pronósticos son simplemente eso, buenos o malos augurios en función de los indicadores adelantados; está por ver si se cumplen o no. Pero si los vaticinios de Bruselas se acaban plasmando en la realidad supondrán un serio boquete en la credibilidad del Ejecutivo: la Comisión anticipa caídas del PIB del 1,6% este año y del 1,5% el próximo, y deja la salida del túnel para 2014, con un anémico avance del 0,5%. La previsión del Gobierno —jalonada con ese desafortunado “estamos saliendo de la crisis, ya hay señales esperanzadoras” de la ministra de Empleo, Fátima Báñez— pasan por una caída algo menor del 1,5% para este año y un retroceso del 0,5% para 2013, que los expertos y ahora Bruselas juzgan melancólicamente optimista.

Junto a la laberíntica salida de la crisis, lo verdaderamente preocupante de los datos de Bruselas es el déficit público. El sobreesfuerzo del año pasado sirvió para rebajar el déficit del 9,6% del PIB al 9,4%. El doloroso tratamiento sin anestesia que combina las subidas de impuestos con los tijeretazos en el capítulo de gastos no funciona: el déficit acabará el año en el 8%, según la Comisión, que rebaja esa cifra al 7% si se excluye el efecto de las recapitalizaciones de los bancos. Para 2013, el agujero fiscal es del 6%, y del 5,8% hasta 2014: ni siquiera con el año adicional que concedió Bruselas se alcanza el objetivo del 3% del PIB. Eso deja tres posibilidades. La primera es ampliar los plazos para cumplir las metas, algo que viene reclamando el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que en Bruselas va ganando peso a la vista de que hay varios países en una situación parecida. La segunda es pedir a España esfuerzos adicionales; lo normal es que a lo largo de los próximos meses se produzca una combinación de esas dos posibilidades. La última son las sanciones, poco probables a la vista de que Madrid está haciendo todo lo posible por cumplir.

El equipo del ministro Luis de Guindos prevé un déficit público del 7,3% este año, del 4,5% el próximo y del 2,8% en 2014, muy lejos del consenso de los analistas y de los datos oficiales tanto de Bruselas como del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el año próximo y el siguiente.

El borrador que maneja Bruselas deja una salvedad en el aire: no contabiliza totalmente las medidas aprobadas a mediados de año (subida del IVA, recorte de las deducciones del Impuesto de Sociedades y eliminación de una paga extra a los funcionarios) porque juzga que aún no es posible apreciar sus efectos. Pero deja algunos avisos de por dónde van los tiros: “La consolidación fiscal apenas ha avanzado en los ocho primeros meses del año”. Buena parte de los recortes se los ha comido, según la Comisión, “la rebaja de los ingresos fiscales (consecuencia de la recesión), los mayores pagos por intereses de la deuda (consecuencia de la presión de los mercados) y el aumento de las transferencias sociales”, como el subsidio por desempleo. Las medidas aprobadas en julio, incluyendo la subida del IVA, la paga extra de los funcionarios y las medidas en el impuesto de sociedades “deberían tener un efecto considerable en la segunda mitad del año, así como los recortes en educación de los Gobiernos autonómicos”, según el citado borrador.

La Comisión no hizo comentarios ayer a esos datos. Es evidente que sobre todas las previsiones, las de Bruselas y las del Gobierno, pesan varias incógnitas, en especial las relativas al efecto de la subida del IVA (un auténtico experimento social, con el país en plena recesión) y a la amnistía fiscal. Sin embargo, el vicepresidente y comisario de Competencia, Joaquín Almunia, dio ayer algunas pistas en Madrid de lo que piensa Bruselas acerca de España: los Presupuestos del Gobierno para 2013 y las previsiones económicas asociadas demuestran los esfuerzos que se están haciendo tanto por el lado de los ingresos como por el de los gastos, pero el cuadro macroeconómico que los acompaña está “alejado del consenso”. Almunia incidió también en que Bruselas tiene la sensación de que España ha negado la evidencia de la profundidad de la crisis o la necesidad de actuar a fondo. “La reacción tardía se ha asociado a España demasiadas veces”, dijo. Durante su intervención en el Foro Nueva Economía llamó a “no dejarse llevar por el derrotismo” y explicó que la crisis “tiene solución, será superada y está empezando a ser superada”.

“Los árboles no deben impedir ver el bosque”, añadió Almunia. Pero los árboles son altísimos. Las proyecciones de Bruselas que más se aproximan a las del Ejecutivo que preside Mariano Rajoy son las relativas a la deuda pública. E incluso en ese apartado los datos hablan por sí solos: la deuda acabará este año en el 83,7%, el próximo en el 89,5% y se irá en 2014 hasta el 93,9% del PIB. No se vislumbra el momento en que la deuda dejará de crecer, uno de los datos que más preocupa. Europa decreta que la única receta posible sigue siendo ajuste y reformas, y seguramente un segundo rescate a pesar de la indefinición del Gobierno al respecto, pero los ajustes se hacen siempre para volver a crecer, no para acabar de rematar a un enfermo grave, que es lo que podrían provocar algunas de las políticas que se están aplicando —con la velocidad a la que además se están aplicando, frente a los consejos del FMI, que viene advirtiendo de que la reducción del déficit es un maratón y no una carrera de velocidad— España no sale del actual círculo vicioso recesivo.

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