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Investigación internacional con especial protagonismo desde Asturias…

Investigación internacional con especial protagonismo desde Asturias…

Asturias cerca al cáncer de colon

Científicos españoles, alemanes e ingleses han encontrado los procesos moleculares utilizando ratones cuya genética han modificado

El IMOMA lidera un estudio que ha descubierto nuevas posibilidades de tratamiento

Foto: Mario Fernández Fraga, del Instituto Universitario de Oncología de Asturias (IUOPA), y Juan Cadiñanos, del IMOMA.

08.07.13 - CHELO TUYA | GIJÓN, en El Comercio.

 

Más de un millón de personas desarrollan cáncer colorrectal cada año en el mundo. De hecho, el de colon es una de las causas de muerte por cáncer más frecuente, tendencia que puede cambiar desde hoy. Porque el Instituto de Medicina Oncológica y Molecular de Asturias (IMOMA) participa y lidera un estudio que ha encontrado nuevas opciones terapéuticas. Lo han hecho al descubrir los procesos moleculares que causan un tipo de específico de cáncer colorrectal utilizando ratones modificados genéticamente.

 

Así lo aseguró Juan Cadiñanos, investigador del IMOMA que encabeza el estudio en el que han participado, además de científicos ingleses, alemanes y españoles, los doctores Mario Fernández Fraga, del Instituto Universitario de Oncología del Principado (IUOPA) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), e Ignacio Varela, del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (IBBC).

 

En opinión de Cadiñanos, «nuestra aproximación engloba el objetivo de los estudios genómicos del cáncer: descubrir los cambios en el ADN que son responsables del desarrollo de los tumores, para detectar así el talón de Aquiles de las células cancerosas y poder identificar nuevos tratamientos».

 

Porque con el trabajo conjunto, los científicos han descubierto los procesos moleculares que causan uno de cada diez cánceres de colon, el que nace de una mutación del gen Braf, un oncogén que está frecuentemente activado en cáncer de piel. A pesar de que, hasta ahora, los tratamientos dirigidos a ese gen eran capaces de reducir considerablemente el volumen de los tumores de piel, esos tratamientos no eran efectivos contra los provocados en el colon por su mutación.

 

Para Rolan Rad, integrante del estudio y científico del Wellcome Trust Sanger Institute, de Cambridge, «nuestros estudios en ratones han revelado cómo cooperan los genes para causar un tipo específico de cáncer de colon. Hemos identificado los genes principales que alteran este tipo de cáncer, el orden en el que suceden estas alteraciones durante la progresión tumoral y los procesos moleculares mediante los cuales algunos tumores relativamente benignos se transforman en cánceres agresivos. Esos genes constituyen dianas para el desarrollo de nuevos tratamientos».

 

Ingeniería genética

Para llegar a esas conclusiones, los investigadores modificaron ratones genéticamente, un proceso que capitaneó Cadiñanos, quien alaba el gran apoyo que a la IMOMA realizan «la Obra Social Cajastur, la Fundación Centro Médico de Asturias y Fundación María Cristina Masaveu Peterson».

 

La técnica utilizada fue reemplazar el gen Braf normal de los ratones con una versión que contenía una mutación idéntica a la que ocurre en los tumores humanos. Los ratones con el gen mutado desarrollaron inicialmente pólipos hiperplásicos, es decir, bultos formados por células tumorales en las paredes de sus intestinos. Unos pólipos que progresaron desde tumores benignos a cánceres malignos.

 

En el estudio se refleja que en los ratones mutantes los investigadores descubrieron una serie de alteraciones genéticas que se suceden una tras otra en un orden determinado y que dirigen el crecimiento de este tipo de cáncer de colon. Algunas alteraciones activan oncogenes como Braf, convirtiendo a las células en potencialmente cancerosas. Otras, inactivan genes protectores, como p53, anulando su capacidad para suprimir la progresión de los tumores.

 

Y ahí está la clave. Juan Cadiñanos asegura que «nuestra capacidad para introducir mutaciones específicas en los ratones mediante ingeniería nos permite explorar la función de los genes implicados en el cáncer y crear organismos modelo para estudiar subtipos específicos de tumores». Ignacio Varela, del IBBC, se muestra convencido de que «los mismos ratones utilizados en el experimento «resultan muy valiosos para probar fármacos antitumorales antes de utilizarlos en ensayos clínicos».

 

Dicho y hecho, utilizaron en los ratones la farmacología existente y encontraron alternativas muy efectivas. Como resume Dieter Saur, del Instituto Técnico Universitario de Munich y del Centro de Investigación del Cáncer de Alemania, «los resultados son prometedores para ensayos que permitan identificar tratamientos alternativos en segunda línea para los tumores que resisten a la primera ronda terapéutica».

 

La revista americana 'Cancer Cell' publica hoy el hallazgo

 

08.07.13 – El Comercio.

 

La revista 'Cancer Cell', la filial especializada en oncología de la prestigosa Cell, publicará hoy un artículo con el hallazgo del equipo multidisciplinar que encabeza el doctor Juan Candiñamos, del Instituto de Medicina Oncólogica y Molecular de Asturias (IMOMA). A él le correspondió la generación de los ratones modificados genéticamente que se emplearon en el proyecto.

 

La publicación supone un respaldo mediático de la comunidad científica al descubrimiento y demuestra que la teoría de que, cada vez más, el cáncer ha pasado de ser una dolencia mortal a convertirse en una patología de tratamiento cronificado.

 

Investigadores asturianos y Cell son ya pareja habitual, puesto que otros trabajos nacidos en la región han recibido el eco mundial de la publicación. El último, el de Carlos López Otín y sus 'The hallmarks of aging' - 'Las claves del envejecimiento'- considerado «acontecimiento histórico» por sus contemporáneos.

 

Científicos asturianos identifican fármacos que pueden combatir el cáncer de colon

Juan Cadiñanos, del IMOMA, y Mario Fernández Fraga, del IUOPA, trabajan en el estudio con investigadores ingleses, alemanes y españoles

08.07.2013, Oviedo, Eduardo GARCÍA, en La Nueva España.

 

Una investigación internacional sobre el cáncer de colon en la que ha tenido un papel decisivo el Instituto de Medicina Oncológica y Molecular de Asturias (IMOMA) y uno de cuyos principales autores es el bioquímico asturiano Juan Cadiñanos será publicada en las próximas horas por la revista científica norteamericana «Cancer Cell» y abre nuevas opciones terapéuticas para este tipo de tumor, al identificar combinaciones de fármacos antitumorales que se muestran eficaces para luchar contra las proteínas implicadas.

 

Centros investigadores de Alemania y el Reino Unido han complementado al IMOMA y al Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias (IUOPA) en un proyecto que Cadiñanos inició hace siete años en Inglaterra. Junto a Cadiñanos colaboraron en el trabajo los bioquímicos asturianos Mario Fernández Fraga (IUOPA-CSIC) e Ignacio Varela desde el Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (IBBC).

 

Más de un millón de personas desarrollan cáncer colorrectal cada año en el mundo. El trabajo nos presenta a uno de los enemigos a batir. Es un oncogén. El gen BRAF, que por cierto está también frecuentemente activado en los cánceres de piel. Uno de cada dos melanomas malignos tienen mutaciones de este gen. A pesar de que los tratamientos dirigidos contra BRAF son capaces de reducir considerablemente el volumen de los tumores de piel que tienen alterado este gen (aunque sólo a corto plazo), estos mismos tratamientos no han sido efectivos hasta la fecha contra los cánceres colorrectales con mutaciones en el BRAF.

 

El estudio publicado ahora en «Cancer Cell» «nos revela cómo cooperan los genes para causar un tipo de cáncer de colon. Hemos conseguido identificar los genes principales que se alteran, el orden en el que suceden estas alteraciones durante la progresión tumoral y los procesos moleculares mediante los cuales algunos tumores relativamente benignos se transforman en cánceres agresivos. Esos genes constituyen dianas para el desarrollo de nuevos tratamientos», explica el bioquímico asturiano.

 

Se abren posibilidades de trabajar en nuevos tratamientos, pero Juan Cadiñanos es cauto porque queda mucho camino por recorrer, empezando por los ensayos clínicos en humanos, si llegara el caso. Pero los ratones son buenos aliados porque, tal y como indica Mario Fernández Fraga, «estos animales con cáncer colorrectal debido a mutaciones del gen BRAF mostraron respuestas terapéuticas muy similares a las de las células humanas obtenidas de pacientes con este tipo de tumor, y también con mutaciones en el mismo oncogén».

 

Cuando en el laboratorio a los ratones se les cambió su gen BRAF normal por una versión que contenía una mutación idéntica a la que ocurre en los tumores humanos, los animales desarrollaron inicialmente pólipos que progresaron desde tumores benignos hasta cánceres malignos. La enfermedad ataca desde varios frentes. Algunas alteraciones -comprobaron los científicos- activan oncogenes como BRAF, convirtiendo a las células en potencialmente cancerosas, pero otras inactivan genes protectores como p53, anulando su capacidad para suprimir la progresión de los tumores.

 

«Entender la constitución genética de los diferentes subtipos de cáncer colorrectal permitirá guiar las decisiones terapéuticas de manera personalizada», comenta el doctor Allan Bradley, director del laboratorio del Wellcome Trust Sanger Institute (WTSI), de Cambridge, uno de los centros que participaron en el proyecto investigador donde se desarrolló buena parte del trabajo.

 

Los resultados obtenidos «son prometedores de cara al desarrollo de ensayos clínicos que permitan identificar tratamientos alternativos en segunda o tercera línea, para aquellos tumores que resisten a la primera ronda terapéutica», señala Dieter Saur, del Instituto Técnico Universitario de Munich y del Centro de Investigación del Cáncer de Alemania, otra de las entidades del estudio.

 

La investigación, que ha llevado «mucho esfuerzo, mucho tiempo y mucho dinero», dice Cadiñanos, cuenta desde el Principado con la financiación de la Fundación Cristina Masaveu, la Obra Social Cajastur y la Fundación Centro Médico de Asturias.

 

Este trabajo ilustra el poder de combinar la información genómica con los ensayos de múltiples fármacos a gran escala para ofrecer nuevas opciones terapéuticas dirigidas específicamente para pacientes con distintos subtipos de cáncer. Los investigadores asturianos tienen claro que «estos proyectos permitirán el descubrimiento de otras alteraciones genéticas que cooperen con las mutaciones en el oncogén BRAF en el desarrollo y la progresión tumoral. Dichas alteraciones podrán ser utilizadas en el futuro como nuevos talones de Aquiles, o dianas terapéuticas, para el tratamiento del cáncer».

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