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OPINION

Por Antonio Fuertes Esteban – ATTAC Acordem

Por Antonio Fuertes Esteban – ATTAC Acordem

Evitemos lo peor: exijamos la regulación y control de las finanzas
Publicado en la WEB de ATTAC-España
El Crash de 1929 en la Bolsa de New York debido al estallido de la burbuja especulativa sobre las acciones originó la Gran Depresión en los años 30, que creó el caldo de cultivo para el colapso de la Sociedad de Naciones y la Segunda Guerra Mundial. El Crash de 2008, con la caída de Lehman Brothers, supone otra crisis sistémica global, que como la del 29 se origina en el epicentro del sistema y que también tiene como origen una burbuja especulativa, la conformada por la especulación inmobiliaria sobre los títulos de las hipotecas subprime y los diversos productos financieros derivados.
Las secuelas de esta crisis, en un principio 35 millones de nuevos parados en los países desarrollados, y 120 millones nuevos hambrientos en el Mundo en 2008 al trasladarse la especulación a los alimentos. Posteriormente recortes sociales, aumento del paro y empobrecimiento general de la población en Europa debido a las políticas de recorte presupuestario y medidas de ajuste de los gobiernos impuestas por los criterios de estabilidad del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional, y ello después que el déficit y la deuda pública de los estados fueran para cubrir la deuda generada por las malas prácticas especulativas de los bancos.
Ahora las agencias de calificación se erigen en árbitros fraudulentos de la bondad de la deuda de los estados, que tienen que ajustarse a los requerimientos y sacrificios exigidos por los mercados para generar su confianza.
Mientras el norte de África protagoniza su revuelta contra los tiranos, cuyo detonante ha sido el encarecimiento de los alimentos básicos en parte de forma especulativa, esto unido a la falta de libertad y perspectivas de futuro de los jóvenes; los estudiantes y obreros alemanes, italianos, belgas, ingleses se manifiestan.
La ONU es poco más que un espectro y los poderes financieros se imponen a los estados y preparan el desembarco de sus propuestas a través del FMI, el G-8 y el G-20. El dominio de la oligarquía financiera mundial sobre la soberanía popular es aplastante gracias en parte a que los “Boabdiles” de todos los estados entregaron su pueblo a los oligarcas y ahora lloran lo que no supieron o no quisieron defender, la ciudadanía está presa de su capitulación y no le queda sino rebelarse contra el poder del dinero, contra la tiranía de los mercados.
La primera etapa de la actual estrategia de la ciudadanía democrática contra el dominio del capital pasa necesariamente por exigir a nuestros representantes una inmediata y eficaz regulación y control de las finanzas, eso antes de que sea demasiado tarde y el naufragio de la ONU y la falta de cualquier atisbo de gobernanza global, deje definitivamente el campo abierto a los especuladores y desemboque en una nueva gran guerra. No olvidemos que la 2ª Guerra eclosiona en una situación pre-revolucionaria.
Para atajar la crisis actual del capitalismo, que es una crisis sistémica, los estados han de tomar, o en su defecto establecer un riguroso control sobre las finanzas. Eso significa nacionalizar bancos, crear impuestos a las transacciones financieras y acabar con esas cuevas de la opacidad y delito que constituyen los paraísos fiscales.
Para ello la ciudadanía debe de tomar las calles de nuevo.

La más eficiente Secretaria General de la A. Primaria de CC.OO. dimite...

La más eficiente Secretaria General de la A. Primaria de CC.OO. dimite...

Y como ella misma dice:

"Para que nadie manipule el por qué ... ¡¡esta es mi DIMISION!!

VER ESCRITO INTEGRO DE Mª JOSE SUAREZ GARCIA

Está claro, a mi juicio, que con determinados personajes de la actual FSSA-CC.OO. no se puede ir ni a apiñar billetes de 500 €.

Desde aquí aplaudo la dignidad de Mª José.

 

La nueva sede del Hospital Central comienza mañana su puesta de largo

La nueva sede del Hospital Central comienza mañana su puesta de largo

El presidente de la Diputación buscó persistentemente una coordinación entre ambos establecimientos, y se llegó, en 1970, a firmar una especie de acuerdo marco, pero no se alcanzaron resultados satisfactorios.

Eran dos hospitales muy próximos, pero vivieron de espaldas y tardaron mucho tiempo en compartir planes y estrategias.

 

-¿Cuando empezaron a ser evidentes las deficiencias del edificio?

 

-Las obras de construcción habían tenido dificultades para su conclusión y hubo que realizar una nueva adjudicación. Posteriormente, se construyeron el edificio A y las residencias de enfermeras y de las Hermanas de la Caridad. El edificio necesitó mejoras y durante bastante tiempo hubo que realizar refuerzos de su estructura y del forjado.

 

-Los días de vino y rosas se terminaron...

 

-El Hospital General tuvo una época de esplendor que se corresponde con el período 1961-70. En 1965 fue catalogado por la Dirección General de Sanidad como el mejor hospital español. A comienzos de los años setenta se produjeron varios acontecimientos decisivos. El primero, el cese de López Muñiz como presidente de la Diputación, en septiembre de 1970. En los años siguientes se registraron conflictos importantes protagonizados por los médicos internos y residentes, que tuvieron su inicio en Oviedo, en el Hospital Psiquiátrico. En ese ambiente empezaron a producirse manifestaciones de malestar en el Hospital General.

 

-Algunos de los médicos de referencia fueron yéndose.

 

-Eso ocurrió a partir de 1972. Se marchó un importante número de jefes que pasaron a ocupar puestos relevantes en hospitales clínicos y de la Seguridad Social. A mediados de los setenta el Hospital General evidenció grandes dificultades para su sostenimiento económico. La cobertura de la Seguridad Social en Asturias era muy amplia y los conciertos que establecía le generaban un déficit creciente. Cada año se hacía más evidente que si no se lograban unos acuerdos efectivos de coordinación con la Seguridad Social era imposible su sostenimiento. A finales de diciembre de 1989 se firmó un acuerdo con el Insalud por el cual el Hospital General se integraba en un complejo sanitario compuesto por la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Covadonga y el Instituto Nacional de Silicosis, que era gestionado por el gerente del Covadonga.

 

-¿Cómo puede resumirse la historia del Hospital General y sus aportaciones a la sanidad actual?

 

-El Hospital General de Asturias constituye el principal referente de la modernización de la asistencia hospitalaria en España. En él surgió una nueva forma de hacer medicina y se produjo una inflexión en la atención sanitaria.

 

-¿Hubo imitadores?

 

-Con el Hospital General de Asturias se creó un referente y un pilar fundamental para la mejora y el progreso de nuestra asistencia hospitalaria que luego se desarrolló y adquirió sostenibilidad a través de la red de hospitales de la Seguridad Social. Fueron eslabones principales y elementos de propagación, entre otros, la clínica Puerta de Hierro y la residencia de La Paz, ambos de Madrid. Este conjunto de hospitales configuró una red de centros que han dado continuidad a la modernidad hospitalaria y que han sido determinantes en la configuración del Sistema Nacional de Salud.

 

-En qué medida esta historia del Hospital General encierra enseñanzas para la gestión de la sanidad pública actual?

 

-Hay cuestiones planteadas en el Hospital General que hoy tienen gran actualidad. Estoy pensando en los sistemas de gobierno de los hospitales, la forma de vinculación, dedicación y retribución de los profesionales, o la articulación del saber especializado. También pueden incluirse los sistemas de control de calidad o la organización de la actividad tomando como referencia la centralidad del enfermo.

 

Si el Hospital General cumple este próximo martes 50 años de existencia, el edificio que viene a sustituirlo será presentado en sociedad justo un día antes. El presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, encabezará, mañana, lunes, la presentación del área ambulatoria del nuevo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). El programa incluye una mesa redonda titulada «HUCA: nuevas fronteras en diagnóstico y tratamiento médico», en la que intervendrán César Morís, director médico del HUCA, y tres especialistas de centros madrileños. La presentación de las consultas externas irá seguida de otros actos similares para otras zonas de un edificio que ha modificado el perfil de Oviedo.

Bioquímico de la Universidad de Zaragoza y secretario de la Fundación Grande Covián

Bioquímico de la Universidad de Zaragoza y secretario de la Fundación Grande Covián

«El colesterol no duele, quienes lo tienen no calibran el peligro»

«El tabaco no es beneficioso para nada, nos habituamos porque es una droga, como el opio»

Foto: Miguel Pocoví, el domingo, en Oviedo, antes de iniciar el Camino de Santiago.  miki lópez

La Nueva España. M. J. IGLESIAS Oviedo,

El científico catalán Miguel Pocoví Mieras, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Zaragoza y uno de los investigadores del colesterol más importantes del mundo, es además experto en enfermedades raras y secretario de la Fundación Grande Covián, que fue su maestro en 1978, cuando llegó a Zaragoza. Pocoví ha identificado casi 200 mutaciones en el gen del receptor del colesterol malo (LDL). Esta semana ha estado en Asturias, realizando varias etapas del Camino de Santiago con sus compañeros del Grupo Andarines de Aragón, organizadores de la famosa prueba cicloturista «Quebrantahuesos» en el Pirineo. Caminar es para él una de las mejores formas de luchar contra el colesterol.

 

-El colesterol es la pesadilla de millones de personas en el mundo. ¿Es un pasaporte seguro al accidente cardiovascular?

 

-El problema es que como el colesterol no duele, por muy alto que esté, quienes lo padecen no calibran el peligro real que tiene. La aterosclerosis es una enfermedad silente que, por regla general, avanza sin producir síntomas. Cuando te das cuenta, te da el infarto. Ocurre cuando lo que llamamos colesterol malo se ha acumulado en las arterías. Imagine unas cañerías en las que se va acumulando la cal. La concentración cada vez es más alta y llega un momento en que se cierran. Llega un momento en que se produce un trombo y la sangre se coagula.

 

-¿Cual es modo más eficaz de combatir ese enemigo silencioso?

 

-Es fundamental mantener hábitos saludables, una buena dieta, hacer ejercicio y no fumar. El alcohol en exceso es muy peligroso, en pequeñas cantidades no es perjudicial. Pero no debe recomendarse.

 

-Fumar está casi proscrito... estarán ustedes contentos...

 

-El tabaco es mortífero por varias causas. Provoca cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares. Realmente no es beneficioso para nada.

 

-¿Si es tan pernicioso, por qué es tan difícil desterrarlo?

 

-Nos hemos habituado a fumar Es una droga. La nicotina crea adicción, como el opio y la marihuana.

 

-¿Qué incluye en una lista de alimentos prohibidos?

 

-Las grasas saturadas. Deben evitarse siempre. Y tan importante como comer bien es huir del sedentarismo. Moverse es fundamental para mantener la salud cardiovascular.

 

-¿Menos televisión y ordenador y más paseo?

 

-Todo en su justa medida viene bien. Un rato ante el ordenador sirve para aprender muchas cosas.

 

-Pero seguro que más de un paciente llega con el diagnóstico encontrado en Google...

 

-En cuestión de salud todo el mundo es libre de colgar en la red cosas sin fundamento. A veces, la barbaridad más gorda se da por buena. Aconsejo no dar por sentado lo que se ve en internet. La gente dice que ha visto tal o cual cosa por internet e incluso contradice el diagnóstico del médico.

 

-¿Las pastillas son mano de santo?

 

-Las pastillas contra el colesterol han salvado tantas vidas como la penicilina. Pero ningún medicamento es «agua de Lourdes».

 

-¿La vida después del infarto o el ictus cambia por completo?

 

-Es un riesgo, qué duda cabe. Pero es posible vivir perfectamente con las medidas y cuidados adecuados.

 

-¿En que proyectos anda la Fundación Grande Covián?

 

-Patrocinamos un estudio para averiguar qué partes del cordero pueden ser más sanas desde el punto de vista cardiovascular. Otras investigaciones tratan de determinar qué proteínas de la sangre ayudan a retirar el colesterol de las arterias. También colaboramos con las instituciones que trabajan por una buena nutrición, como la Cofradía del Colesterol de Avilés.

 

-¿Existe alguna enfermedad rara con especial prevalencia en Asturias?

 

-No, los casos se dan con la misma frecuencia que en el resto de España, donde la más habitual es la fibrosis quística. Enfermedad rara es la que afecta a uno entre 2.500 personas. Hay catalogadas mas de 5.000. Otra es la de Gaucher, que se produce por un gen que ocasiona trastornos en la eliminación de sustancias. En algunos es como una diabetes, sabes que no se va curar, pero se puede vivir con ella. La más habitual en España es la fibrosis quística. No hay diferencia entre Norte y Sur.

 

-Usted es un gran caminante. Predica con el ejemplo.

 

-Sí y me encanta venir a Asturias y recorrer sus paisajes.

Por Orencio Osuna…

Por Orencio Osuna…

El 23-F, un golpe de carne y hueso

Cuando el teniente coronel Tejero subió a la tribuna del congreso el 23-F, con su pistola, su tricornio y su canesú, los gritos que profirió con su voz de malo de zarzuela, fueron la síntesis del programa político universal de la autoridad competente -militar, por supuesto- en todo tiempo y lugar: “¡Quieto todo el mundo! ¡Al suelo todo el mundo!”.


nuevatribuna.es


Los Ben Ali, Mubarak, Gadafi, al Jalifa, y todas las autoridades competentes que en el mundo son y han sido, siguen confiados en mantener sometidos a sus súbditos mediante el ejercicio de la violencia, el terror, la mentira, el saqueo y la humillación permanente.

Esos son los instrumentos de la tiranía, se vistan de piadosos islamistas o beatísimos cristianos, o de pueblos elegidos, vistan con turbante o gorra cuartelera. Siempre están esos canallas dispuestos a salvarnos de los hermanos musulmanes de turno, de los comunistas, de los ateos, de los vendepatrias, de los terroristas de guardia. Tanto da, la cuestión es salvarnos de todos los males para preservar sus privilegios, sus cuentas en Suiza u otros apacibles refugios del imperio.

Resulta admirable como la autodenominada comunidad internacional, no la ONU, sino esa otra exclusivamente constituida por los ricos demócratas europeos y americanos, se inquietan por la estabilidad de esos países sometidos a tiranías hace décadas. ¡Cómo si la estabilidad de esos déspotas cleptómanos fuera un bien en sí mismo ¡Más vale tiranía conocida que democracia por conocer¡. Parafraseando a aquél lúcido presidente USA: esos tiranos son unos hijos de puta, pero son nuestros hijos de puta.

Bien es cierto que el golpe de estado de 1981, urdido por un nutrido amasijo de militares criminales de guerra, guardias civiles lorquianos, serviciales periodistas, políticos codiciosos, jueces cómplices, empresarios chupones y porristas de Falange Española y de las JONS, alcanzó momentos inolvidables de una originalísima teatralidad muy española.

El soberbio antecedente del golpe del 3-E de 1874 en que el general Pavía entró a lomos de su caballo-con dos cojones ¡ sí señor ¡- en el hemiciclo para imponer a las Cortes, reunidas en sesión, al general Serrano como presidente, dota de continuidad histórica al golpismo español, sin duda, pero no resta un ápice a la innovación creativa que representa el 23-F en la historia de la ignominia.

Existe un general reconocimiento de que la mayor aportación de poética moderna española a la cultura universal es, quizás, el esperpento. Ramón María del Valle- Inclán consideraba el esperpento como una deformación intencionada de la realidad que le permitía criticar a la sociedad de su tiempo y de, creo yo, todos los tiempos. Max Estrella, el inolvidable personaje de Luces de Bohemia, decía que “el sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”. La escenificación del golpe de Armada /Milans /Tejero bien pudo haber sido una de las piezas de Martes de Carnaval de Valle. Pero, a pesar de su grotesca y desatinada exposición, nudo y desenlace, tan propias del esperpento teatral, las ráfagas de ametralladora que dispararon en el Congreso no eran de efectos especiales, ni los tanques que aplastaban las calles de Valencia eran de cartón piedra. Tampoco eran figurantes aquellos que ocupaban a mano armada los medios de comunicación y ordenaban retrasmitir siniestras marchas militares. Ni eran sombras creadas por la ingeniosa luminotecnia esos que dispararon, por ejemplo, contra el ayuntamiento de Santa Coloma de Gramanet balas de esas que matan y mutilan. Ni aquellos condecorados militares que durante largas, larguísimas, horas, esperaban en sus cuarteles generales a ver a qué bando les convenía apuntarse, eran esos personaje pletóricos de honra calderoniana que tanto gustaban fingir. Ni eran una claque todos esos que desde muchos rincones aplaudían a rabiar el drama de venganza que estaba teniendo lugar. Ni mucho menos eran unas etéreas musas los Alexander Haig, Henry Kissinger y demás portavoces del imperio que oprobiosamente declaraban que el golpe era “un asunto interno español” sobre el que no debían pronunciarse emulando, otra vez, la política de “no intervención” que condenó a la II República. Ni los portavoces de la iglesia católica mediante colosal ejercicio cartujano de silencio sepulcral durante el golpe, ni siquiera pueden ser confundidos por las estatuas parlantes del cementerio del Don Juan Tenorio de Zorrilla.

El golpe de estado del 23-F fue de carne y hueso, sus actores eran criminales irredentos, sus instrumentos eran terroristas y, sus designios, liberticidas. Hoy algunos “revisionistas”, de la estirpe de los Moa, Vidal, Sostres y demás excrecencias del franquismo, sostienen que el golpe fue el puro dislate de un puñado de locos manipulados en comandita por el CESID, la CIA, Moncloa, La Zarzuela, la masonería, las potencias envidiosas de España y, por descontado, por la partitocracia usurpadora. A fin de cuentas, fue una respuesta, quizás mal planificada, eso sí, a un “estado de cosas” insostenible. Ya se sabe, lo que profieren eternamente: España se rompe, la crisis económica lleva el hambre al pueblo, el terrorismo destruye la convivencia, la familia católica es denostada, se fomenta el genocidio con el aborto, las autoridades consienten la sodomía, la pederastia, la zoofilia y todo el elenco de comportamientos ateos y contra el sexto mandamiento que tanto les obsesiona. No debe extrañar que esos mismos sujetos escupan sobre la memoria de millones de españoles cuando usan las mismas falacias y los mismos sofismas a favor del golpe del 36 y de los crímenes del Generalísimo Franco.

Algunos hagiógrafos parecen hoy muy interesados en evidenciar que ante el golpe, la inmensa mayoría de los ciudadanos permanecieron confinados en sus casas y en silencio. Otros graciosos comentaristas propenden a mofarse de las numerosas escenas de miedo y pánico que protagonizaron algunos políticos, como esos que huyeron de las sedes de partidos y sindicatos para quitarse de en medio y ocultar los archivos de afiliados. Los que piensan así fingen no comprender que el 23-F un gélido viento de miedo heló la espina dorsal de nuestra sociedad, que los fantasmas de la guerra civil volvían de sus tumbas en una espantosa noche de Walpurgis, que muchos podían pensar que sus nombres estaban escritos en las listas interminables de los que habían de llenar de nuevo las cunetas. Como los abogados de Atocha en enero del 77 o los fusilamientos de Txiqui, Otaegui, Sánchez Bravo, García Sanz y Baena apenas cinco años antes. ¿Porqué no podían estar acojonados los ciudadanos ante el inaudito escarnio de violencia que se perpetraba ante sus ojos y oídos en el congreso de los diputados? ¿Acaso los ciudadanos valencianos debían salir esa noche a la calle a impedir con sus cuerpos el paso de los tanques de Milans del Bosch o los madrileños la columna de Pardo Zancada? ¿O Gabilondo desarmar a los ocupantes de Prado del Rey? ¡Vamos,anda ya¡.

Cuando el señor ese que hace de presentador del telediario del PP, el tal González Pons, convoca a los ciudadanos españoles a una imaginaria plaza de Tahrir para acabar con ¿el régimen? ¿el gobierno? ¿ZP? ¿el paro? ¿la ley antitabaco?, parece pensar que los españoles todavía seguimos en nuestras casas viendo la retrasmisión de una especie de programa televisivo “23-F 24 Horas”, es decir que todavía no se nos ha quitado el acojone del cuerpo. Claro que eso mismo pensaban el Ben Ali y el Mubarak y resulta que el pueblo era de carne y hueso, como el golpe del 23-F.

«Los determinantes de la salud no son tener más hospitales, médicos o escáneres»

«Los determinantes de la salud no son tener más hospitales, médicos o escáneres»

Benjamín González Miranda Médico de urgencias 

«Llevo 20 años en un servicio de urgencias y cada vez se ve más claramente la excesiva medicalización y los peligros que conlleva»

Benjamín González Miranda, en bicicleta por Fomento. isaac rubio

La Nueva España. A. R.

Benjamín González Miranda, natural de Blimea aunque afincado en Gijón desde hace más de veinte años, es médico del servicio de urgencias de Cabueñes. Ayer, en el Centro Municipal de La Arena, expuso su visión sobre la «medicalización de la vida», que además de ser una madura y larga reflexión, es también una publicación recién editada por la editorial Voz de los Sin Voz. Un libro en el que Benjamín González, además del estudio de esa medicalización, añade una reflexión sobre los peligros a los que lleva, como el hecho de que el médico acabe causando daño al paciente -iatrogenia-.Y todo, además, sin perder de vista una tercer hilo de la historia: la vinculación con la ética de las relaciones con la industria farmacéutica por parte de los facultativos. El jueves, en el salón de actos de Cabueñes, abordará de nuevo todas esas ideas ante los compañeros que estén dispuestos a participar de esa revisión de «lo que nos está pasando» con la sanidad. Y, sobre todo, de la «profunda injusticia social a la que nos conduce».

 

-¿Cómo surge esta publicación?

 

-Forma parte de un trabajo que hice como fin de un máster de bioética. No me interesa la denuncia sin más; lo que me gustaría, en realidad, es que se hablara un poco más de estas cosas entre los profesionales de la sanidad, porque es algo que nos cuesta mucho abordar. Creo que hay en general un sentimiento de pérdida y eso hace que hablemos poco de un tema que nos duele. Pero hay que superar eso, hay que llevar a cabo un abordaje desde un punto de vista ético, y establecer un diálogo que nos lleve a una práctica sanitaria mejor. Porque es a nosotros a quienes nos compete hacer algo y no vale decir sólo que somos víctimas.

 

-¿La reflexión de dónde parte?

 

-De mi propia experiencia como médico. Desde 1987 estoy viendo un cambio evidente en las urgencias que pasan por Cabueñes. Cada vez se ve más claramente la medicalización y sus consecuencias negativas, que las tiene. Porque es algo que nos puede llevar a la iatrogenia.

 

-¿A qué se refiere con medicalización?

 

-A hacer depender del sistema sanitario cosas que no son médicas. Problemas que son de la vida, problemas naturales, una tristeza por una pérdida, mil cosas... hasta la calvicie es vista ya como una enfermedad. Lo mismo pasa con tantos factores de riesgo -la osteoporosis, la hipercolesterolemia...- que no son una enfermedad pero acaban por ser vistas como lo que no son. Y eso va calando en todos, en la población y en los profesionales, y en uno de los sitios donde mejor se refleja es en urgencias. La gente que llega cada vez lo hace más por intolerancia a las incertidumbres. Reconozco que es un problema cultural complejo, con muchas aristas.

 

-Porque no se tolera la enfermedad...

 

-Ni siquiera eso; lo que la gente ya no tolera es la incertidumbre, el malestar, o lo tolera peor que lo hacían los abuelos. Antes se tenía una fiebre y se esperaba unos días a ver en qué paraba. Ahora, entre los diagnósticos más habituales en las urgencias de pediatría en Cabueñes está el «síndrome febril a observación», y el «dolor abdominal inespecífico»...

 

-¿Por qué?

 

-Porque la medicina no es ninguna brujería y en el curso clínico no da tiempo a que un médico vea más que lo que hay; así que muchas veces sólo se puede ver y observar, ver y observar. Pero es cierto que hay mucho temor. No es broma si le digo que hace pocos días me tocó atender a una chica joven, 15-16 años, que llegó a urgencias con su madre. Cuando les pregunté qué le pasaba, lo que me dijeron era que había empezado con fiebre hacía 4 o 5 horas. La gente tiene una fe excesiva, se ha endiosado la ciencia, y cuanto más grande es el edificio sanitario que construimos, damos la impresión de que ahí está la clave de todo. Pero eso es un error, y más en Gijón, donde la atención primaria es realmente muy buena.

 

-Y al final acaba llegando el «daño» del médico al paciente.

 

-Observando todo eso llegas también al mal que, sin querer, generamos los médicos por ese gran engranaje de sistema médico-industrial en el que estamos metidos. Eso es la iatrogenia. Y tiene que ver con la medicación inadecuada, medicalización excesiva... son un montón de problemas. Tenemos al alcance muchas tecnologías y eso se junta a la creencia de que cuanto más, mejor; y no es cierto: la medicina siempre fue un arte, pero ahora, más que nunca, quizá tengamos que ir a la protección del paciente.

 

-Porque otra realidad, además, es la de la exigencia del paciente.

 

-Ahora todo el mundo lee mucho, mira internet, se cree que sabe, y se llega a las consultas con exigencias. Un médico no tiene que limitar nada, sino hacer lo mejor. Y ahora no siempre se hace.

 

-¿Es de los que limitaría las «excesivas pruebas» que se piden en los hospitales?

 

-No me interesa ese debate cuando se interpreta en términos economicistas, porque no es tan simple ni es sólo culpa del profesional. Lo que me gusta es la reflexión ética sobre el sistema creado. Hoy por hoy, en medicina el bien más preciado es el tiempo. En urgencias, por ejemplo, se nos pide que extrememos nuestro intento de procurar una atención mejor, pero eso es lo que, precisamente, más interesa al profesional. Y somos conscientes de la necesidad del tiempo para explicar a una persona qué le pasa, para tranquilizarla, para que capte bien lo que quieres decirle y asegurarte de que lo entiende.

 

-¿Cómo enlaza la medicalización, la iatrogenia y lo que llama la «ética de las relaciones con la industria»?

 

-Me gustaría que quedara claro que abordo este tema sin buscar afrentas. Nadie está en contra de la industria ni de recurrir a lo que es necesario, pero sí estoy contra el abuso y el sometimiento excesivo de algo que se está demostrando que acaba yendo en contra de la prescripción de calidad.

 

-¿Diría que hay mucha prescripción generada por la influencia de la industria y no tanto por la necesidad?

 

-No es algo que diga yo. Hay muchos estudios ya realizados en revistas internacionales de gran impacto. Cada vez más artículos demuestran cómo después de un congreso médico financiado al 150% por alguna empresa, hay más peticiones a los servicios de farmacia de los hospitales para que se introduzca tal o cual fármaco, y suben esas recetas. No lo dice Benjamín, está en la bibliografía. También hay estudios y encuestas que evidencian que si esa pregunta se hace individualmente a cada médico, todos decimos con total convencimiento que a mí no me influye para la prescripción que tal empresa me haya pagado un congreso. Pero al preguntar: ¿Y cree que influye al resto de compañeros? Solemos decir que sí. Es curioso. Otra prueba de que ese sistema de «marketing» que usa la industria funciona es que siguen dedicando un 30-35% de lo que es el coste del precio total del medicamento a la promoción, que al final es la «compra» de voluntades de los que prescriben. Es una pena pero, hoy en día, no hay ninguna posibilidad de que la imprescindible formación continua de un médico se pueda hacer sin que esté financiada y controlada por las farmacéuticas. Aunque en breve veremos cambios en las formas de influencia.

 

-¿Qué cambios?

 

-En dos años es muy posible que todo cambie porque para entonces ya estará en pleno vigor la ley europea que permite la publicidad directa del medicamento al enfermo, como ya ocurre en Estados Unidos y Nueva Zelanda. Así que veremos cómo los pacientes llegan a las consultas pidiendo que se les prescriba «X» fármaco.

 

-Y todas esas alertas que lanza, ¿no chocan con el hecho de que seamos parte de una sociedad muy longeva? ¿Eso no es síntoma de salud?

 

-Ese mito es el que sostiene todo este engranaje del sistema sanitario. Pero yo, y muchos, no nos lo creemos. Los indicadores de salud de la población de Occidente, en cuanto a mortalidad, están más o menos estancados, lo que cambia es la morbilidad. Pero los determinantes de la salud no son tener más hospitales, más médicos y enfermeras, más resonancias, más escáneres... En la salud de las poblaciones lo que de verdad influyen son condiciones de vida como, por ejemplo, tener un trabajo o una vivienda digna.

Publicado ayer en la sección de “opinión” de La Nueva España...

Publicado ayer en la sección de “opinión” de La Nueva España...

Estampida
El instinto de supervivencia entre el personal eventual y los directivos políticos ante las próximas elecciones
Por JOSÉ RAMÓN CHAVES, MAGISTRADO
A tres meses de las elecciones autonómicas y locales en las oficinas públicas se percibe un extraño panorama. Se toman pocas decisiones de calado, los pasillos se cuajan de rumores y comienza el frenético deshojar de margaritas para aquellos cuyo puesto de trabajo depende del gobernante de turno y temen que les arrastre en su caída electoral. Es el caso del personal de libre designación (seleccionado digitalmente pero exclusivamente entre quienes ya son funcionarios) y del personal eventual, así como altos cargos de nombramiento político (todo ellos reclutados «al gusto» bajo el amplísimo criterio de la amistad, la afinidad ideológica o la sugerencia del partido).

El personal de libre designación sabe que siempre conservará su condición de funcionario y aunque su cese provoque un descenso en la pirámide jerárquica, que además es infrecuente, no le perjudicará en la estabilidad de su trabajo, con lo que siempre tendrá asegurado el menú nuestro de cada día.

El personal eventual y directivos políticos son harina de otro costal. Se mueven inquietos en su poltrona. Aunque conozco personas admirables, vocacionales e inteligentes, que desempeñan o han desempeñado algún alto cargo político o de confianza, y muchos más que por sus obras se han labrado una gran reputación, ello no quita que bajo la inflación de altos cargos que han sufrido las administraciones públicas en tiempos de vacas gordas presupuestarias se hayan subido a tan dorado carro muchos oportunistas, quienes de igual modo que el tigre que prueba carne humana no pueden dejar de hincar el diente en las mieles públicas. Es cómodo vivir como «oficial» sin haber pasado por el West Point de unas oposiciones o un concurso limpio de méritos. Y muy triste abandonar despacho o coche oficial, prescindir de móvil o ágapes a costa del presupuesto público, dejar de escuchar zalamerías o renunciar a esas reuniones del alto mando donde el cómodo papel de asesor o directivo consistía en criticar al enemigo político.

No hay problemas de supervivencia cuando hay estabilidad política y se trata de comunidades o ayuntamientos con un color ideológico dominante y perpetuo. Pero ahora el horizonte muestra grandes nubarrones de cambios políticos con resultado impronosticable ante partidos sin rumbo, partidos derrumbados, partidos «partidos» entre sus propios afiliados, partidos que aprovechan el tumulto para la rapiña electoral y partidos que sólo aspiran a «repartirse» el botín. Difícil resultará separar el oro de la hojalata y la promesa electoral de la mentira calculada.

En esa fase estamos. Ante una inminente estampida de ñus en el Serengueti. Altos cargos con muchos trienios viviendo de la política y a costa del presupuesto. Muchos no saben hacer otra cosa, ni tienen donde ir. Y hay que buscar un hueco o nicho donde trabajar ante un posible e inminente cese. Es hora de peregrinar por los círculos del partido, de visitar casualmente otros ayuntamientos vecinos con gobernantes afines, de tirar de agenda y escudriñar los nombres apuntados en actos públicos y francachelas. Quizá hay que humillarse y cortejar al enemigo del propio partido. Acaso suplicar la designación para un consejo o comité bien pagado y donde no se estorbe. Los más ingenuos creerán que la crisis es para los débiles, pero no para los curtidos próceres. La situación recuerda el juego infantil de las sillas en que, al haber más personas que sillas, hay que moverse rápido e incluso empujar sin piedad. Aunque quizás el traumático cambio del aparato de gobierno más bien evoca el hundimiento de un buque y con menos botes salvavidas que pasajeros, aunque, como el «Titanic», siempre habrá sitio para los pasajeros de primera clase.

Ese es el monstruo que se ha creado en la última década. Muchas veces se critica la Administración pública, y su rumbo errado no se debe a los funcionarios sino a una «burocracia política» que ha ido aumentando en número y poder. Las reformas legislativas de la última década so pretexto de la cacareada «profesionalización» del funcionario han propiciado de rondón un silencioso desembarco del político en funciones públicas.

En la primera etapa, las leyes de la función pública y las leyes de gobierno permitieron el generoso reclutamiento por los gobernantes de sus lugartenientes prescindiendo de mérito y capacidad objetivos (directores generales, consejeros técnicos, coordinadores ejecutivos, gerentes, etcétera). En una segunda etapa, estos altos cargos cobraron seguridad y aumentaron su poder a costa de usurpar cometidos reservados a los funcionarios, mientras simultáneamente aplicaban un clientelismo solapado para rodearse de empleados públicos leales. Al final, consiguieron un estatuto de prebendas envidiable.

Como consecuencia, los altos cargos se convirtieron en altas cargas y, aunque el globo económico pierde gas, a nadie se le ocurre echar lastre por la borda. Y es que, no nos engañemos, cualquier partido político que gobierne, del color que sea (conservador, moderado o progresista), y en cualquier ámbito (estatal, autonómico o local), no resistirá la tentación de alzar a sus fieles, rodearse de sus asesores y colocar distintos perros con el mismo collar público.

En esa situación no es extraño el castizo «allí van las leyes donde quieren los reyes», ni que se reproduzcan casos de corrupción, ni que las mayores barbaridades jurídicas queden impunes, ni que se apliquen medidas de austeridad draconianas en todo ámbito que no afecten a la corte de Versalles. El problema es que en la Administración pública, como en la selva virgen, los errores se pagan por mucho tiempo y la regeneración será lenta y difícil.

Entrevista a un “viejo luchador”: Estamos renunciando al contrapoder…

Entrevista a un “viejo luchador”: Estamos renunciando al contrapoder…

«Pude haber vivido tranquilo sin enfrentarme al Gobierno»

Nicolás Redondo, exsecretario general de UGT, hace un repaso de su vida, desde la lucha sindical clandestina hasta la actualidad

20.02.11 - CÉSAR COCA | MADRID, en El Comercio.

«Felipe y yo vivimos en mundos distintos. Yo sigo en la misma casa que hace cincuenta años, hago la compra en la cooperativa de siempre, paseo por las mismas calles... y él no. Ahora no tenemos ninguna relación. Incluso, alguna vez que hemos coincidido, nos hemos dado la espalda, lamentablemente».

Nicolás Redondo no altera la voz ni el gesto cuando habla de Felipe González. El veterano dirigente sindical que puso a 'Isidoro' en el camino que conduciría hasta La Moncloa habla de él con distancia, a veces con ironía. Y se ve obligado a hacerlo unas cuantas veces en la larga conversación en la que repasa su vida y sus afanes en el sindicalismo. El congreso de Suresnes marcó su trayectoria: pudo ser el presidente de Gobierno de una España democrática y terminó por ser la china en el zapato de quien él promovió. Algo que encaja mejor con su filosofía del sindicalismo: un poder institucional pero también un contrapoder. A los 83 años, Redondo conserva una memoria envidiable que lo lleva a recordar lo mismo sus años de lucha sindical clandestina que las interminables reuniones para negociar el Estatuto de los Trabajadores, igual la noche que murió Franco que el día que declaró ante el juez Moreiras por la suspensión de pagos de la cooperativa de viviendas del sindicato. En esta larga conversación en dos días y escenarios diferentes (Madrid y el astillero La Naval de Sestao, que no pisaba desde hace 25 años), el exsecretario general de UGT hace un repaso de su vida que no es hablar solo del pasado, porque él sigue de alguna forma en activo, acudiendo a reuniones, dando charlas y ayudando cuando se lo piden.

– Tiene 83 años, ha tenido un trabajo manual, ha sido líder de un sindicato y pudo haber sido presidente del Gobierno. Como diría don Juan Tenorio, ha subido a los palacios y ha bajado a las cabañas. ¿Por qué sigue trabajando?

No sé si se le puede llamar trabajar, pero lo que hago es porque sigo preocupado por la suerte de los trabajadores, de las clases más desfavorecidas. Mi familia era socialista, yo trabajé 30 años en La Naval de Sestao y eso te da un poso. Así que en aquello que puedo ayudar, que es poco, lo hago. Doy charlas, soy miembro de tres patronatos... Lo hago, aunque con el distanciamiento que da la edad, que también te hace más escéptico.

– ¿Tiene más amigos en la política o en el sindicalismo?

Más en el sindicalismo, claro, aunque me quedan algunos de la política: Pablo Castellanos, Alonso Puerta, Enrique Múgica... Ser uno de los convocantes de las huelgas de 1988, 1992 y 1994 me creó problemas en el PSOE, porque aquí no estamos acostumbrados, como en Europa, a que un sindicato convoque una huelga a un Gobierno socialista. Algunos compañeros de partido aún mantienen reservas en ese sentido, pero cada vez menos. Creo que se dan cuenta de que hay que desdramatizar. Con Felipe no fue posible y las relaciones se crisparon. En ese aspecto, las relaciones con Zapatero son mejores.

– ¿Lo reconocen por la calle en Madrid y en Portugalete? ¿Qué le dicen?

En Madrid callejeo más y me paran más. La mayor parte de la gente es muy amable, incluso algunos me dicen que me echan de menos. En Euskadi, ya sabe, está el problema de la rivalidad entre sindicatos y eso cambia algunas cosas. Yo me llevaba bien con la dirección de ELA hasta que ellos iniciaron una deriva nacionalista con la que no estoy de acuerdo. Pero, fíjese, yo fui miembro del consejo delegado del Gobierno vasco y tuve muy buena relación con el PNV; lo que pasa es que luego se han radicalizado.

– Su familia sufrió persecución, fue un niño de la guerra, luego tuvo una actividad clandestina... ¿de qué se hablaba en su casa cuando era joven?

Pues sí, mi madre estuvo exiliada y mi padre fue condenado a muerte, pero entre nosotros no solíamos hablar de nuestros compromisos. Cuando entré en la UGT y las Juventudes Socialistas, en mi casa no se enteraron hasta tiempo después. En la mesa hablábamos de la situación general, de los difíciles que eran los tiempos.

En el destierro

Nicolás Redondo participó en la huelga de la Naval en 1947 y fue detenido por su actividad sindical en la Semana Santa de 1951. Desde entonces, estuvo en el punto de mira de la Policía. Aún recuerda sus juegos al gato y al ratón con los agentes, los pasos por el calabozo y el destierro en Extremadura, en 1967. Contado ahora, parecen episodios novelescos, pero no los vivió de esa manera.

– ¿Cuántas veces tuvo que destruir documentos porque llegaba la Policía o salir corriendo de casa para no ser detenido?

Dejábamos documentos en las taquillas de la Naval porque la Policía tenía más dificultad para entrar allí. En casa, mi mujer sí tuvo que destruir papeles, o guardarlos a todo correr en una maleta y tirarlos al patio. Afortunadamente, la vecindad nos era muy próxima y no tuvimos problemas. Un par de veces tuve que pedir permiso en el astillero y salir corriendo sin pasar por casa, y estuve meses fuera. Fue así, en una de esas escapadas, como conocí a Ramón Rubial, que luego estuvo en mi boda. También conocí en esos años al padre de Patxi López. A veces, al salir del trabajo, nos íbamos ambos con un taxista que era de UGT a repartir propaganda.

– ¿Tomaba muchas medidas de seguridad?

No, no vivía obsesionado. Mi preocupación mayor era que no me cogiera la Guardia Civil, por la fama que tenía el cuartel de La Salve. Si te detenía la Policía tampoco resultaba una fiesta, pero era mejor. Alguna vez, cuando un policía con más humanidad te decía que te iban a llevar al juzgado, te daba una gran alegría, porque eso suponía que terminaban los interrogatorios en la comisaría.

– ¿Cómo vivió su destierro en Las Hurdes?

La conducción fue como una película de Berlanga. Me llevaron en un tren normal hasta Burgos y allí estuve un par de días en la prisión provincial. Y cuando nos iban a trasladar a Madrid, resulta que... perdimos el tren. Volvimos a la cárcel hasta que nos llevaron a Carabanchel, de allí a Cáceres y luego a Las Mestas, que era el pueblo de destino.

– ¿Cómo les recibieron?

Habíamos pedido que nos dieran un trabajo, pero al llegar allí ya vimos que muchos emigraban a Euskadi o Cataluña, así que cómo nos iban a dar un empleo. Al final, conseguimos que nos alquilaran una casa por la que pagamos una pequeña renta. Enrique Múgica llevó más tarde a mi mujer y a los hijos. El pueblo nos miraba con algo de prevención al principio. Era un lugar muy atrasado. Por no haber, no había ni línea de autobuses. Y el cine lo daban en el bar, sobre una sábana. Recuerdo que la primera película que vi allí fue una del Tempranillo.

– ¿Recibía visitas?

Sí, de familiares y de gente del PSOE y la UGT de Salamanca. Tenía que ir todos los días al cuartelillo de la Guardia Civil y no podía salir del pueblo, aunque alguna vez lo hice para ver a Rubial, también desterrado en un pueblo próximo. Estuve unos meses y la verdad es que no lo pasé mal. Eran buena gente y cuando nos marchamos algunos lloraban. En la casa donde vivimos han puesto una placa...

La renuncia de Suresnes

Para cuando Franco murió, Redondo había celebrado varias veces su fallecimiento. Resultó que estaba en México en un congreso sindical y le llamaban para contarle que el general había fallecido, pero no era cierto. Así una y otra vez. El congreso terminó, Redondo regresó a España y la agonía continuaba. Cuando por fin un escueto comunicado leído en Radio Nacional hizo oficial la noticia, se reunió de inmediato con un pequeño grupo de gente en un despacho que les habían cedido, «para debatir qué hacer». Allí estaba también Felipe González.

– González había sido elegido secretario general del PSOE un año antes. Lo propuso para el cargo pese a que muchos pensaban que debía serlo usted mismo. ¿Cómo enjuicia esa decisión tantos años después?

Felipe y Guerra habían dimitido de la ejecutiva, y al llegar al congreso de Suresnes me planteaba el dilema de si yo era la persona idónea para ser secretario general. Pensé que no, y el más adecuado por su capacidad de liderazgo y su afabilidad era Felipe. Tuve que hacer que participara pese a estar fuera de la ejecutiva, lo que me costó la enemistad de algunos compañeros con aspiraciones. El PSOE no hubiera llegado adonde llegó sin Felipe, pero él tampoco, ni soñando, sin el apoyo del PSOE y lo que significaba.

– ¿Se arrepiente de ese apoyo?

En algunos momentos, he podido dudar sobre si hice bien apoyando tanto a Isidoro. Ha pasado aún poco tiempo para juzgar su mandato con objetividad. Y tendríamos que hablar también de apoyar a qué Felipe, porque he conocido a varios. No era igual el que llegó al poder en 1982 que el de años después. Moncloa tiene algo maléfico.

– Pudo haber sido usted el Lula español.

Mi preocupación siempre ha sido la defensa a ultranza de los trabajadores. Yo pude haber vivido tranquilo sin enfrentarme al Gobierno, pero no lo hice, y tuve que oír incluso que lo mío era un problema personal patológico. Muchos ministros de esos años no pensaron nunca en la culpa que les correspondía en la desafección del electorado.

– Tampoco ser secretario general de UGT habrá estado mal. ¿Manda mucho un líder sindical?

En mis años, sí. La verdadera oposición al Gobierno del PSOE eran UGT y CC_OO, porque en el Parlamento apenas la había, algo que nosotros lamentábamos. Cuando llegó el PP al poder, se decía que hacíamos menos huelgas, y es verdad que con Arenas no hubo follón. Pero en la segunda legislatura, con mayoría absoluta, Aznar quiso tomar unas medidas que no gustaron y hubo una huelga general. Ahora estamos en una situación parecida a la del primer Gobierno del PP: Zapatero está en precario en el Congreso, donde existe una oposición muy dura y necesita llegar a acuerdos con el PNV, que le exprime.

Sindicalista en palacio

Fue secretario general de UGT durante 18 años, justo en la etapa en que se transformaron las relaciones laborales en España. En ese tiempo, Redondo se convirtió en una de las personas más conocidas del país. Muchos lo recuerdan y así se lo hacen saber. Durante la sesión fotográfica en La Naval, debe pararse en varias ocasiones para hablar con trabajadores y posar con ellos para la posteridad. Uno le recuerda que también se hicieron una foto juntos en su anterior visita al astillero.

– Alguna vez ha dicho que no hay que dejarse fascinar por la moqueta.

Lo he dicho porque la vida política es más fácil y da más satisfacciones que la sindical. La derecha económica ejerce una verdadera fascinación sobre los partidos. Cuando se habla de crisis de la socialdemocracia no se repara en que algunos de sus enemigos estaban dentro. Schroeder y Blair ya rebajaron el Estado social con sus pactos. La izquierda ha asumido valores neoliberales y ha perdido capacidad de decisión. ¿Dónde está el Partido Socialista Europeo? Porque la Internacional Socialista es una mala broma.

– ¿Con quién tuvo sus mayores enfrentamientos en la etapa de secretario general de UGT?

Yo me había llevado muy bien con Felipe durante mucho tiempo. Pero en su última etapa en el Gobierno, él me decía: ‘Es que no me entiendes’. Y yo le replicaba: 'Quizá es que te explicas mal'. Ahora se dice que era un encantador de serpientes. Bueno, espero que se me reconozca el mérito de no haberme sentido fascinado por él. Pero el problema no era solo eso.

– ¿Qué más sucedía?

Pues que los ministros de Trabajo cedían también ante personalidades tan acusadas como las de Boyer o Solchaga. A partir de Almunia, no hubo en el Ministerio de Trabajo una gran personalidad. Yo tuve grandes diferencias con Solchaga, pero lo que él decía iba a misa.

– ¿Su declaración ante el juez por el caso de la cooperativa de viviendas fue el peor momento de su mandato?

Sí. Yo pensaba que había soluciones, que fueron las que luego se aplicaron. Pero hubo reticencias por parte del Gobierno.

– ¿Cree que le pasaron factura?

Sin hacer un juicio de intenciones, creo que sí. En 1994, González nos hizo dos propuestas: suspensión de pagos o quiebra. Luego al final casi nadie salió perjudicado. Pero yo lo pasé muy mal, aunque tuve mucho apoyo de la gente de UGT, incluido el de Méndez, que siempre agradeceré.

Años después de dejar todos sus cargos, otro Nicolás Redondo, su hijo, ocupó durante un tiempo las portadas de los diarios. El viejo sindicalista que quizá renunció sin saberlo a ser presidente del Gobierno pudo terminar figurando como padre de lehendakari, pero tampoco fue así.

– ¿Le decepcionó que su hijo optara por la política y no por el sindicalismo?

Era una situación muy distinta. Yo trabajaba en La Naval en aquella época del hambre y la falta de libertades. Mi hijo estudió en Deusto y tenía una clara inclinación política. Además, defendió siempre la función de los sindicatos en una sociedad contemporánea. He estado muy satisfecho de su comportamiento en la esfera política.

– ¿Qué opina del actual Gobierno vasco?

Quiero destacar el acierto de Patxi López cuando se postuló como candidato a lehendakari en la misma noche electoral. Eso habrá originado problemas con los nacionalistas, pero ha sido muy beneficioso para el País Vasco.

Nicolás Redondo: «Estamos renunciando al contrapoder»

El que fuera secretario general de UGT lamenta la dispersión del movimiento obrero aunque recalca que los sindicatos siguen siendo necesarios

– ¿Qué corregiría de su gestión en todos esos años?

Seguro que cometí muchos errores, pero lo que lamento más profundamente es no haberme ido en 1990. Al margen de eso, creo que pude haber hecho un esfuerzo negociador mayor con el Gobierno, aunque otras veces pienso que no habría servido para nada. Y en relación con mis amigos, tengo un poso amargo: Saracíbar y Zufiaur, por ejemplo, renunciaron a puestos importantes por venir conmigo...

– Su gestión y su candidatura obtenían apoyos del 98 y hasta el 100%. ¿En el sindicato lo amaban o llevaba las riendas con tanta fuerza que no se movía nadie?

Creo que la razón era que tuve la voluntad de rodearme de la mejor gente, de personas que en su campo sabían más que yo.

– ¿Tiene sentido hablar hoy de clase trabajadora?

El movimiento obrero tal y como estaba ha desaparecido. Ahora está más disperso, hay un sentido del liberalismo entendido como libertad. Pero los sindicatos siguen siendo necesarios para defender a los trabajadores y a las capas populares.

– La capacidad de convocatoria de los sindicatos es objetivamente menor. ¿Qué opina de ello?

Un sindicato debe tener un poder institucional, pero también mantener un contrapoder obrero. Y estamos renunciando a este último. Les sucede como a los partidos: tienen que ser más representativos. Creo que fallan en eso, y así se explica el auge de partidos y organizaciones xenófobas de color pardo.

– De forma paralela, los sindicatos profesionales no paran de crecer.

Debemos hacer una mayor labor interna en los centros de trabajo. Hace unos años, quisimos integrar en el sindicato a pilotos y médicos, y había gente en UGT que se oponía. Fue un error renunciar a hacerlo entre otras cosas porque se está dando una verdadera proletarización de las clases profesionales.

– ¿Cuál de sus sueños incumplidos le causa mayor frustración?

He estado muchos años en el sindicalismo internacional y he visto cómo todos sus líderes tenían sueños incumplidos. He tratado de caminar en el sentido de mejorar las condiciones de las clases trabajadoras, hemos intentado aprender del sindicalismo europeo...

– Si algún día se alcanzara el pleno empleo en España, ¿quién tendría más motivos para colgarse una medalla?

Habría que ver en qué condiciones se producía. Ahora hasta hay gente de izquierdas que defiende la negociación directa entre empresario y trabajador, cargándose el artículo 37 de la Constitución. No es justa la opción que planteaba Felipe González en su momento, sobre si preferíamos trabajo precario o paro. Lo que sucede ahora es que hay demasiado empleo precario. La gente debe tener un empleo estable, bien pagado y digno, que dé sentido a la vida.

– ¿Qué le ha parecido el Acuerdo Social y Económico?

A día de hoy, sigo defendiendo las mismas posiciones que con tanta firmeza defendían los sindicatos antes del acuerdo en cuanto a la regresividad social de las propuestas del Gobierno que lamentablemente han prevalecido. Me embarga la preocupación de que este Acuerdo a largo plazo nos llevará, no tanto a un sistema de reparto si continúa basado en la solidaridad intergeneracional, sino a un sistema de capitalización y con ello a un fuerte recorte de nuestro ya maltrecho Estado de bienestar.