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OPINION

Opinión en la edición de las Cuencas de La Nueva España de hoy…

Opinión en la edición de las Cuencas de La Nueva España de hoy…

Para después de la huelga general

Pese al desalentador panorama, la calma y la abulia reinan actualmente en la sociedad

Por JOSÉ MANUEL BARREAL SAN MARTÍN

Tiene 46 años: «Sólo pido trabajo», dice con impotencia a quien quiera escucharle. La voz le tiembla: hombres y mujeres de hierro, personas forjadas en mil batallas, ahora sueñan como niños en la posibilidad de trabajar: «Dónde y cómo sea».

En la casa, de puertas adentro, la angustia de no tener trabajo se transforma en bronca con uno mismo y a veces con los allegados, la soledad, siendo mala, es la mejor amiga. Que no teman los empresarios y el gobierno: nada pasa. Hace tiempo que la voz se esfumó y volvió ronca.

El despido arbitrario, barato y subvencionado, el desmantelamiento de los convenios, el más que posible retraso de la jubilación a los 67 años, el recorte de los salarios públicos y privados, la congelación de las pensiones, la bajada de sueldo al funcionariado, todo en su conjunto es aterrador y martillea en la cabeza de las personas que sufren las consecuencias.

Sin embargo, a pesar del panorama, la calma y la abulia reinan socialmente. Si no es así, ¿ cómo explicarnos que, con miles de desahucios y camino de los cinco millones de parados, se vayan de rositas los causantes de la situación? Si la Huelga General del 29 de setiembre no fue un fracaso, como pienso ¿Dónde arraiga, entonces, la conformidad, la mansedumbre, dónde se asienta la impotencia?

La memoria de André Gorz (1923 /2007), especialista en la problemática del trabajo, campea en el recuerdo cuando manifestaba: «El trabajo tenderá a ser un bien cada vez más escaso en el futuro». Y, a la vista de lo que está sucediendo, aquella afirmación de hace cuarenta años se está convirtiendo en una profecía autocumplida. Por el momento, como anticipaba el mismo Gorz, las grandes empresas están concentrando el trabajo en unas pocas manos en lugar de repartirlo entre una mayor cantidad de empleados no porque estos tengan aptitudes superiores a las de los demás, sino porque es económicamente más ventajoso y genera en los asalariados una sensación de privilegio y de pertenencia, implantando, así, una «pequeña élite» y agrega «cuanto menos trabajo hay para todos más tiende a aumentar la dureza del trabajo para cada uno».

Un mundo sin trabajo, algo a lo que siempre aspiró al capitalismo: obtener el mayor lucro sin necesidad de aguantar y de soportar quejas y reclamos sindicales. Un panorama social que lo tenemos encima, que nos amenaza y que nos obligará a replantearnos política y socialmente nuevas formas de convivencia y de supervivencia.

Ante este panorama, que entiendo no es exagerado ni pesimista, sino realista, qué hacer, se preguntan las gentes de buena voluntad. A mi juicio, la alternativa es compleja y no es un tópico tal aserto. Lo que sí no es alternativa es esperar que «las vanguardias proletarias» tomen el palacio de invierno del capitalismo; la política neoliberal sirvió y está sirviendo no sólo para haber llegado a la situación actual sino también para quebrar el proceso organizativo de la izquierda y en esto estamos. Lo que tiene por delante la izquierda es sumamente difícil y más si se claudica con el voto escorado hacia una derecha que oferta, si es que lo hace, propuestas clientelistas y salidas individuales.

Estamos en el tiempo en que los poderes económicos extienden la ofensiva no ya contra los trabajadores, sino contra toda la ciudadanía traduciéndose en la pérdida de peso social y de capacidad para organizar y movilizar. Así, con estos mimbres, la defensa de los derechos sociales y económicos de la clase trabajadora y de la ciudadanía en general estará directamente determinada por una reconstrucción de los vínculos entre la política y la sociedad desde una perspectiva de «la política como ética de lo colectivo». El resto son fuegos artificiales.

Altamente didáctico análisis de Vicenç Navarro, en Fundación Sistema, al día siguiente de la Huelga General…

Altamente didáctico análisis de Vicenç Navarro, en Fundación Sistema, al día siguiente de la Huelga General…

POR QUÉ LAS POLÍTICAS DEL GOBIERNO ZAPATERO DEBEN CAMBIAR

Digan lo que digan los medios, lo que ocurrió el 29 de septiembre mostró que la convocatoria de huelga general de los sindicatos mayoritarios del país, CCOO y UGT, fue exitosa en la mayoría de centros urbanos de España. El consumo de electricidad de las horas punta del día 29 descendió casi al nivel de un día de vacaciones, mostrando que la actividad laboral se había interrumpido significadamente en el periodo laboral. Este éxito debiera hacer reflexionar al gobierno socialista español y a sus defensores en los medios. No dudo de que la mayoría de dirigentes del gobierno socialista creen sinceramente que las medidas tomadas por el gobierno (que no pueden negar representan un recorte sustancial de los derechos de los trabajadores y una reducción de la ya escasa financiación del estado del bienestar) son necesarias para calmar a los mercados financieros (frase repetida mil veces) y, como decía Carlos Solchaga, el ex Ministro de Economía del gobierno Felipe González, “atraer así inversión extranjera que servirá para impulsar la obra pública y, por lo tanto, crear empleo” (El País. 29.09.10). Esta visión ha alcanzado una categoría de dogma, no sólo entre los dirigentes del gobierno (y medios de difusión afines a ellos), sino también entre la derecha española, tanto en su versión española (PP), como en la periférica catalana (CIU) y vasca (PNV). Se tiene que hacer una distinción, sin embargo, entre el dogma sostenido por las derechas y el sostenido por los defensores del gobierno socialista. Los primeros han asumido siempre que lo que beneficia al mundo empresarial y a la banca beneficia automáticamente al país, identificando los intereses de los primeros con los intereses de los segundos. Este supuesto se hace a pesar de la enorme evidencia de que ello no es así (la crisis actual la ha creado la banca con la complicidad del mundo empresarial). No obstante, repiten machaconamente aquel argumento promoviendo una versión de la realidad que favorece los intereses de clase que siempre han representado. La evidencia de ello es abrumadora. Una mayor consecuencia de las políticas que han llevado a cabo cuando han gobernado ha sido la polarización de las rentas en el país.

Pero gran parte de los dirigentes del gobierno socialista y sus defensores apoyan estas políticas porque creen sinceramente que no hay alternativas a las que el gobierno está haciendo. Pero en este dogma (término que utilizo sin deseo insultante, sino con el intento de remarcar que se basa más en fe que en evidencia) hay tesis y supuestos que son sujetos a la comprobación empírica. Es decir, que pueden ser falsificables por la evidencia existente. Como bien decía John K. Gallbright (uno de los economistas más agudos que haya existido en EEUU) la sabiduría convencional económica suele estar equivocada. Y la crisis actual así lo ha mostrado. Es irracional que se continúe dando tanto protagonismo a tal sabiduría convencional cuando su fracaso en interpretar la realidad económica ha sido tan acentuado.

Veamos los datos. Y sería de desear que los que están defendiendo tales políticas de austeridad aportaran datos que muestren que los que yo presento son erróneos. En realidad, un indicador claro de que las propuestas que se hacen son de carácter ideológico en lugar de científico es que nunca (repito, nunca) responden a las críticas, lo cual se debe, en parte, a una cultura autoritaria heredada de la dictadura, con escasa capacidad y/o motivación de debate (acentuado por el problema de que deliberadamente los medios de mayor difusión censuran y marginan a las voces críticas de la sabiduría convencional que reproducen) y en parte a que no tienen argumentos, hecho que enmascaran y ocultan con la arrogancia de que no es bueno para mantener su autoridad rebajarse a responder a las críticas. Leído todo esto, vamos a los datos (a los que no responderán)

¿QUÉ EVIDENCIA EXISTE DE QUE LA AUSTERIDAD ES BUENA PARA LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA?
Toda la evidencia científica que existe para sostener tal tesis ha sido resumida en el trabajo de los profesores de economía Alberto Alesina y Silvia Ardagna, de la Universidad de Harvard, titulado “Large Changes in Fiscal Policy: Taxes versus spending”. Tax Policy and the Economy 2009. En este artículo, los autores muestran que en gran número de países de la OCDE (el club de países más ricos del mundo) las reducciones de los déficits han ido seguidas de etapas de gran crecimiento económico. Concluyen con estos resultados que las políticas de consolidación fiscal incrementan la confianza de los inversores y de los consumidores, generándose así el estímulo económico que genera mayor crecimiento económico. De ahí el énfasis en reducir el déficit a base de reducir el gasto público.

Este trabajo, sin embargo, ha sido ampliamente cuestionado. Así, Arjun Jayadev, del Massachussets Institute of Technology (M.I.T.), y Mike Konczal, del Roosevelt Institute, han señalado en su artículo “The Boom, not the Slump: The right time for Austerity”, (Roosevelt Institute, 2010) que en todos los países que Alesina y Ardagna analizan, las inversiones y el incremento del consumo precedieron a la reducción del déficit y no al revés, tal como aquellos autores habían señalado. El crecimiento económico fue la causa principal de que se generara la confianza entre inversores y consumidores, lo cual es lógico, pues las empresas no invertirán para aumentar la producción a no ser que haya un aumento de la demanda de tales productos. Es más, era el crecimiento económico el responsable de la reducción del déficit del estado, no al revés. En realidad, Arjun y Konczal concluyen que no hay ni un país en recesión que haya salido de ella a base de políticas de austeridad de gasto público. Tal estudio viene a confirmar una larga lista de trabajos, citados por el profesor Robert Pollin, del Political Economy Research Institute de la Universidad de Massachussets (“Austerity is not a solution: Why the Déficit Hawks are wrong”. PERI, 2010) que concluyen que las medidas de austeridad son erróneas. En todos ellos, la condición sine qua non para la recuperación económica era la existencia de un estímulo económico tendente a incrementar el gasto público y la creación de empleo. En realidad, nada menos que el Banco de Inglaterra ha indicado que existe un gran escepticismo en el mundo de los negocios de que las economías se recuperen, expresando gran nerviosismo, consecuencia de que los gobiernos estén siguiendo políticas de austeridad de gasto público que dificultarán tal recuperación. En una encuesta realizada por el Banco de Inglaterra, entre los inversores y compradores de deuda, (citada en el Financial Times del 18/08/10) se concluía que “muchos inversores relacionan la pérdida de confianza en la recuperación económica a los recortes en gasto público, lo cual interpretan causa una disminución de la demanda en aquellos sectores especialmente afectados por tales recortes, así como por la disminución de empleo público que reduce el consumo de las familias”.

LA RECUPERACIÓN ALEMANA NO SE BASA EN POLÍTICAS DE AUSTERIDAD
La tesis de que las políticas de austeridad son necesarias para la recuperación económica se basa también en otro supuesto que se puede mostrar que es profundamente erróneo. Se asume que el estímulo de la economía española va a venir principalmente del exterior, a través del crecimiento de las exportaciones. De ahí que se considere que la bajada de los salarios y la reducción del gasto público aumentarán la competitividad de las empresas españolas, aumentando así las exportaciones y facilitando la salida de la crisis. En este argumento se toma la economía alemana como el punto de referencia, asumiendo erróneamente que la recuperación de aquella economía se debe al incremento de las exportaciones, olvidándose que la mayor causa de que aquella economía haya crecido ha sido, precisamente, un crecimiento muy notable de su gasto público y del gasto público de los países que le han comprado sus productos.

Veamos los datos. Y uno de los más importantes es que Alemania ha tenido uno de los mayores crecimientos del déficit público estatal entre los países de la Eurozona. En 2008, las cuentas del estado no mostraban un déficit, sino un superávit (0,2% del PIB). En 2010, se había convertido en un déficit de 5,4% del PIB. Ni Francia ni Italia vieron aumentado su déficit de una manera tan notable. Pero, tan importante como el incremento del déficit fue el origen de este déficit, que fue consecuencia del aumento muy notable del gasto público, principalmente en subsidios a las empresas para que retuvieran a sus trabajadores (en una medida que merecería se aplicara a España, pues explica, en parte, su relativamente bajo desempleo), así como a las industrias exportadoras. Estos subsidios, además de la devaluación del euro facilitaron las exportaciones, las cuales han sido el motor de la economía alemana.

El modelo alemán basado en las exportaciones se enraiza en unos salarios bajos en relación a la productividad laboral existente. En realidad, la demanda doméstica ha bajado un 1,4% en lo que va de año. Las exportaciones, sin embargo, han crecido un 18%, mucho más que las importaciones (que han subido sólo un 2%). El objetivo del establishment financiero alemán ha sido crear grandes plusvalías, con la consiguiente acumulación de divisas (euros), resultado de que las dos terceras partes de las exportaciones van a los países de la Eurozona. Esta concentración de euros la ha utilizado la banca alemana para prestar a los bancos (incluyendo a los españoles) y a los estados, de los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España), comprando deuda pública. Pero al estallar la crisis (consecuencia de la contaminación de la banca alemana por parte de los productos tóxicos de la banca estadounidense), la banca alemana tuvo un pánico enorme de no recuperar el dinero prestado. De ahí la imposición de políticas de austeridad a los PIGS para que le pagasen las deudas. Por otra parte, en Alemania, el estímulo para el crecimiento de las exportaciones procedió del Este Asiático, de China y de EEUU (países que han tenido grandes estímulos económicos).

Pero, el mayor problema para Alemania es que el crecimiento económico no se está distribuyendo internamente aumentando el consumo doméstico para que éste contribuya a la recuperación económica. El éxito del modelo alemán se basa en un estancamiento de los salarios durante los últimos diez años. El crecimiento de la productividad durante este periodo no ha repercutido en una mejora de los salarios. Y ahí está el problema. El porcentaje de población empleada con salarios por debajo del salario medio ha aumentado enormemente. Es más, el relativamente bajo desempleo (7,6%) oculta el gran crecimiento de trabajos a tiempo parcial y precarios. En realidad, según las cifras de la Oficina de Estadística del gobierno federal alemán, el porcentaje de desempleados aumentaría a un 20% si se incorporaran como desempleadas aquellas personas que desearían trabajar pero que han abandonado la búsqueda de trabajo como consecuencia de no encontrarlo. En España, si tales personas se incluyeran en el cálculo del desempleo, este alcanzaría el 32% de la población activa. Estos datos comienzan a dar las pistas sobre que el mayor problema no es, como constantemente se indica, la globalización de los mercados (incluidos los financieros), sino las relaciones de poder en la relación capital-trabajo dentro de cada país. Ni que decir tiene que la globalización de los mercados, incluidos los financieros, juegan un papel muy importante en configurar el marco de este conflicto. Pero el conflicto es a nivel estatal, como mostraré cuando veamos el caso español. Pero antes quisiera responder con datos otro argumento. El que los estímulos del Presidente Obama en EEUU han fracasado.

¿HA FRACASADO EL ESTÍMULO ECONÓMICO DEL PRESIDENTE OBAMA?
Y por último, otro argumento que se utiliza por parte de los neoliberales, tanto en EEUU como en España para mostrar el error de incrementar el gasto público como medida de estímulo de la economía es el supuesto fracaso del estímulo del gobierno Obama en crear empleo en EEUU. En esta argumentación se ignoran varios hechos. Uno es que el 24% del total de la cantidad de gasto público utilizado para estimular la economía (787.000 millones de dólares) eran recortes de impuestos que, como bien se sabe, tiene un impacto menor en crear empleo, pues los fondos del recorte de impuestos favorecen, en general, a las rentas superiores (que son las que pagan más impuestos), las cuales ahorran más que gastan estos fondos, perdiendo capacidad estimulante del consumo. Otro 22% de los 787.000 millones de dólares proveídos por el estado federal se gastaron por los estados y ayuntamientos para mantener a los empleados públicos en los servicios del estado del bienestar que habrían sido despedidos y serían desempleados si las autoridades públicas estatales (el estado es la unidad política en EEUU comparable a las CCAA en España) y locales no hubieran tenido tales fondos (proveídos por el gobierno federal), pues sus propios ingresos descendieron mucho, resultado de la crisis económica.

Los gastos en crear nuevos empleos fueron, por lo tanto, menos de la mitad de los 787.000 millones de dólares. Pero éstos sí que crearon nuevos puestos de trabajo, sobre todo en nuevas áreas de inversión (como energías verdes) y servicios del estado del bienestar (como sanidad, educación y servicios sociales), entre otras. Según los datos de la oficina del presupuesto del Congreso de EEUU (The Congressional Budget Office) -respetada y considerada por los dos partidos, el Demócrata y el Republicano, como una Agencia de gran competencia y objetividad- ha indicado que tales fondos crearon 3.3 millones de nuevos puestos de trabajo sólo en el primer año del estímulo, habiendo sido responsable de que el crecimiento del PIB hubiera sido un 4,5% en el segundo cuarto del año, habiéndose convertido en el motor de la economía, responsable de la salida de la recesión. El hecho de que el desempleo sea todavía muy alto (para los estándares de EEUU) se debe a que la destrucción de empleo fue enorme, como resultado de las pérdidas de 13.000.000 millones de dólares, consecuencia de la explosión de la burbuja inmobiliaria que creó el enorme bajón de la demanda. 787.000 millones no pueden equilibrar los 130.000.000 millones que se destruyeron. El problema, pues, no es tanto que el estímulo fuera excesivo, sino que era limitado. El asesor económico del Presidente Obama, Larry Summers, así lo ha indicado, subrayando que se necesitarían al menos 200.000 millones de dólares más, en inversión para crear nueva ocupación.

¿POR QUÉ EL DÉFICIT DEL ESTADO ESPAÑOL ES TAN GRANDE Y EL CRECIMIENTO ECONÓMICO ES TAN LENTO?
El déficit del estado español es de los más elevados de la Unión Europea, mientras que el crecimiento económico es de los más lentos, hecho que, por cierto, caracteriza a los países referidos en la terminología anglosajona como los PIGS (Portugal, Grecia, Irlanda y España). ¿Por qué? Veamos qué tienen estos países en común. Todos ellos, resultado de haber estado gobernados por regimenes dictatoriales de ultraderecha (España y Portugal) y gobiernos autoritarios de derecha muy acentuada (Grecia e Irlanda), tienen estados muy débiles, con escasa capacidad recaudatoria y con muy limitada voluntad y habilidad redistributiva. Es cierto que durante la época democrática en todos estos países tal capacidad mejoró, sobre todo en periodos de gobiernos socialdemócratas. Pero el retraso era tal que todavía persisten aquellas características del estado treinta años después de democracia. España (junto con Grecia, Portugal e Irlanda) son los países con mayores desigualdades de renta en la UE-15.

Contribuyó a esta situación la manera como se hizo la integración de España y de los otros países PIG en el euro. La necesaria reducción del déficit del estado para alcanzar el criterio de Maastricht se alcanzó a base de reducir el gasto público (incluyendo el gasto público social) por habitante. Esta reducción tuvo lugar en términos absolutos, durante el periodo 1993-1995. Y más tarde, en la época PP (1996-2004) en términos relativos; es decir, el gasto público social en España creció mucho más lentamente que en el resto de la UE-15, ya que el gobierno PSOE primero y el gobierno PP después, consideraron como tema prioritario la disminución del déficit del estado, incluso a costa de aumentar el déficit social de España con el resto de la UE-15. Y lo mismo está ocurriendo ahora con el gobierno Zapatero.

Había otra alternativa para bajar el déficit, tanto entonces como ahora, que era subir los impuestos, corrigiendo el enorme déficit de ingresos al Estado español. Esto no se hizo entonces, y hasta hace poco no se ha hecho ahora. Antes al contrario. La sensibilidad Nueva Vía dentro del socialismo español (la versión española de la Tercera Vía) que lideró el candidato Zapatero en las primarias del PSOE en 2004, consideraba que bajar los impuestos era ser de izquierdas. Y los bajó, uno tras otro. Y ahí está la raíz del déficit actual. Incluso Angel Laborda, el Presidente de la Fundación de las Cajas de Ahorro, lo reconocía en un reciente artículo “El déficit público, un problema estructural” en El País (26.09.10). Laborda subrayaba que una de las mayores causas del crecimiento del déficit estructural ha sido la enorme bajada de impuestos. Y la otra razón (también reconocida por tal autor) de que el déficit haya subido tanto con la crisis (que contrasta con el hecho de que el descenso del PIB no ha sido tan acentuado como para crear tal déficit) se debe a la regresividad fiscal. Es decir, las cuentas del estado dependen excesivamente de las rentas del trabajo, y muy en especial de los salarios, y muy poco de las rentas del capital y de rentas no ligadas al salario. De ahí que cuando se destruye trabajo y empleo, el estado se resiente inmediatamente. Estas son las consecuencias de las políticas fiscales de la Nueva Vía (sostenidas también por los partidos conservadores y neoliberales de la oposición, CIU y PNV). Estas políticas no eran inevitables. Se podían haber hecho otras distintas, corrigiendo la escasa capacidad adquisitiva del estado y su progresividad. Pero se escogió no hacerlo. Subir impuestos y su progresividad fiscal fue considerado ser socialdemócrata tradicional, lo cual era la expresión amable de decir “anticuado”. Ser moderno era ser liberal (que quiere decir neoliberal). Es incluso sorprendente que en un momento como el actual, el gobierno se resista a tomar las medidas fiscales necesarias para corregir el déficit social a base de aumentar los ingresos al estado mediante reformas fiscales progresivas (ausentes en el Presupuesto del Estado aprobado hace unos días). Técnicos del Ministerio de Hacienda han calculado que podrían haberse obtenido fácil y rápidamente 38.000 millones de euros corrigiendo algunas de las inequidades más palpables en las políticas fiscales del Estado español.

Por otra parte, el problema del endeudamiento de las familias se debe, precisamente al crecimiento de las desigualdades y consiguiente empobrecimiento de la mayoría de la población trabajadora, hecho al cual contribuyeron las políticas fiscales regresivas. La disminución de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional ha sido la mayor causa del enorme endeudamiento, endeudamiento que ha sido rentable para la banca y para las cajas. Pero éstas a su vez necesitaron dinero que les prestaron las bancas alemanas, francesas y holandesas, que al colapsar su confianza (debido a estar intoxicadas por los productos contaminantes, importados de la banca estadounidense) crearon el enorme problema de falta de crédito. La presión para que el gobierno Zapatero lleve a cabo las políticas de austeridad que se exigen a los países PIGS es que la sociedad y el estado de España y de aquellos países paguen las deudas a aquellos bancos alemanes, franceses y holandeses. Por cierto, Irlanda, el país que ha seguido primero y a pies juntillas las recetas del FMI y de la UE está en una crisis enorme como resultado de tales recetas.

EL COLAPSO DE ESTAS POLÍTICAS PÚBLICAS Y SUS CONSECUENCIAS ELECTORALES
Es un error creer que Zapatero puede vencer las próximas elecciones con estas políticas. El fracaso de la Tercera Vía es un indicador de ello. Así, en Gran Bretaña, los gobiernos Blair y Brown, pertenecientes a la Tercera Vía (la máxima expresión del socioliberalismo), perdieron popularidad rápidamente. El triunfo de la Tercera Vía fue en 1997, cuando el Partido New Labour ganó las elecciones por primera vez. El Partido Laborista consiguió el 43% del voto popular (es decir, de la población que votó), que era el 33% del total del electorado (es decir, de la población que podía votar). Su victoria se debió (tal como documentaron las encuestas a pie de urna) al enorme rechazo hacia las políticas neoliberales del partido conservador, imbuido de thatcherismo. Pero a partir de aquel año, el descenso del partido Laborista (convertido en New Labour) fue espectacular. En el año 2001 ganó sólo el 25% del total del electorado, y en el año 2005 descendió todavía más, al 22%. Este gran descenso no se reflejó en un descenso notable de su presencia en el Parlamento debido al sesgo electoral británico a favor del sistema bipartidista. Así, en 1997, el Partido Laborista, con el 33% del total del electorado, consiguió nada menos que el 64% de todos los escaños en el Parlamento Británico. En el año 2001, el Partido Laborista perdió sólo 5 escaños (pasó de 418 a 413, pasando del 64% al 62% de todos los escaños) y ello a pesar del gran descalabro electoral (que pasó del 33% al 25% del total del electorado). Y en 2005, cuando el voto del total del electorado bajó incluso más, al 22%, perdió escaños pero en número mucho menor de lo que hubiera ocurrido en un sistema proporcional. En realidad, continuó manteniendo la mayoría de escaños (el 55%).

Cito estos datos porque cuestionan la visión generalizada e interesada de definir la Tercera Vía como exitosa por su permanencia en el poder. Constantemente se presenta a Blair y a su gobierno como el gobernante “progresista” que ha mantenido su mandato durante más tiempo como consecuencia de sus políticas centristas (en realidad, de centroderecha). Sus sucesivas victorias, sin embargo, no se debieron a su popularidad sino a un sistema electoral extremadamente sesgado, favorable al bipartidismo, y a la enorme crisis del Partido Conservador. Las políticas de la Tercera Vía fueron profundamente impopulares y muy en especial, entre sus bases electorales (las clases populares), como documento en mi artículo “El Fracaso del Nuevo Laborismo y del Socioliberalismo”, Sistema Digital (21.05.10), también expuesto en mi blog (www.vnavarro.org). En realidad, tales políticas crearon una enorme movilización y desmoralización entre los miembros del Partido Laborista, habiendo perdido casi la mitad de sus miembros durante su mandato. Una situación semejante ocurrió en Alemania, donde las políticas de Schroeder llevaron a un enorme descalabro del partido socialdemócrata.

Seguir estas políticas quiere decir el descalabro electoral del PSOE. Asumen, como también asumieron Blair, Brown y Schroeder antes que ellos, que la aplicación de tales políticas de claro corte neoliberal crearán buen empleo y aumentará la calidad de vida de las clases populares (que ellos llaman clase media), y que como consecuencia, recuperarán su confianza electoral. Recuperar, en el caso español, no es sólo crecer el PIB sino, mucho más importante, crear empleo y buen empleo. Y ahí es donde la evidencia existente, presentada en este artículo, cuestiona este supuesto. La abstención entre las bases electorales es la mayor consecuencia de estas políticas, y están llevando a un descalabro semejante en España. Las encuestas así lo muestran. La única solución es un cambio muy marcado de tales políticas. La Huelga General podría tener esta consecuencia, pues la pervivencia del partido socialista en el poder está claramente relacionada con el cambio de tales políticas. La alternativa, de no hacerse tales cambios, sería el debilitamiento, por un largo periodo, de la socialdemocracia en España y la victoria de las derechas por muchos años. Si así ocurre, y deseo naturalmente que no sea así, la culpa no la tendrán los sindicatos y su exitosa huelga general, sino la falta de respuesta del gobierno a esta protesta.


30 de septiembre de 2010

Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

Por VÍCTOR GUILLOT, hoy en La Nueva España

Por VÍCTOR GUILLOT, hoy en La Nueva España

Espejo de villanos

29-S

Zapatero debería comprender que no se puede gobernar bajo el chantaje de los mercados

El otro día, en la huelga general, Toxo se lo dijo a los currantes: «No nos resignamos a perder el futuro. Si el Gobierno quiere suicidarse, es su problema». El futuro es el éxtasis del tiempo, la mejor metáfora del mundo, o sea, de nosotros mismos. Y en este tiempo extático, ya sabemos que la huelga general logró parar las ciudades más importantes de este país y que se alzara el humo de las barricadas, incluida ésta, que también vive la obsesión permanente de construir otra metáfora, otro futuro distinto del que nos ha tocado.

Hemos vivido la huelga general como el gran acontecimiento que inauguraba el nuevo curso político. El acontecimiento es una porción de tiempo que se toma y se traslada al futuro, y ya lo dice Antonio Gutiérrez: todas las huelgas mejoraron el futuro de los trabajadores. Ayer, en «El País», el ex secretario general de CC OO se lo advertía muy elocuentemente al presidente del Gobierno: «Si la humildad que acompaña la inteligencia se abre hueco entre la vanidad que rezuman los que se precian de listos, tal vez pueda reconocerse ahora que una huelga general no es un artificioso juego de cínicos que camuflan sus respectivas debilidades poniendo en danza a trabajadores e instituciones».

Así que, mientras el acontecimiento se iba sucediendo, uno acompañaba tranquilamente a los piquetes que iban alzando banderas rojas, alegres y populares y ponían algo de revolucionario, festivo y frentepopulista a las fachadas de la calle San Bernardo. Todavía hay quien se pregunta para qué sirve una huelga y olvida que la de 1977 reclamó la libertad sindical, que la de 1985 se hizo contra la reforma de las pensiones, que la de 1988 derribó el plan de empleo juvenil, que la de 1992 paralizó el recorte de las prestaciones del desempleo (cuando el Inem registraba superávit), que la de enero de 1994 frenó una reforma laboral cuyo principal objetivo era abaratar el despido a cambio de estabilidad en el empleo (como la actual) y que la de junio de 2002, la séptima de la democracia y la única contra el PP, tumbó un decreto del Gobierno que perseguía reducir el paro entre los nuevos demandantes de trabajo. De modo que la huelga es el acontecimiento político que pone entre las cuerdas toda la política de un Gobierno y coloca a cada cual en su sitio. Dicho de otra forma: no ha habido en España una sola huelga que no significara una conquista social en el tiempo para la clase trabajadora.

Así las cosas, Zapatero se enfrenta al socialismo real de los sindicatos, que han lanzado una respuesta democrática al socialismo gubernamental y de diseño del secretario general del PSOE. Méndez y Toxo han trabajado esta huelga de un modo silencioso, frente a las hordas criminales que dibujaron los herederos de Foxá y otros fascistas sentimentales del treinta y seis. Casi parece que el éxito de esta huelga no se deba a la Razón, más o menos opinable, sino a la Historia, siempre imparable. Por lo tanto, lo que Zapatero debería comprender desde el 30 de septiembre es que no se puede gobernar bajo el chantaje de los mercados y tratar de lavarse la cara cada vez que negocia con los sindicatos. Aún así, nuestra historia le enseña que es posible rectificar. A fin de cuentas, todos los gobiernos anteriores rectificaron.

Muy lúcido, como siempre…

Muy lúcido, como siempre…

ANÁLISIS: Primera huelga general contra Zapatero

Del conflicto a la solución negociada

Por Antonio Gutierrez Vergara, hoy en El Pais

El éxito de una huelga empieza a medirse con su amplitud, que evidencia el conflicto social que motivó su convocatoria, pero culmina cuando se alcanzan soluciones negociadas entre las partes en conflicto. Es decir, el riesgo mayor siempre lo corre quien tiene que remover una injusticia enfrentándose a ella, mientras que su triunfo solo lo será si puede compartirlo con quien provocó la desavenencia; y si la huelga ha sido general, los beneficiarios de su éxito final terminarán siendo casi todos, incluidos muchos de sus detractores. Esta es, muy resumidamente, la historia de todas las huelgas y esperemos que también lo sea de la de ayer. De momento ya se ha constatado la primera premisa, puesto que con el respaldo obtenido, CC OO y UGT han demostrado la razón que les asistió al convocarla; mal que les pese a los que se deslizaron las vísperas del 29-S del análisis político, que requiere de datos reales, al psicoanálisis amateur, que se nutre con conjeturas. Si la humildad que acompaña a la inteligencia se abre hueco entre la vanidad que rezuman los que se precian de listos, tal vez pueda reconocerse ahora que una huelga general no es un artificioso juego entre cínicos que camuflan sus respectivas debilidades poniendo en danza a trabajadores e instituciones. Los sindicatos llamaron a la huelga para responder a una injusta degradación del empleo y de los derechos laborales, y no solo para prevenir otras contrarreformas que flotan en el ambiente; no tenían ninguna cara que lavarse puesto que nunca se la habían ensuciado por no haber convocado la huelga cuando al estallar la crisis el Gobierno reforzó la protección social y su presidente afirmaba rotundo que "...de la crisis no se saldrá debilitando los derechos sociales sino reforzando el aparato productivo".

Tampoco hay ningún designio fatalmente irreversible que impida negociar cambios en la reforma laboral ni que al hacerlo se revuelvan contra España los inversores internacionales. Si acaso querrán hacerla irreversible los patronos que al día siguiente de su publicación en el BOE retiraron expedientes de regulación de empleo para proceder a despedir directamente a buena parte de sus efectivos; o los despachos laboralistas de empresas que han inspirado esta reforma y vislumbran el robustecimiento de sus carteras de clientes en la medida que estos quieran aligerar sus plantillas, a quienes les saldrá más barato despedir pero buena parte de lo que se ahorren en indemnizaciones por despido se lo tendrán que gastar en la minuta de sus asesores para que les preparen cabalísticos informes pretextando la previsión de pérdidas en sus empresas y puedan imponer los "despidos preventivos" que la reforma entroniza en nuestro ordenamiento laboral.

Que persista el conflicto social, aunque sea latente, es el peor mensaje que nuestra economía puede remitirle a empresarios propios y foráneos. Por el contrario, valorar que pese a todo en España se firmó en febrero y se mantiene para los próximos tres años un acuerdo de moderación salarial, del que no dispone ningún otro país europeo y que se asegurará aún más esa certidumbre sobre la evolución de los costes laborales superando este grave desencuentro con acuerdos correctores de la reforma laboral, es la mejor manera de atesorar la confianza en el empeño del Gobierno y de los agentes sociales por superar la crisis, con renovadas bases para el crecimiento y la competitividad de nuestra economía. Después de la huelga solo habría que poner contra las cuerdas a quienes pretendan sabotear la cristalización, cuanto antes, de este empeño.

Antonio Gutiérrez Vegara es diputado del Grupo Socialista. Presidente de la Comisión de Economía del Congreso y ex líder de CC OO.

Por JAVIER GARCÍA CELLINO en La Nueva España…

Por JAVIER GARCÍA CELLINO en La Nueva España…

Velando el fuego

El 29-S

El despido y las jubilaciones como argumentos de apoyo al paro

Imagínese la siguiente escena (si no se remedia, será cada vez más frecuente en el escenario de las relaciones laborales). Usted es un/a trabajador/a de una empresa de la construcción, del metal, del textil o de la que a usted más le guste (sirve para todas). Como todas las mañanas, acaba de llegar a su puesto de trabajo dispuesto a partirse un riñón y tres cuartos del otro para ganar un sueldo de mileurista, en el mejor de los casos. Su superior le dice que vaya al despacho, pues tiene que hablar con usted. Tras invitarle a sentarse, eso sí, con buenos modales, su jefe, que es alto o bajo, rubio o moreno, más grueso o más delgado, pues los hay de todos los tipos y tamaños, le arroja una marmita de aceite hirviendo al rostro: «Queda usted despedido». Como es lógico, el despedido, o sea, usted, pone esa cara de panoli que se acostumbra a poner en situaciones así, de modo que su superior no tarda en aclararle que se trata de un despido objetivo, por pérdidas actuales. Pero, no obstante, si a usted no le gusta este motivo -su jefe está dispuesto a hacerle más dulce el mal trago- puede cambiárselo por el de pérdidas previstas, que es algo más etéreo y que tiene relación con el futuro, ese señor que casi nunca llega a tiempo a sus citas. Y, de todos modos, si usted tiene aún alguna duda, puede canjearlo por un despido más rimbombante, una fraseología de evidente calado literario, que consiste en dejarle a usted en la calle por «disminución persistente del nivel de ingresos» (del empresario, claro está).

Éste será, a partir de ahora, el panorama con el que se van a encontrar los trabajadores de nuestro país. Si conseguir un empleo se ha convertido en una labor harto difícil, conservarlo lo será aún más. El despido objetivo es una herramienta poderosa que lo mismo sirve para poner un ladrillo que para asfaltar una carretera, de modo que a la mínima de cambio, o de humor de su jefe, eso depende, se encuentra usted con la carta de despido en el bolsillo de la chaqueta.

Si a esta indefensión le añade que dentro de nada la edad de jubilación será a los 67 años (eso como mínimo), que el período de cotización para el cálculo de su pensión no tardará mucho en comprender todo el ciclo laboral, o que -entre otras perlas de la reforma- se necesitarán 38 años de trabajo, al menos, para poder tener derecho a la pensión, no le costará mucho darse cuenta de que entre lo que postulamos y lo que hacemos hay casi siempre un océano de mentiras, la misma distancia que existe entre las promesas del Partido Socialista y la cruda realidad de los currantes de este país.

El día 29, con ocasión de la convocatoria de Huelga General, es un buen motivo para demostrar que los ciudadanos de este país somos algo más que una estatua de resignación. No confundamos los árboles con el bosque, y no nos dejemos engañar por los ataques de la derecha, de la ultraderecha, de los empresarios y de algunos medios de comunicación.

Es cierto que los sindicatos llevan años haciendo una política de gestión, y que algunas de sus ramas no presentan, precisamente, un aspecto muy saludable, pero vayamos más allá, no nos quedemos sólo a la entrada del monte, y pensemos que, gracias a ellos, y a sus errores, el bosque no se ha convertido aún en una selva, como sería el deseo de tantos empresarios desaprensivos a los que les encanta prender fuego a todo lo que estorbe sus planes de quema.

Aún hay tiempo de cambiar las cosas. Aunque sólo sea para no tener que poner siempre la misma cara de panolis.

Por IGNACIO MURO BENAYAS

Por IGNACIO MURO BENAYAS

Ante el 29 S: ideas y fuerza

Nada se consigue al margen de los empujes sociales. En la medida que el miedo y la inmovilidad incidan en negativo en la huelga del 29 S estaremos prefigurando el tipo de poder que se instalará en nuestras vidas en los próximos años. Del temor no es fácil que nazca una sociedad racional y equilibrada, más bien lo contrario.

NUEVATRIBUNA.ES

No son sólo nuevas ideas lo que la izquierda necesita, sino fuerza y determinación para que generen influencia social. Los sindicatos están dando una lección ciudadana, no sólo por su decisión a combatir sino tambien por el tono y las ideas que, una y otra vez, Toxo y Mendez, están empleando. Repetir y repetir argumentos, buscar apoyos sociales, abrirse un hueco en los altavoces mediáticos.

Comparto los argumentos de Manuel Alcaraz: aunque debilite al Gobierno y de alas a la derecha, “el peor escenario de futuro para el PSOE y la izquierda son unos sindicatos debilitados, humillados. Y, para impedirlo, la huelga ha de saldarse con “componentes de victoria”, que recuerden a la izquierda política qué poco es sin una izquierda social.”

Las buenas ideas, las más justas, no son las que se acaban imponiendo sino las que se convierten en una fuerza material con peso social. Y también con fuerza electoral, ya llegará el momento de hablar de ello. Las buenas ideas son “mejores” en la medida que tienen más incidencia, y eso supone aprovechar todos los altavoces, todos los recursos para que engarcen en la sociedad. Decía Maquiavelo que “el hombre es un animal que pelea con la razón, es decir que embiste con ella”. Nada se consigue al margen de los empujes sociales: precisamente, lo que hoy pretenden los empresarios es imponer su solución, forzar un “nuevo consenso social” que les sea más favorable, amparados en el peso orgánico de las ideas neoliberales y la derecha mediática. Lo están haciendo y siempre que puedan lo volverán a hacer.

Hace dos años, cuando estalló la crisis que nos asola, algunos soñaban con que el ciclo de hegemonía neoliberal, abierto a comienzos de los ochenta, cuando el tándem Reagan-Thatcher consolidaron posiciones, había llegado a su fin. Que el viento soplaría a babor. Que las falsas ideas caerían solas. Error. Pasado el susto, la maquinaria se ha vuelto a poner en marcha para convertir la crisis en una oportunidad para ganar posiciones y debilitar definitivamente los derechos sociales, considerados una “rémora del pasado.”

No era una batalla de ideas en la que se acabarían imponiendo las que mostraran mejores argumentos. O las más razonables o brillantes. Eso no es lo que ocurre en el desarrollo de la historia. Algunos parecen soñar con una economía basada en valores frente a una economía basada en intereses. Utopías: lo que se necesita es que la fuerza de los valores que representan el interés general contrarresten la fuerza de los valores que representan intereses mezquinos y particulares.

En la medida que el miedo y la inmovilidad incidan en negativo en la huelga del 29 S estaremos prefigurando el tipo de poder que se instalará en nuestras vidas en los próximos años. Del temor no es fácil que nazca una sociedad racional y equilibrada, más bien lo contrario. No es difícil olfatear su carácter falaz y excluyente, articulado desde la recuperación de los viejos lugares comunes (odios xenófobos, desprecio a los sindicatos y a los funcionarios, búsqueda de chivos expiatorios), en un proceso de socialización de los errores bajo el mantra de que todos somos responsables de lo que nos pasa, de que son los pobres –da la mismo si se habla de ciudadanos o de países- los únicos culpables de su pobreza. Son los falsos consensos sobre los que cabalgan los mercados, símbolos actualizados de los viejos poderes ocultos, cual llama sagrada que desciende de la montaña, que ejemplifica Goldman Sachs, cuando afirma que los banqueros hacen "el trabajo de Dios".

Recuperar el orgullo supone encontrar la forma de contribuir a la huelga el día 29.

Ignacio Muro Benayas es economista y profesor de periodismo en la Universidad Carlos III. Autor de “Esta no es mi empresa” (Ecobook, 2008).

En su "breve" de La Nueva España…

En su "breve" de La Nueva España…

Sindicalistas

Por PEDRO DE SILVA

Últimamente se ha puesto muy de moda hablar mal de los sindicatos, los sindicalistas y los liberados sindicales. Las críticas siempre están bien, y desde luego los dirigentes deberían ir tomando nota para cambiar muchas cosas; pero si no existen sindicatos no hay sociedad democrática, ni a la larga derechos efectivos en las empresas. Aunque, como ocurre en cualquier tipo de organización, haya de todo, algunas actitudes nos ponen en la pista de que la llama del viejo sindicalismo obrero no se ha apagado, y ahí está la imagen de los dirigentes mineros en huelga de hambre en el Ministerio de Industria, en defensa del pago de los salarios, entre ellos un histórico líder sindical de 67 años aquejado de dolencias de importancia, al que ni compañeros, ni familia ni amigos han logrado apartar del evidente riesgo que corre. En una foto de hace días levantaba barricadas apoyado en un bastón.

Desde mi ventana, como ciudadano de Oviedo, lo veo así…

Desde mi ventana, como ciudadano de Oviedo, lo veo así…

Atención Continuada en A. Primaria…

No es un tópico, es una realidad: “¿piensas que está mál?... pues las cosas aún pueden empeorar...”

Las declaraciones de María Luisa Sánchez, directora de Servicios Sanitarios del SESPA así lo ponen de manifiesto en el resumen que ayer hace El Comercio tras su participación en el programa La Lupa, de Canal 10.

Ya lo decía la Secretaría General de la SSE de CC.OO. en la Atención Primaria del área IV, el pasado día 19 en su artículo sobre “La cruda realidad de la concentración de PACs (Puntos de Atención Continuada) en Oviedo”, que recomiendo leer íntegro (VER):

La reorganización de la Atención continuada se está haciendo a “trocitos”, primero las ZES con la respuesta rápida, en junio la modificación hasta las 20 h., ahora concentración de PACs los fines de semana y festivos… y luego vendrá… de lunes a viernes en la zona urbana, más cambios en las zonas (vamos a llamarlas semi-urbanas) del resto de las Areas...

Esta es la clara línea que la directora de Servicios Sanitarios del SESPA no oculta y eso es de agradecer.

Lejos parece quedar el Acuerdo del 8 de octubre de 2008, firmado por la Administración sanitaria y las organizaciones sindicales UGT y CC.OO. – que es de dónde dicen en el SESPA nace la legitimación de todos estos cambios -, al que ya nadie parece mirar a pesar de haber sido uno de los mejores y de mayor contenido firmado jamás …

Releer en el mismo la reafirmación del principio de accesibilidad en beneficio de la atención a la ciudadanía resulta hoy irrisorio y ver reflejadas, con toda nitidez, que en cuanto a la Atención Continuada se busca una distribución más equitativa de los recursos eliminando las diferencias entre zonas básicas, áreas o centros, es más que paradójico, sobremanera cuando la organización entre la zona urbana de Gijón y la de Oviedo es algo así como el cuádruple de recursos en la primera frente a la segunda … lo de Avilés es una especie de híbrido en el medio de ambas…

Pero lo más paradójico de todo esto es que mientras los representantes ciudadanos de Gijón empiezan a protestar, a pesar de ser los más beneficiados, los de Oviedo están completamente desaparecidos.

La realidad, en sanidad como en todo, es muy terca y acabará saliendo a relucir.

El próximo 2 de Octubre se ponen en marcha los cambios y el ciudadano, particularmente el ovetense, lo verá…

Dicen, y comparto, que para planificar en sanidad o en cualquier otro de los pilares del bienestar, los localismos son un enemigo que hay que intentar anular, pero para ello es absolutamente necesario convencer a través de la participación y del compromiso en la toma de decisiones a los ciudadanos.

No me consta que esto se haya hecho así y, en consecuencia, no sólo no se evitarán localismos, sino que se alimentarán por la generación de evidentes desigualdades que, más temprano que tarde, saldrán a relucir.

Empecé afirmando que las cosas pueden empeorar aún más y me reafirmo, porque si a esta estimulación de localismos por la vía de los hechos añadimos la desconfianza que se propiciará entre los representantes ciudadanos por intentar, una vez más, “organizar para ellos pero sin ellos” (de los profesionales o de sus representantes ya ni hablo), el resultado, desgraciadamente, es más que evidente.

Y todo esto en tiempos en los que hay que abordar cambios serios… ¡¡decididamente soy un iluso!!