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OPINION

Nuestra salud mental está en nuestras manos más de lo que parece …

Nuestra salud mental está en nuestras manos más de lo que parece …

Cuidar nuestra salud mental

04.09.10 - MIGUEL SILVEIRA | PSICÓLOGO DE CABECERA, en El Comercio.

Se sabe que los trastornos mentales tienen gran incidencia en la población y se prevé que siga creciendo en los próximos años según la OMS y según todos los estudios realizados. Cuando perdemos salud mental por la ansiedad, la depresión, las obsesiones, etcétera es perfectamente comprensible que se intenten buscar remedios lo más mágicos y eficaces posibles porque el sufrimiento que llevan anejo es muy intenso y por eso la venta de ansiolíticos y antidepresivos ha aumentado tanto que está a la cabeza de los medicamentos más vendidos. Como digo, es normal que se busquen remedios en la 'magia' de los fármacos, pero no hay que engañarse porque los fármacos no son mágicos aunque sean precisos. No voy a sugerir que se acuda al psicólogo. No se trata de barrer para adentro aunque esos profesionales pueden servir de gran ayuda mediante las terapias que practican con sus pacientes. Lo que quiero resaltar es que la enfermedad mental en su gran mayoría viene determinada mayoritariamente por la forma en que nos comportamos, por nuestro estilo de vida. Este es el verdadero responsable y no, sobre todo, los genes, según algunas hipótesis. La influencia de nuestros comportamientos no es cuestionable pues está empírica y reiteradamente contrastada. Usted sabe si su estilo de vida es sano o enfermizo. Usted sabe si vive bajo la presión de la prisa, la aceleración, la competitividad exagerada, el abarcar más de lo que puede su organismo y la presión a la que se somete. Sabe si sus hábitos de consumo son nocivos o sanos, si fuma y bebe alcohol en abundancia, si le puede el consumo de bienes y servicios o de otras sustancias. Sabe bien si el tiempo que dedica al ocio y al descanso y al sueño son los adecuados así como su forma de comer, cómo come y lo que ingiere, si es muy negativo en sus percepciones de la realidad y si vive en conflicto consigo o con la gente.

Todas estas facetas y otras muchas constituyen nuestra forma de vida y de comportamiento y eso influye de forma taxativa en cómo nos sintamos de sanos mentalmente. Por eso, además de echar mano de los fármacos, cuando no hay más remedio, es necesario modificar nuestros hábitos inadecuados. Nuestra salud mental está en nuestras manos más de lo que parece. Sólo que requiere un esfuerzo.

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 23 de agosto de 2010…

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 23 de agosto de 2010…

Impuestos, deuda pública y estado del bienestar

En realidad, subir el impuesto de los ricos y de las rentas del capital puede aumentar la demanda si el estado –con los fondos recibidos como consecuencia del aumento de los impuestos- invierte en servicios e infraestructuras que creen empleo. Esta creación de empleo tiene un impacto muy importante e inmediato sobre el incremento de la demanda.

Uno de los dogmas que se reproducen en la doctrina neoliberal (basada en la fe en los mercados) es creer que subir los impuestos no es bueno para la economía, y todavía menos en momentos de recesión, es decir, en momentos de descenso de la actividad económica. Puesto que en una recesión hay un déficit de la demanda, se asume que la subida de impuestos reduciría todavía más tal demanda, pues la gente tendría menos dinero para consumir. Pero tal creencia ignora varios hechos. Uno es que el aumento de los impuestos no tiene porque reducir la demanda. Que los reduzca o no depende del tipo de impuestos. El impuesto del IVA (que se basa en el consumo), por ejemplo, puede reducir la demanda, aunque, incluso ahí tal reducción, depende del tipo de IVA y sobre que productos se aplique tal aumento. Pero, hay otros impuestos, como el impuesto sobre las rentas altas, que tienen un impacto menor en la reducción de la demanda, dado que la gente rica ya consume mucho y cuando recibe dinero extra, lo invierte más que no lo consume, pues su nivel de consumo ya es muy elevado. De ahí que se sabe en la literatura económica que las bajadas de impuestos a los ricos tienen más impacto en estimular el ahorro que el consumo, al revés de lo que ocurre cuando se bajan los impuestos de las rentas medias y bajas. Las personas de bajos ingresos consumen todo el dinero extra que reciben, pues siempre andan cortos de dinero. De ahí que si se quiere aumentar la demanda es mejor reducir los impuestos de las personas y familias de rentas medias y bajas que de las personas de rentas altas. En realidad, subir el impuesto de los ricos y de las rentas del capital puede aumentar la demanda si el estado –con los fondos recibidos como consecuencia del aumento de los impuestos- invierte en servicios e infraestructuras que creen empleo. Esta creación de empleo tiene un impacto muy importante e inmediato sobre el incremento de la demanda.

Y los datos así lo prueban. Los países que tienen una carga fiscal elevada y progresiva, tienen un mayor porcentaje de población adulta trabajando y ello como resultado de un mayor protagonismo del estado (sea central, autonómico o local) creando y expandiendo empleo sobre todo en los servicios públicos. No es por casualidad que sean también estos países los que tengan un estado del bienestar más extenso y de mayor calidad. Y los datos hablan por si mismos. Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia tienen una carga fiscal equivalente al 47%, 48%, 42% y 42% del PIB respectivamente. Y tienen el mayor porcentaje de población trabajando (la tasa de ocupación de Suecia es del 72,2% en 2008, la de Finlandia de 68,7%, la de Noruega el 76,8% y la de Dinamarca de 75,7%), incluyendo también tasas elevadas de empleo en su estado del bienestar (en Suecia la población empleada en el estado del bienestar era el 24,8% en 2007, en Finlandia era el 19,8% y en Dinamarca el 24,5%).

Por el contrario, son los países del sur de Europa, en los que las derechas han sido históricamente muy fuertes, donde los impuestos son más bajos. Y los porcentajes de la población que trabajan, incluyendo la población empleada en sus estados del bienestar, son también muy bajos. España, Grecia y Portugal tienen una carga fiscal de 33%, 31% y 36%, respectivamente, y a la vez una tasa de ocupación de 59.8%, 61.3% y 66.3%, con una ocupación en el estado del bienestar de 10.6%, 9.8% y 11.5%, respectivamente.

Lo que ha ocurrido durante estos últimos años es que las derechas han adquirido mayor peso en Europa (y los gobiernos de centroizquierda han aceptado los dogmas neoliberales promovidos por las derechas). Y ha habido una gran bajada de impuestos de la mayoría de países donde las derechas o las centroizquierdas (de orientación socioliberal) han gobernado, con lo cual, los estados han perdido recursos y/o se han endeudado para poder proveer los servicios. Ahí está la madre del cordero. Bajar impuestos ha sido la moda y recuerden que el Sr. Zapatero indicó que bajar impuestos era “ser de izquierdas”. Y esta mentalidad nos ha llevado donde estamos ahora. En principio no se notaba mucho porqué había un elevado crecimiento, basado en burbujas inmobiliarias y de la bolsa, que creaban una sensación (falsa) de riqueza. Pero cuando las burbujas estallaron, los estados (y la ciudadanía) quedaron profundamente endeudados. Y ahí está el problema.

Los grandes recortes del gasto público que ahora se exigen son consecuencia directa de las bajadas de impuestos. Así en Alemania, las bajadas de impuestos iniciadas en la época del gobierno Schroeder y continuadas por el gobierno Merkel (bajadas de los impuestos sobre las rentas del capital de hasta 21 puntos y de las rentas superiores de hasta 9,5 puntos), significó una reducción de los ingresos al estado de 75.000 millones de euros por año, que es el tamaño del déficit que Merkel quiere resolver a costa de recortes en el gasto público. Un tanto semejante ocurre en España, donde la congelación de las pensiones, la reducción de los salarios públicos y del gasto público podrían haberse evitado si no se hubieran recortado los impuestos del IRPF, llevados a cabo por Rato y después por Solbes, ni se hubieran eliminado los impuestos sobre el Patrimonio, ni se hubieran hecho otras reformas fiscales regresivas, que han significado una enorme merma de los ingresos del estado. El dominio del pensamiento neoliberal en los establishments políticos y mediáticos, financieros y empresariales del país nos ha llevado a la situación de la enorme crisis que estamos viviendo. Y como si no fuera suficiente, ahora estos establishments quieren reducir todavía más el gasto público (incluyendo el gasto público social) de España, el más bajo de la Unión Europea de los quince (UE-15). Y predeciblemente, las derechas catalanas y españolas (y algunas voces socioliberales) están insistiendo en no subir los impuestos, pidiendo incluso que continúen bajando en el país de la UE-15, que no sólo tiene menos gasto público, sino que tiene además –y cómo consecuencia- el porcentaje de población ocupada más bajo y el desempleo mayor de la UE-15.

Vicenç Navarro - Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

Por PEDRO DE SILVA ...

Por PEDRO DE SILVA ...

Medicina caducada

Tal como era de esperar, tras la defensa de Blanco de una subida de impuestos, Rajoy propone una bajada, para incentivar el crecimiento y aumentar así la recaudación. Estamos, pues, ante la misma receta del «círculo virtuoso» que en el período Aznar teorizó Rodrigo Rato, avalado por los buenos resultados de la economía. El problema está en que texto y contexto son ahora muy distintos: ya no hay grandes empresas públicas por privatizar (cuya venta fue el combustible de la 1.ª fase del cohete), ni un sector con potencial para actuar de locomotora (el de la construcción, que alimentó la 2.ª fase), ni un contexto internacional favorable ni el confort de un crédito-país. Tiene razón al denunciar lo absurdo de equiparar impuestos a los de los países más ricos de Europa, pero la propuesta de bajar algunos sólo sería creíble si se atreviera a mentar los que subirá o por dónde hará recortes.

Entrevista a José Luis Jorcano Noval, Investigador, jefe de la Unidad de Biomedicina Epitelial del Ciemat de Madrid…

Entrevista a José Luis Jorcano Noval, Investigador, jefe de la Unidad de Biomedicina Epitelial del Ciemat de Madrid…

«En España somos buenos generando conocimiento científico, pero no sabemos sacarle valor económico»

«El centro de tejidos del Principado, en Oviedo, es el único en el que se produce piel destinada a todas las unidades de grandes quemados del país»

Por ANDRÉS MONTES, en La Nueva España

José Luis Jorcano Noval (Gijón, 1949) se formó como físico teórico -es doctor en Ciencias Físicas- antes de dar el salto a la biología, atraído más por las formas reales de vida que por su formulación matemática. Dirige la Unidad de Biomedicina Epitelial del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas de Madrid (Ciemat). Durante siete años estuvo al frente de la Fundación Genoma de España y su actividad investigadora se desarrolla en el epicentro de la biotecnología, en lo que hoy es vanguardia de la ciencia. Jorcano advierte de la necesidad de que España no pierda este nuevo tren científico y lamenta las resistencias empresariales ante un sector que está llamado a ser clave en la economía.

-¿Cómo fue su paso de la física a la biología?

-Me atraían muchos las dos cosas y me decidí por la física. Cuando estudiaba cuarto y quinto empecé a darme cuenta de que, en la física teórica que yo estaba estudiando, había demasiada distancia entre el formalismo matemático, muy complejo, con el que se trabaja y la realidad física subyacente y fue eso lo que me llevó a la biología.

-¿Y cómo acabó centrándose en la investigación de la piel?

-En el campo de la biología pasé del estudio físico-químico sobre la molécula de ADN a una biología muy orientada hacia la clínica, que es lo que hago ahora. En Alemania me interesé por una familia de proteínas, la de los filamentos intermedios que forman el esqueleto celular, y por un tipo específico, las queratinas, que son las que están en las células epiteliales y que son muy importantes porque la mayor parte de los tumores se generan en ellas. El epitelio más accesible era la piel, por tratarse del más fácil de observar y manipular.

-¿Sobre qué aspectos concretos de esa investigación trabaja ahora?

-Lo que más me interesa es la aplicación clínica del trabajo que hacemos en el laboratorio, la división que dirijo en el Ciemat, una división muy compleja que monté yo y que estudia muchos aspectos relacionados con los epitelios, no sólo la piel sino también los epitelios mamarios y otros que son muy importantes desde el punto de vista del cáncer. Hacemos estudios que van desde la biología molecular y celular básica hasta las aplicaciones clínicas de esa investigación, que son de las que más directamente me ocupo. En el campo de la piel estamos interesados en lo relativo a las úlceras, en el proceso de cicatrización. Hay algunas úlceras que afectan a grupos importantes de la población, por problemas circulatorios o la diabetes, y otro tipo de enfermedades raras que causan una fragilidad extrema de la piel por defectos genéticos y que conllevan gran sufrimiento para los pacientes. No sabemos curarlas aunque conocemos su origen genético y aplicamos cultivos celulares y técnicas de ingeniería tisular en un intento de paliar los efectos devastadores de esa enfermedad.

-Usted es copartícipe en media docena de patentes como resultado de sus investigación. ¿Están todas ligadas al ámbito de la piel?

-Sí. Toda esta investigación no la podríamos desarrollar si no fuera por nuestra colaboración con Álvaro Meana, un gijonés que trabaja en el Centro de Tejidos del Principado y cuya aportación es crucial. Sin su concurrencia, nosotros seríamos muy buenos científicos básicos pero no tendríamos la capacidad de desarrollar la vertiente clínica.

-De todas esas patentes, ¿cual considera de mayor trascendencia?

-La más importante para nosotros fue la primera en la que, en estrecha colaboración Álvaro Meana, desarrollamos un método para producir en el laboratorio piel humana. A partir de un centímetro cuadrado de piel, el tamaño de un sello de correos, somos capaces de generar, en un período de tres o cuatro semanas, dos metros cuadrados de piel, el equivalente a toda la superficie corporal de una persona. Esto nos permitió llevar a cabo la primera aplicación de nuestra investigación en quemados extensos, que cuando presentan quemaduras en más del 60 por ciento del cuerpo tendrían un pronóstico muy malo si no se hubiesen desarrollado estos métodos. El tratamiento permite generar grandes superficies de su propia piel, lo que evita el rechazo cuando se le trasplanta y proporciona unos porcentajes de éxito bastante buenos.

-¿Cuál es el grado de implantación de esa técnica?

-Oviedo es el único sitio donde se produce piel destinada a todas las unidades de grandes quemados que hay en España. Calculo más de cien pacientes que han sido trasplantados con piel generada a través de este método. Esto convierte a España en uno de los pocos países en los que esta técnica está a disposición de los ciudadanos.

-¿Alguna otra patente alcanza la trascendencia de esta ligada al cultivo de piel?

-Hemos patentado un método que nos permite trasplantar la piel que producimos a ratones inmunodeficientes, es decir, que su sistema inmunológico no rechaza la piel humana. Así tenemos ratones que en su espalda llevan o bien humana sana o piel con determinadas afecciones, lo que nos permite analizar la respuesta a determinados tratamientos antes de hacerlo en un paciente humano. Es lo que llamamos estudios preclínicos y permiten predecir los efectos sobre el paciente humano y la toxicidad de los tratamientos que se aplican. El problema que tienen los ensayos con animales es que en ocasiones nos encontramos con tratamientos que funcionan muy bien en ratones y que no consiguen el mismo resultado cuando se trasladan a humanos. Es una suerte por ello disponer de ratones con piel humana.

-Usted puso en marcha la Fundación Genoma España.

-Fui director general durante más de seis años, hasta hace año y medio en que dimití. Me ocupé de ponerla en marcha y en estos momento lo que hace la Fundación no tiene nada que ver con lo que hacía en mi época. Hicimos un trabajo muy importante al colocar a España y a sus investigadores en el mundo de la investigación genómica. Se trataba de montar infraestructuras para entrar en ese campo, infraestructuras muy caras que no resultan accesibles para un solo investigador ni incluso para un centro. Y por otra parte se trataba de poner en marcha proyectos con financiación pública y privada, en el ámbito de la salud humana y de la agricultura, para la mejora de especies vegetales. Esas son las labores que teníamos, instalaciones y proyectos, a lo que hay que añadir la ayuda a la creación de empresas biotecnológicas. Ayudamos a generar más de 60 empresas en nuestro país, la mayor parte de la cuales todavía existen.

-¿En qué momento cambia de orientación la Fundación?

-Las fundaciones, como todo, tienen unos objetivos, evolucionan con el tiempo, son instrumentos a disposición de los ministerios para llevar a cabo sus políticas y cambian en función de los equipos que en cada momento rigen esos ministerios. Eso fue lo que pasó en mi caso. Un cambio en el ministerio hizo que esas personas tuvieran una visión diferente y pensé que lo más lógico era que otra personas desarrollaran estas actividades. Este es un proceso normal.

-La biotecnología y todo lo relacionado con el estudio del genoma es uno de los terrenos más prometedores tanto en el ámbito científico como en el económico. ¿España está en condiciones de competir en ese terreno o también perderemos esta carrera?

-Las carreras siempre se pueden perder. Esta es una carrera de fondo, no un sprint, aunque pueda haber descubrimientos puntuales importantes. Pero lograr que en un país la biotecnología tenga un impacto sobre su economía es una carrera de fondo. España está diagnosticada desde hace mucho tiempo, un diagnóstico en el que profundizamos con estudios que realizamos cuando yo estaba al frente de la Fundación Genoma España. El diagnóstico es que en la generación de conocimiento científico somos buenos, el cuarto país de la Comunidad Europea en cuanto a publicaciones en biotecnología, y eso está muy bien porque ocupamos un lugar por encima del puesto que nos correspondería teniendo en cuenta el dinero que se dedica a biotecnología. Ello supone que tenemos buenos investigadores y que hacen un uso eficiente de los recursos. Pero nuestro problema es que esa generación de conocimiento no está acompañada de su puesta en valor. Somos buenos generando conocimiento, pero no tenemos la misma habilidad para generar valor económico, es decir, para crear patentes o empresas que utilicen y exploten ese conocimiento. O en hacer que sectores ya maduros aprovechen ese conocimiento para mejorar su competitividad. Eso es lo más difícil y los países más avanzados del mundo hacen los mayores esfuerzos por acortar esa distancia entre la generación del conocimiento y la generación de valor. En España este salto es bastante dramático.

-¿El problema son científicos sin perspectiva empresarial o empresarios que viven al margen de la innovación?

-Es un problema complejo que no se resuelven en un corto plazo y su solución requiere una atención continuada durante un largo período de tiempo, son procesos que duran alguna decena de años. Aquí falla un poco todo. Nuestras empresas no son muy innovadoras, eso es algo diagnosticado y que todos los que vivimos en el mundo de la investigación somos conscientes de ello. Hay un hecho objetivo y es que dentro del déficit que tenemos respecto al resto de Europa en los recursos que destinamos a la investigación, el déficit es mucho mayor en la parte industrial que en la parte pública, los gobiernos aportan porcentualmente más dinero que los privados. Las empresas tienen que destinar recursos a esto, pero primero tienen que convencerse de que la investigación constituye una de las bases fundamentales de su competitividad y desarrollo de cara al futuro. La crisis por la que atravesamos demuestra esto de una forma muy clara. Respecto a los investigadores, hay que señalar que funcionan por estímulos. Si se les da dinero y se le evalúa en función de las publicaciones, su trabajo se centrará en la investigación científica. Si se desarrollan programas en los que se pide a los investigadores que acometan un trabajo más traslacional, que vayan más allá de la publicación y tengan en cuenta a la empresa, habrá un porcentaje importante que opere con esa perspectiva con el objetivo de captar recursos. El ejemplo es Estados Unidos o Alemania donde existe mucho apoyo a la investigación básica, pero también programas públicos orientados a llevar estas investigación básica hacia las empresas, que sí están convencidas de que la investigación y el conocimiento son la base de su competitividad. Son las propias empresas las que, por un lado, se preocupan de ir a las universidades para ver qué se está haciendo que pueda resultar interesante y también encargan los desarrollos de aquello que es crucial para su actividad. Eso es lo que tenemos que propiciar en España y lo que intentábamos del Fundación Genoma.

-¿El escaso interés empresarial por la investigación se agrava en el ámbito de la biotecnología?

-El nuestro es un sector que despierta pasiones encontradas. Todo el mundo tiene asimilado que la biotecnología constituye uno de los ejes de desarrollo de la economía de cara al futuro. Pero, frente a ese mensaje, hay otro que yo considero injusto y consiste en la idea de que la biotecnología es algo para el futuro y un sector de riesgo muy elevado desde la perspectiva empresarial. La biotecnología está ya afectando nuestra vida profundamente. Es algo constatable en el mundo de la medicina, donde un porcentaje muy alto de los nuevos medicamentos que se generan están ya basado en biotecnología y no en la química clásica. Como sector nuevo es inmaduro y tiene su riesgo pero, justo por eso, tenemos oportunidades, porque si esto fuera un sector consolidado estaríamos compitiendo por precio no por innovación o por valor añadido. Este es un sector de riesgo, pero de un riesgo evaluable. Hay un temor y desconocimiento sobre el potencial, los riesgos y las realidades de la biotecnología.

-Asturias, ¿qué posición ocupa en el conjunto nacional?

-Junto a los polos de Madrid y Barcelona, hay regiones que han hecho una apuesta muy fuerte, como Andalucía, el País Vasco y Valencia. Asturias está por debajo de lo que le correspondería en función del producto interior bruto regional. En torno a las Universidad están generándose empresas biotecnológicas para desarrollar lo que son logros de investigación. Junto a estas iniciativas, que tienen una vida muy dura y no todas salen adelante, hay empresas muy consolidadas que empiezan a percatarse de la importancia de la biotecnología para mejorar su competitividad o generar nuevas líneas de negocio. Este es el caso de Química del Nalón que está haciendo una apuesta por la biotecnología. Por eso, aunque Asturias esté por debajo del nivel que le correspondería, veo brotes verdes, como se dice ahora.

Por ARTURO ROMÁN, en La Nueva España

Por ARTURO ROMÁN, en La Nueva España

En corto y por derecho

La FSA, con vistas a la huelga

Dicen las malas lenguas que desde hace días Javier Fernández, presidenciable socialista, desayuna con omeprazol. No es un amigo, es una pastillita para proteger el estómago. Primero pensaban que a lo mejor era por una cuestión de nervios, ya saben, que si viene Francisco Álvarez-Cascos, que si no. Luego, que a lo mejor estaba malito de úlcera, o algo así. Hasta que por fin explotó, verbalmente, claro, como hace él. Y es que todos, todos, todos los días desde hace varios, el secretario general de los socialistas y amigo del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene ante sus ojos una enorme pancarta, tamaño sábana, que le recuerda que el próximo 29 de septiembre hay huelga general. Y unas letras grandes, enormes, que le explican por qué es la huelga: porque la reforma laboral no crea empleo, porque la temporalidad es abusiva, porque se da más poder a los empresarios, por la congelación de las pensiones, por los recortes salariales y sociales... Vamos, por todo lo que está haciendo el Gobierno de su partido.

No es que se la hayan puesto para jorobar (bueno, a lo mejor también). Es que la fachada de la FSA y la de CC OO de Asturias, convocante de la huelga, están frente a frente. Y las ventanas del despacho de Javier Fernández dan a la calle Santa Teresa y miran hacia la fachada del sindicato vecino. Bueno, sus ventanas y otras. Así que es difícil que no vea la dichosa pancartita. Cuando entra, cuando sale, cuando quiere saber si llueve o hace sol... ¡¡Siempre!! A todas horas.

Dicen las mismas malas lenguas que en CC OO no pensaron inicialmente que su pancarta se convertiría en una tocadura de narices permanente. Pero, luego, algún avispado sindicalista dijo: «"Co...o", teníamos que habela colgao un pelín más pa la izquierda, pa que Javier pudiera vela mejor». ¡Qué mala leche!

En las filas socialistas, donde nadie se sale de la fila, el comentario es evidente: es la fachada de CC OO y el sindicato puede colgar lo que quiera. Pero ¿qué se dice dentro? Imagínense. No les queda omeprazol que tomar. Buen provecho.

Por GERMÁN TEMPRANO...

Por GERMÁN TEMPRANO...

Amagos fiscales

Los amagos del Gobierno en política fiscal han sido propios de un novillero miedoso y malo. Hasta donde se puede constatar el único impuesto que ha subido al calor de la crisis es aquel que afecta a todos por igual, es decir el IVA, aunque no significa que su incidencia en las economías familiares sea la misma.

NUEVATRIBUNA.ES

Por mucho que el ministro de Fomento trate de no cortarnos la digestión tras la ingesta de una paellita en el chiringuito, eso de tachar de reflexión personal una posible subida de impuestos no se lo cree ni un forofo del Atleti y mira que tienen fe. De ser así, dado el hábito del señor Blanco a acudir a un plató a explicar las cosas, en esta ocasión, en vez de ir a La Noria, sería más procedente concertar una entrevista con Jesús Quintero. Además de la intimidad contaría con la ventaja de aprovechar los legendarios silencios del entrevistador para meter una cuña electoral por la patilla. De todos modos, tampoco sería necesario anunciar estas medidas con anestesia. Si se quieren tener servicios, vías y carreteras habrá que pagar por ello. Sólo nos falta que nos digan cuándo, cuánto y a quién se los van a incrementar.

Por el momento, los amagos del Gobierno en política fiscal han sido propios de un novillero miedoso y malo. Hasta donde se puede constatar el único impuesto que ha subido al calor de la crisis es aquel que afecta a todos por igual, es decir el IVA, aunque no significa que su incidencia en las economías familiares sea la misma. Más gravoso para quien menos tiene y mucho más llevadero para quien vive con holgura. Si ahora se trata de que las rentas más altas soporten algo más de peso tributario hace tiempo que, más que una reflexión, debería haber sido un decreto. Se ha perdido tiempo y dinero.

Un dinero que ha salido de los bolsillos de los trabajadores y de los jubilados mientras las rentas de capital se han ido de rositas del ajuste. Claro que dirán que bastante castigo han tenido con ganar la mitad de millones de euros que el año anterior. Y no les falta razón. Angelitos. La secuencia política por la que optó el gobierno de Zapatero delata que, de concretarse este cambio fiscal, no será tanto por convencimiento como por el bochorno que supondría crujir de nuevo a los mismos. En el caso contrario, lo último, y sólo en caso de extrema necesidad, hubiera sido justo lo que se hizo lo primero. Es decir, poner manos arriba delante de un trabuco publicado en el BOE a los salarios y a las pensiones. Visto que el botín no alcanza para tapar los agujeros, y aun a riesgo de molestar, el ministro no descarta pues que ahora sean las clases sociales con más posibles quienes arrimen el hombro con la grima que les debe dar esa cercanía corporal con gentes que incluso compran el desodorante en el Lidl.

Claro que tampoco especifica en qué tramos de renta piensa de manera personal e intransferible. Y debería, él o quien corresponda, y una vez tirada la piedra, detallar si contribuyentes que ya han padecido recortes notables en sus nóminas también van a ser paganos por partida doble a través de su declaración de la renta de una crisis que, lejos de provocar, sólo han padecido de manera múltiple. Quizás no sea la forma más idónea prevenir de una modificación tributaria tras el disfraz de una ocurrencia personal por muy ministro que se sea. Sin embargo, menos adecuado parece aún, no ya desde la ideología sino desde el sentido común, no apretar las clavijas con valentía a aquellos que fueron los mayores beneficiarios en el pasado de un clima financiero que ha traído los desastres del presente y las hipotecas del futuro.

De todos modos, sólo recordarle al ministro Blanco que ese loable empeño que pone en llevarnos a la Primera División de la UE en materia impositiva bien podría ser extrapolable a otros ámbitos. No sé qué le parecería, por ejemplo, que el salario mínimo de España se equiparara al de Francia que es justo el doble o que opinión le merecería ajustar la pensión máxima a la de los jubilados alemanes o finlandeses. Ya que nos ponemos europeos que no falte de nada. Otra reflexión personal como otra cualquiera. Y eso que todavía no me han nombrado ministro.

Germán Temprano es escritor y periodista

Que los ciudadanos se enfrenten a la dictadura financiera no es fácil, pero es absolutamente necesario…

Que los ciudadanos se enfrenten a la dictadura financiera no es fácil, pero es absolutamente necesario…

Contra la dictadura del sector financiero

Xavier Caño Tamayo - La Estrella Digital

Artículo copiado de %ATTAC España justicia económica global

Vendieron productos basura e hicieron estallar el sistema financiero internacional. Obligaron a los gobiernos a gastar billones de dólares y euros para salvarlos y ahora convierten en negocio especulativo la enorme deuda pública contraída para rescatarlos. Cortaron el crédito y paralizaron las economías.

Son los bancos. Quienes provocaron la crisis quieren que la paguen trabajadores asalariados, pensionistas, trabajadores autónomos, pequeños empresarios… Y, como forzaron eliminar la banca pública, y sólo ellos prestan cuando quieren, ahora chantajean a los Estados: reformad los mercados de trabajo, privatizad las pensiones, reducid gasto social… o no compramos vuestra deuda pública. Éste es un lúcido resumen de lo que ha ocurrido y ocurre, según el economista Juan Torres.

Esta situación es pura y simplemente una dictadura. Una dictadura gangsteril perpetrada por el sector financiero. Dictadura solapada, maliciosa, disimulada, encubierta, camuflada, escondida, marrullera e hipócrita. Pero dictadura. Una dictadura que se pasa por el forro la voluntad ciudadana, extorsionando a quienes han sido elegidos por los ciudadanos y que gobiernan en beneficio del sector financiero, de la minoría privilegiada.

Esta dictadura sólo es posible con la complicidad necesaria de los políticos que elegimos y en los que delegamos el poder de la ciudadanía soberana. Por supuesto. Pero también por la deserción de los ciudadanos de su papel de ciudadanos.

La dictadura del sector financiero persiste porque los ciudadanos no les plantamos cara. Parece haber sólo quejas e ira. Y mucha confusión. Pero hay que reaccionar y practicar el consejo de Confucio: Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad.

Hacer algo.

Y, como recomienda Federico Mayor Zaragoza, releer la Declaración Universal de los Derechos Humanos para convencernos de que vale la pena luchar por los grandes valores éticos que son los derechos humanos. Derechos humanos significan justicia, dignidad y libertad. Que es lo que ahora necesitamos por encima de todo.

En Amnistía Internacional dicen que ellos son como el agua sobre la piedra: referencia al antiquísimo cuento en el que un maestro muestra a su discípulo cómo la gota de agua que cae constante desde el brocal de un pozo sobre la base de piedra llega a horadarla. Cuestión de tiempo.

En 1961, Peter Benenson, sobrecogido por la noticia de que dos estudiantes portugueses fueran condenados a siete años de prisión por brindar por la libertad durante la dictadura de Salazar, escribió el artículo Los presos olvidados, en el que pedía a los lectores que escribiesen cartas a las autoridades portuguesas expresando su apoyo a esos estudiantes para conseguir su liberación. Así nació Amnistía Internacional, que, enviando cartas corteses a las autoridades, en medio siglo ha liberado a casi 60,000 presos de conciencia o encarcelados sin garantías judiciales. Y también que se conmuten muchas penas de muerte.

En Euskadi, región autónoma de España, la banda terrorista ETA asesinaba a mansalva en los años 80 y había una densa complicidad colectiva por miedo. Un grupo reducido, Gesto por la Paz, decidió que cada vez que una persona fuera asesinada, ellos se concentrarían en la calle, silenciosos y sin pancartas.

Este movimiento cada vez tuvo más seguidores y contribuyó a cambiar la actitud ciudadana frente a los asesinatos, enfrentándose a la violencia sin violencia, condición necesaria para empezar a abordar la falta de paz en la región. Algo así hicieron las madres y abuelas de mayo en Argentina contra la dictadura militar y hoy muchos “milicos” están en la cárcel.

Los ciudadanos debemos enfrentarnos a la dictadura financiera y a los gobiernos que la sirven. Sin ira, sin violencia; incesantemente, con inteligencia, tenacidad y, si es posible, con humor e imaginación. Llamando a las cosas por su nombre (que no es insultar). Mostrando que somos más que ellos, que la soberanía es nuestra.

Y reivindicando.

¿Por qué no exigir que los bancos cumplan su función de conceder créditos? ¿Por qué no reivindicar que vuelva a haber banca pública? ¿Por qué no exigir que se investigue, juzgue y castigue a los especuladores? ¿Por qué no reclamar que se recorten gastos superfluos, suntuarios o militares, pero nunca el gasto social ni el que mueve la economía real? ¿Por qué no recordar un día sí y otro también a los gobernantes que son lo que son gracias a nosotros?

Que los ciudadanos se enfrenten a la dictadura financiera no es fácil, pero es absolutamente necesario. O tenemos crisis para rato; es decir: injusticia y sufrimiento.

La sensatez de los asturianos ante la deriva autonómica

La sensatez de los asturianos ante la deriva autonómica

El escritor Ramón Pérez de Ayala atribuía a los asturianos un sexto sentido: el de darse cuenta de las cosas. Pérez de Ayala asociaba ese «darse cuenta» al humor y la guasa con que los habitantes de esta tierra se toman la vida, una acidez exacerbada, mayor que la de cualquier otra comunidad, que permite abordarlo todo, lo serio y lo cómico, con un prudente escepticismo, cuando no directamente con cierto grado de desdeño.

Quizá ésa, además de virtud y seña de identidad regional, pueda constituir a la vez una traba para Asturias, un freno a ese espíritu emprendedor al que tanto le cuesta aflorar en estos tiempos.

Acertadas o erróneas las observaciones ayalinas, hay que reconocerle al pueblo asturiano -lo acredita fehacientemente su pasado- instinto para intuir los instantes trascendentales del devenir histórico, esos momentos de ruptura ante los que siempre supo situarse en vanguardia.

Viene esto a cuento del último Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que fue divulgado en exclusiva por LA NUEVA ESPAÑA el pasado domingo. De los resultados obtenidos, lo más revelador, y lo más distintivo con respecto a otras comunidades, es que en Asturias ha aumentado de manera insólita, como en ninguna otra parte, el porcentaje de personas que rechazan la deriva de las autonomías. Los asturianos reclaman un giro hacia posiciones territoriales más equilibradas, lo que podríamos definir, simplificándolo, como un retorno al centralismo.

Comparado con sondeos similares de años anteriores, el viraje es tan brusco que no deja lugar a dudas. Por acudir a los extremos, de un 31% de asturianos que en 2002 creía que las comunidades autónomas deberían tener más poder, hemos pasado a sólo un 9,8% que opina lo mismo. Un escueto 8,9% de asturianos defendía hace ocho años un Estado sin autonomías. Hoy, los militantes de esa tendencia son casi el doble. Y muchos más -uno de cada tres- si les sumamos el 18,6% de ciudadanos partidarios de recortar las alas a las regiones.

En fin, los asturianos no hacen más que expresar lo que ya algunos grupos de pensadores y profesores de referencia, incluso socialistas, empiezan a verbalizar, aunque sólo con sordina por temor a que los adalides de lo políticamente correcto les tilden de retrógrados. Tras tres décadas en construcción, tras una carrera inacabable de cesiones y concesiones, hay que replantear el estado autonómico. Necesita límites, líneas rojas claras e infranqueables.

Hay quienes ven en esta tendencia una añoranza asturiana del estatismo, una involución o el primer fruto de ese otro nacionalismo español que empieza a cultivarse. Interpretarlo de ese modo es no entender, una vez más, el mensaje. Lo que los asturianos piden no es acabar con las autonomías. Incluso valoran como altamente satisfactorias y bien gestionadas la educación y la sanidad, precisamente las mayores competencias que están en manos de las comunidades. Lo que los asturianos están diciendo es que se ha llegado demasiado lejos. Mucho más de lo que les hubiera gustado.

Se empieza haciendo como Areces de palmero de la España plural de Maragall y se acaba así, con un caballo desbocado al que no hay forma de tirarle de las bridas. Y esto, ahora tenemos la evidencia científica, no es una preocupación exclusiva de una casta de enterados, sino también del ciudadano corriente. La sociedad regional, con su opinión, se está alzando contra la fragmentación y la desigualdad a la que el proceso conduce si se lleva de manera desordenada y fuera de madre, como en los últimos tiempos. Es el clamor contra una España que acabará hemipléjica si no se impone un mínimo razonable de políticas justas y homogéneas.

Una encuesta no es un oráculo, pero acaba conformando un fiel espejo de la realidad. No debieran caer estas opiniones en saco roto entre la clase dirigente. Igual que otras, menos sorprendentes pero igualmente significativas, incluidas en el mismo análisis. Como que no hay región que se crea tan poco preparada para salir de la crisis como la nuestra -el congénito pesimismo astur- o que ninguna otra comunidad considere a su Gobierno autonómico más ineficaz y más incapaz de defender los intereses regionales frente al Estado que la asturiana. Salta a la vista: para la Autovía del Cantábrico y aquí no pasa nada, el Principado asiente.

Porque el futuro depende de nuestras propias decisiones es necesario reflexionar y debatir estas cosas. Una sociedad que no piensa sobre sí misma está moribunda. Por encima de sus supuestos líderes, una vez más emerge la sensatez de los asturianos, esos hombres de «cabeza clara, abierta, sin prejuicios, sin manías, sin nieblas interpuestas» que describió Ortega y Gasset. También ahora, como en la época en la que el filósofo acuñó ese elogioso retrato, Asturias necesita una voz propia para «derramarla en la gran anchura de nuestra nación».

Llegan tiempos de cambio en los partidos mayoritarios asturianos, que van a remover candidaturas. Los aires nuevos y los sentimientos que trasluce el Barómetro del CIS son los mejores ingredientes para empezar a cocinar ese discurso distinto y valiente que resintonice con el sentir de los asturianos.