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OPINION

Quite las manos de mi pensión

Quite las manos de mi pensión

La congelación de las jubilaciones y la gran caída en las expectativas electorales de Zapatero

Por XAVIER DOMÈNECH

No debían haber tocado las pensiones. Todo lo demás se les podía perdonar, pero no las pensiones. Los funcionarios gozan de una ancestral mala fama que convierte en popular la decisión de convertirles en las primeras víctimas de cualquier plan de austeridad. Es una fama injusta las más de las veces: gentes perezosas las hay en todas partes, y encontraremos tantos maleducados con disfraz de camarero como en las ventanillas oficiales, pero nuestra cobardía se ensaña con el funcionario porque no nos atrevemos a sublevarnos contra quienes mandan de verdad. De modo que los gobernantes podrían pasar el cepillo por los sueldos funcionariales, lo que sólo les haría perder el amor de los propios afectados, mientras que el resto del país aplaudiría. Pero los pensionistas son otra cosa. Los pensionistas son indefensos por definición, y provocan nuestra más firme empatía. Sufrimos cuando ellos sufren. Cuando nos advierten de que cientos de miles se ven abocados al límite de la pobreza, nos rebelamos. Además, sus dificultades también recaen sobre nosotros: a pesar de las tristes noticias de ancianos solitarios y abandonados, lo cierto es que la mayoría vive de sumar la pensión y el apoyo de la familia, y si la una se congela, el otro debe incrementarse. Finalmente, todos somos pensionistas: de presente o de futuro. La cualidad de pensionista está inscrita en nuestro DNI, y sólo indeseables accidentes impiden desplegarla a su debido tiempo. La congelación de las pensiones de hoy empobrece nuestro mañana, el de cada uno. Y aún lo empobrece más el anuncio de que se retrasará la edad de jubilación y se endurecerá la base base del cálculo. Quien más quien menos está dispuesto a pasar un mal trago en el presente, porque todos sabemos que el momento es difícil, pero nos da mucho miedo que nos desmonten el mañana, y odiamos profundamente a quien nos hace pasar miedo -salvo en el cine-.

 Las pensiones. Ahí está la clave de la gran caída en las expectativas electorales de Rodríguez Zapatero, este 6,5% de distancia que ya obtiene el Partido Popular, a pesar de que Mariano Rajoy aún no ha explicado cuál es su alternativa para gestionar el déficit de hoy y la demografía adversa de mañana. Ni la explicará, porque entonces sería él quien bajaría en las preferencias de los electores. Gobernante y aspirante suspenden estrepitosamente en valoración y confianza, pero la táctica avinagrada del PP sintoniza mejor con el elevado nivel de acidez de la mayoría de los ciudadanos.

Por Vicenç Navarro en “Fundación Sistema”…

Por Vicenç Navarro en “Fundación Sistema”…

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OTRAS POLÍTICAS PÚBLICAS SON POSIBLES Y NECESARIAS

Estamos viendo estos días uno de los recortes de gasto público, incluyendo gasto público social, más sustanciales que hayamos visto desde hace años, recortes que se nos dice son necesarios para recuperar “la confianza de los mercados financieros”, una frase que parece determinar todas las políticas propuestas tanto por el gobierno español como por el mayor partido de la oposición, el PP. La reducción de la calificación de los bonos soberanos de España, pasando de AAA a AA+ por la Agencia Fitch, causó un pánico que forzó toda una serie de medidas de austeridad, estimuladas a su vez por el Fondo Monetario Internacional, el Consejo Europeo, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y, como no, el Banco de España, todas ellas instituciones de clara y conocida orientación neoliberal.

Estas medidas tomadas por el gobierno español significan un recorte equivalente a un 1,4% del PIB (15.300 millones de euros) que deben realizarse en dos años. El gobierno ha propuesto también aumentar los impuestos en una cantidad equivalente a un 1,6% del PIB (17.900 millones de euros), con lo cual, el impacto fiscal sería equivalente a un 3% del PIB en su contribución a la reducción del déficit público. Estas medidas han ido acompañadas de cambios en la regulación del mercado de trabajo, que tendrán como consecuencia el aumento del desempleo y la disminución de los salarios (aún cuando el discurso oficial explicita otros objetivos menos impopulares). Esta reducción de los salarios se considera necesaria para aumentar la productividad (más baja que la existente en Alemania y en Francia), permitiendo una mayor competitividad, puesto que la imposibilidad de devaluar la moneda deja sólo esa opción para que España sea más competitiva.

Tales medidas de austeridad de gasto público, acompañadas de las reformas laborales, tendrán, sin embargo, un impacto negativo en el estímulo económico, disminuyendo todavía más el crecimiento económico español. En realidad, la disminución en la calidad de los bonos soberanos se basa en la lectura que las agencias de valoración de tales bonos han hecho de lo que definen como “la fragilidad de la economía española” (una manera diplomática de referirse al escaso crecimiento económico). Una consecuencia de esta percepción es que cada vez es más difícil encontrar compradores de tales bonos soberanos, lo que significa un aumento de sus intereses y un aumento de los costes de la deuda pública, que los llamados “mercados financieros” dudan pueda pagarse. Tales medidas de austeridad están, pues, preocupando a los mercados financieros, con lo cual estas medidas están consiguiendo alcanzar unos objetivos opuestos a los que intentaron. De ahí que sea sorprendente que la respuesta que el gobierno español está dando a la crisis sea precisamente acentuar todavía más la austeridad de gasto público y la reducción de los salarios, medidas que el mayor partido de la oposición, el PP, incluso acentúa más, limitándose así el debate político entre los dos partidos mayoritarios del país, el PSOE y el PP, en cuál de los dos “es más austero” y “desregula más el mercado de trabajo”. El PP quiere más, y el PSOE quiere menos. Pero, por lo demás, los dos coinciden en que hay que seguir tales políticas. Ni que decir tiene que tanto la Banca como la gran patronal están aplaudiendo estas medidas que, en realidad, han estado deseando durante muchos años a fin de debilitar el mundo del trabajo.

El Center for Economic and Policy Research, uno de los centros de investigación económica más importantes de EEUU (que tiene en su consejo asesor a dos Premios Nóbel de Economía, Robert Solow y Joseph Stiglitz), acaba de publicar un informe sobre la situación de la deuda pública en España que cuestiona el mérito de tales medidas (Alternativas a la Austeridad Fiscal en España, de Mark Weisbrot y Juan Montecino) ver Informe. Como bien señalan sus autores, Mark Weisbort y Juan Montecino, la deuda pública española fue descendiendo durante el periodo 2000-2007, pasando de ser equivalente a un 59,3% del PIB a un 36,2%, descenso que se debió al elevado crecimiento económico durante aquel periodo. El déficit del estado bajó también, alcanzándose un superávit en los años 2005, 2006 y 2007. Al iniciarse la crisis, la deuda pública era, pues, una de las más bajas de la UE-15. Y la situación era incluso mejor cuando se analiza la evolución de la deuda pública neta (es decir, la que excluye la deuda propiedad del Estado). Tal deuda pública neta (que es la deuda que se debe al inversor privado) fue incluso más baja, habiéndose reducido a un 26,5% del PIB en 2007. De ahí que el argumento utilizado por muchos economistas neoliberales de que la crisis fue ocasionada por un excesivo gasto público, no tiene ninguna validez, lo cual, por desgracia, no es obstáculo para que los medios de información y persuasión (la mayoría de persuasión neoliberal) continúen promoviendo esta explicación de la crisis.

La mayor causa de la crisis fue la explosión de dos burbujas, Una, la inmobiliaria (que comenzó en el 2007), coincidiendo con el inicio de la recesión mundial. Tal burbuja había tomado mayor intensidad en el periodo 2000-2006, cuando la construcción pasó de representar el 7,5% del PIB en 2000 a un 10,8% en 2006. Desde entonces, tal actividad económica ha caído un 87%, una cantidad que está en la raíz del problema económico español. Mark Weisbrot y Juan Montecino señalan en su informe las similitudes entre las burbujas inmobiliarias de España y de EEUU y su impacto en la economía. La otra burbuja fue en el mercado de valores. Tal burbuja alcanzó un nivel máximo del 125% del PIB en Noviembre de 2007, y cayó hasta un 54% del PIB un año más tarde. En ambos casos –la burbuja inmobiliaria y la burbuja bursátil- su explosión creó un enorme vacío de la demanda, que sólo el estado puede llenar. Como indican los autores, esperar que sea el sector privado el que llene este vacío es profundamente erróneo. Recortar, además, el gasto público es un suicidio económico, que profundiza la recesión.

Tales políticas de austeridad pueden llevar a una situación de crecimiento económico muy lento e intereses de la deuda muy elevados, lo cual dificultará enormemente la recuperación económica, incrementándose a su vez la deuda pública. Es más, la reducción de la demanda interna (consecuencia del descenso del gasto público y reducción de los salarios) significará que el mayor estímulo económico tendrá que depender de factores externos, poco predecibles en un momento de recesión mundial, tales como las exportaciones. Esta estrategia, que es la que están defendiendo tanto el gobierno español como las derechas españolas, PP y CIU, es enormemente arriesgada y errónea.

¿CUÁLES SON LAS ALTERNATIVAS?

Para proponer una alternativa a las políticas de austeridad, hay que tener en cuenta que la deuda pública española, incluso ahora, no es exagerada. En realidad, representa 65.000 millones de euros y se calcula que alcanzará 78.000 millones de euros en 2011. Esta cantidad es una cantidad muy menor comparada con los 750.000 millones de euros que la UE y el FMI tienen disponible para ayudar a los estados miembros de la UE en dificultades financieras. De ahí que si las autoridades de la UE y del FMI desearan evitar el crecimiento de los intereses de la deuda pública soberana española, lo podrían hacer fácilmente, poniendo aquel dinero a disposición de España, asegurando así a los mercados financieros que España podría pagar tal deuda sin más dolores de cabeza. De estas cifras se deduce que la deuda pública no tendría que ser un obstáculo para la recuperación económica. De ahí que Mark Weisbrot y Juan Montecino concluyan que las políticas de reducción del déficit y de la deuda son innecesarias y desaconsejables, pues lo que creen que se debería hacer es, precisamente, aumentar el gasto público con el fin de estimular la economía y el crecimiento económico, que es lo que algunas voces solitarias hemos estado diciendo en España, sin que este mensaje haya tenido ninguna resonancia en la mayoría de los medios (ver mi artículo “Qué debería hacerse para salir de la crisis y qué no se hace”. Sistema digital, 09.07.10).

El argumento que utiliza el gobierno y el mayor partido de la oposición para no seguir esta estrategia es que el nivel de endeudamiento público español es excesivo. Pero en este argumento se olvida un elemento clave: ¿quién es el propietario de la deuda? En realidad, más importante que el tamaño de la deuda es a quién se deben pagar los intereses de tal deuda. No es lo mismo que los intereses se tengan que pagar a inversores privados (deuda neta) que al estado. La deuda bruta es toda la deuda, incluyendo la neta, pero también la deuda que el estado se debe a sí mismo. (En este último caso, tal deuda no representa una carga sobre el presupuesto del Estado). Los intereses de la deuda dependen primordialmente de la deuda neta. Así, Japón tiene una deuda enorme (227% del PIB) y en cambio los intereses de la deuda son sólo de un 2% (los intereses de la deuda española son de un 3,6%). Y ello se debe a que la deuda neta es mucho menor que la deuda bruta (es un 112% del PIB). El Banco Central Japonés ha ido imprimiendo dinero con el que comprar la deuda pública japonesa. La deuda neta –que es la que configura los intereses de la deuda- es mucho más baja, y de ahí que los intereses sean mucho más bajos de lo que serían si toda la deuda se debiera a los inversores privados. Una situación semejante ha ocurrido en EEUU donde el Banco Central ha impreso dinero (equivalente a un 8% del PIB) para pagar la deuda pública soberana, así como para ayudar a los bancos y a las empresas. Tanto en EEUU como en Japón, tales cantidades no han creado inflación debido a la recesión en el sector privado.

En España tampoco existe inflación y el peligro es precisamente el contrario, el de la deflación. El problema que España tiene es que el Banco Central español no puede imprimir dinero. Pero el Banco Central Europeo sí que puede. De ahí que el BCE podría imprimir y comprar deuda pública española, revirtiendo los intereses de tal deuda al estado español, con lo que el efecto sería el mismo que la compra por parte de los Bancos Centrales Estadounidense y Japonés de su deuda pública. Mark Weisbrot y Juan Montecino han calculado qué pasaría con la deuda neta española si el Banco Central Europeo comprara deuda pública española en una cantidad equivalente a un 4% del PIB español durante dos años (y devolviendo los intereses de la deuda al gobierno español, tal como hacen el Banco Central estadounidense y el Banco Central japonés). Ello permitiría un estímulo económico de alrededor de un 3,9% del PIB, incrementándose su deuda neta de un 50,3% del PIB en 2010 a un 66,5% del PIB en 2020, lo cual es un crecimiento totalmente asumible. (Hoy la deuda neta promedio de la UE es el 79% del PIB). Esta alternativa permitiría estimular significativamente la economía española (a base de inversiones en creación de empleo, tanto en la infraestructura física como en la social) con un efecto inmediato en la reducción del desempleo, sin costos inasumibles en el pago de la deuda pública neta. En realidad, la deuda pública española representa sólo un 0,5% del PIB de la UE.

EL ERROR DE LAS POLÍTICAS ACTUALES

La continuación de las políticas actuales (tal como exigen el FMI, la UE y el BCE) conducirá, sin embargo, a un empeoramiento de la economía, contribuyendo a su fragilidad. En este aspecto, las recetas que la UE y el FMI han estado aplicando a los países del Este de Europa, en preparación a su integración a la UE han sido un desastre para aquellas economías. Las proyecciones que tales instituciones hicieron para aquellos países han probado ser profundamente erróneas, causando un deterioro de sus economías mucho más acentuado de lo que se estimó. Así, habían calculado un descenso del PIB de Letonia de un 5% del PIB para 2009, siendo el descenso real un 18%. Lo mismo ocurrió con Irlanda, donde el FMI proyectó un descenso de sólo un 1% del PIB para el 2009, cuando el descenso fue de un 10%. Seguir estas políticas es profundamente erróneo. Y creerse que el estímulo económico provendrá del aumento de la competitividad para aumentar las exportaciones es irreal, entre otras razones porque –tal como queda indicado anteriormente- esta gran recesión es a nivel mundial. De ahí la importancia de la demanda interna como motor del estímulo económico, que pasa por una inversión pública muy acentuada.

Tal como documentan Weisbrot y Montecino, la continuación de las políticas actuales recesionistas implica que la deuda pública tendrá que incrementar sus intereses para poder encontrar compradores, aumentando considerablemente el coste de la deuda y la misma deuda. Es probable que la deuda pública aumentara hasta un 104% del PIB, con unos intereses que podrían llegar al 6, 7, e incluso el 8%. En resumidas cuentas, el resultado podría ser un crecimiento económico muy lento, acompañado de un aumento notable de la deuda pública y de los intereses para pagarla. De ahí el error de las políticas de austeridad que se presentan como medidas necesarias para reducir el déficit y la deuda pública cuando, en realidad, lo que hacen es aumentarla. La pasada experiencia en momentos de crisis muestra la evidencia que permite alcanzar tal conclusión.

Por desgracia, ni la Unión Europea ni el Fondo Monetario Internacional apoyarán las medidas aquí sugeridas, que exigirían políticas distintas a las que el Banco Central Europeo ha estado haciendo. El Banco Central Europeo no es un banco central como lo es el Banco Central estadounidense o el japonés (ver mi artículo “No son los mercados, sino los bancos los que dominan la UE”, Sistema Digital. 04.06.10) Así y todo, Weisbrot y Montecino proponen al gobierno español desarrollar un estímulo económico, pidiendo prestado dinero a los mercados internacionales. Los dos autores hacen un cálculo de varios escenarios, y entre ellos incluyen uno en que el estímulo económico alcanzado, con un crecimiento del gasto público equivalente a un 1% del PIB en 2010, y un 1,3% en 2011, significaría un crecimiento de la deuda neta, pasando de ser un 54% en 2010 a un 68% en 2020, permitiendo a la vez reducir el déficit, bajándolo a un 3% del PIB en 2013. Tal crecimiento de la deuda neta, aunque superior al proyectado por el gobierno, sería asumible, facilitando así un crecimiento económico que absorbería la deuda, permitiendo a su vez disminuir el déficit del estado. Los datos están ahí para quien quiera verlos. Son datos claros y convincentes que es improbable que tengan mayor impacto debido al dogma neoliberal que absorbe y contamina toda la cultura económica dominante en la UE y en España, y que se reproduce en los mayores medios de información y persuasión en nuestro país. Y ahí está el problema.

Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

Por GERMÁN TEMPRANO

Por GERMÁN TEMPRANO

Un guiso de izquierdas con recetas de derechas

El Gobierno no sólo ha causado un perjuicio doméstico a los damnificados de sus recortes sino que ha dañado la credibilidad de la izquierda al aplicar en tiempos de crisis recetas de la derecha que, en muchos casos, ni ésta se hubiera atrevido a adoptar.

NUEVATRIBUNA.ES 02.08.2010

Después del recorte de salarios a los trabajadores, la congelación de pensiones, la barra libre de los despidos y la inminente amenaza sobre la ampliación de la edad de jubilación, queda claro que Rajoy, de llegar a ser inquilino de Moncloa, digo como presidente no como becario de la Erasmus, se podrá entregar en cuerpo y alma a lo que mejor se le da hacer. Es decir, nada de nada. Y eso por mucho que se comprometa a regresar en septiembre con ganas de trabajar. Lo ha anunciado a través de un vídeo que, dicho lo dicho, se ha convertido ya en un clásico del género de la ciencia ficción. Y encima ha sido tan poco solidario que no sólo no se aprieta el cinturón en estos tiempos de austeridad sino que ni siquiera de lo pone en el coche. Casi mejor que don Mariano descanse aunque no sepa de qué y sea Zapatero quien se quede sin vacaciones. Que aproveche así para ensayar ante el espejo esos tonos afectados con los que nos participa la siguiente tropelía social por el bien de España. Primero fue ese ‘lo haré cueste lo que me cueste’ y ahora ese ‘en los dos próximos años nos jugamos el bienestar de los veinte siguientes’. No es por importunar pero, de ser así, ¿qué han estado haciendo hasta ahora?

Desde que algún asesor gubernamental debió leer en el envoltorio de un adoquín zaragozano alguna cita de Weber todo ha sido un no parar. Bajo el paraguas de la ‘ética de la responsabilidad’ que acuñara el intelectual alemán se ha cobijado todo aquello que ni la coherencia ni la ideología hubiera admitido bajo sus alas. El Gobierno no sólo ha causado un perjuicio doméstico a los damnificados de sus recortes sino que ha dañado la credibilidad de la izquierda al aplicar en tiempos de crisis recetas de la derecha que, en muchos casos, ni ésta se hubiera atrevido a adoptar. Tampoco debería cundir el desánimo. No es que la izquierda no tenga soluciones; seguramente es que el señor presidente no ha tenido valor para ponerlas en marcha. Que a día de hoy, después de vapulear las economías de los más débiles, se siga sin saber qué contribución fiscal añadida van a tener las rentas más altas es tan elocuente que por sí mismo valdría para no acudir en un lustro a Rodiezmo.

Que sea la derecha nacionalista, en este caso la vasca, quien te pare el carro de las causas de despido por entender que la liberalización que se propone es excesiva debería dar que pensar siempre que esa fe ciega, o impostada, de que todo se perpetra por el bien común dejara margen a la reflexión. Uno no se lo pide a Leire Pajín, que para imposibles ya tengo yo mi lío con la Angelina Jolie, pero sí le gustaría que voces como las de Antonio Gutiérrez no se apagaran entre la turbamulta de la obediencia debida. Sólo así le evitaría a uno tener que darse una ducha fría después de sorprenderse a sí mismo dando la razón a Montoro cuando despotrica en la televisión contra la reforma laboral. Y de eso se pasa a gritar un gol del Barça en menos que canta un gallo.

Con esas cosas no se juega. Menos aún con las expectativas de los ciudadanos que votaron a un partido socialista que, más allá del logo en la papeleta, lo demostraría cuando había que demostrarlo. Bien estuvo, y así se aplaudió, la retirada de tropas o la aprobación de las bodas entre homosexuales, pero dos bonitos colores en una paleta no pueden por sí solos pintar un cuadro al óleo. Cuando ha llegado la hora de rascar en los bolsillos todo ha vuelto a esta estomagante normalidad. Cómo será de normal que mientras te revisas la poda de la nómina, uno de los grandes bancos sólo ganó 4.445 millones de euros en seis meses. Un 1,6% menos que el año anterior ¿A estos miserables números es a lo que llama Zapatero recuperación?

German Temprano es escritor y periodista

“El sistema sanitario público debería incluir solamente aquellas prestaciones y servicios que hayan mostrado que mejoran la salud o la calidad de vida…”

“El sistema sanitario público debería incluir solamente aquellas prestaciones y servicios que hayan mostrado que mejoran la salud o la calidad de vida…”

ENTREVISTA.

Francisco J. Elola DIRECTOR DE ELOLA CONSULTORES : "Los ciudadanos deben saber que el todo de todo para todos es insostenible"

30/07/2010 PABLO ZARIQUIEGUI, La Voz de Asturias.

Ha ocupado distintos cargos en el Ministerio de Sanidad y en el antiguo Insalud. Gran conocedor de la sanidad pública, Francisco Javier Elola es autor de una monografía sobre el futuro del sistema sanitario de Asturias. En pleno debate sobre el copago, Elola es partidario de soluciones alternativas.

-- Qué le parecen las medidas para reducir el gasto?

--El Consejo Interterritorial de Salud acordó, hace ya unos meses, un conjunto de medidas entre las que se encontraban algunas dirigidas al control del gasto farmacéutico, así como la creación de una central de compras. El ministerio cuantificaba el ahorro en gasto farmacéutico en 1.500 millones de euros. La reducción de las remuneraciones de los empleados públicos en un 5% se puede traducir en unos 1.500 millones de euros de ahorro adicionales. Parecen medidas necesarias dentro del actual marco económico.

--Las medidas se han reducido al gasto de personal y al gasto en farmacia. Caben más?

--El déficit sanitario público a nivel estatal se estima en 12.000 millones. Es seguro que serán necesarias más medidas. El debate se centra no en si se deben o no adoptar más medidas, sino en el tipo de medidas que se adoptarán, las cuales se pueden clasificar en las de puro recorte o aquellas otras que permitan hacer más y, sobre todo, mejor asistencia sanitaria con menos recursos. Las medidas de recorte afectarán más a sectores de la población con menores recursos y mayores necesidades de asistencia sanitaria.

--Asturias gasta en el pago de las nóminas el 50% del gasto sanitario total. Es posible actuar sobre los gastos de personal?

--No es sólo posible, sino necesario. Pero el planteamiento no debería ser reducir los costes de personal, sino cómo dar mejor asistencia con menos gasto.

--El gasto en farmacia supone ya un 25% del recibo sanitario total. En Asturias, ha pasado de 62 millones de euros en 1989 a 361 en 2009. Hay que tirar la toalla?

--No. Hay que hacer una política de oferta adecuada y alinear correctamente los incentivos para que los profesionales prescriban racionalmente y los ciudadanos hagan un uso adecuado.

--Ultimamente, se ha retomado el debate sobre el copago. El consejero de Salud considera injusto el copago farmacéutico. Es usted partidario de cambiarlo?

--El sistema de copago farmacéutico es injusto. El problema es buscar alternativas que, haciéndolo más equitativo, no aumenten los costes administrativos o la posibilidad de abuso.

-- Hay alternativas?

--Me parece que una estrategia más eficaz debería basarse en una política más rigurosa de la oferta (por ejemplo, no incorporando como productos financiables aquellos que no supongan un significativo avance terapéutico) y estableciendo incentivos adecuados sobre los médicos.

-- Son factibles medidas de ajuste sin contar con los médicos?

--No lo creo. Se debe señalar que España es una notable excepción, entre los países europeos, en la relación funcionarial que los médicos mantienen con el sistema. La búsqueda de una organización más eficiente y el establecimiento de sistemas de trasferencia de autonomía y responsabilidad a los profesionales requeriría una revisión de la política de recursos humanos.

-- Tienen los médicos la sartén por le mango?

--Quien piense que tiene la sartén por el mango se equivoca. Dentro de mi actividad profesional he tenido la oportunidad de trabajar con responsables del Colegio de Médicos y, especialmente, de las sociedades científicas y en todos ellos he encontrado una clara disposición al diálogo.

--Pero sus salarios han subido en Asturias un 45% en siete años.

--Este es un ejemplo de la necesidad de generar un marco estatal para la política de recursos humanos. En realidad, los salarios en el Principado han seguido la misma senda que el resto del sistema y han estado condicionados por los acuerdos retributivos del resto de las comunidades.

-- Ha llegado el momento de recortar prestaciones?

--No. Creo que ha llegado el momento de hacer más eficiente el sistema. Sin embargo, si no se acometen las reformas que precisa el sistema, será inevitable el recorte de prestaciones.

-- Adiós al ´gratis total´?

--La asistencia sanitaria no es gratis. Los ciudadanos pagamos impuestos para financiarla. Es gratis en el momento del uso de los servicios. Me parece más importante decir a los ciudadanos que el todo de todo para todos es insostenible. Adela Cortina afirmaba que el estado de bienestar ha confundido la protección de los derechos básicos con la satisfacción de los deseos infinitos. Por lo que, más que por la vía de no hacer gratuito el acceso en el momento de uso (copago) a los ciudadanos habría que decirles dos cosas. La primera es que el sistema sanitario público debería incluir solamente aquellas prestaciones y servicios que hayan mostrado que mejoran la salud o la calidad de vida. En segundo lugar, es necesario educar a la población para hacer un uso adecuado del servicio sanitario.

--Una de sus propuestas es reconsiderar el mapa sanitario de Asturias. Mejor una área que ocho?

--Lo que propongo es que el mapa atienda también a dos dimensiones no contempladas: la sub-red de hospitales locales y generales (por ejemplo, la de Jarrio con el Hospital de Avilés) y la red de servicios regionales, que deberían tener como ámbito geográfico y poblacional de referencia a todo el Principado (unidades de referencia del área del corazón, cáncer o de neurociencias). Mantendría las áreas de salud existentes y las insertaría dentro de una red más integrada de servicios. Un área para los servicios de referencia del área del corazón y ocho para operarse de cataratas, por poner dos ejemplos extremos.

-- Ha llegado el momento de cerrar hospitales comarcales?

--Los hospitales comarcales no pueden seguir funcionando como hasta ahora. La alternativa a su cierre es que exista una mayor integración entre estos hospitales comarcales y los servicios de atención primaria de su área de salud, así como establecer una relación de complementariedad entre estos hospitales y los de referencia.

Desde mi ventana lo veo así...

Desde mi ventana lo veo así...

Peonadas o crecimiento de las Listas de Espera … he ahí la cuestión…

Las “peonadas” o programas especiales de demora o autoconcertación, como se les denomina en los distintos ámbitos – aunque independientemente del nombre es lo mismo en todos los casos -, fueron planteados en su día como una respuesta del sistema al crecimiento de las Listas de Espera y tienen por objetivo el incremento de la oferta y capacidad de resolución de los dispositivos asistenciales cuando, en sus condiciones habituales de trabajo, estos no son capaces de absorber toda la demanda.

Por lo tanto, la justificación de su existencia se basa en la constatada imposibilidad estructural o coyuntural de responder ante esta demanda como es debido.

Para determinar la deficiencia de la oferta – insistimos, sea esta coyuntural o estructural -, hay que comprobar fehacientemente que los recursos habituales no están infrautilizados y que la demanda no se ha sobredimensionado...

Luego, aplicando estas dos últimas condiciones con absoluto rigor, se puede afirmar que, en sí mismas, “las peonadas” no son un instrumento pernicioso para el sistema, aunque, de no existir el adecuado rigor y control en la determinación de la utilización de los recursos habituales, el instrumento contiene en si mismo elevados riesgos perniciosos…

No es el objeto de este artículo profundizar en las potenciales perniciosidades de las peonadas, y tampoco lo es aventurarme en soluciones teóricamente posibles, pero absolutamente irreales hoy por hoy, de redimensionamientos y reorganizaciones en los Hospitales – con jornadas de tarde o incluso de noche – de los servicios afectados por demoras y listas de espera preocupantes, o de mayor utilización complementaria de la sanidad privada por parte de la sanidad pública … ¡¡demasiados factores externos juegan aquí!... No, simplemente mi aspiración es la de recordar las condiciones que, con transparencia, se deberían exigir ante la existencia de la utilización de esta solución que, insisto, no es mala en sí misma:

1.- Debería fijarse un horizonte temporal para atacar todos los problemas estructurales que inciden sobre el crecimiento de las listas de espera tanto en cantidad como en el tiempo real de demora en la permanencia en ella del cliente.

2.- Los rendimientos quirúrgicos mínimos deben quedar claramente establecidos por especialidades y tipo de hospital…

3.- La gestión de la Lista de Espera debe conllevar un límite temporal tanto para la demora máxima aceptable como para la demora media.

4.- Cualquier propuesta subsiguiente, para las condiciones laborales y retributivas de la participación en “peonadas” de los profesionales o trabajadores en general, debe priorizar la contratación temporal frente a otras opciones, siempre y cuando los “contratados” reúnan los requisitos de acreditación necesarios para el efectivo desempeño del contenido concreto del programa.

5.- Dichos programas deben conllevar siempre un estricto seguimiento de su cumplimiento, previa definición detallada del mismo, y una auditación pemanente de los efectos sobre el habitual funcionamiento de la unidad o servicio al que se le autoriza.

Todo esto, y de seguro bastantes cosas más que a mí no se me ocurren ahora, me permiten concluir que la solución de “Peonadas NO” no es ninguna solución, es simplemente el recurso maximalista a lo fácil, a lo que no obliga a devanarse el seso y a dar alternativas, porque, imagino, ninguno queremos que las Listas de Espera crezcan y la demora suba … ¿o si?     

Trasplante de cara: Cirugía Plástica del HUCA se sienten cualificados técnicamente para conseguir la acreditación…

Trasplante de cara: Cirugía Plástica del HUCA se sienten cualificados técnicamente para conseguir la acreditación…

Asequible para cirujanos avezados

Una alternativa para grandes defectos tisulares

DANIEL CAMPORRO CIRUJANO PLÁSTICO DEL HOSPITAL CENTRAL DE ASTURIAS

El trasplante de cara ha entrado a formar parte del elenco de alternativas reconstructivas en las grandes mutilaciones faciales. El alotrasplante (trasplante entre seres de la misma especie) de tejidos compuestos es una alternativa más que nos oferta la medicina en el caso de grandes defectos tisulares. Primero fue la mano; ahora, la cara y los tejidos anexos.

Para un microcirujano avezado, como es nuestro caso, el evento quirúrgico no presenta grandes dificultades. Hay que tener conocimientos anatómicos precisos y experiencia en el manejo de estructuras diversas: vasos, nervios, tendones, músculos, hueso... Las técnicas de anastomosis (sutura) vascular y nerviosas, osteosíntesis (unión de estructuras óseas) y demás tejidos no difieren gran cosa de nuestra práctica clínica habitual (repito, para gente avezada en técnicas de microcirugía reconstructiva).

El inconveniente (que lo tiene) sigue siendo, como en cualquier trasplante, el tratamiento inmunosupresor de por vida, con sus complicaciones -a mi juicio tolerables si el trasplante está bien indicado- y los inconvenientes explicados al enfermo, y todo ello reflejado en un adecuado consentimiento informado.

Acabo diciendo, como siempre que hablo de estos asuntos, que el servicio de cirugía plástica del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) está cualificado técnicamente para asumir el trasplante de mano (para lo que está acreditado por la Organización Nacional de Trasplantes, ONT) y conseguir la acreditación para hacer trasplante de cara, no sólo en Asturias, sino como referencia de la porción de España que nos quieran adjudicar. Nuestro único impedimento hasta ahora es de tipo burocrático administrativo.

Por JOSÉ MARÍA ZUFIAUR

Por JOSÉ MARÍA ZUFIAUR

Hacia una nueva refundación de la socialdemocracia

Si la izquierda ha llegado a esta situación es porque ha sido incapaz de adaptar su programa, sus métodos de acción y de organización a los cambios que se han producido en el capitalismo. Pero, también, porque la socialdemocracia predica una cosa y hace otra.

NUEVATRIBUNA.ES

PARA FUNDACIÓN SISTEMA

El fracaso de la izquierda europea y, especialmente, de la socialdemocracia ya que es el componente inmensamente mayoritario de la misma, en las últimas elecciones al Parlamento Europeo, en un momento en que todos los gobiernos volvían a las recetas keynesianas para hacer frente a la crisis financiera del capitalismo, dio un primer aviso de lo que estaba pasando. Su marginación de los Gobiernos nacionales de los Estados miembros de la UE – 23 sobre 27 están dominados por la derecha – había sido ya la segunda constatación de su propia crisis. Y la impotencia de la izquierda europea para dar a la crisis financiera y económica, una vez evitada al menos de momento con el dinero de los contribuyentes la quiebra del sistema financiero, una respuesta diferente a la de los recortes presupuestarios, la reducción de los derechos sociales y la disminución de las rentas del trabajo para seguir manteniendo las del capital – una respuesta conservadora que, precisamente, a quienes más está afectando es a los gobiernos socialdemócratas del sur de Europa (Grecia, Portugal y España) – ha puesto definitivamente en el centro del debate la necesaria refundación de la socialdemocracia y de la izquierda en su conjunto.

Si la izquierda ha llegado a esta situación es porque ha sido incapaz de adaptar su programa, sus métodos de acción y de organización a los cambios que se han producido en el capitalismo. Pero, también, porque la socialdemocracia predica una cosa y hace otra.

Mientras que el capitalismo se ha hecho global la izquierda sigue, básicamente, anclada en los ámbitos nacionales. A partir de los años setenta del pasado siglo, hemos ido pasando paulatinamente de un capitalismo industrial y nacional a un capitalismo globalizado y de hegemonía financiera. Los mercados, las empresas, la producción se han globalizado y el capitalismo financiero se ha convertido en hegemónico en la actividad económica. Las tecnologías de la información y la comunicación han hecho posible la fragmentación de la producción y la deslocalización de las empresas. La transmutación de las antiguas potencias comunistas, la ex Unión Soviética y China, hacia el capitalismo más total, además de la emergencia de otros países al comercio mundial, han puesto en concurrencia a los trabajadores occidentales con los asalariados de los países del Sur. Este desfase entre el ámbito de actuación del capitalismo y el de partidos y sindicatos de la izquierda supone una contradicción fundamental que ha sido nítidamente enunciada por el nuevo Presidente del SPD alemán, Signar Gabriel: “Las soluciones a todos los grandes problemas a los que estamos confrontados son internacionales, mientras que las respuestas que somos capaces de dar son, en lo esencial, nacionales”.

En el campo de las ideas, el liberalismo y el ultraliberalismo económico han vuelto con enorme fuerza en los años 80, y más aún tras la caída del comunismo en los años 90, imponiéndose como ideología dominante. De tal manera que la relaciones de fuerza en el terreno económico, social, político, ideológico sobre las que reposaba el compromiso socialdemócrata posterior a la segunda guerra mundial se ha roto en beneficio del poder económico y en detrimento de los trabajadores y de los Estados nacionales. El capital ha impuesto rentabilidades rápidas y de, al menos, un 15% para los accionistas, el debilitamiento del derecho del trabajo y la progresiva reducción del Estado social. Ha ido imponiendo el modelo anglosajón de capitalismo en detrimento del modelo de capitalismo renano y escandinavo y, al hilo de la crisis, se apresta a darle un golpe de gracia al modelo social europeo.

Frente a esta situación, la socialdemocracia y el socialismo han ido adaptando, en un principio, su ideología y los programas de acción a distintas formas de “social liberalismo” en España, de “terceras vías” en el Reino Unido y en Alemania, de neo-social-democracia en los países nòrdicos, de social-estatismo en Francia. Unas políticas que han sido defensivas en el ámbito económico y social y ofensivas en el campo de los derechos individuales. Sin embargo, al final tales políticas no han podido evitar la distribución de la riqueza a favor de las rentas del capital y en contra de las del trabajo, un aumento de las desigualdades desconocida en Europa desde los años cuarenta, el incremento de los trabajadores pobres, las altas tasas de paro, el gran aumento de la precariedad del trabajo, el debilitamiento y la degradación de los servicios públicos.

De tal manera que los partidos mayoritarios de la izquierda han ido sufriendo una progresiva desafección de los sectores más profundos de su electorado. La crisis de la socialdemocracia es, más que un triunfo de los postulados de la derecha, una crisis de confianza y de decepción de la parte socialmente más vulnerable de su electorado. Durante un tiempo, ello ha sido compensado por el miedo a las medidas que podía adoptar la derecha desde el poder. Pero las escasas diferencias de las políticas de gobierno en el terreno económico, que condiciona la social, y el desarme social que produce la realización de políticas de derechas por la izquierda parece estar anulando dicho efecto en la mayoría de los países europeos.

La falta de credibilidad del proyecto socialdemócrata, además, proviene de la disociación entre los valores que predica y las políticas que practica. Defiende la igualdad, pero, en la práctica, sólo se centra en la no discriminación, especialmente la de género. Manteniendo, en cambio, posiciones totalmente contradictorias en otros campos esenciales para la igualdad, como la política fiscal – esencial para mantener servicios esenciales para la comunidad de calidad -, la distribución de la riqueza – que depende, en primera instancia, del poder de los trabajadores, debilitado reforma tras reforma en no pocas ocasiones realizadas por la propia izquierda -, la enseñanza pública y gratuita para todos – erosionada por la reducción del gasto público y el los conciertos favorables a la enseñanza privada -, los recortes de la protección social, especialmente de las pensiones públicas al tiempo que se subvencionan las privadas, la incorporación de la gestión privada en la gestión de la sanidad pública.

La izquierda mayoritaria sigue, por otra parte, sin asumir en todas sus consecuencias el desafío medioambiental. Al tiempo que ha dejado de colocar en el centro de su proyecto el valor del trabajo. Hoy, en nombre del empleo, se puede hacer cualquier cosa con el trabajo. Los programas socialistas y socialdemócratas recogen muchas más referencias a los emprendedores, a la productividad o la competitividad, a la responsabilidad social de las empresas, que a la defensa de la dignidad del trabajo. Cuando, a lo largo de la historia, el elemento central mediante el cual la izquierda ha domesticado al mercado ha sido, precisamente, el de otorgar al trabajo derechos y protecciones sociales.

De otro lado, la socialdemocracia dice una cosa y hace muchas veces otra. Por, ejemplo, poco o nada tienen que ver las posiciones que ha adoptado el Partido Socialista Europeo, liderado por Poul Rasmussen, en el Manifiesto de las elecciones europeas de 2009 o recientemente sobre las medidas a adoptar frente a la crisis, con las políticas que llevan a cabo los partidos socialistas y socialdemócratas allá donde gobiernan.

No estamos, por todo ello, ante un problema de política de comunicación, sino de contenidos de las políticas, ni de cambio de circunstancias, sino de elementos definitorios del actual capitalismo. Estamos ante la necesidad de refundación de la izquierda para mantener lo esencial de su razón de ser: hacer que cada vez más gente pueda participar en el saber, en el tener y en el poder.

La primera refundación de la socialdemocracia se produjo en los años 1920 en los que, como reacción a la deriva totalitaria de la revolución de octubre de 1917, se afirma como fuerza democrática y reformista. La segunda tuvo lugar en los años 50 y 60 del siglo pasado, cuando rompe con el dogma marxista de la colectivización de los medios de producción y de cambio y reivindica el papel del mercado, de la economía mixta regulada por el poder público y la negociación colectiva. Y el papel del Estado regulador y protector frente a los riesgos sociales. Seguramente estamos ante la necesidad de una refundación de no menores dimensiones. Refundación que, probablemente, tendrá que articularse en torno a la defensa de un desarrollo sostenible, la recuperación del valor del trabajo, la justicia social como elemento central de la nueva sociedad y la primacía de los intereses de las personas en el nuevo orden mundial.

José María Zufiaur - Representante de UGT en el Comité Económico y Social Europeo

A propósito del adelanto del fin de las ayudas …

A propósito del adelanto del fin de las ayudas …

Primera toma. (La Voz de Asturias)

Golpe bajo al carbón

22/07/2010

15 de octubre de 2014. Esa es la fecha. Nada tiene que ver con otros octubres, pero representa toda una revolución. Y como todos los fenómenos revolucionarios es un golpe de mano. Fue el calificativo que el pasado martes utilizó José Angel Fernández Villa, líder del SOMA, al conocer la decisión de la Comisión Europea de poner fecha de caducidad a las ayudas a la minería del carbón. Duro golpe, uno más, a las familias y a los territorios de muchos países europeos que han hecho en el último cuarto de siglo importantes sacrificios. El primero con la pérdida de miles de empleos y el segundo por el fin de un modo de entender la vida de comunidades enteras.

Los argumentos de la Comisión Europea tienen el perfume de los eurócratas y el aroma de la dogmática económica. Una combinación perfecta para imponer los criterios fundamentalistas que siempre se conjugan con el mismo verbo: competir. Si algo nos ha enseñado la historia es que la competitividad no sólo se puede medir con los dogmas del mercado. Cuando se imponen, las consecuencias son nefastas como muestra el destrozo que nos asola. Por eso es necesario que se armonice con los criterios del desarrollo social y territorial. Confiar sólo en la destrucción creadora puede ser suicida.

La pérdida durante las últimas décadas de más de 20.000 empleos directos en la minería asturiana exigió sacrificio, pero se hizo con la complicidad de los sindicatos que, para evitar efectos más traumáticos, pidieron tiempo para ejecutar el ajuste y compensaciones que diesen futuro a las nuevas generaciones. Un argumento que conserva hoy su solidez, ya que el horizonte fijado inicialmente para reducir las ayudas al carbón europeo era 2022. Las prisas no son nunca buenas consejeras y adelantar la sangría a 2014 muestra el colmillo retorcido de algunos que quieren aprovechar los tiempos de zozobra para tirar de navaja y extremar los recortes sociales.

Las consecuencias para Asturias, especialmente para las Cuencas y el Suroccidente, serían desastrosas. Lo reconoce la propia Unión Europea: a los 4.000 empleos que aún genera el carbón se sumaría otros mil en distintos sectores. El Gobierno de España tiene que jugar fuerte y buscar alianzas, principalmente con Alemania y Polonia, países donde la minería tiene también un fuerte componente social y territorial, para explicar a los eurócratas que la Europa unida no se puede hacer sobre las ruinas de nuestro modelo social y económico. Lo contrario, sólo alimenta patrioterismo de hojalata.