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OPINION

Frente a la demagogia de Rubalcaba…

Frente a la demagogia de Rubalcaba…

¿Amantes de la deuda?, ¿quiénes?

Por Juan Torres – Consejo Científico de ATTAC.

El candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba acaba de afirmar que ha descubierto que hay “amantes de la deuda y el déficit”.

Como no se puede referir a la derecha que ha votado con él la reforma constitucional, cabe pensar que hace referencia a quienes nos hemos opuesto a ella pero, si es así, cabe decirle que hace un juicio muy demagógico e injusto.

Quienes rechazamos la reforma aprobada por el Partido Popular y el Partido Socialista nos oponemos a que se incorporen en la Constitución un principio neoliberal de estabilidad presupuestaria que no todo el mundo comparte, que se renuncie a un instrumento de política económica que en muchísimas ocasiones se ha mostrado como imprescindible y que se obligue al pueblo español y a nuestro Estado a renunciar a la doctrina de inmunidad soberana que establece que nadie puede forzar a un Estado a pagar su deuda. Pero quienes defendemos esto somos precisamente quienes venimos reclamando políticas económicas que, en lugar de las que aplican quienes ahora reforman la Constitución, no provoquen tanta deuda global sino que sean capaces de generar ingresos productivos sostenibles y evitar la deuda del Estado generando más ingresos públicos.

Y quienes hemos rechazado ahora la reforma constitucional que PP y PSOE han puesto en bandeja a los grandes financieros somos precisamente quienes venimos subrayando desde hace mucho tiempo que la desregulación de la actividad financiera, el privilegio de creación de dinero bancario del que disponen los bancos y la complicidad de las autoridades con los grandes poderes financieros estaba generando un crecimiento de la deuda que antes o después hará que salte por los aires la economía internacional.

Se confunde Alfredo Pérez Rubalcaba calificando de amantes de la deuda a quienes hemos criticado su voto a favor de la reforma. Somos precisamente nosotros los que, alarmados por el volumen de deuda que se está generando, venimos defendiendo políticas fiscales más equitativas y eficientes que proporcionen más ingresos al Estado en contra de la idea de que el Estado se debe desarmar en el terreno fiscal que ha llevado a eliminar impuestos que ahora se echan en falta; y los que igualmente reclamamos una política de gasto más austera pero justamente en lo que nunca tocan quienes ahora defienden los recortes de gasto público: los privilegios que se conceden a los bancos, a las grandes empresas que más empleo destruyen o a la clase política; el gasto militar o las ayudas a instituciones religiosas como la Iglesia católica.

Quienes nos oponemos a la reforma constitucional que se acaba de aprobar somos quienes reclamamos políticas contundentes contra la desigualdad que provocan las que llevan a cabo los que han aprobado la reforma precisamente porque sabemos que ahí se encuentra la causa principal de los menores ingresos a las pequeñas y medianas empresas que crean empleo, de las familias y del Estado, haciendo así que aumente la deuda.

Otra cosa es que quienes nos oponemos a la reforma sepamos también que los déficit y la deuda que pueden generar en determinados momentos son, además de un serio problema, un instrumento, tanto para estabilizar la economía en momentos de crisis como para poder financiar la provisión de bienes y servicios singularmente costosos y cuyo disfrute se alarga a lo largo del tiempo.

Esto último nos preocupa de una forma especial porque también somos conscientes de que España mantiene déficits muy importantes en materia social respecto a los países más avanzados de nuestro entorno, en educación, sanidad, investigación e innovación, capital social o servicios de bienestar. Déficits que no afectan solo al bienestar de las personas (que ya es mucho) sino que, mientras persistan, impiden que se pueda consolidar el tejido productivo y empresarial capaz de generar el ingreso y el empleo que necesitamos.

Pero eso no nos lleva a reclamar solo la deuda y el déficit sin hacen falta para resolver esos problemas, como demagógicamente se quiere hacer creer para descalificar nuestras posiciones, sino también mejores fuentes de ingresos, que no se pueden obtener sino con más igualdad, más justicia fiscal, mejores condiciones de trabajo, mayor productividad y mejor desempeño empresarial. Algo que no se consigue si la actividad se viene abajo, lo que a su vez solo se puede evitar en momentos como el actual, cuando el gasto privado es insuficiente, sin un fuerte impulso del gasto público.

Lo que provocaría más deuda (o una pérdida impresionante de nivel de vida) no serían las políticas que proponemos los críticos de la reforma sino, por el contrario, la propuesta que hace poco hacía el candidato socialista reclamando menos salarios y menos beneficios, es decir, que baje la renta nacional.

Y, por último, una cosa es que defendamos que los déficit y la deuda puedan ser un instrumento adecuado o imprescindible en determinados momentos y otra muy distinta que la financiación de esa deuda tenga que ser un negocio de la banca privada, que es lo que vienen a reconocer la reforma constitucional que se ha realizado.

De hecho, los problemas que están padeciendo las economía europeas (dejando ahora a un lado el hecho capital de que vienen dados por la crisis causada por la banca privada internacional) no se deben a la cuantía de su deuda sino a que se ha permitido que los especuladores hagan un negocio con ella. El Banco Central Europeo podía haberla financiado sin demasiado problema habiendo evitado la catástrofe que se ha producido, aunque, claro está, de esa forma no habría sido posible que los bancos y los grandes especuladores ganasen los miles de millones que están ganando a costa de ello.

Es por eso que el daño mayor de la reforma constitucional no sea la fijación de un techo de gasto más o menos flexible. Como he señalado en otro artículo (Los Trileros Mayores del Reino y la clave de la reforma constitucional), los cambios añadidos a la formulación inicial han hecho que, al final, el compromiso de estabilidad presupuestaria quede tan descafeinado que en realidad casi no van a tener que cumplirlo nada más que los ayuntamientos, si acaso.

Lo gravísimo es, como dije al comienzo, el haber cedido de un plumazo un derecho que tiene el pueblo español a dar en cada momento la prioridad que crea conveniente al pago de sus deudas. Y, al mismo tiempo, el declarar que los “créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación”. Lo que simplemente significa que se ha impuesto al pueblo español la obligación de renunciar en un momento dado a cualquier tipo de renegociación o reestructuración de la deuda que pudiera aliviarla.

Que nadie se engañe. Los amantes de la deuda y quienes la provocan no somos los críticos de Alfredo Pérez Rubalcaba sino quienes generan la desigualdad que la produce, es decir, los que han resultado privilegiados a costa del pueblo español por la reforma recién aprobada.

Artículo publicado en Sistema Digital

Desde aquí queremos colaborar en la divulgación de esta “lección” de economía, hoy muy oportuna…

Desde aquí queremos colaborar en la divulgación de esta “lección” de economía, hoy muy oportuna…

Acuerdo PSOE-PP sobre la deuda: un pacto que perjudica a España

Por Juan Torres López / Alberto Garzón Espinosa – Consejo Científico de ATTAC.

La reforma que proponen los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, consistente en limitar desde la constitución el déficit y la deuda pública es una medida que impedirá salir de la crisis y que España elimine el déficit social que tiene respecto a los países de su entorno y, además, constituye un ataque frontal a los principios más elementales de la democracia que demuestra que el capitalismo neoliberal es cada vez más incompatible con esta última. No sólo por la forma sugerida para aprobar la reforma de la constitución, sin que medie referéndum y pronunciamiento directo del pueblo, sino también porque su contenido mismo restringe el margen de maniobra que tienen los Estados para gestionar su economía. Por esa razón hemos decidido escribir este artículo, de ánimo divulgativo, en el que revelamos los enormes problemas económicos de una medida profundamente antidemocrática.

Los ingresos y gastos de un Estado

Un Estado, como cualquier otro agente económico, tiene una partida de ingresos y una partida de gastos.

Los ingresos pueden provenir de muchas fuentes, pero en la actualidad y como consecuencia de decisiones erróneas de política económica la gran mayoría se obtienen únicamente de los impuestos. En otro tiempo el Estado también obtenía cuantiosos ingresos de los beneficios de las empresas públicas, pero en las últimas décadas y debido a la avalancha de privatizaciones (más de 110 empresas en España) esta fuente de ingresos se ha agotado. Por otra parte, actualmente de todos los impuestos los más importantes son el de la renta (IRPF), el de sociedades (IS) y el impuesto sobre el valor añadido (IVA). Hasta 2007 también existía el impuesto del patrimonio (IP), que afectaba únicamente a las personas con más riqueza, pero fue eliminado por el gobierno actual.

Los gastos también pueden ser de diferente naturaleza. Desde el mantenimiento de los servicios públicos del Estado del Bienestar (como la sanidad pública, la educación pública o el transporte) y el pago de todo el personal asociado (médicos, profesores, bomberos…), hasta el simple despilfarro y la corrupción política.

Por lo tanto tenemos que los ingresos de un Estado dependen fundamentalmente de los impuestos, pero estos a su vez dependen de la actividad económica. El Estado recaudará más cuantos mayores salarios tengan los trabajadores (impuesto sobre renta), cuanto mayor sea el nivel de beneficios empresarial (impuesto sobre sociedades) y cuanto más consumo haya en la economía (impuesto sobre el valor añadido). Así que en momentos de bonanza económica los ingresos del Estado serán elevados. Y con ingresos elevados se permitirá gastar más, o incluso ahorrar.

Lo que ha ocurrido en España en los últimos años es que la economía ha estado creciendo a ritmos muy altos debido a una burbuja inmobiliaria, que tarde o temprano tenía que estallar. Pero mientras la burbuja duraba los ingresos del Estado han sido cuantiosos porque había muchos trabajadores cobrando sueldos, las empresas ganaban mucho dinero y el consumo era muy importante (ayudado por el crédito bancario, eso sí). Sin embargo, en lugar de modificar el patrón de crecimiento y promover un modelo productivo distinto que permitiera que el país no dependiera de la existencia de una burbuja, los partidos políticos en el gobierno prefirieron (PP y PSOE) dejar pasar el tiempo y aprovechar las ventajas de un ciclo económico positivo pero ilusorio.

Además, estos gobiernos aprovecharon las circunstancias de bonanza para beneficiar principalmente a los propietarios de capital y sobre todo a los del inmobiliario rebajándoles los impuestos. Redujeron los tramos del impuesto sobre la renta y rebajaron los tipos impositivos (el porcentaje de impuestos) tanto del impuesto sobre la renta como de el de sociedades. Y al mismo tiempo iniciaron un proceso de desgravaciones fiscales (también principalmente beneficiosas para los más ricos) que suponían que el Estado ingresara menos. Aún así, y debido a que el gasto público no crecía suficiente para acercarse a los estándares del resto de países europeos, existía capacidad para ahorrar. Por eso la economía española ha tenido superávits en las cuentas públicas, es decir, ha gastado menos de lo que ingresaba. A pesar, como hemos dicho, de que la capacidad recaudatoria había disminuido.

Pero cuando llegó la crisis, primero por la vía del contagio financiero internacional y luego como consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria, las cosas se pusieron feas. Los bancos dejaron de prestar dinero a empresas y hogares, y se dejó de invertir y de consumir. Cayeron entonces los beneficios y el consumo, lo que llevó a la baja la recaudación por impuestos y, por lo tanto, los ingresos públicos. Pero por el contrario los gastos se incrementaron. Y se incrementaron porque el Estado tuvo que salir a ayudar a la banca, pero sobre todo porque para intentar frenar la crisis tuvo que comenzar proyectos de estímulo económico que suponían un importante gasto. Además, el Estado tiene medidas llamadas anticíclicas, como las prestaciones por desempleo, que hicieron aumentar el gasto. En definitiva, como consecuencia de la crisis el Estado vio cómo sus gastos se disparaban y sus ingresos se reducían. El Estado entraba, por lo tanto, en déficit.

Cómo pagar el déficit

Cuando el Estado tiene que gastar más de lo que ingresa necesita obtener el dinero de algún lado. Existen diferentes herramientas económicas para conseguir ese dinero, pero algunas han sido delegadas a instituciones independientes y de la Unión Europea (como la potestad de imprimir dinero, ahora dominio del Banco Central Europeo). Por lo tanto lo común es que el Estado se endeude en el mercado de deuda pública, donde pide prestado a los inversores financieros. Y estos inversores financieros son aquellos que tienen dinero de “sobra”, como los bancos y las grandes fortunas que hacen anualmente millones de beneficios y que cada vez pagan menos impuestos. Así, al final la paradoja emergió cuando los propios bancos culpables de la crisis y las grandes fortunas beneficiadas de las rebajas de impuestos en todo el mundo eran las que finalmente prestaban dinero al Estado para que éste enjugara los déficits que habían surgido por su culpa.

En cualquier caso, es obvio que la deuda contraída deberá ser pagada de alguna forma, y en una situación en la que los gastos superan a los ingresos eso parece difícil. Por esa razón los economistas neoliberales –que son los que dominan las instituciones europeas y los que han asesorado a los distintos gobiernos españoles- proponen lo que se llaman “planes de ajuste”. Estos planes tienen como objetivo prioritario reducir el gasto público hasta el punto en el que se equilibran de nuevo los ingresos y gastos o incluso, si es posible, hasta que los ingresos vuelven a ser superiores a los gastos. Por eso se llaman “políticas de austeridad”.

Las políticas de austeridad no funcionan

El problema es que lo que parece muy intuitivo a nivel doméstico (por ejemplo de una familia) no lo es tanto para la economía en su conjunto. Es lo que en economía se llama “falacia de la composición” y que significa que aunque haya medidas que individualmente sean buenas en realidad si se aplican colectivamente pueden ser catastróficas. Por eso rebajar los gastos en un momento en el que los gastos superan a los ingresos puede ser fatal para la economía.

La razón es que el gasto público es un estimulante del crecimiento económico, como a continuación explicaremos. Eso significa que si se rebaja el gasto público se reduce la capacidad de crecimiento económico de una economía, y eso conlleva que habrá menos beneficios empresariales y menos consumo. Dado que como hemos visto antes los ingresos dependen de esas variables (beneficios y consumo) al final tenemos que los ingresos también caen. Así, aunque bajemos el gasto público lo que conseguiremos será deprimir la economía (que entrará en recesión) y por lo tanto también los ingresos públicos, lo que significa que la relación ingresos-gastos se mantendrá igual. O, lo que es lo mismo, tendremos los mismos problemas de deuda que antes de comenzar a rebajar el gasto pero, además de ello a una población que en conjunto será más pobre (porque verá cómo los servicios públicos se deterioran y se pierden puestos de trabajo y caen los salarios).

Se necesita más gasto público, pero más eficiente

En realidad, y aunque sea contraintuitivo, lo que se requiere es precisamente más gasto público. Porque lo que se necesita es recuperar los ingresos, no rebajar los gastos, y eso puede hacerse bien subiendo los impuestos (medida recomendable y necesaria, como recordaremos) bien incrementando la recaudación vía beneficios y consumo. O, dicho de otra forma, lo que necesitamos es crecimiento económico. Aunque no de cualquier tipo.

Durante la crisis los economistas neoliberales proponen medidas aparentemente orientadas a facilitar que las empresas creen empleo. Para eso reducen los tipos de interés y facilitan préstamos baratos a los bancos, siempre con el objetivo de promover que las empresas se endeuden para que inviertan (contratando trabajadores y mejorando la capacidad productiva). Pero sucede que en un contexto de crisis todas esas medidas no funcionan debido a lo que se llama “trampa de liquidez”, y que se explica porque las empresas no quieren invertir porque saben que nadie va a comprar sus productos. Y como no pueden vender, lo que hacen es despedir trabajadores, y dado que esos trabajadores son también los consumidores de los productos de otras empresas, al final la economía profundiza su crisis. Es decir, por más facilidades monetarias que se les de a bancos y empresas no se saldrá de la crisis en ningún momento.

Lo que se requiere, entonces, es que el Estado empuje la economía a través del gasto público y de lo que se llama el “multiplicador keynesiano”. Cuando el Estado gasta dinero en, por ejemplo, construir una carretera, lo que está haciendo es pagar sueldos a trabajadores que antes estaban en paro y pagar a empresas del sector que antes estaban desocupadas. Eso pondrá dinero en la economía, ya que esos trabajadores gastarán ese dinero en otras empresas, y esas otras empresas contrataran más trabajadores que a su vez gastarán también el dinero en más consumo, y sucesivamente. Si el impulso inicial del gasto público está bien planificado y es suficientemente poderoso, puede salirse de la crisis. Y además eso permitirá que el Estado recaude mucho más y por lo tanto que sus ingresos crezcan. Ese crecimiento de los ingresos reducirá la brecha con los gastos e incluso podrá conseguir que sean superiores.

Lo que importa es, por supuesto, que el gasto público tenga sentido y esté programado. El llamado “Plan E” tuvo un efecto muy temporal porque la economía estaba atrapada en los restos de la burbuja inmobiliaria y el plan lo único que hizo fue intentar resucitar esos restos. Lo que se requiere, por el contrario, es planificar un programa de gasto público potente encaminado a cambiar el modelo productivo y promover sectores como las energías renovables y las nuevas tecnologías, teniendo presente también el reciclaje del sector de la construcción.

Es importante remarcar que no cualquier gasto público es bueno, y por eso es necesario incrementar la eficiencia de dicho gasto. Eso quiere decir que hay que iniciar programas destinados a mejorar la eficiencia en la administración pública, a racionalizar mejor el dinero público y también a perseguir todos los casos de corrupción y de privilegios desorbitados de la clase política (amén del gasto militar).

La recaudación de los ingresos

Si bien los gastos, como hemos dicho ya, deben ser eficientes y bien planificados (y no basados en el derroche), a su vez los ingresos deben ser suficientes y estar igualmente bien planificados.

Los impuestos no son todos iguales ni afectan a todos los sectores y personas por igual, de modo que cualquier modificación impositiva tendrá consecuencias variadas. Por eso conviene planificar un sistema de incentivos adecuado que organice qué tipo de impuestos y qué nivel para los mismos tienen que existir.

En unos momentos como los actuales, en los que la desigualdad se ha incrementado extraordinariamente y la financiación del Estado del Bienestar depende de facto de los ingresos de las clases medias (porque las grandes fortunas evaden impuestos en paraísos fiscales) se requieren medidas de shock.

Hay que incrementar los impuestos a las rentas altas, lo que significa incrementar los tipos impositivos y también crear nuevos tramos. Simultáneamente hay que incrementar los impuestos a las rentas del capital y a las empresas, amén de recuperar el impuesto de patrimonio. Pero todo eso será insuficiente si no se combate con firmeza el sistema financiero especulativo que permite la existencia de paraísos fiscales. En definitiva y sin ánimo de profundizar en un programa detallado, hay que incrementar los impuestos a las rentas altas (que consumen menos pero especulan más) sin modificar mucho la presión fiscal de las rentas populares. Eso permitirá incrementar los ingresos del Estado sin que el consumo privado se vea mermado.

Limitar por ley el gasto y la deuda es una aberración económica

Por todo lo expuesto debe quedar claro que limitar por ley el gasto es una verdadera barbaridad, que no sólo afecta al carácter democrático del sistema político (al restringir el margen de maniobra) sino también al propio funcionamiento del sistema económico.

Los déficits son necesarios y una herramienta “extra” en el ámbito económico. Es cierto que no pueden sostenerse indefinidamente, pero precisamente para combatir la crisis y los déficits crónicos es necesario que en determinadas fases del ciclo económico se incurra en déficits importantes. Y sin esa herramienta es más que evidente que no se podrá salir de la crisis.

Y en economía como la española que tiene un gran déficit social respecto a los países de nuestro entorno, los déficits presupuestarios serán imprescindibles incluso en etapas de bonanza. Las infraestructuras públicas, los servicios educativos y sanitarios (hospitales, colegios, universidades, centros de investigación…) y en general la inversión a largo plazo necesaria no solo para el bienestar de los grupos de población de menos renta que no se podrían pagar los proporcionados por el mercado sino también para las empresas obtengan beneficios no se pueden pagar al contado. Sin endeudamiento es muy probable que no se puedan crear y al no crearse se perderá empleo y riqueza en el futuro.

¿Por qué se proponen entonces este tipo de medidas que van a ser tan negativas para el conjunto de la población?

Sencillamente porque favorecen al capital privado. Por un lado, menos posibilidades de financiar servicios públicos abrirá la puerta al negocio privado en salud, educación, servicios de dependencia… Y, por otro lado, todos ellos, serán financiados por los bancos privados.

Porque lo que pone de relieve el cinismo de la propuesta que hacen PP y PSOE es que limitar el endeudamiento del Estado para financiar la provisión de los bienes y servicios púbicos que se requieren para que haya suficiente y buena actividad económica y empleo, no va a evitar que haya más deuda. No la habrá pública pero sí privada como consecuencia de la financiación de los mercados, mucho menos eficiente además, y del mayor endeudamiento familiar como consecuencia de la pérdida de nivel de vida.

Obstáculos importantes

Para terminar debemos reconocer que España tiene dificultades añadidas porque está especialmente endeudada a nivel privado y porque tiene una camisa de fuerzas muy incómoda en la Unión Europea. Para superar estas dificultades España necesita que la Unión Europea cambie su política de actuación y comience a desarrollar un programa similar al aquí apuntado pero en el marco de la Unión Europea. Además, ninguna de estas medidas será efectiva si no se regula masiva y estrictamente el sistema financiero internacional que sirve para que las grandes fortunas y las grandes empresas especulen sin fin a costa de las arcas públicas de todos los Estados y, por lo tanto, del bienestar de todos los ciudadanos. Eso supone establecer prohibiciones de prácticas como las operaciones a corto, operaciones al descubierto, el uso de instrumentos financieros altamente especulativos (como los hedge funds y los Credit Default Swap) y el establecimiento de controles de capitales en toda la Unión Europea.

En lo que a nivel privado se refiere, el endeudamiento privado puede resolverse promoviendo mayores ingresos (en este caso salarios). Por eso es necesario promover un pacto capital-trabajo basado en la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores, el refortalecimiento del poder de negociación de los trabajadores y en la regulación de los beneficios empresariales (para que se destinen a la creación de empleo). Entramos así de lleno en el mundo de la política y las relaciones de fuerza, lo que requerirá el uso de herramientas económicas como las nacionalizaciones para imponer las condiciones a los empresarios reticentes. Con un pacto capital-trabajo y con una estrategia de coordinación salarial a nivel europeo España puede superar su alto nivel de endeudamiento privado y acabar con los desequilibrios comerciales que arrastra desde hace tanto tiempo, y sin salir del euro.

Por el contrario, aplicando el recetario neoliberal del Partido Popular y del gobierno de Rodríguez Zapatero es completamente seguro de que nuestra economía se resentirá. Se crearán más oportunidades de beneficio para el capital privado y las clases más ricas pagarán menos impuestos aún, pudiendo adquirir sus servicios de bienestar en el mercado, pero las clases populares perderán cada vez más calidad de vida.

Bibliografía complementaria:

En Octubre la editorial Aguilar publicará un libro titulado “¡Hay Alternativas!” en el que Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón explican de forma pedagógica las causas últimas de la crisis y las medidas necesarias para salir de una forma justa y social.

Debe tenerse en cuenta que la medida en este artículo analizada fue una recomendación incluida en el llamado Pacto por el Euro, que dio lugar a las movilizaciones del 19 de junio promovidas por la plataforma Democracia Real Ya y los sindicatos. Por eso es recomendable leer el artículo de Juan Torres y Alberto Garzón (19-J. Contra el Pacto del Euro. ¡Democracia real en Europa ya!) en el que criticaban con detalle los argumentos esgrimidos por los economistas neoliberales. De una forma más genérica merece la pena leer los artículos de Juan Torres titulados ¿Por qué el 3% de déficit público y no el 2 o el 7? Mentiras y verdades sobre el déficit y la deuda, de 2010, y Pacto de Estabilidad y Estado del Bienestar: una nota sobre su dudosa credibilidad, de 2005.

En lo que se refiere al comportamiento de los mercados financieros es interesante leer la descripción que hace Alberto Garzón en ¿Qué son los mercados financieros y la especulación financiera? y las propuestas que existen para solucionar el problema de deuda pública y desactivar el chantaje de los mercados financieros en ¿Por qué debemos reestructurar la deuda pública y cómo hacerlo?. De forma paralela el papel de la desigualdad en el crecimiento económico queda explicado en “La importancia económica de la desigualdad” que se suma al estudio de la “Evolución de los Salarios en España (1978-2011)“, donde se puede comprobar que la desigualdad es la causa principal de la crisis que padecemos. De forma más general la página personal del profesor Vicenç Navarro (http://www.vnavarro.org) contiene gran cantidad de artículos que analizan la situación actual y en particular la importancia clave de la desigualdad.

Dado que este debate no está solo limitado a España, y ni siquiera a Europa, conviene leer también los documentos académicos escritos sobre la situación de Estados Unidos. Por eso recomendamos leer el artículo de Robert Pollin “U.S. Government Deficits and Debt Amid the Great Recession: What the Evidence Shows“, el de James Crotty “The Great Austerity War: What Caused the Deficit Crisis and Who Should Pay to Fix It?“ y otro de Robert Pollin “Fighting Austerity and Reclaiming a Future for State and Local Governments“.

Entrevista a Julio Bobes…

Entrevista a Julio Bobes…

Próximo jefe de servicio del HUCA 

«Vamos a un modelo europeo de psiquiatría y dejamos atrás otro de inspiración cubana»

«En Asturias llevamos años haciendo cosas muy discutibles; pero como es lo que se hizo siempre, parecía que era la única forma posible de hacerlo»

PABLO ÁLVAREZ, Oviedo, en La Nueva España

Julio Bobes García (Oviedo, 1952) es catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, un título que lleva aparejada la condición de jefe de servicio del área sanitaria de Oviedo. Tal y como adelantó LA NUEVA ESPAÑA, próximamente se hará cargo de la jefatura del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Además, una discípula suya, Pilar Saiz, acaba de ser situada al frente de la Unidad de Coordinación de Salud Mental del Servicio de Salud del Principado (Sespa). En la entrevista que sigue, el doctor Bobes da por finiquitado el actual modelo de atención psiquiátrica de Asturias, uno de los logros sanitarios más apreciados por los sucesivos gobiernos socialistas y objeto, años atrás, de numerosas controversias entre partidarios y detractores. Según sus propias palabras, se trata de dejar atrás un modelo «cubano» y de ir a un modelo «europeo».

-¿Qué cambios necesita la asistencia psiquiátrica en Asturias?

-Vamos a un ajuste del modelo. Vamos a un modelo europeo de validación internacional en línea con las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Conferencia Interministerial de Salud Mental de Helsinki, celebrada en enero de 2005, de la que salió un decálogo que inspira toda la política europea de salud mental.

-¿Hablamos del fin de una era en materia de psiquiatría?

-Se trata de ir a un modelo homologado en Europa, y de dejar atrás lo que teníamos, que era más bien de inspiración cubana, muy general y muy poco especializado. La política de salud mental que se ha hecho en Asturias en las últimas décadas no concuerda con lo que se hace en Europa, corresponde más bien a otras latitudes; para nada corresponde a lo que hay que esperar de un país como España.

-A usted nunca le gustó lo que se hacía en Asturias.


-El modelo de gestión clínica que había casi daba pena. No se adecuaba a las directrices, programas o protocolos que están vigentes en Europa. Llevamos años haciendo cosas muy discutibles, por no decir otra cosa. Pero como es lo que se ha hecho siempre, tal parecía que era la única manera posible de hacerlo.

-¿Cuáles son las prioridades?

-Hay que poner en marcha una nueva filosofía asistencial, docente y de investigación. Lo que hay ni siquiera se ajusta a las normas que emanan de los ministerios de Educación y de Sanidad.

-Sus últimas polémicas han tenido como objeto los efectos del consumo de alcohol en los jóvenes.

-Para los tratamientos del alcohol y de las drogas, la idea es integración. No tiene ningún sentido que en Asturias tengamos, por un lado, un plan de salud mental, y por otro un plan de drogas. Las adicciones son un epígrafe más de la salud mental. Separar una cosa de otra significa estigmatizar a los enfermos de adicciones. Hay que incluir las adicciones en los planes de salud mental; hay que normalizar el abordaje de las adicciones, idénticamente igual que se hace con la depresión o la anorexia o cualquier otra patología.

-Usted polemizó con el anterior consejero de Salud, Ramón Quirós, sobre la necesidad de elevar de 16 a 18 años la edad mínima para comprar alcohol.

-Elevar a 18 años la edad mínima para vender alcohol es una cosa en la que estamos todos de acuerdo. El único que no lo estaba era el anterior consejero, que se empecinó en defender lo contrario, cuando realmente no era una cosa de él, sino que la había heredado. Los ayuntamientos también están de acuerdo, y esto es importante, porque ese nuevo modelo del que he hablado implica que en el abordaje de las adicciones han de intervenir todas las administraciones, también los ayuntamientos.

-¿Ese cambio legal será una prioridad?

-Hay unanimidad, pero no sé si el cambio legal se hará más pronto o más tarde.

-¿Qué planes tiene para el servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA)?

-Estoy a la espera de que me digan lo que tengo que hacer. Yo realmente ya soy jefe de servicio del área sanitaria de Oviedo desde hace 11 años, desde el mismo momento en que obtuve la cátedra universitaria -como todos los catedráticos-, pero en su día me enviaron al centro de salud de Teatinos. El servicio de psiquiatría del HUCA tiene que incorporarse a esos estándares europeos de los que antes hablaba, porque lo que se hace actualmente no está precisamente muy bien considerado.

-¿Áreas de mejora?


-Por ejemplo, estamos en un hospital universitario y la producción de investigación se aproxima a cero. Eso es incomprensible. Se necesita un impulso de la actividad asistencial, docente e investigadora. Con la plantilla que hay ahora, de tres psiquiatras interinos, no se podía hacer mucho. Bastante hacen con sacar adelante lo imprescindible de cada día. Hay que aplicar criterios de gestión clínica, y situarnos al nivel de los grandes hospitales españoles. Habrá que incorporar buenos profesionales, formar gente competente, enriquecer el perfil profesional del personal del servicio...

-¿Necesita la salud mental de Asturias nuevos instrumentos asistenciales?

-Sin duda. Necesitamos más centros de hospitalización parcial para enfermos mentales graves, más programas y más diversificados de atención a las adicciones -alcohol, heroína, etcétera- y programas y protocolos específicos para diferentes trastornos mentales que todavía no disponen de ellos.

-¿Por ejemplo?

-Trastornos bipolares, trastornos psicóticos, programas de prevención del suicidio...

La Constitución no puede ni deber consagrar opciones económicas e ideológicas de ningún tipo…

La Constitución no puede ni deber consagrar opciones económicas e ideológicas de ningún tipo…

El neoliberalismo se cuela en la Constitución de 1978

Por Carlos Martínez – ATTAC Andalucía.

Hasta ahora, en una Constitución solo se contemplaban principios generales de convivencia y armonía. Declaraciones de intenciones y descripciones de aspiraciones y voluntades políticas, así como normativa de organización y desarrollo de la vida pública y la acción ciudadana. Describía la estructura política fundamental de un estado y sus normas rectoras de carácter general.

Una Constitución es una declaración política, que acota principios y señala líneas rojas que no se pueden traspasar, pero no entra en detalles o resuelve todos y cada uno de los aspectos cotidianos y de la vida social, cultural, comercial y económico-social de un estado, pues para eso están las leyes.

Las constituciones suelen ser fruto de un consenso popular ante una independencia nacional o de una revolución o cambio de régimen, pero no son reglamentos o códigos de comercio.

En Europa, la madre de los derechos ciudadanos tras la revolución francesa de 1789, la de 1848 o si miramos hacía atrás, la de la medieval Carta Magna, las constituciones eran solemnes declaraciones de principios.

Tras las liberaciones de Francia e Italia después de la II Guerra Mundial, o la más tardía de Portugal tras la Revolución de los claveles, se instauraron constituciones que también hablaban de los entonces nuevos derechos conquistados en las resistencias varias: los derechos sociales.

Querátaro en México, Weimar en Alemania, la de la II República Española, instauraron el estado social. Tras la victoria frente al nazismo se hizo ya imposible ninguna nueva constitución democrática que no fuera social, igualitaria y garantista. Las constituciones liberales fueron superadas. Las clases populares lograron que se reconocieran sus aspiraciones de justicia. Otra cosa distinta es el grado de cumplimiento real de lo escrito. Pero se entendía que una nueva constitución era un avance y no un retroceso, y de hecho la del 78, a pesar de las cesiones a la oligarquía franquista y económica, contiene sin embargo un catalogo de derechos sociales que ojala se cumplieran en todo su contenido y significó un avance.

Con el invento fallido de la Constitución Europea, esto cambia. La Europa resistente, antifascista y social da paso a la Europa neoliberal, comerciante y competitiva en el mundo globalizado, o más bien globalizador de las entonces aún pujantes potencias centrales.

La Constitución Europea es en realidad un texto farragoso, largo e incomprensible para la inmensa mayoría de la gente. Es un tratado comercial más que una constitución propiamente dicha, que consagra -o así lo intenta- la ideología neoliberal y el capitalismo como principios constitucionales. Es una constitución de parte, por eso fracasó. Pero ese es el espíritu imperante en Europa, pues la derecha y la oligarquía financiera y la oligarquía política conservadora europea, imponen un concepto nuevo y es introducir en los textos constitucionales la consagración de opciones económicas e ideológicas puramente conservadoras en las constituciones.

Ese es el antecedente de esta “brillante” idea de reforma constitucional, el introducir un concepto ideológico neoliberal y conservador como es la contención del gasto, el techo de gasto, el ahorro obligatorio en inversiones sociales y públicas en general. Es constitucionalizar el neoliberalismo, pues como dice Juan Torres “Al imponerlo en cualquier momento y condición, como ahora han acordado en España el PSOE y el PP, se impide que los gobiernos puedan suscribir pactos con sus electores si no es en los términos prescritos por la ortodoxia económica dominante. Se obliga de esta forma a que las únicas políticas posibles sean las neoliberales.”

Ante la crisis del capitalismo especulador y de su patrón la banca privada, la solución propuesta es castigar a las clases populares y trabajadoras. Por eso, desde la izquierda, desde el socialismo, no se puede consentir esa solución, injusta y antidemocrática. Somos víctimas de la dominación sistémica que nos obliga a poner nuestra libertad a disposición de los mercados. Los subvencionamos para que vuelvan a enriquecerse y cuando se recuperen de sus perdidas, vuelvan a crear empleo si quieren, pero ya todavía más precario y con menos derechos. Y por supuesto, más barato para las clases poseedoras.

Debemos exigir un referéndum para ver si consentimos se apruebe o no este terrible error; error para algunos, pero victoria para la ultraconservadora y ultraliberal derecha española.

Para frenar esta apuesta antisocial, anti-patriotica y anti-española, si, porque los herederos del republicanismo español reivindicamos un estado igualitario, justo, social y democrático, transparente y federativo, pero de nuestra propiedad. De la propiedad colectiva y solidaria de los pueblos de España.

Acabaré con una afirmación no menor, y es que también se va a perjudicar gravemente a las Comunidades Autonomas y a los Ayuntamientos. Y el que avisa no es traidor, pero en el Estado Español la mayor parte del gasto social lo soportan las CC.AA. y los ayuntamientos.

Opinión: Manel García Biel

Opinión: Manel García Biel

Frente al PP y al PSOE socio-liberal, urge que se concrete una alternativa de izquierdas

nuevatribuna.es

El tiempo se acaba, el 20-N está al caer y no queda mucho tiempo para que la gente de izquierdas, ecologistas y progresistas de toda índole concreten una alternativa creíble que dé ilusión a una sociedad desmoralizada.

Hace falta una alternativa que se presente frente a la derecha pura y dura que el PP representa, frente a un PSOE definitivamente socio-liberal, instalado en el centro-izquierda, y frente a la bisagra perpetua de los nacionalismos conservadores.

Hay voces respetables que demandan esta alternativa, desde el manifiesto de “Las Ilusiones compartidas” hasta la propuesta de Frente Amplio de Gaspar Llamazares; Existen organizaciones para construirla desde amplios sectores de IU a Espacio Plural o Equo, o diversos grupos no estatales como Compromís, CHA, Iniciativa de les Balears y otros. Pero hace falta concretar ya, antes del 20-N, una alternativa única, que permita hacer oír una voz unitaria de la izquierda. Una voz que sea creíble y dé esperanza a todos los desencantados.

Urge el tiempo y cabe esperar que el egoísmo de las organizaciones no defraude las esperanzas y expectativas ciudadanas, cada vez más desencantadas de la política a causa de un bipartidismo esclerotizante de la vida política y que cada vez más recuerda al de la época de la Restauración, entre conservadores y liberales.

Hace falta que los grupos a la izquierda del PSOE hagan caso a las voces más lúcidas, hagan caso a la demanda de la izquierda social representada por los sindicatos, al indicador que significa el movimiento del 15 M. Es preciso abandonar los egoísmos partidistas. IU debe ser consciente de lo que es, y que no puede representar por si sola una alternativa, ni el eje de una esperanza de renovación. Ni puede establecer exclusiones para un acuerdo, como no aceptar a Compromís o Iniciativa de les Illes.

Por su parte Equo debe tener una visión más madura de la situación, no es un objetivo válido para la ciudadanía su satisfacción por conseguir 4 ó 5 diputados el 20-N. Debe ser más importante el deseo y la necesidad ciudadana que una visión de grupo o la ilusión de los Verdes europeos de tener un referente propio en el estado español.

Todos son necesarios para configurar una alternativa pero nada será posible si no se unen y se anteponen intereses partidistas.

Y la necesidad es cada día más urgente, como nos demuestra el día a día del país.

La próxima reforma de la Constitución es un elemento más que hace ver la necesidad de un antídoto frente al bipartidismo que nos gobierna.

Es necesaria una alternativa unitaria roji-verde que consiga una fuerte presencia en el próximo Congreso de los Diputados. La voz de un tercer grupo parlamentario, a ser posible con 20 o más diputados, que consiga hacer oír en el hemiciclo una posición genuinamente de izquierdas, ecologista, progresista y federalista, frente a la derecha del PP, y sus previsibles políticas, y que desde la izquierda forzara a los social-liberales del PSOE a posiciones progresistas.

Los hechos recientes nos confirman esta necesidad. El reciente acuerdo PSOE-PP para limitar constitucionalmente el déficit es un ejemplo de que el actual bipartidismo va en contra de los intereses mayoritarios de la ciudadanía. Así se pretende incluir una modificación constitucional de trascendencia que tendrá efectos limitadores futuros sobre las posibilidades de inversión pública y la consolidación y mejora del estado del bienestar. Y se pretende hacerlo de la misma forma como se efectuó en su día la privatización de las Cajas de Ahorros, otra medida económica y social de capital importancia. Con “rapidez y sin debate”, es decir “con nocturnidad y alevosía”. Al final de un mandato y deprisa y corriendo. Podrían haberse limitado a acordar el techo de déficit y deuda, pero no, lo quieren incluir en la Constitución para dificultar cualquier reversión de la medida, a pesar de que su vigencia sería a partir del 2018.

Una medida defendida por la derecha europea, y por Rajoy. Y cuestionada en su día por el propio Rubalcaba, y aún ahora denunciada por socialistas nada sospechosos como Jordi Sevilla o Josep Borell, es decir por gente genuinamente socialdemócrata, o por alguien genuinamente de izquierdas en las filas socialistas como Antonio Gutiérrez. Pero es que el PSOE ha abandonado este espacio, está más en la onda de los laboristas de Blair.

Y que me perdonen algunos opinadores de buena fe, afines al PSOE, como Carlos Carnero, en estas páginas de Nueva Tribuna, que pretenden ocultar el fondo con la forma. Y se oponen al referéndum porque dicen que eso daría tiempo y beneficio a los tiburones financieros. No, el problema no es el referéndum, el problema está en la política conservadora de Zapatero y el PSOE y su decisión de introducir la limitación en la Constitución.

Por favor basta ya de falacias. El PP es una confederación de las derechas en la que domina la más pura y dura. Los nacionalismos conservadores son eso, conservadores, y aprovechan una ley electoral nefasta para lograr que se impidan políticas de progreso. El PSOE, primero con González y ahora con Zapatero y no cabe tener ninguna razón para esperar que Rubalcaba, con todo su currículum, cambie nada, es un centro izquierda socio-liberal, abierto en temas de libertades individuales pero que siempre se inclina hacia la derecha en políticas socio-económicas, a título de ejemplo sólo cabe ver su política fiscal. Esta normalmente es una de las bases de la socialdemocracia que no cuestiona el sistema económico capitalista actual, pero intenta redistribuir sus beneficios mediante impuestos, pues aquí los Gobiernos del PSOE ni eso. Por eso me reafirmo en que el PSOE es hoy un partido social-liberal.

Y la gente a la izquierda del PSOE, socialista, socialdemócrata de todo tipo, poscomunistas, izquierdistas, ecologistas, esta izquierda castigada por una ley electoral falta de la más mínima proporcionalidad, será corresponsable de la situación, sino aparcan sus egoísmos de partido o grupo y ¡¡CONSTITUYEN YA!! UNA ALTERNATIVA DE IZQUIERDAS, abierta a toda la gente y que pueda ilusionar a todos los que, desencantados o no, nos reclamamos de izquierdas, ecologistas, federalistas y todos los demás “istas” de progreso.

El copago generaría desigualdad y ésta la ruptura del SNS…

El copago generaría desigualdad y ésta la ruptura del SNS…

España destina a salud menos que sus socios europeos

28/08/2011 Luis Fernández, Oviedo, en La Voz de Asturias

Pese a algunas discrepancias, el modelo sanitario español está bien valorado tanto por profesionales como por pacientes. Aunque son muchas las voces críticas con la inclusión del copago, una de las más conocidas es la de Carlos Ponte, el portavoz de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública.

El facultativo aporta una serie puntos para desmontar la conveniencia de que los ciudadanos paguen por utilizar el servicio público sanitario. Sus argumentos se centran especialmente en el copago por consulta. En su opinión, se trata de “un instrumento ciego, ya que es el paciente el que decide si ir o no al médico. Además, considera que esta medida “disminuye la demanda en función del precio”, motivo por el que cobra repercusión la clase social. Esto es, afecta a los de menos poder adquisitivo con los mismos problemas de salud.

Con este modelo, el paciente es el que se encarga de hacer un primer diagnóstico, ya que es el que decide la conveniencia o no de acudir al médico. Para referirse a este aspecto, Ponte señala “el riesgo de no identificar oportunamente un problema de salud” un problema que “se traduce en mayores costes”. En este caso se produce una situación paradójica, ya que “se puede aumentar el gasto”.

Modelo sanitario español

La crisis económica es la que ha puesto en tela de juicio un modelo sanitario que lleva funcionado varios años en España. La necesidad de recortar gastos ha puesto en el punto de mira de varios sectores el modelo de gestión actual.

Por este motivo es necesario explicar la situación de España en el contexto actual. No se puede hablar de gasto sin hablar de recursos. Los ingresos por impuestos en la Unión Europea de los 16 es del 40,2% del PIB, un porcentaje 8 puntos por encima de la de España, que es del 32%.

Además, el gasto sanitario en España es del 6,7% del PIB, más bajo que el de la media de los países de la OCDE es del 7,4%. Estos datos sirven para proponer alternativas, ya que la presión fiscal en España es menor que en el resto de países de su entorno y, por lo tanto, un aumento de la carga impositiva, o al menos de la partida destinada a los servicios sanitarios, podría servir para mantener la situación actual.

De este modo se evitaría introducir el copago, una medida que aumentaría las diferencias sociales.

Un claro no a cualquier tipo de recorte en sanidad…

Un claro no a cualquier tipo de recorte en sanidad…

Sanidad, ¿quién copaga?

La necesidad de mantener un pilar básico del Estado del bienestar

Por MARÍA LUISA CARCEDO, PRESIDENTA DE LA AGENCIA ESTATAL DE EVALUACIÓN DE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS Y LA CALIDAD DE LOS SERVICIOS

Las insistentes voces reclamando recortes, «cambios» o medidas urgentes en el Sistema Nacional de Salud basan su argumento en su insostenibilidad económica, dicen, debido al envejecimiento de la población, a los abusos de los usuarios o al uso masivo por inmigrantes. Los más razonables aducen los problemas derivados de la crisis económica, la presión de los mercados y la caída de la recaudación. Estos mismos argumentos sirven también para reclamar recortes en todos los servicios y prestaciones del Estado del bienestar.

Para empezar, conviene aclarar que el Estado del bienestar no es una suma de gasto en prestaciones sociales. En absoluto. Es una forma de organización de la sociedad y requiere la asunción colectiva y también subjetiva de participación en una forma de convivencia cuyo principal resultado es la seguridad en el amplio sentido de la palabra (desde la seguridad pública a la social, la económica y también ambiental) y la igualdad de oportunidades. Requiere, por tanto, de un consenso básico, clave para garantizar la democracia y el desarrollo. Se concreta en una forma de intervención social y económica del Estado a través, fundamentalmente, de servicios públicos. Conviene recordar también que sólo el 25% de los países del mundo disfruta de algún tipo de Estado del bienestar y son, precisamente los más desarrollados.

La situación de crisis económica es ahora la principal justificación para proponer recortes. Machaconamente escuchamos reclamar de los estados, sin ningún rubor, medidas de copago sanitario entre otras «reformas», el eufemismo al uso para referirse a recortes sociales. Este argumento merece un análisis más profundo que no es el objeto de este escrito, pero sólo un apunte clarificador: uno de los países con mayor nivel de protección social y con un Estado del bienestar más desarrollado es Suecia. Pues bien, hace a penas una semana se publicaban los datos sobre deuda pública de los países de la OCDE. Según Eurostat, el país con menos deuda pública en porcentaje del PIB en el año 2010 fue precisamente Suecia, con un porcentaje del 39,76 de deuda pública frente a un 223% de Japón o un casi 92 % de EE UU. La media de los países de la UE-27 fue del 80,20%.

Quizá por ser el servicio público con mayor impacto social y económico, la sanidad suele ser la diana de cuantos, tijera en mano, están prestos a acabar con todo lo que signifique, en el concepto neoliberal, gasto social. Y no faltan los salvadores del modelo que argumentan que la única forma de garantizarlo es estableciendo alguna forma de copago y una dieta de adelgazamiento para sanarlo, cual curanderos con sanguijuelas para curar las anemias.

Por otra parte, las embestidas contra la sanidad pública no son una novedad de este momento, sino que aprovechan la situación de crisis para renovarlas. Recortes, privatizaciones y copago se plantean periódicamente por quienes ven en los servicios sanitarios una oportunidad de negocio y, sobre todo, por quienes plantean un modelo de sociedad en el que el Estado tenga un papel mínimo y sean los ciudadanos quienes deban procurarse la adquisición como consumidores de los servicios esenciales: la máxima de los planteamientos neoliberales surgida en la década de los setenta y que tan devastadores efectos tuvo en los países víctimas de su experimento, de forma singular Iberoamérica y con importantes consecuencias en los EE UU de Reagan y Bush y el Reino Unido de Margaret Thatcher.

La primera cuestión que intencionadamente se ignora en este razonamiento es que el sistema sanitario es mucho más que un servicio de atención a la salud. Es un potente instrumento de justicia y cohesión social, a la vez que favorecedor de la vertebración territorial. Y cabe preguntarse: ¿cuánto cuesta la cohesión social en un país? Conviene recordar, por otra parte, que el gasto sanitario por persona en España es de los más bajos de los países de la OCDE. En términos de poder paritario de compra, el gasto público por persona y año en España es de 2.105 dólares, unos 1.480 euros, mientras que la media en los países de la UE-15 es de 2.675 dólares. La primera conclusión que podemos admitir es que el Sistema Nacional de Salud (SNS en adelante) español es de los menos costosos de los países de nuestro entorno.

Como es conocido, la sanidad se financia, desde la entrada en vigor del sistema de financiación autonómica del 2001, íntegramente a partir de los Presupuestos Generales del Estado. Por lo tanto, es un sistema que cofinanciamos todos los españoles con nuestros impuestos y con la mayor participación del IRPF y del IVA (tributos de mayor cuantía incluidos en el sistema de financiación autonómica). Dicho sea de paso, la población inmigrante, que se esgrime como uno de los lastres del sistema, contribuye a su sostenimiento ya que está obligada a pagar estos tributos según su consumo y su nivel de renta. La segunda conclusión evidente es que la sanidad española la copagan todos los ciudadanos a través de los impuestos establecidos. La cuestión relevante es que uno de los impuestos con mayor participación en su financiación (el IRPF) es de carácter progresivo y, por tanto, redistributivo.

Quizá la característica más destacable de los modelos sanitarios de países con Estado del bienestar sea su acceso universal. En España, la ley General de Sanidad del año 1986 reguló las características de nuestro SNS, su carácter universal y las condiciones de acceso, de igualdad para todos los españoles. También, la citada ley definió el alcance de la atención a la salud, calificándola de integral; es decir, no sólo es curativa, sino que alcanza la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad, su curación y la rehabilitación. De forma que en esta definición está seleccionando la población-diana de los servicios haciendo efectivas las prestaciones que protejan la salud de los españoles, según el derecho constitucional. Por tanto, no va dirigido sólo a enfermos, sino a la población general.

En estas condiciones, por la alta calidad en la atención lograda y la profesionalidad demostrada por el personal sanitario, la sanidad es el servicio público del bienestar mejor valorado por los españoles, y el segundo, detrás del transporte, si consideramos todos los servicios públicos. Precisamente, en los dos años largos que llevamos de crisis, ha mejorado la valoración del servicio por los españoles, situándose la satisfacción global en cerca del 70% de personas satisfechas o muy satisfechas con la sanidad pública. En Asturias alcanza el 80%. La cuarta conclusión rotunda: alta valoración y satisfacción de los españoles con la sanidad pública, que aumenta en momentos de crisis.

Pero si hablamos de hipotéticos recortes en el gasto público, los ciudadanos admiten que en momentos con escasez de recursos se pueda recortar en casi todas las políticas, salvo en sanidad, educación y pensiones. Por tanto, en las políticas esenciales del Estado del bienestar. En el caso de la sanidad, el 97% de los españoles en el 2010 están en contra de recortes y el 92% en la educación. Quinta conclusión: los españoles están en contra de recortes en la sanidad pública, más en situación de crisis.

En conclusión, teniendo en cuenta que el sistema está cofinanciado con los impuestos de los ciudadanos, que la población a la que van destinados los servicios es la población general y que existen varios niveles de responsabilidad en el diseño, gestión y prestación de los servicios sanitarios, la tarea de lograr la mayor eficiencia para la sostenibilidad del sistema corresponde, en primer lugar, a los políticos, con capacidad de actuar para dotarlo de recursos, reglas e instrumentos útiles para su eficacia y sostenibilidad (leyes y normas); a los gestores económicos, para lograr la máxima eficiencia (gestión eficiente), y a los profesionales, la buena administración de los recursos puestos a su disposición (gestión clínica, actividad profesional, prescripción).

A los ciudadanos no les corresponden las decisiones en la generación del gasto. Les compete la utilización responsable de centros y prestaciones sanitarias, y deben contribuir activamente a su defensa y mejora. En un sistema democrático, los ciudadanos son los receptores de los servicios pero a la vez son los dueños y protagonistas de su existencia y alcance. En España se pronuncian con rotundidad por su mantenimiento y en contra de cualquier recorte.

Por lo tanto, en el actual sistema sanitario copagamos todos los ciudadanos españoles porque todos somos beneficiarios de sus servicios.

Y, en el futuro, ¿se pretende que paguen más los enfermos, precisamente los ciudadanos en situación más complicada o desfavorecida de forma puntual o crónica o aquellos que pasan por momentos vitales que requieren mayor uso como embarazo, parto, infancia , vejez, etcétera?

Se estaría atacando a uno de los efectos más tranquilizadores, para los ciudadanos, del sistema sanitario: la seguridad ante la enfermedad, independientemente de condición económica, social o lugar de residencia.

En modo alguno se puede arriesgar este gran logro social.

No es una cuestión sólo de forma, que también, sino de fondo…

No es una cuestión sólo de forma, que también, sino de fondo…

NO A ESTA REFORMA CONSTITUCIONAL

El socialista Antonio Gutiérrez: el texto es un disparate "peor" de lo esperado

MADRID, 26 Ago. (EUROPA PRESS) -

El diputado del Grupo Socialista en el Congreso y exsecretario general de Comisiones Obreras (CCOO), Antonio Gutiérrez, considera que la redacción final de la reforma de la Constitución para imponer la estabilidad presupuestaria es "peor de lo que cabía esperar", por lo que ha confirmado este viernes que votará en contra cuando se debata en el Pleno de la Cámara Baja.

"Meter un principio como el de estabilidad presupuestaria en la Constitución y hacerlo de esta manera me parece un verdadero disparate, una involución constitucional. Considero que es un profundísimo error", ha subrayado en una entrevista en Cadena Cope recogida por Europa Press.

Además, el presidente de la Comisión de Economía del Congreso sostiene que la reforma constitucional supone un "revés muy serio" a todos los socialistas europeos y va a comportar "de propina" el suicidio del PSOE.

"EL PP SE VERÁ ENCORSETADO"

Igualmente, ha avisado de que, cualquier partido que gobierne España, incluso el PP que hoy "aplaude" la reforma de la Constitución, se verá "encorsetado" y muy "incómodo" con la reforma que se va a aprobar.

"El PP tendrá la salida recurrente y fácil que le brinda Zapatero, decir que esto es un mandato que viene de un gobierno socialista, con lo que además el debate político próximo de España va a estar bastante mortecino", ha agregado.

A su juicio, la reforma solo avala un estereotipo "falso" e "injusto" que ha utilizado la canciller alemana, Angela Merkel, lanzando el mensaje de que los griegos, los españoles y los portugueses son 'despilfarradores'.

En ese contexto, se ha mostrado partidario de un referéndum acerca de la reforma constitucional ya que considera "lógico" y "normal" que sea sometido a una consulta popular. Sin embargo, ha explicado que lo más importante es "objetar el fondo", que la gente entienda que esta reforma es un auténtico "dogal" (cuerda para ahorcar al reo) para muchas generaciones e instituciones futuras en nuestro país.

ADMITE QUE NO REPETIRÁ CON EL PSOE

Gutiérrez, que no milita en el PSOE, ha dado por hecho que no repetirá en las listas de este partido en las generales del 20 de noviembre puesto que no ve en este proyecto una forma de seguir defendiendo sus ideas.

Y es que, según ha explicado, sus discrepancias no se limitan a la reforma constitucional pues también piensa votar en contra del decreto ley anunciado por el Gobierno para el límite de contratación temporal para menores de 30 años. En su opinión, es una reforma "muy negativa" para nuestro país.

"Hoy el Consejo desviste todos los preámbulos de la reforma laboral, el discurso que generaron en torno a ella de que iba a servir para acabar con tanta precariedad, para fomentar la estabilidad de empleo y para evitar la sangría de despidos. Nada de esto se ha cumplido y encima hoy la van a reformar para contradecirse aun más", ha asegurado, recordando que ya se abstuvo cuando se tramitó la reforma inicial.