Blogia
La información es la base de tu opción ... y nosotros nunca te la ocultamos.

OPINION

La historia, el pasado que no debemos olvidar, ayuda a explicar el presente y a prevenir el futuro … sólo hay que tenerlo presente

La historia, el pasado que no debemos olvidar, ayuda a explicar el presente y a prevenir el futuro … sólo hay que tenerlo presente

Una democracia secuestrada: consideraciones acerca de la crisis
Por Pedro Luis Angosto
nuevatribuna.es
No nos iremos muy lejos en el tiempo para hablar de lo que ha pasado en este país en otros periodos en los que el pueblo se sintió decepcionado de la clase política y, contrariamente a sus deseos, tuvo que conformarse después con sanguinarios gobiernos militares o corruptos gobiernos oligárquicos. En 1812 –el año que viene se cumplirán dos siglos- España fue uno de los primeros países del mundo en aprobar una constitución liberal, una constitución que nació como respuesta a la invasión francesa pero que también fue hija de la revolución acaecida en ese país veinte años antes y del repudio al absolutismo borbónico. Aún así, aquella norma fundamental reconocía como rey a Fernando VII siempre que mostrase públicamente su acatamiento. Al no haber llegado a ejercer como rey debido a su estancia en Francia bajo el cuidado de Napoleón, en torno a Fernando VII se fue tejiendo una leyenda de bondades que muy pronto él mismo se encargaría de desvanecer con toda contundencia. El 14 de marzo de 1814 regresó a España por Valencia. Requerido por varios diputados a que jurase la Constitución, el rey se negó, apoyándose en las tropas del general Elio para volver a Madrid en olor de multitudes y proclamar de nuevo el absolutismo. Las reformas liberales desaparecieron, se cerraron las universidades y se persiguió brutalmente tanto a los afrancesados como a los diputados de Cádiz. Había llegado “El Deseado”. En 1820, la sublevación de Riego dio pie al Trienio Liberal. En vez de ajusticiar al rey por felón, los revolucionarios le ofrecieron de nuevo la posibilidad de jurar fidelidad a la Constitución, cosa que hizo dejando para la posteridad una de las frases más cínicas de la historia de la infamia: “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”. Mientras los liberales intentaban acabar con el antiguo régimen y poner en pie las primeras piedras del nuevo Estado, Fernando VII, que aparentaba acatar la Constitución, negociaba con la Santa Alianza la invasión de España y la restauración del absolutismo, cosa que consiguió en 1823 con la llegada de los Cien mil hijos de San Luis y la colaboración imprescindible de los absolutistas españoles. Entre 1823 y 1833, España se vestiría de nuevo de sangre y de luto en una de las décadas más terroríficas de su historia. A los absolutistas nunca les ha temblado el pulso.
En 1868, al mando del general Topete y al grito de ¡Viva España con honra!, se sublevaron los marineros de Cádiz, la reina Isabel II tuvo que exiliarse y el poder quedó interinamente en manos de los generales Serrano, Prim y Espartero, quienes buscaron por toda Europa un rey constitucional: Amadeo de Saboya. Su reinado fue corto y en 1873 se proclamaba la I República española. La debilidad de la burguesía española, la contraposición de intereses y, sobre todo, la división entre las fuerzas progresistas y la unanimidad entre las moderadas y reaccionarias, hicieron que la República fracasase dando pie a la Restauración borbónica tras los golpes de Estado de Pavía y Martínez Campos. Nacía así un sistema corrupto por esencia que, ideado por Cánovas del Castillo –“es español el que no puede ser otra cosa”, llegó a decir-, sometió a España al gobierno de la oligarquía caciquil para suicidarse con la dictadura de Primo de Rivera. La proclamación de la II República fue acogida por el pueblo español con un entusiasmo pocas veces visto, pero las fuerzas de la reacción seguían tan intactas como unidas y conservaban el poder de facto: Ejército, policía, iglesia y dinero. Las reformas republicanas, que nada tenían de revolucionario, chocaron desde el primer momento con el rechazo frontal y amenazador de quienes siempre tuvieron el poder. De modo que en agosto de 1932 –quince meses después de la instauración del nuevo régimen-, el general Sanjurjo y un numeroso grupo de mandos y oficiales se sublevaron contra la República. El movimiento fracasó y sus dirigentes fueron condenados a muerte o cadena perpetua. Pudo ser una ocasión para cambiar nuestra historia definitivamente, pero los políticos republicanos se negaron a aplicar con rigor la ley a quienes habían atentado contra ella, dando, otra vez, a ojos de los protagonistas africanistas, una muestra de debilidad que pagaríamos todos con creces. Divididas las izquierdas, con las estructuras reaccionarias de socialización intactas y las otras sin terminar de cuajar, con los militares africanistas envalentonados y la oligarquía dispuesta a todo, en noviembre de 1933, gracias a las prédicas de la iglesia, al restablecimiento de las redes caciquiles de “persuasión”, a la situación económica internacional y a la penetración de los monárquicos en el Partido Radical, triunfó la derecha antirrepublicana. La II República empezó a morir en noviembre de 1933, pero todavía le quedó resuello para protagonizar en solitario tras el golpe de Estado 17 de julio de 1936 una gesta que pocos pueblos pueden presentar: Resistir a la división interior, al ataque de los militares africanistas, de los mercenarios marroquíes, a la Iglesia romana, al nazi-fascismo europeo y a la pasividad de las grandes democracias durante tres años. Después, llegó otro deseado, el más sanguinario, mediocre, inculto y dañino de cuantos nos han gobernado: Conviene no olvidarlo para saber de dónde vienen muchos de los problemas que hoy nos atañen gravemente.
Con la nueva restauración borbónica en la persona de Juan Carlos de Borbón y las turbulencias de la transición, es necesario recordar y reconocer lo que costó sacar entonces las cosas adelante, hubo de acometerse una segunda transición en los años ochenta, tras el golpe de Estado de 1981, la que dejase fuera de juego a las personas y partidos que mostrasen veleidades franquistas o hubiesen participado en gobiernos, instituciones y chanchullos franquistas. No se hizo y volvimos a chocar con la misma piedra. Nos encontramos de nuevo con las fuerzas reaccionarias y de la derecha en general más fuertes que nunca, orgullosas de su pasado y dueñas de nuestro futuro, dominando los medios de comunicación y de socialización y dispuestas a vaciar de contenido la democracia imponiendo los hábitos políticos, sociales y económicos heredados de la dictadura y reduciendo a la mínima expresión el Estado del bienestar, tan reciente entre nosotros. Al mismo tiempo, la izquierda se encuentra desarbolada, primero porque ha perdido la base social que es su razón de ser: Encriptada, sus mensajes ni sus ejemplos calan; en segundo lugar porque hay una crisis mundial que tiene una vertiente española provocada por esa misma derecha –la burbuja inmobiliaria y la paralización del crédito- a la que no se puede responder desde un solo país, cosa que parece no queremos entender la mayoría. Consecuencia de esta situación, es la desafección creciente –otra vez más- de la población ante la clase política y una confusión que en nada nos beneficia y que puede llevarnos por enésima vez del populismo demagógico al neoliberalismo más salvaje.
Para evitar esa situación, es menester tener las cosas lo suficientemente claras y dirigir las protestas hacia el lugar preciso, siendo conscientes de que quienes idearon la burbuja inmobiliaria y desregularon el mercado financiero, o sea los gobiernos de Aznar, Rato, Rajoy y compañía, jamás harán otra política diferente a la que en aquellos tiempos hicieron y que trajeron estos lodos. Hay que saber quiénes causaron la enfermedad para aplicar el tratamiento correcto:
1. Los hábitos corruptos del franquismo que siguen impregnando nuestra economía y, por ende, nuestra democracia: Amiguismo, clientelismo, especulación, cutrerío, clasismo, información privilegiada, amoralidad e impunidad.
2. Wall Street, la City londinense, la política económica impuesta por Ángela Merkel y el esclavismo chino.
3. Los gobiernos ultraconservadores de Aznar –de los que formó parte Rajoy- con su ley del suelo y su permisividad ante la política crediticia disparatada de los bancos.
4. Jaime Caruana, director del Banco de España hasta 2006, y Miguel Ángel Fernández Ordóñez, director a partir de esa fecha, quienes debieron haber advertido y prohibido a la banca esas prácticas crediticias suicidas.
5. Los bancos y cajas en su totalidad, sus dueños, consejeros y altos ejecutivos, que ofrecieron dinero para especular muy por encima de sus posibilidades y tienen hoy paralizado el crédito debido al enorme stock de suelo y viviendas en su poder, sometiendo a todo el país a su interés particular.
6. Los empresarios que dejaron su actividad habitual para dedicarse a hacerse ricos en cuatro días descapitalizando sus empresas para invertir en el ladrillo.
7. Las nuevas tecnologías que están siendo aplicadas para destruir millones de puestos de trabajo en vez de servir para disminuir la jornada laboral y repartirlo.
8. Los ciudadanos que se endeudaron muy por encima de lo que permitían sus sueldos gracias a la política de créditos fáciles y a la mentalidad de nuevo rico instaurada por el gobierno Aznar, la banca y los medios de comunicación afines.
9. Los grandes especuladores y financieros de un mundo en el que la globalización y el libre movimiento de capitales permiten estafas globales sin coste penal ni monetario alguno.
10. Las instituciones económicas de la Unión Europea y mundiales empeñadas en desarmar el Estado del bienestar, en privatizar todo lo público, en ahogar a los países más endeudados a causa de la gran estafa y en dictar draconianas medidas contra los trabajadores, únicos paganos verdaderos de este gigantesco estropicio.
11. Y, por último, el actual gobierno español que no ha actuado penalmente contra quienes provocaron la crisis ni ha sabido explicarla adecuadamente a los ciudadanos.
Es, a nuestro parecer, contra esas personas, esas instituciones y esos hábitos contra los que hay que actuar y movilizarse, evitando generalizaciones que otorguen a todos iguales responsabilidades, porque además de ser una falacia –el actual gobierno lo ha hecho mal en muchas cosas pero en absoluto tiene que ver con la génesis de la crisis- nos lleva inexorablemente a la demagogia populista y a entregar el poder a los verdaderos causantes de esta situación, lo que aparte de ser una terrible paradoja, supone regresar al pasado y meternos de lleno en la boca del león.

Tercera indignación

Tercera indignación

El movimiento ciudadano surgido en mayo mantiene su capacidad  de convocatoria

El País. 20/06/2011

 Por tercera vez en pocas semanas, los indignados han vuelto a marchar por las principales ciudades españolas, y también en algunas europeas. El movimiento surgido poco antes de las elecciones municipales ha demostrado que sigue manteniendo una importante capacidad de convocatoria, no solo entre los jóvenes, sino entre los ciudadanos que se sienten perjudicados por los efectos y por la gestión de la crisis económica. También deja patente el carácter no violento de las protestas.

Los indignados se reafirman con una movilización masiva y en paz por toda España

El 15-M se reafirma en paz en toda España

El clima pacífico en el que los miles de manifestantes recorrieron las calles demuestra el error político de intentar criminalizarlos, describiéndolos como cómplices, o incluso integrantes, de grupos que practicarían la kale borroka o la guerrilla urbana. Esto es lo que hicieron la pasada semana el consejero de Gobernación del Ejecutivo catalán, Felip Puig, además del propio presidente de la Generalitat, Artur Mas. Arrojar sospechas de trazo grueso sobre la totalidad de los ciudadanos que participan en las protestas no servirá, más tarde o más temprano, para seguir ocultando la principal evidencia hasta el momento: que es en Cataluña, y solo en Cataluña, donde han tenido lugar incidentes graves. Las únicas explicaciones posibles serían, o bien que el fenómeno de los indignados solo ha generado brotes de violencia en la comunidad catalana, o bien que la gestión del Gobierno de Artur Mas ha sido incorrecta, o ambas cosas a la vez. El consejero Puig sigue debiendo una explicación detallada de las decisiones que adoptó.

Defender el derecho de unos ciudadanos a manifestarse no es lo mismo que avalar sus posiciones y sus consignas. El Pacto del Euro alcanzado por el Consejo Europeo en marzo conllevará sacrificios en los países de la eurozona cuyas economías estén en peores condiciones a la hora de obtener financiación internacional para su deuda. España se encuentra entre ellos, sin que, llegados a este punto de debilidad, ni el actual Gobierno ni ningún otro disponga de margen para evitar una política de austeridad.

Los indignados se sienten perjudicados, y con razón, por el reparto de costes que supone esa política. No es un panorama halagüeño, pero es el que tendrán que resolver los responsables políticos tratando de encajar los distintos intereses. También los que invocan los indignados cuando, amparados por sus derechos y dentro de la ley, salen a las calles.

Análisis, por BALTASAR GARZÓN…

Análisis, por BALTASAR GARZÓN…

“Indignadanos”

19/06/2011, en La Voz de Asturias

Hace unos días, alguien me preguntaba por qué algunas palabras que están en el léxico popular y que definen relaciones humanas o acontecimientos no aparecen en los diccionarios, como sucede con la que titula este artículo. La razón radica en que la evolución de la sociedad suele ir por unos cauces diferentes a los de la oficialidad de las reglas que nos rigen, si bien antes o después la realidad de las cosas termina por imponerse a la formalidad de las mismas.

El 15 de mayo surgió en España un movimiento que, con mayor o menor fuerza, se ha extendido a otros países. La indignación popular que venía fraguándose desde hacía tiempo cristalizó en este movimiento que, representándonos a todos, despedía la fragancia de lo nuevo, la convicción de la razón y el civismo de su demostración. Era un plante surgido de una sociedad que cuestionaba y cuestiona muchos de los clichés que el mundo de la política tiene establecidos.

Los asamblearios acampados en la Puerta del Sol madrileña comenzaron pronto a ser un estorbo para la "buena y normal" ciudadanía. Habían pasado las elecciones del 22 de mayo y la presencia constante en las calles y plazas de las principales ciudades era una molestia, cuando no una provocación. El desenlace se preveía inminente, como también lo era la acción de los que habían aprovechado el movimiento para reventarlo desde dentro. Los de siempre, los mismos que unas veces actúan bajo la marca de violencia callejera, otras de los neonazis o de los "radicales antisistema", o de quién sabe qué.

La escenificación de la actuación de unos y de otros se desarrolla en una forma perfectamente previsible y por eso demasiado sospechosa. El cebo de las concentraciones ante las instituciones de representación democrática ha sido tan evidente como burdo, y los componentes del movimiento, incluidos los verdaderos paladines, han sido cazados. Su crédito ciudadano y rebelde ha sido robado por quienes estaban esperando que la caída se produjera.

Hoy las calles se llenan de indignación activa y pacífica; a este movimiento están llamados los demócratas

Ahora todo vuelve a ser como antes. Hay que acabar con la revuelta; no se puede consentir que se cuestione el sistema, como si este fuera inalterable. De nuevo se elude la respuesta y el hacer frente a la situación denunciada. Pero seríamos demasiado torpes si esta situación fuera aceptada sin más condiciones. Sería muy triste que el esfuerzo y el empeño de miles de ciudadanos desaparecieran en la nostalgia y en la descalificación por la acción de unos pocos. Los indignadanos son, no los que persiguen o golpean a los políticos, sino los que exigen cuentas y explicaciones a los mismos; no los que arrojan pintura a los diputados o les agreden, sino los que denuncian la inacción de los mismos ante la crisis económica; no los que impiden que un Parlamento se reúna, sino los que hacen que los diputados no dejen el debate hasta solucionar los problemas de la sociedad a la que han jurado o prometido defender.

Son los que hoy, 19 de junio, reaccionan y se manifiestan en las calles de múltiples ciudades españolas y europeas para denunciar la inactividad de muchos políticos más ocupados en resolver riñas y querellas particulares que en sacar a la sociedad de la miseria moral en la que la maldad y la dejadez la han puesto. Son todos aquellos que han compartido la frustración y ahora desean alcanzar la esperanza de recuperar esos derechos esenciales, y entre ellos uno trascendental, el derecho a la felicidad, y otro, social, el derecho a participar y a decidir.

Hoy, las calles se llenan de indignación, pero de una indignación activa, democrática y pacífica. A este movimiento que hoy ocupa las calles y avenidas están llamados todos los demócratas que tanto lucharon por recuperar una democracia secuestrada durante 40 años de dictadura y todos los que la han consolidado; están llamados quienes, a pesar de las adversidades y de quienes se aprovechan de la ruina de los justos, quieren y son capaces de cambiar el mundo día a día; y están llamados quienes, además de estar indignados, han dicho "basta" y han decidido ser protagonistas por encima de toda la caterva de mediocres y agoreros que, desde la caverna de la intolerancia, tan sólo saben moverse en el cuenco de su mano, ajenos a los cambios que se están produciendo en el mundo.

Hoy, nuestra voz de indignadanos debe acompañar a todos/as aquellos/as que, a riesgo de sus vidas y de la pérdida de otros derechos fundamentales, se rebelaron a lo largo de la historia frente a los acontecimientos más adversos y violentos como el absolutismo o el fascismo, sea este franquista, nazi o mussoliniano; frente a las dictaduras genocidas, sean estas como las de Chile y Argentina o las modernas que masacran a miles de personas; frente al terrorismo o la violencia del Estado. Pero también quiero unirla a la de millones de ciudadanos indignados que salen a la calle, en forma pacífica, porque no están de acuerdo con lo que está sucediendo, con el modo de gestionar la cosa pública, con el modo de hacer política, con el cinismo de los que nos dirigen y gestionan la economía y que han sido los culpables de la situación en la que nos encontramos.

Es más evidente que nunca que la democracia real no puede limitarse a la mera consulta electoral cada cuatro años

Hoy más que nunca ha quedado evidenciado que la participación ciudadana, la democracia real, no puede ni debe circunscribirse a la mera consulta electoral cada cuatro años. Todos debemos asumir que el mundo ha cambiado, que el siglo XXI ha revolucionado para siempre los viejos mecanismos de participación política. Lo estamos viendo en varios países y lo veremos en muchos más, en los que la fuerza de la comunicación a través de la red está siendo fundamental, otorgando una nueva dimensión a la fuerza política de los movimientos reales que no se puede obviar con el mantenimiento de mecanismos burocráticos de interposición que dificulten la relación bidireccional entre los ciudadanos y sus representantes.

El reto como indignadanos es hacer que este diálogo sea posible y efectivo, o lo que es lo mismo, que tenga capacidad de decisión, o no habrá comunicación. Pero también resulta evidente que el camino de la contestación irracional y violenta, además de atacar a la esencia del sistema democrático, socava al propio movimiento. Tales exponentes deben ser expulsados si no aceptan las reglas de la tolerancia, la diversidad y la fuerza de la palabra como únicas vías de expresión de este movimiento y de su configuración política.

Este 19 de junio viene cargado de indignación. Un sentimiento que no es ajeno en la historia de la humanidad y que, por azar o no, hizo que ciudadanos franceses indignados decidieran, este mismo día de 1790, desde la recién estrenada Asamblea Constituyente, la supresión de la nobleza hereditaria. Algo que puede parecer menor, pero que dio vida al más puro sentimiento republicano igualitario de una sociedad que hasta ese momento era el crisol de los privilegios y de la desigualdad y que amanecía a la realidad de un nuevo mundo más justo.

Es la indignación que sintieron los ciudadanos de todo el mundo cuando el 19 de junio de 1953 fueron ejecutados en la cárcel de Ossining en Nueva York, tras ser condenados sin pruebas convincentes, Julius y Ethel Rosenberg. Aquellos supuestos espías fueron víctimas de la cruel caza de brujas que encabezó el senador McCarthy. La frase que dejó escrita Ethel antes de morir está llena de indignación: "La historia nos recordará a mi esposo y a mí como las primeras víctimas del fascismo americano". Eran tiempos oscuros, pero no tan lejanos, porque, como dijera Camus, el bacilo de la peste (el fascismo) anida en cualquier madera vieja de una casa y puede revivir mucho tiempo después y acabar con una ciudad dichosa.

Indignados nos sentimos las personas de bien aquel 19 de junio de 1987 cuando ETA asesinó a 21 personas en el atentado de Hipercor en Barcelona. La sinrazón del terrorismo produce vergüenza y el rechazo a la violencia de todo tipo es la mejor expresión de esa indignación por una lacra que esperamos y deseamos se destierre para siempre.

Los acontecimientos de estas semanas nos enseñan que nada es inmutable y que muchas cosas se pueden y se deben cambiar a partir de experiencias muy distintas y de expresiones coincidentes de rebeldía y protesta, de responsabilidad y compromiso. Pero los desafíos suelen ser plurales y diversos como los esfuerzos para encontrar las respuestas. Por eso, si bien es cierto que, como dice el aforismo africano, el desierto se puede cruzar solo, es más seguro y fiable hacerlo acompañado.

Movimiento del 15-M…

Movimiento del 15-M…

Democracia real, desde abajo, sin siglas y sin jefes

Por José Manuel Naredo y Tomás R. Villasante

Todos hemos sido desbordados. A muchas personas nos han alegrado la cara los movimientos generados desde el 15 de Mayo. No tanto por las reivindicaciones que diversas plataformas ya habíamos lanzado desde distintos ángulos, sino por el estilo “desde abajo” de personas realmente indignadas y sin el afán de protagonismos de siglas o de líderes. No es nueva la cosa, pues recordarán que en las manifestaciones contra la guerra las cabeceras y siglas fueron desbordadas por la propia gente que salía de todas partes. Movilizaciones como V de Vivienda o Juventud sin Futuro también han llamado con formas anónimas (sin lideres conocidos) resaltando más el contenido de lo que se exige. En este caso el llamamiento por una Democracia Real, no muy concreto inicialmente, se ha ido concretando después con una multitud de asambleas, grupos de trabajo y comisiones, que ha ido construyendo de “abajo a arriba”. Tal como suelen hacerlo la mayoría de movimientos sociales transformadores y eficientes, primero la indignación que nos une, y desde esa base unitaria construir las reivindicaciones para cambiar la situación.

En algunos llamamientos en que hemos estado (como el de Mesas de Convergencia y otros) también se trataba de organizarnos por barrios y pueblos a titulo personal y priorizando la unidad de acción sobre los debates ideológicos que nos pudieran separar ante las crisis que padecemos. Pero por suerte hemos sido desbordados por los movimientos desde abajo, desde la acción. Incluso las plataformas como Juventud Sin Futuro o Democracia Real Ya, también han sido desbordadas y hasta las acampadas lo han sido por la descentralización hacia barrios y pueblos. Nos parece que lejos de que cada plataforma, mesa o movimiento reivindique de nuevo sus diferencias, todos debemos contribuir a la construcción colectiva que está en proceso y donde podamos avanzar por la “democracia real” desde abajo, para superar “sin miedo” el estar, en buena parte, “sin curro, sin casa, sin pensión”… Sin duda cada cual se siente a gusto en su movimiento, plataforma, foro o mesa, y no va a abandonar a los de su confianza de años, pero ahora tenemos la gran oportunidad de remar desde diferentes barcos para que avance una gran flota, pacífica pero contundente, que pueda doblegar el bipartidismo que nos gobierna, e incluso la oligarquía capitalista que maneja sus hilos (por cierto cada vez más descarada y menos en la sombra).

Seguro que algunos trataran de recoger electoralmente esta marea de indignación. Pero en las elecciones locales ya quedo claro que en estos movimientos vamos más allá (un tercio votó a la derecha tradicional, otro tercio a diversas izquierdas, y otro tercio o se abstuvo o votó nulo, blanco o a opciones de castigo tradicionales). No se trata solo de castigar el bipartidismo, o de que tal partido suba dos o diez puestos, para ver qué jefe negocia con qué otro jefe. Si los partidos de izquierdas, verdes, radicales, etc. escucharan a estos movimientos, antepondrían una “plataforma de mínimos” sin lideres de partidos, o llamarían a un referendum como el de Islandia, etc. Pero no parece probable, pues ya están haciendo cuentas de cuántos diputados pueden sacar si se presentan como partidos renovados o con nuevos aires (para algunos formar “grupo parlamentario” es el gran objetivo).

Realmente estos movimientos son más de la “ciudadanía activa”, no electorales, sino para reclamar democracia participativa y de base, lo cual se sitúa en las antípodas de lo que es el juego político habitual, gobernado por el bipartidismo que propicia el presente sistema electoral. Pues este juego transcurre normalmente al margen de la ciudadanía, imponiendo decisiones y megaproyectos, con fines generalmente especulativos, que se acuerdan en sigilo entre los empresarios y políticos que mandan en cada sector o en cada municipio. A una escala más amplia, cabe recordar que la casi totalidad de las medidas y recortes adoptados con el pretexto de la crisis se decidieron, esquivando incluso el preceptivo debate parlamentario, al argüir motivos de urgencia y/o emergencia, o al pactar previamente los acuerdos en la trastienda de los partidos, hurtando a la cámara el oportuno debate. Así ocurrió, incluso con las modificaciones camufladas de los presupuestos que conllevaron las nuevas emisiones de deuda pública y las partidas adicionales de ayudas empresariales acordadas sobre la marcha. Valga esto para advertir, a la vez, lo certero y lo difícil del empeño. El objetivo de la democracia participativa tiene la virtud de desenmascarar de entrada, el actual despotismo falsamente democrático. Pero a nadie se le escapa que invertir el presente statu quo autoritario, dando cabida a una participación social efectiva en la toma de decisiones, es una tarea difícil y es una tarea que no tiene fin, pues exige una presión social continua que nunca podrá dormirse en los laurees so pena de volver a las andadas. Ha de tenerse bien presente que una sociedad dominada por esas organizaciones jerárquicas y centralizadas, ávidas de poder y de dinero, que suelen ser los partidos políticos y las empresas, jamás desembocará por si misma en una sociedad solidaria, compuesta por individuos que de verdad sean libres e iguales. Lo cual quiere decir que la democracia participativa no puede construirse con las empresas y los partidos políticos al uso, sino que necesita recurrir a otro tipo de organizaciones y de valores. Necesita anteponer la amistad a la rivalidad, la cooperación a la competencia, la solidaridad al egoísmo, el desprendimiento a la avaricia, el diálogo al enfrentamiento, la confianza a la desconfianza y el miedo, la democracia real al poder jerárquico establecido… Lo cual deja entrever la magnitud de la tarea en curso, pero lo importante es tener clara la dirección en la que hay que remar y en esto se ha avanzado mucho a raíz del 15-M.

En la propia Constitución está enunciado que los españoles podemos participar directamente (no solo a través de partidos). Pero este aspecto los partidos no han tenido interés en desarrollarlo. Apenas tuvieron lugar algunas Iniciativas Legislativas Populares que, tras pelear con muchas trabas burocráticas, se tragó en cuanto pudo el bipartidismo reinante (como la actual de la Dación en Pago, contra que los bancos se queden con las casas y encima haya que seguir pagando la hipoteca). Apenas hay 50 Ayuntamientos que hacen Presupuestos Participativos con muy pocos recursos, y que no siempre son vinculantes desde las asambleas de base descentralizadas ¡y uno de ellos fue Sta. Coloma de Gramanet, que saltó a las páginas de la prensa, por las prácticas corruptas de los mismos ediles que alardeaban de gestión “participativa”! Hay, así, que separar el grano de la paja, para distinguir esa participación de cartón piedra, meramente ceremonial, orquestada por alcaldes como Gallardón, de aquella otra que trata de ser verdadera o efectiva. La “democracia real” no es solo una nueva ley electoral o un mero gesto formal, sino que supone generalizar y agilizar las formas que, a veces, ya existen de toma de decisiones desde iniciativas de base, de procesos comunitarios participativos, de asambleas desde abajo que acuerden prioridades de los presupuestos, sistemas de rendición de cuentas, transparencia, etc. Estas formas deben impregnar el control del quehacer político y la toma de decisiones a todos los niveles con instituciones generadas ad hoc, que vayan desde lo local, hasta los niveles más agregados. Además hay sistemas de internet que estamos perfeccionando en el seno de estos movimientos para poder ir avanzando en debates y decisiones para cada tema, incluyendo los más problemáticos. Se está avanzando en el tema ecológico y el económico, por ejemplo, no solo con propuestas urgentes a corto plazo, sino con reflexiones y propuestas para cambiar el sistema e iniciar transiciones en la energía y en el control de las finanzas. En estos temas, como en el de la auto-organización, quizás “vamos despacio, porque vamos lejos”. La creatividad y el poderío social se está manifestando en estos movimientos en las formas de ir avanzando. Desde vecinos de la misma calle que no se conocían, y que ahora indignados salen juntos a manifestarse, pintar paredes o a hacer una fiesta alternativa, hasta sesudos intelectuales que se juntan con hackers para construir nuevas formas de control de la economía, la transparencia de la información y la toma de decisiones. Son momentos en que desde las diversas plataformas, foros, colectivos, mesas, etc. debemos contribuir a guardarnos las siglas en los bolsillos y remar juntos para llegar a buen puerto.

Acto organizado por el Colectivo Sociocultural «Les Filanderes», en colaboración con el Club LA NUEVA ESPAÑA, en Langreo…

Acto organizado por el Colectivo Sociocultural «Les Filanderes», en colaboración con el Club LA NUEVA ESPAÑA, en Langreo…

Luis Montes: «Hay que conquistar el derecho a morir en paz»

El médico y presidente de la Asociación «Derecho a morir dignamente» ofreció una conferencia en Sama

Langreo, J. A.VEGA, La Nueva España

Palabras como cuidados paliativos, testamento vital, eutanasia o sedación fueron escuchadas en un repleto salón de actos de la Casa de Cultura de Sama con motivo de la charla «Derechos de los ciudadanos al final de la vida» impartida por los médicos Luis Montes y Fernando Marín, presidente y vicepresidente de la Asociación «Derecho a morir dignamente». El acto, organizado por el Colectivo Sociocultural «Les Filanderes», en colaboración con el Club LA NUEVA ESPAÑA en las Cuencas, fue presentado por Rosa Lorenzo. En su presentación recordó que no es un debate nuevo en la sociedad porque ya en la Edad Media Petrarca decía que «cuando posibilitamos una muerte digna estamos honrando la vida».

Luis Montes, médico anestesista del Hospital Severo Ochoa de Leganés que fue acusado de sedaciones irregulares en un caso sobreseído, hizo un recorrido sobre el tema a lo largo del período constitucional «a partir del momento en el que fuimos ciudadanos y no súbditos». Pasó por la Ley General de Sanidad del año 1987 en la que aparece la posibilidad del paciente a rechazar tratamientos. Pero cuando se comenzó a hablar con seriedad del tema fue precisamente, en Oviedo, un año más tarde durante la celebración de un congreso en el que se plantea una ley que vaya en consecuencia con los principios de la bioética como la autonomía y la justicia. Se plantea también una nueva relación médico-paciente donde deje de haber una relación paternalista por parte del doctor. Del año 2002 al 2008 se han desarrollado las leyes sobre decreto de últimas voluntades. A principios del año 2010, Andalucía publica una ley de derechos y garantías de los ciudadanos en el proceso final de la vida a la que se han sumado este año Aragón y Navarra.

Luis Montes destacó que en esas leyes y en la nacional que se está redactando, se informa de los derechos, de la posibilidad de hacer un testamento vital y que ante el fracaso de la medicina activa se puedan utilizar tratamientos paliativos «que no consiguen la curación pero atenúan los síntomas de la enfermedad hasta el final de la vida». Además, la legislación deja claro que podremos morir sedados en la fase final, que podemos decidir morir en el domicilio o acompañado en una habitación aislada del hospital. Todo un avance que debemos mantener porque «los ciudadanos deben conquistar el derecho a morir en paz».

Fernando Martín explicó que la asociación quiere resultados. Su misión es que los derechos se puedan ejercer sin dificultades, porque «no tenemos derecho a morir». Y es que la medicina que tanto hace por nosotros se vuelve en contra al final de la vida, alargándola sin necesidad. Todos los ciudadanos tienen derecho a decidir cuándo y cómo van a acabar su vida. Por eso insistió en que «no estamos al mismo nivel de la Iglesia que quiere decidir por los demás». Tampoco defienden a algunos médicos que se plantean decidir por los pacientes. Finalizó su intervención con una reflexión en voz alta: «Quien controla la muerte controla la sumisión».

Por Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC.

Por Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC.

El porqué del declive de la Nueva Vía en el socialismo español

La socialdemocracia europea (cuya máxima expresión fue la socialdemocracia sueca) se había caracterizado durante el periodo que abarcó desde el fin de la II Guerra Mundial hasta los años setenta por su estrategia política que consistía en expandir su base electoral, basada hasta entonces en la clase trabajadora, para incluir también a las clases medias, lo cual consiguió mediante el desarrollo de programas universales (es decir, programas que cubrían a toda la ciudadanía), con expansión de derechos sociales y laborales. Tal expansión fue la base del Estado del bienestar socialdemócrata, que incluía las transferencias públicas y los servicios públicos que el estado (bien central, regional o autonómico, o municipal) garantizaba a todos los ciudadanos. El concepto de ciudadanía incluía derechos sociales y laborales. Y el Estado (como representante de la ciudadanía y a su servicio) garantizaba la universalidad de tales derechos.

A fin de mantener la lealtad de las clases medias (cuyas expectativas eran mayores que las de la clase trabajadora), este estado del bienestar tenía que estar bien financiado, lo cual requería una política fiscal progresiva, es decir, unos elevados impuestos, altamente progresivos y redistributivos, basados en una elevada población empleada. Trabajo significaba riqueza y pagar impuestos. Y de ahí la necesidad de facilitar la integración de la mujer al mercado de trabajo, mediante una amplia red de servicios de ayuda a las familias que permitieran a la mujer compaginar sus responsabilidades familiares con su proyecto profesional (además de cambiar la cultura del varón, corresponsabilizándole de las responsabilidades familiares).

La supuesta modernización de la socialdemocracia

En los años ochenta apareció una nueva sensibilidad dentro de la socialdemocracia que fue distanciándola de elementos importantes de esta tradición, presentándose a sí misma como el proyecto “modernizador”, necesario para adaptarse a los cambios en la sociedad. Su nombre varió de país en país. En Gran Bretaña se llamó la Tercera Vía y en España, la Nueva Vía. Un elemento importante de este proyecto supuestamente modernizador, fue el considerar a las clases medias como la nueva base electoral de la socialdemocracia, asumiendo que la clase trabajadora estaba desapareciendo, bien objetivamente, bien subjetivamente. Este proyecto asumía que tal clase se estaba reduciendo numéricamente debido a los cambios en la estructura social o se estaba transformando subjetivamente y dejaba de sentirse clase trabajadora para definirse y sentirse clase media. El discurso de clases desapareció en este proyecto, redefiniéndose la estructura social en ricos, pobres y todos los demás, agrupando a estos últimos como las clases medias. Así, Jordi Sevilla, uno de los intelectuales más influyentes en la Nueva Vía en su libro De Nuevo Socialismo, dedicaba su último capítulo a una crítica de mis escritos, presentándome como anticuado (en realidad, el término que utilizó fue de socialdemócrata “tradicional”) por hablar todavía de clase trabajadora cuando, según él, el proyecto socialista debía modernizarse y considerar las clases medias como las bases sociales del proyecto socialista. De ahí que el candidato José Luis Rodríguez Zapatero, el candidato a la Presidencia del Gobierno como representante de la Nueva Vía, en su discurso de presentación de su candidatura en las primarias del 2004 hablara única y exclusivamente de las clases medias como las bases del nuevo socialismo y nunca (ni una vez) hablara de clase trabajadora. Era, el suyo, un socialismo sin clase trabajadora. Éste era el elemento supuestamente modernizador. Tal candidato ganó las primarias como consecuencia del apoyo de las izquierdas (representadas por la candidata Matilde Fernández) que querían parar a José Bono, el candidato del aparato de Ferraz, sede del PSOE.

Otro elemento característico de la Nueva Vía (la versión española de la Tercera Vía) fue su distanciamiento de las políticas fiscales progresivas y redistributivas. Como subrayó Jordi Sevilla en el libro citado anteriormente “¿Alguien puede defender a estas alturas del siglo que un programa socialdemócrata debe estar a favor de más impuestos y más gasto público e introducir rigideces normativas a la economía?” (p. 37). Sólo los anticuados (como Vicenç Navarro) podrían todavía pedir tales propuestas. Para entender el significado de esta supuesta modernización y sus consecuencias, es importante recordar que España era entonces el país con el gasto público (incluyendo gasto público social que financia el escasamente desarrollado estado del bienestar español) más bajo de la UE-15. Y después de siete años de Nueva Vía continúa siéndolo.

La desaparición del compromiso redistribuidor del estado en esta modernización

Es importante recordar que el Sr. Pedro Solbes, ex ministro de Economía del primer gobierno Zapatero, indicó al final de su mandato (2004-2008) que “la medida de la cual estaba más orgulloso era la de no haber aumentado el gasto público” (El País. 22.07.07). Las mejoras y reducción del considerable déficit social se realizaría, según Sevilla, mediante mejoras de la eficiencia de los servicios públicos, es decir, “a través de ahorros que puedan hacerse en los servicios públicos, sin los cuales no podrían pagarse las mejoras y extensión del sistema” (p. 127). Y además de ahorros, Sevilla proponía el crecimiento del aseguramiento privado (como seguros sanitarios privados) para complementar los servicios públicos, una propuesta realizada ahora por el gobierno de CiU en Catalunya. Esta propuesta significaba que en un mismo hospital público habría habitaciones privadas para los pacientes con aseguramiento privado y habitaciones públicas (con varias camas por habitación) para la mayoría de pacientes sin aseguramiento privado.

En esta nueva visión, el Estado no era un estado garantizador de derechos y asegurador de bienestar, sino un estado que corregía los excesos del sistema y cubría las necesidades de las poblaciones vulnerables, tal como señaló otro intelectual de la Nueva Vía, Miguel Sebastián. Éste, en una entrevista en El País (21.09.03) respondía a la pregunta del entrevistador sobre si confiaba en el intervencionismo público, que “en absoluto. Soy defensor de esta idea de los demócratas estadounidenses de Estado dinamizador frente a un estado del bienestar o asegurador. El poder público debe tener un papel de promotor o corrector”. Para entender el significado de lo que proponía Miguel Sebastián, hay que conocer que EEUU tiene un estado del bienestar muy poco desarrollado, con ausencia de derechos sanitarios universales, de manera tal que el 56% de las personas que se mueren en aquel país, por tener una enfermedad terminal, confiesan estar preocupadas de cómo ellas o sus familias pagarán su atención sanitaria. Cuando trabajé en la Casa Blanca en la Comisión de Reforma Sanitaria dirigida por la Sra. Hillary Clinton, nuestro sueño era precisamente alcanzar el nivel del estado del bienestar existente en Europa, con un estado no facilitador, sino garantizador de los derechos sociales y laborales. Tengo que suponer que Miguel Sebastian desconocía esta realidad estadounidense cuando escogió tal experiencia como modélica para la socialdemocracia española.

Miguel Sebastián, así como Jordi Sevilla y como su discípulo José Luis Rodríguez Zapatero, favorecieron la bajada de impuestos, bien reflejada en la famosa frase de este último de que bajar impuestos es ser de izquierdas. Esta bajada, sin embargo, fue la causa de que se creara un déficit estructural del estado que quedó oculto como consecuencia del elevado crecimiento económico debido a la burbuja inmobiliaria que dio un falso sentido de progreso y que incrementó los ingresos al estado a pesar de la reducción de los impuestos. Ahora bien, cuando la burbuja inmobiliaria explotó, apareció con toda crudeza el déficit estructural del Estado. De ahí que el gobierno de la Nueva Vía estuviera muy poco preparado para responder a la crisis. Su marco ideológico, que reducía el papel del Estado, le hizo muy vulnerable a ser cautivado por el mensaje neoliberal promovido por las instituciones de la UE (el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo) y por el FMI. Su explicación y justificación de las políticas neoliberales que ha estado desarrollando el gobierno Zapatero (desregulación de los mercados laborales, privatización y mercantilización de las Cajas de Ahorros, reducción del empleo y del gasto público y de los salarios de los empleados públicos, la congelación de las pensiones y el retraso de la edad de jubilación) han sido las mismas que utilizó la Sra. Thatcher en Gran Bretaña, es decir: No Había Alternativa Posible. “La presión de los mercados financieros” ha sido la frase más utilizada para justificar sus políticas económicas, laborales y sociales de claro corte neoliberal que la clase dominante (burguesía financiera y patronal) han deseado desde hace años, transformándose el gobierno de la Nueva Vía en el socialismo sin clase trabajadora y al servicio del mundo empresarial. Este servicio al mundo empresarial ha tenido incluso una dimensión personal. Muchos de los economistas del equipo Zapatero han terminado y/o terminarán como consultores o empleados de las grandes empresas y bancas que debieran haber intervenido y/o regulado cuando, como empleados del Estado, estaban al servicio de la sociedad.

Las consecuencias de esta supuesta modernización

Tres últimas observaciones. Aunque España continuó a la cola de la Europa Social en cuanto a gasto público social, tal gasto aumentó durante el primer gobierno del PSOE (2004-2008) y ello se debió, en parte, a la alianza informal que el gobierno realizó con los partidos a su izquierda (IU, ICV-EuiA, ERC y BNG) inspirado, en parte, por el gobierno tripartito catalán. Pero tal incremento no fue resultado de políticas fiscales redistributivas (desalentadas por el equipo económico del gobierno Zapatero), sino consecuencia del elevado crecimiento económico y aumento de los ingresos al Estado. También, y como consecuencia de la presión a su izquierda, el gobierno PSOE implementó la propuesta de establecer el cuarto pilar del bienestar, que se había incluido en el programa PSOE del año 2000 con la candidatura de Josep Borrell. En su versión original, el cuarto pilar del bienestar incluía el derecho de acceso a los servicios a las personas con dependencias y a las escuelas de infancia (versión que fue reducida en el programa electoral del PSOE en 2004 a los servicios de dependencia). Estas políticas de carácter socialdemócrata explican su victoria en el 2008.

Aquí quisiera informar al lector de una anécdota significativa. Durante el periodo 2004-2008 fui muy crítico de la política económica del Gobierno por las razones indicadas anteriormente. De ahí mi sorpresa cuando en la campaña electoral del 2008, el PSOE publicó el nombre de diez economistas que habían asesorado al gobierno en el desarrollo del programa para el periodo 2008-2012. Entre ellos estábamos Joseph Stiglitz y yo, lo cual me sorprendió, pues éste no era el caso, al menos en lo que concierne a mi persona. Protesté entonces de que se utilizara mi nombre. El portavoz de la campaña electoral del gobierno Zapatero se excusó atribuyéndolo a un error. Decidí no denunciarlo ni comentarlo públicamente para no dañar la candidatura del PSOE. Pero el equipo económico del gobierno Zapatero no ha contado nunca con el asesoramiento de economistas socialdemócratas, que ellos llaman “tradicionales”. Todos ellos son de clara persuasión neoliberal. Y algunos, como David Taguas y Miguel Sebastián, de clara orientación ultraliberal.

Otra observación, que es obvia pero que requiere hacerse de nuevo. No es cierto que no haya alternativas. Varios economistas hemos documentado extensamente políticas alternativas que son factibles y realistas. No sólo partidos a la izquierda del PSOE sino organismos como Attac, han hecho propuestas alternativas a las neoliberales que se están realizando. Como tampoco es cierto que España no pueda desarrollar otras políticas alternativas, a no ser que haya cambios en Europa y en el mundo. Estas explicaciones y justificaciones de las políticas neoliberales que se están haciendo son falsas y erróneas. Otras políticas públicas son posibles si hay voluntad política para hacerlas. En lugar de bajar el gasto público social para reducir el déficit del Estado, por ejemplo, se pueden aumentar los impuestos. Si España tuviera la política fiscal de Suecia, el estado español ingresaría 200.000 millones de euros más de los que ingresa. En realidad, el Estado español es el que ingresa menos fondos. Sólo una cantidad equivalente al 34% del PIB, mucho menos que el promedio de la UE-15, 44% y que Suecia, 52%.

Y la otra observación es que el desastre electoral (reflejado en las últimas elecciones autonómicas y municipales) que están conllevando tales políticas se debe al desencanto entre las bases sociales, y muy especialmente entre las clases trabajadoras hacia el gobierno por llevar a cabo tales políticas. Es lo que pasó en Gran Bretaña con la Tercera Vía, en Alemania con Schröder, en Italia con Prodi, y un largo etcétera. La supuesta modernización del socialismo que conllevaba el abandono de principios básicos del socialismo en democracia (es decir, la socialdemocracia) ha sido un desastre electoral con enormes consecuencias. La Tercera Vía del New Labour que había conseguido el 33% del electorado en 1997 (con el cual consiguió la mayoría absoluta en el Parlamento británico com consecuencia del sistema electoral bipartidista) cayó en picado desde entonces. En 2001, bajó al 25%, en 2005 al 22%, y en 2010 al 19%. En Alemania el Partido Socialdemócrata que había conseguido alcanzar el 34% del electorado en 1998, bajó al 30% en 2002, al 27% en 2005 y al 16% en 2010. Ambos partidos perdieron durante su mandato más de la mitad de sus militantes. Un tanto semejante ocurrió con la izquierda italiana y en grado menor con la izquierda francesa. Las políticas “modernizadoras” (de claro carácter neoliberal) fueron las responsables de tal declive. Es un enorme error creerse que este declive se debe a personalidades y no al rechazo a unas políticas que antagonizan a sus bases electorales. De ahí que la discusión sobre candidatos a suceder a Zapatero sea una frivolidad mediática.

Es sorprendente que surjan voces dentro y fuera del PSOE que exijan un mayor modernización que parece implicar un mayor abandono de los principios de la socialdemocracia, tal como abandonar el concepto de universalidad de derechos sociales y laborales, de diluir todavía más el limitadísimo compromiso con políticas fiscales redistributivas que tiene hoy el gobierno Zapatero, privatizar la financiación de los servicios públicos, y un largo etcétera. Tal abandono significaría la conversión de tal partido en un partido minoritario, carente de movilización entre las clases populares. La Nueva Vía ha sido un paso en esta dirección. La única manera de parar y revertir tal declive es cambiar sus políticas económicas, fiscales y sociales, recuperando los principios y las políticas que fueron responsables de su éxito en el pasado. La falta de protesta dentro del PSOE frente a las políticas realizadas hasta ahora no dejan lugar a mucho optimismo para el futuro.

La FADE da las consignas para la región tras su asamblea, a través de su presidente…

La FADE da las consignas para la región tras su asamblea, a través de su presidente…

El presidente de FADE pide que Cascos encabece un Gobierno «fuerte y estable para tomar medidas valientes»

«No es lógico que tengamos tantos hospitales y un campus universitario en cada sitio», dice el líder empresarial

Foto: García Vigón: «No hay tiempo que perder para reformar el Estado del bienestar» 

La Nueva España. Oviedo, Luis GANCEDO

Severino García Vigón (La Güeria Carrocera, 1941) lleva 16 años en la presidencia de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE). Los cumplió este viernes, coincidiendo con la asamblea anual de su organización, un acontecimiento que García Vigón utiliza cada año para fijar las posiciones de la patronal ante los grandes asuntos de Asturias. El primero, el relevo político en el Principado: «Asturias necesita un gobierno fuerte para tomar medidas valientes», señaló el líder empresarial ayer, durante una conversación con este diario que se resume bajo estas líneas.

El Gobierno.

Vigón, que en estos años ha congeniado y pactado mucho con el socialista Vicente Álvarez Areces, cree que, por «lógica política», el Foro Asturias de Francisco Álvarez-Cascos y el PP están llamados a entenderse y a compartir la gobernanza de la región: «Por primera vez, la derecha, o las derechas, como dicen algunos (en alusión al PSOE), obtiene unos resultados holgados. Las urnas reflejan que los asturianos quieren un cambio de rumbo. Debe traducirse en acciones de gobierno». A Álvarez-Cascos le toca liderar ese proceso, aunque García Vigón dice ver con preocupación las distancias que mantienen las «derechas» asturianas, y que ayer quedaron de manifiesto en la constitución de las nuevas corporaciones locales. «Preocupa la incertidumbre sobre la fortaleza y estabilidad que debe tener un gobierno. Tiene que ser estable y fuerte para tomar medidas con valentía, medidas que sean favorables al desarrollo de la actividad empresarial». ¿Tiene Álvarez-Cascos el perfil adecuado? Responde Vigón: «Nadie puede dudar de que Cascos es un hombre decidido».

Los ajustes.

«Durante la campaña electoral los partidos pasaron de puntillas, con paso de gato, sobre los problemas de Asturias. Llegó el momento de la verdad, toca gobernar y tomar medidas que implicarán desgaste». Dentro y fuera de Asturias se da por hecho que las regiones están en vísperas de más ajustes económicos. El corazón del gasto autonómico es el Estado del bienestar: la sanidad y la educación. Vigón pide reformas: «Todos estamos orgullosos del Estado del bienestar y lo queremos preservar, pero hay que tomar medidas si no queremos ponerlo en peligro. No hay tiempo que perder; hay que hacer lo que se tenga que hacer para que la gestión sea eficaz y que no peligre la viabilidad del sistema. Contemporizar no vale».

El presidente de los empresarios esboza un primer diagnóstico: «No es lógico que en Asturias existan trece o catorce hospitales o que haya un campus universitario en cada sitio». ¿Hay que cerrar hospitales o campus? Vigón pisa ese terreno con cautela: «He esbozado el problema, pero no sé lo que hay que hacer, no es mi responsabilidad. Quiero, como el que más, que haya hospitales, y estudié en la enseñanza pública, al igual que mis hijos. No admito lecciones sobre eso. No estoy despotricando contra la sanidad o contra la Universidad, sino que las quiero más potentes y competitivas». El líder de FADE añade otro matiz: «No estoy hablando de gestiones privadas».

La corrupción.

Las investigaciones judiciales por escándalos de supuesta corrupción han marcado los últimos meses de la Administración socialista presidida por Álvarez Areces. Dos empresarios están entre los imputados por el llamado «caso Marea». Severino García Vigón pide que actúe la justicia y que se extremen los controles, pero también que «se pase página». «Siendo un problema grave y una señal de alerta para que funcionen los controles públicos, no puede sacarse la conclusión de que la asturiana es una sociedad corrupta. Ni lo son todos los empresarios ni todos los funcionarios. Tómense las precauciones necesarias y que el peso de la ley caiga sobre los responsables».

El empleo.

El presidente de los empresarios asturianos lleva últimamente la etiqueta de miembro del «ala dura» de la CEOE, de la amplia mayoría que enmendó la plana al presidente de la patronal española, Juan Rosell, y frenó en seco lo que unos días antes de las elecciones autonómicas parecía un acuerdo casi hecho entre el propio Rosell y los líderes sindicales para reformar la negociación colectiva. Vigón, partidario de cambios de gran alcance, evita admitir que Rosell fue reconvenido por su junta directiva. «El mercado laboral es ineficiente y poco flexible. El empresario tiene miedo a contratar, incluso aunque tenga pedidos», afirma.

Roto el diálogo social, Vigón emplaza a los partidos a articular en el Parlamento una reforma profunda de los convenios, que «son un corsé para la empresa a la que le va mal». Más madera en dirección a las posiciones sindicales: «UGT y CC OO buscan la sindicalización de las pequeñas empresas e incrementar su poder». El líder de FADE remata: «Se defiende a quienes tienen contratos indefinidos, pero habría que preguntarles a quienes están con contratos precarios o en el paro a ver si les preocupa si baja o no la indemnización por despido».

La Caja.

La reforma financiera es otra «fundamental», opina Vigón. Cajastur se bancariza y crece mediante fusiones. ¿Se despegará de Asturias? «Los asturianos hemos contribuido a la fortaleza de la Caja. Me imagino que seguirá presente una atención y un cariño especiales hacia la región. En la huerta donde se cogieron "les patates" no se dejar de sembrar». «Uno de los aciertos de Cajastur ha sido la gestión profesional, evitar las injerencias políticas; ese camino no debe tener marcha atrás», responde también.

La recuperación.

«Confío más en la fortaleza de la propia Asturias que en la del resto de España», sostiene Severino García Vigón sobre la forma en que la economía asturiana está buscando la salida de la crisis. La actual es una Asturias distinta a la de unas décadas atrás: «Tenemos empresas de propiedad asturiana, algo que prácticamente nunca hubo; inquietud por salir a mercados exteriores y multinacionales que han hecho los deberes y están tirando». El ciclo de las infraestructuras como prioridad toca a su fin: «Termínense las que están por terminar y ocupémonos de verdad de otros asuntos». «Tengo confianza», concluye Vigón.

«Estamos dispuestos a negociar con Cascos, pero no a cualquier precio»

12/06/2011/ Pablo A. Rubio, Avilés, en La voz de Asturias

Acude el presidente de los empresarios asturianos, Severino García Vigón, a su cita con LA VOZ después de despachar saludos, abrazos y ánimos entre sus compañeros. No es para menos, la situación económica y política de Asturias precisa de la implicación de todos, de ahí que una de las máximas preocupaciones de Vigón sea que en el Principado haya un gobierno fuerte, con el que están dispuestos a hablar, pero bajo una serie de condiciones.

Acaba de finalizar, de nuevo con fracaso, la negociación de los convenios colectivos. ¿Qué cuerpo le ha dejado este resultado? Decepción, pero tampoco mayor sorpresa porque yo que estaba en la pomada y sabía que no eran tantos los avances como se decían. Los avances eran costosos y difíciles yaque las situaciones de partida eran diferenciadas.

No se le ve muy sorprendido.

Pues no, la decepción es relativa porque cuando tú vas con ideas para solucionar los problemas y te encuentras con la cerrazón de que los derechos no se tocan, pues poco hay que hacer. Las consecuencias son que los empresarios tendrán más temor a contratar y más paro. Lo que también me queda es desazón por no tener la capacidad pedagógica para convencer a la otra parte.

¿Cómo calificaría la actitud de los sindicatos y sus descalificaciones de las últimas semanas? Son descalificaciones para la galería. Lo que no hay es conocimiento de la realidad. Yo estaba allí, cuando el 95% de nuestro comité dijo que lo que había encima de la mesa no se podía firmar y que si no se avanzaba nada, no merecía la pena firmar. Y además, la negociación no puede durar para siempre. Realmente, yo estoy más contento de no haber firmada que de haber firmado una tontería.

¿Y en qué situación nos quemos ahora? La situación es la siguiente. El gobierno ha tomado la iniciativa, pero ahí no tenemos nada que hacer, tienen que ser los partidos que reclaman y dicen lo que tiene que ser necesario, los que se encarguen de tomar las medidas.

No se le ve muy confiante en el Parlamento.

No, no tengo muchas esperanzas, sobre todo en comparación con lo que pasó con la reforma laboral.

En el plano político, las elecciones han dejado un panorama complicado y más con el enfrentamiento que hay entre Foro Asturias y PP. Ustedes ya alertaron días antes de las elecciones del peligro de un gobierno inestable, ¿qué espera que pase? Tiene que clarificarse. Yo espero lo mejor y que piensen en Asturias y se dejen de rencillas. Necesitamos y deseamos que tengamos un gobierno fuerte y estable, que es un deseo bastante lógico para tomar las medidas convenientes. Lo que ha pasado hasta ahora no nos ha gustado, pero todo puede cambiar, incluso antes de que acabe la entrevista (la conversación se realizó el viernes).

Aún así, todo parece indicar que Cascos será presidente y que es muy posible que Mariano Rajoy lo sea de la nación el año que viene. ¿Teme que el enfrentamiento afecte a la región? Eso queda demasiado lejos, hay que fijarse en lo de ahora y ver si arreglamos lo que tenemos en la actualidad entre manos, que es de lo que tienen que preocuparse los partidos.

Pues será con Cascos con quien tendrán que hablar si quieren reeditar un pacto social como han dicho en varias ocasiones.

Es así, lo hemos manifestado en varias ocasiones. Pero vamos allí si se nos invita y no a cualquier precio. Negociaremos si vemos que les interesa a los empresarios. Con nosotros no es difícil, pero el gobierno puede hacerlo de manera individual, tiene la competencia para ello. Lo que sí es verdad es que pueden ser sensibles pero pueden tenerlo lo suficientemente claro y hacerlo solos. A mi no me importa si legislan bien, si piensan por mí y lo hacen bien… Pero sería lo deseable, o no.

Ya, pero nosotros no somos gobierno ni siquiera parlamentario, somos empresarios y nos basta.

¿Qué explicación le encuentra al vuelco electoral que se produjo en Asturias? Hubo un claro castigo por el ciclo económico. Castigo y desilusión en la clase política, que ha estado remilgosa en aceptar la realidad. Y luego, que pasa el tiempo y las medidas no dan sus resultados. Y es difícil convencer a alguien que está en el paro o que tiene una carrera y no encuentra trabajo. Yo creo que los hechos han ido por encima de las intencionalidades políticas.

En las últimas semanas, como consecuencia de los cambios de gobierno se ha llegado a dudar de la solvencia de las finanzas de las comunidades autónomas, por ejemplo, el PP lo ha hecho con las del Principado. ¿Cómo cree que afecta a Asturias? Yo tengo que confiar en las cuentas públicas que se me ponen en la mano y en principio, aquí estamos mejor y no es bueno generar alarma sin justificación. Hombre, detectas problemas en las administraciones públicas y que este año nada apunta a que sea mejor. Pero tengo temor a que, aquellos que hacemos las cosas mejor estemos condenados a pagar los pufos de los demás.

¿Les preocupa que el ‘caso Renedo’ transmita a la sociedad la idea de que todos los empresarios son corruptos? Generalizar que todos los empresarios son unos sinvergüenzas es injusto y me resisto a que sea así, porque además, no es cierto. Aquí en Asturias, nos conocemos bastante bien todos. Igual pasa con los funcionarios, no es cierto que porque haya salido un caso quiera decir que todos son iguales.

Pardo, indignada, encabeza la rebelión de la derrota…

Pardo, indignada, encabeza la rebelión de la derrota…

Rebelión de los barones del PP

12/06/2011, por Juan Carlos Cuesta, en La Voz de Asturias

La rebelión de los resentidos del PP ya tiene cabecilla. Se llama Pilar Fernández Pardo, diputada nacional, cabeza de lista del PP en las últimas municipales, enemiga acérrima de Cascos y uno de los versos libres del partido en Asturias que ha preferido buscar cobijo a la sombra de los casquistas en Gijón que penar durante cuatro años por su estrepitosa derrota electoral. Ya forma parte de los díscolos, con los apoyos de Cabrales, Valdés, Salas y Amieva, un ejército que ahora aspira a derrotar a Ovidio Sánchez y a Gabino de Lorenzo, y de paso tapar su imagen de vencida por otra de escaparate enarbolando la bandera de la renovación interna. Lo veremos en unos días. Pardo tiene que vencer su traición a Roma como en su día lo hicieron los senadores implicados en la muerte de Julio César. Cuídate de los Idus de marzo, Gabino, porque la tentación es muy grande y se disfraza bajo la excusa de la responsabilidad.

La elección de Carmen Moriyón era algo previsto. Pero en las últimas horas parecía que su alcaldía estaba bastante lejos, aunque su entorno estaba muy tranquilo. Ni Fernando Goñi, secretario general del PP, ni Luis Crego, su otrora mano derecha, consiguieron que Pardo respetara la disciplina de partido. Ahora le queda lidiar con Moriyón y con los casquistas, pese a que la líder por horas del PP ya dice en su círculo íntimo que la inexperiencia de la alcaldesa será un plato que se tomará en frío. Habrá que estar atentos a lo que no se ha visto en el pacto, porque la primera afirmación de la regidora fue agradecer la generosidad de las huestes populares sin nada a cambio. Primer error. Esa sentencia delata que algo hubo como contrapartida y que ya estaba cerrado el mismo viernes. Pardo se juega mucho con este envite, salvo que vaya cargada de reyes y su futuro no dependa de formar parte de la próxima lista electoral a Madrid. Lo importante es la reacción de Génova. ¿Va a mantener a Pardo y a los díscolos en sus puestos, tanto en el ayuntamiento como en el Congreso? Y Cospedal ¿qué opina? ¿Permitirá De Lorenzo que su rival gijonesa se suba a las barbas? Así es la política. De momento, nadie ha hablado de programas. Lo importante son los cargos. Y, por cierto, lo del PSOE en Cangas del Narcea o IU en Degaña exi ge una respuesta.

La derecha desplaza a la izquierda en Asturias

La Voz de Asturias

Sin pacto previo, la alianza de centro-derecha funcionó en Asturias en la constitución de las nuevas corporaciones, excepto en Siero. La gran sorpresa se dio en Gijón, cuya vida pública se airea con la llegada de una alcaldesa de Foro, apoyada por el PP contra las órdenes directas de la dirección del partido. Cascos propina así otra importante bofetada a sus anteriores compañeros. Los populares tendrán que pensar muy seriamente cómo reconstituirse para frenar esta hemorragia. La izquierda, que encima perdió por desavenencias internas el Suroccidente, está empezando a ver socavado por los conservadores, con división y todo, un poder municipal hasta ahora sólido. Gabino de Lorenzo desde Oviedo es el único líder popular que resiste a Cascos.

La fragmentación tras las últimas elecciones constata una evidencia: la asturiana es una sociedad cabreada, consciente de que las cosas van mal y de que, probablemente, irán peor en el futuro. Hay que interpretar lo ocurrido como un grito de socorro que reclama remedios. Ése es quizás el mensaje que se encuentra en el fondo de las urnas y que los políticos, los de uno y otro signo, deberían ser capaces de leer sin que les ofusque la visión ni el juicio la mera ambición personal o el ánimo de ajustar viejas cuentas pendientes.

En la jornada de constitución de las nuevas corporaciones locales, el gran vuelco lo ha protagonizado Gijón. Después de treinta y dos años de gobiernos de la izquierda, una recién llegada, Carmen Moriyón, de Foro, es la primera regidora de derechas en la historia moderna de la ciudad. Ello fue posible porque los concejales del PP, contraviniendo a la dirección de su partido, decidieron apoyarla «a cambio de nada», según recalcó la flamante alcaldesa. Gijón necesitaba una renovación para oxigenar el ambiente. A partir de ahora serán los gijoneses los que valoren la gestión de Moriyón.

En la pelea por la hegemonía conservadora que se está dirimiendo en Asturias, Cascos da otro gran mordisco a sus antiguos compañeros del PP, a los que consigue doblar el brazo en un pulso sin concesiones. No lo logró en Oviedo, donde Gabino de Lorenzo conserva el bastón y los concejales casquistas, al revés que los populares gijoneses, le plantaron batalla presentando candidato alternativo. De Lorenzo es el único líder importante del PP que aguanta el envite de Cascos, el resto quedan casi laminados.

La quiebra de la disciplina en el PP provocada por la gijonesa Pilar Fernández Pardo y sus concejales agrava la situación del partido en Asturias, que urge una refundación si no quiere acabar devorado por el Foro de Cascos. El resultado de Oviedo fuerza a Gabino de Lorenzo a afrontar este mandato con un nuevo talante. Aunque así pareció entenderlo en sus palabras de investidura, habrá que ver cómo se adapta a dirigir el Ayuntamiento en minoría tras haberse acostumbrado a las mayorías absolutas.

Los dos grandes bloques de derecha e izquierda -sin acuerdo previo el primero, sí el segundo- han impuesto su ley excepto en tres casos: Siero, único frente en el que los conservadores no se unieron, y Cangas del Narcea y Degaña, donde las desavenencias de la izquierda beneficiaron a los populares. Siero tendrá alcalde del PSOE. La dirección del PP ha jugado muy mal sus bazas en el cuarto concejo del Principado a pesar de recibir el regalo de la Alcaldía por el accidente de tráfico y el exceso de alcohol del anterior regidor socialista, Juan José Corrales.

Y, en el test de resistencia al que Cascos sometió a sus antiguos subordinados, PP y Foro han conservado todas las alcaldías donde resultaron más votados y arrebatado además otras ocho a la izquierda con alianzas espontáneas. En tres casos, por el apoyo de los foristas al PP: Grado, Cangas de Onís y Caravia. En otros cinco, por el de los populares al partido de Cascos: la ya reseñada Gijón, Valdés, Cabrales, Salas y Amieva. La derecha, proponiéndoselo o no y con un Cascos que emerge con fuerza arrolladora y un PP que se desinfla en las principales plazas, desplaza a la izquierda en Asturias

Llegar a una Alcaldía es un triunfo que se limita al campo electoral. Sería pírrico si no tuviera una traducción política eficaz o llevara, por la endeblez de los apoyos, al desgobierno. Pirro, rey de Épiro, pasó a la historia por conseguir una victoria cuyo coste fue tan grande que le abocó posteriormente a un desastre total. Tomar lo que está pasando como una licencia para la venganza, no como un llamamiento a evitar la postergación del Principado, sería peligroso. Marqués llegó al Gobierno regional en minoría y desbarató sus posibilidades al rebelarse contra la dirección del PP de Cascos y de Gabino de Lorenzo. En esta ocasión ha sido Cascos quien, rechazado por Rajoy y De Lorenzo, se ha dispuesto a aniquilar al partido al que contribuyó en primera línea a llevar al Gobierno de España. Los que siguen en el PP, derrotados en esta ocasión, se resisten aunque aturdidos por la debacle que sufren en defensa de su marca, que es de ámbito nacional, para dar la batalla a medio y largo plazo. Por eso ha resultado imposible el triunfo de una derecha unida en Asturias: porque da la impresión de que Cascos pretende borrar del mapa al PP mientras que el PP quiere rearmarse para plantarle cara. Lo que no consiguieron en los congresos del partido lo están forzando a través de los electores. Y a la mayoría de ellos esas cuitas les importan un bledo.

Que el bloque de centro-derecha sea por primera vez mayoría en Asturias es la consecuencia de una izquierda quemada tras tres décadas sin hallar la fórmula para situar la comunidad en la senda de la recuperación, noqueada por una recesión galopante y hundida por la pésima gestión de Zapatero. La rama socialista de esa izquierda renuncia a priori, así lo ha anunciado, a gobernar esta vez el Principado, aun pudiendo intentarlo, quizá por la mala conciencia de lo que ha hecho en las tres últimas legislaturas.

Lo grave es que con el negro panorama que acecha y la incertidumbre de una realidad tensa y compleja, la intelectualidad regional enmudezca. Y, más preocupante, que se calle por temor a represalias. Los asturianos somos un millón, no sólo los que votaron a cada partido o al que ganó las elecciones. Y en todos, sin facciones, deberían pensar ya los políticos. Asturias no está en condiciones de añadir a sus muchos males los de una crisis política paralizante.