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CONTRARREFORMA NO

En la Casa de la Cultura de Mieres a las 19:30 h.

En la Casa de la Cultura de Mieres a las 19:30 h.

El consejero Faustino Blanco ofrece hoy una charla en Mieres

La Nueva España

El consejero de Sanidad del Principado de Asturias, Faustino Blanco, ofrecerá hoy en Mieres una charla sobre la sostenibilidad del sistema sanitario público.

La conferencia, organizada por el colectivo «Tertulia 17», tendrá lugar a las siete y media de la tarde en la Casa de Cultura de Mieres. La charla también dará lugar más tarde al debate, en el que se analizarán asuntos como el copago farmacéutico, los ajustes y recortes en la sanidad y si el sistema podrá aguantar el próximo año tal y como se encuentra.

Con esta charla, «Tertulia 17» retoma su programa de actividades, que incluirá otras iniciativas, como unas jornadas gastronómicas.

Lógicamante, todo para después de las elecciones gallegas y vascas…¡¡no sea que pierdan más votos!!

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Sanidad retrasa el grueso de los recortes

El ahorro de 7.000 millones previsto resulta inalcanzable al ritmo actual

La revisión de la cartera de servicios no estará hasta después de las elecciones del 21-O

Emilio de Benito, Madrid, 4 OCT 2012, en El País

El grueso de la reforma sanitaria tendrá que esperar. Pese a su anuncio en abril —casi forzado por el imperativo de ahorrar 7.000 millones en un año que formuló el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy—, las medidas se retrasan. Porque salvo las medidas fáciles (el cambio del copago o repago y la exclusión de los extranjeros en situación irregular), las demás propuestas están solo esbozadas. El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (la reunión de máximo nivel entre comunidades y el Ministerio de Sanidad) de ayer así lo manifestó. A los cinco meses del real decreto ley de los recortes, fue de carácter “técnico y administrativo”, como admitió el propio departamento que dirige Ana Mato en la nota correspondiente. Tanto, que por primera vez ningún miembro del ministerio compareció en la rueda de prensa posterior, lo que motivó una protesta de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS).

De hecho, la principal medida aprobada en el consejo fue la de las pólizas especiales para atender a extranjeros (una especie de seguro para inmigrantes en situación irregular). Sanidad insiste en que con ello no se pretende paliar el problema de la atención a los auténticos sin papeles, sino que es más bien una medida destinada, por ejemplo, a estadounidenses sin seguro en su país o para paliar el denominado turismo sanitario de ciudadanos europeos que prefieren tratarse en España, por ejemplo, porque el copago aquí no existe o para evitarse esperas o escoger el lugar donde pasar la convalecencia. También servirá para los españoles que nunca hayan cotizado pero ganen más de 100.000 euros al año (rentistas). Este seguro costará 710,40 euros anuales en el caso de menores de 65 años, y 1.864,80 euros anuales para los mayores de esa edad. Sanidad no tiene un cálculo del ahorro que puede suponer. Lo que sí midió el Tribunal de Cuentas en 2009 fue el coste del turismo sanitario (917 millones de euros).

Esta medida de excluir a los extranjeros sin papeles (inmigrantes o turistas y estudiantes), junto con las destinadas a reducir el gasto en farmacia, son las únicas que están ya en vigor. Al repago de los medicamentos el ministerio atribuye 400 millones de ahorro en los últimos dos meses, aunque ahí entran también los 80 millones que habría bajado la partida sin tomar esas medidas, si se asume que se hubiera mantenido el descenso de un 4% mensual que venía registrando la partida hasta junio. Este es el único concepto en el que los ahorros posibles se acercan a los previstos (a 200 millones por mes, en los siete meses que quedan para que se cumpla el año se llegaría a los 1.400 millones, cerca de los 1.500 millones presupuestados).

El resto de las partidas para ahorrar está todavía casi en mantillas. El consejo aprobó ayer crear una red de agencias de evaluación integrando las autonómicas ya existentes con la estatal. Su papel será clave para conseguir un ahorro permanente, ya que les corresponderá revisar la cartera de servicios básica (la común a todas las comunidades). Con ello pretende ahorrar 700 millones, según la memoria económica del real decreto ley. Claro que, para eso, habrá que empezar a igualar criterios y eliminar prestaciones obsoletas, algo que se sabe que está en marcha, pero sobre lo que no se ha tomado ninguna decisión aún.

Tampoco se tomó ninguna decisión sobre otro los temas que se están trabajando: qué pasará con el resto de prestaciones de la cartera secundaria (transporte sanitario no urgente, dietoterápicos, ortoprótesis). Se prevé que tengan un copago —con excepciones—, pero no está definido todavía.

Estos dos conceptos son muy delicados desde el punto de vista de la opinión pública, por lo que el retraso de los grupos de trabajo es comprensible. Y fuentes del PSOE afirman que, por eso mismo, a ello se une la conveniencia para decidirlo después de las elecciones gallegas y vascas del 21 de octubre.

También se decidió crear una plataforma de compras centralizada. Con ello se quiere agilizar un sistema que, hasta ahora, solo se ha usado para la vacuna de la gripe y las del resto del calendario vacunal común, con un ahorro estimado de 30 millones. Una cantidad importante, pero muy lejos de los 500 millones atribuidos en la memoria económica.

Mañana en Avilés...

Mañana en Avilés...

Las consecuencias de no hacer frente a la factura en aquellas comunidades que la tramitan pueden ser muy relevantes…

Las consecuencias de no hacer frente a la factura en aquellas comunidades que la tramitan pueden ser muy relevantes…

El caos de la exclusión sanitaria

La cobertura de los sin papeles varía sustancialmente en cada autonomía.

Tras un mes de vigencia de la nueva norma, la confusión es total entre médicos y pacientes

Jaime Prats, Valencia, en El País.

Desconcierto, falta de previsión, disparidad de criterios... La expulsión de los inmigrantes sin permiso de residencia de la atención sanitaria pública ha desembocado en un lío monumental. Un mes después de la entrada en vigor de la medida, los sin papeles tienen cobertura según dónde viven, la confusión crece entre los profesionales y organizaciones como Cáritas alertan de que cobrarles por la asistencia puede llevar a su muerte civil.

Las autonomías han tomado caminos muy distintos ante la decisión del Ministerio de Sanidad de retirar las tarjetas sanitarias a los extranjeros en situación irregular. Andalucía, Cataluña o el País Vasco se han salido del carril marcado por el departamento que dirige Ana Mato y han arbitrado medidas para seguir prestando asistencia a través de tarjetas con validez limitada a la red sanitaria local. Lo mismo ha hecho Galicia, que ha aprobado un programa que garantiza una atención en las mismas condiciones que un asegurado español.

El caso de Castilla-La Mancha y Canarias es distinto. Portavoces de los departamentos de salud de estas autonomías indican que aún no han comenzado a aplicar la medida ya que siguen contrastando las bases de beneficiarios remitidas por el Ministerio de Sanidad. Canarias culpa de esta situación al ministerio, que ya ha enviado tres documentos diferentes para subsanar errores.

Fieles al espíritu del real decreto que recorta los derechos sanitarios de los sin papeles, la mayoría de las comunidades gobernadas por el PP como Madrid, Castilla y León, Aragón, Baleares o la Comunidad Valenciana han optado por facturar los servicios que presten, aunque los pacientes carezcan de recursos para afrontar esos pagos. La cuestión va más allá de la discriminación que implica recibir reclamaciones de pago en función del lugar donde se viva. Puede acabar siendo un obstáculo insalvable para conseguir un permiso de residencia. Las autonomías que han manifestado su intención de facturar han tratado de restar trascendencia a este acto administrativo al asegurar que, primero, siempre se atenderá a los pacientes. Además, insisten en que emitir una factura no es sinónimo de cobrar, dando a entender que no sucederá nada si los inmigrantes no pagan. Y es fácil que muchos de ellos no lo puedan hacer: la atención sanitaria no es barata. De acuerdo con uno de los catálogos de precios actualizados (de Castilla-La Mancha, publicado el pasado día 13), un día en una unidad de cuidados intensivos puede llegar a costar 2.824 euros.

Pero, como advierte Francisco Solans, de la subcomisión de extranjería del Consejo de la Abogacía, las consecuencias de no hacer frente a la factura pueden ser muy relevantes. El curso que sigue el impago es un trámite que acaba en la Agencia Tributaria, sigue con “un procedimiento ejecutivo, recargo y embargo de cuentas si las tuviera. Si no, la deuda se mantiene y, si hay más, se acumulan”.

A la hora de solicitar un permiso de residencia o renovarlo se exige estar al día en el pago a la Seguridad Social y Hacienda. Por ello, encadenar impagos que acaban en abultados números rojos con Hacienda puede suponer la imposibilidad de saldar esta deuda y, en consecuencia, de abandonar la condición de irregular, lo que equivale a una especie de muerte civil. Esta circunstancia preocupa a entidades humanitarias como Cáritas que ya ha encargado informes a sus equipos jurídicos para evaluar las consecuencias de no pagar las facturas sanitarias.

Fuentes del Ministerio de Sanidad sostienen que desde que se sacara a los inmigrantes de la sanidad pública (menos las urgencias, la atención a las embarazadas y a los menores) las comunidades autónomas “no han comunicado ninguna incidencia”. La lectura que se hace desde Médicos del Mundo, es otra. “Existe una gran confusión en la profesión médica y preocupación entre los inmigrantes que temen acudir a las consultas por temor a identificarse”, apunta un portavoz. La organización, especializada en la atención a personas en riesgo de exclusión, ha llegado a recibir llamadas de centros de salud para pedir instrucciones de cómo atender a los inmigrantes. Aunque admiten, al igual que la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, que, de momento, no se está registrando el volumen de problemas previsible si se hubiera hecho una aplicación a rajatabla y global de la norma. “No sabemos si esta confusión y la dilatación en la implantación de la medida se debe a la incompetencia técnica de las autoridades sanitarias o a un retraso deliberado a la espera de que baje la atención de los médicos y la sociedad”, aventuran desde Médicos del Mundo.

Para añadir aún más desconcierto, Sanidad aún no ha aprobado la alternativa que ha ideado para abrir una puerta que permita el acceso a los sin papeles a la red pública. Se trata del pago de una póliza (710 euros al año para menores de 65 años) que solo daría acceso a la cartera de servicios básicos (sin subvención en medicamentos, prótesis externas o transporte sanitario). Un mes después de la entrada en vigor de la exclusión sanitaria, está previsto que esta solución - inasumible para muchos inmigrantes por su coste -, se apruebe en la reunión de la Comisión Interterritorial del Sistema Nacional de Salud convocada para el próximo miércoles.

Con información de Reyes Rincón, Antía Castedo y Diana Mandiá.

Las comunidades gobernadas por el PSOE se opusieron a este nuevo copago y varias de las gestionadas por el PP plantearon la necesidad de estudiar el asunto en mayor profundidad…

Las comunidades gobernadas por el PSOE se opusieron a este nuevo copago y varias de las gestionadas por el PP plantearon la necesidad de estudiar el asunto en mayor profundidad…

Prolegómenos del próximo Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud a celebrar el próximo día 3 de octubre.

El Gobierno vasco se opone al copago en los traslados no urgentes en ambulancia

El Correo Vasco

El Gobierno vasco se opone a que los pacientes tengan que abonar una parte del transporte no urgente en ambulancia. «Estamos en contra de cualquier copago. También de este porque entendemos el transporte sanitario como una parte más del proceso asistencial», señaló ayer el viceconsejero de Sanidad, Jesús María Fernández.

Esta es la postura del Ejecutivo de Patxi López, tras la reunión que tuvo lugar el pasado miércoles en Madrid. Se trató de un encuentro preparatorio del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud -reúne al Ministerio de Sanidad con los consejeros del ramo-, que tendrá lugar el día 3. Las comunidades gobernadas por el PSOE se opusieron a este nuevo copago y varias de las gestionadas por el PP plantearon la necesidad de estudiar el asunto en mayor profundidad antes de llevarlo al Consejo.

Por ello, el Ejecutivo vasco confía en que este asunto no se aborde en la reunión del 3 de octubre. Entre otras razones, porque el borrador «no habla en ningún momento de a qué pacientes se quiere cobrar, cuánto, si hay excepciones en función de la renta, qué topes se ponen… No creo que se trate el miércoles próximo», comentó el ’número dos’ del Departamento vasco de Sanidad. Si se aborda, Euskadi expresará su oposición.

En esta reunión también se aprobará la puesta en marcha de convenios con los inmigrantes en situación irregular para que abonen los servicios sanitarios. La medida establecida por el Ministerio de Sanidad es que suscriban acuerdos con la Seguridad Social por un coste de 710 euros anuales y de 1.864 en el caso de los mayores de 65 años. «Nosotros no vamos a aplicarlo», recordó Fernández. Galicia, pese a estar gobernada por el PP, ya ha advertido de que seguirá prestando la atención gratuita a los extranjeros. Navarra, donde gobierna UPN, creará una línea de ayudas para subvencionar la asistencia sanitaria a los inmigrantes con un año de residencia en la Comunidad foral que carezcan de recursos económicos y de antecedentes penales.

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Y siguen, y siguen, y siguen…

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Los ajustes que vienen…

El Consejo Interterritorial de Salud debe definir aún varios asuntos del copago pendientes

Emilio de Benito, Madrid, en El País

Todavía no se sabe el orden del día del Consejo Interterritorial del miércoles. Pero los temas pendientes son muchos. Y esta vez —otra vez, si se cuenta el cambio del copago o el medicamentazo que entrará en vigor el lunes—, como en el verso de Niemöller falsamente atribuido a Brecht, va a afectar a todos. Muchos son los aspectos que quedan por debatir. Algunos fueron tratados por el secretario de Políticas Sociales del PP y consejero de Salud de Castilla-La Mancha, José Ignacio Echániz, el miércoles, cuando convocó a la prensa para remachar los datos de ahorro conseguidos desde que se modificó el copago farmacéutico, con unos ahorros —que puede ser menos si aparecen complicaciones a futuro, algo que Echániz descartó— de 400 millones en dos meses.

Por ejemplo, está pendiente por definir qué es transporte sanitario urgente (que, por definición, será gratis para quienes tengan tarjeta sanitaria) y qué no lo es. Las opciones son muchas: traslado de personas a diálisis, a quimioterapia, desplazamiento entre centros sanitarios, a pruebas... Una portavoz del Ministerio de Sanidad insiste en que la equiparación entre “no urgente” y “con copago” no es inmediata, y que puede haber excepciones. Tampoco está definido qué porcentaje del coste tendrán que pagar los usuarios. Echániz se limitó a decir que “en la mayoría de los países, ese transporte no se considera una prestación sanitaria”. La puerta al copago queda, aún, más abierta.

También es ya el momento de que se empiece a definir la cartera básica de servicios. Asuntos como las pruebas diagnósticas (por ejemplo, mamografías), la reproducción asistida y las pruebas genéticas están siendo revisados. Eso no implica, en teoría, que vayan a reducirse. Pero si el objetivo es ahorrar, está claro que algo habrá que restringir para cumplir el propósito que manifestó Echániz: “Que todas las comunidades hagamos lo mismo”.

Por la decisión final de incorporarse a un procedimiento conjunto en vez de habilitar uno propio, como inicialmente se había dicho…

Por la decisión final de incorporarse a un procedimiento conjunto en vez de habilitar uno propio, como inicialmente se había dicho…

El Sespa, que incumplirá el plazo comprometido, espera un acuerdo entre el Ministerio y la Seguridad Social para ingresar el dinero a los jubilados

El Principado devolverá 300.000 euros del copago de fármacos a 50.000 pensionistas

Sólo los jubilados con discapacidad que cobraban una prestación de la LISMI están exentos de pagar sus fármacos

Oviedo, Pablo ÁLVAREZ, en La Nueva España

El Servicio de Salud del Principado (Sespa) deberá devolver a unos 50.000 pensionistas de la región alrededor de 300.000 euros que pagaron de más por sus medicamentos. Ésta es la cuantía acumulada en los dos primeros meses (julio y agosto) de aplicación de la norma que establece el copago de los fármacos por parte de los jubilados. El Gobierno asturiano no podrá, al menos en estos primeros compases, cumplir su compromiso de efectuar las devoluciones antes de tres meses de efectuado el pago. La norma del Ministerio de Sanidad fijaba un máximo de seis meses para llevar a cabo este reembolso.

El Sespa prevé ingresar el dinero de forma directa en las cuentas corrientes de los jubilados. Fuentes del Ejecutivo regional explicaron que para dar este paso es necesario que cristalice un acuerdo de ámbito nacional entre el Ministerio de Sanidad y el Instituto Nacional de la Seguridad Social que permita a este último organismo facilitar al Ministerio los números de cuenta bancaria en los que puede realizar el ingreso.

El Gobierno asturiano había previsto inicialmente habilitar un mecanismo de devolución propio para agilizar los trámites. Sin embargo, finalmente ha decidido incorporarse a un procedimiento conjunto.

El copago de los medicamentos entró en vigor en toda España el pasado 1 de julio. La principal novedad es que, desde entonces, los pensionistas deben abonar un 10 por ciento del coste de sus medicinas, con un tope mensual de 8, 18 o 60 euros, en función de su nivel de ingresos.

El problema es que el actual sistema informático de los centros sanitarios y las farmacias no permite determinar cuándo un pensionista ha alcanzado su tope mensual de pago de 8, 18 o 60 euros. Ésta es la razón de que, cuando entró en vigor la nueva normativa, la Consejería de Sanidad del Principado adquiriera dos compromisos: reintegrar el dinero pagado de más en menos de 90 días y poner a punto cuanto antes una aplicación informática que evite el exceso de desembolsos.

Una aclaración que llega muy tarde

Gijón / Oviedo, C. J. / P. Á.

Un error causado por la improvisación, y que el Gobierno asturiano achaca al Ministerio de Sanidad, ha llevado al gijonés José Abad Fernández, de 68 años y afectado por una incapacidad permanente, a realizar una auténtica peregrinación en busca de lo que inicialmente se había anunciado: que los jubilados con discapacidad verían primada su condición de minusválidos y, por consiguiente, recibirían sus medicamentos de forma gratuita.

Ayer, la Consejería de Sanidad aclaró a este periódico que, en realidad, el Ministerio se ha retractado de la primera información que había facilitado y ha determinado que sólo están eximidos de pagar aquellos discapacitados que venían percibiendo una prestación con cargo a la LISMI (Ley de Integración Social del Minusválido). Sin embargo, ayer mismo, en la página web de la Consejería aún figuraba la aseveración de que para los jubilados aquejados de minusvalías «lo que prima es la minusvalía y, por tanto, estarán exentos de aportación».

Esta aclaración llega muy tarde para José Abad. La discapacidad le impide trabajar desde 1996. Un accidente laboral en su trabajo como encofrador le provocó varias limitaciones orgánicas y funcionales que derivaron en la obtención de una prestación por dicha incapacidad. Se le asignó una pensión vitalicia equivalente al cien por ciento de su base reguladora anual.

Pero con la implantación del copago sanitario, el pasado julio, llegó la primera sorpresa: en su farmacia le pidieron que abonara un 10 por ciento de la factura. Esgrimió su certificado de invalidez ante el Sespa, pero «me trataron de muy malas formas y me dijeron que estaba todo correcto», explica.

José admite que tiene capacidad económica para asumir el gasto, pese a lo cual se plantó «por una cuestión de derechos». Desde entonces está en «huelga farmacéutica». No ve viable que muchas personas con discapacidad o en situación de dependencia puedan afrontar una aportación del 10 por ciento cuando deberían formar parte del grupo de usuarios exentos de aportación.

Discapacitados y enfermos crónicos se han convertido en las grandes víctimas de la reforma sanitaria, sostiene este vecino de Gijón, dispuesto a seguir adelante con «cualquier contencioso» hasta obtener una respuesta favorable.

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La exclusión de los inmigrantes es solo el primer paso de un proceso de privatización...

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La demolición programada de la sanidad pública

Por Aser García Rada, Pediatra y Periodista, en el País

"Seguro médico para toda la familia. Desde 36 euros al mes/persona”. Esto leen las fotocopias que empiezan a colgar de farolas y paredes del madrileño barrio de Malasaña. La operadora informa que trabajan con Mapfre y Adeslas y que las tarifas varían según la edad y el uso. Siendo joven y yendo poco al médico –el cliente estrella de las aseguradoras- es como se consigue la que se anuncia. En caso contrario, todo sube. Probablemente la relación entre estos anuncios y el hecho de que desde el pasado 1 de septiembre la sanidad española ya no sea universal no es casual, lo que evidencia cómo la sanidad privada será el gran beneficiario del promovido e interesado declive de nuestra sanidad pública. Y no solo porque se excluya a determinados colectivos que precisarán alternativas. El inminente recorte en prestaciones anunciado por Ana Mato, que implicará repagar servicios actualmente de acceso gratuito, además de golpear especialmente a los más desfavorecidos, conseguirá aumentar el número de pólizas. Pero esto es solo la boca de un sumidero nada casual.

Veamos. Siendo rigurosos, nuestra sanidad dejó de ser universal desde que se publicó en abril el real decreto, gestado en las esferas de índole económica del Gobierno, que degrada nuestro hasta ahora Sistema Nacional de Salud a uno de Seguridad Social, un retroceso que nos retrotrae a la época previa a la Ley General de Sanidad de 1986. La diferencia no es baladí. Mientras el primero se financia por impuestos generales y da cobertura a todos los ciudadanos, el segundo lo hace por cuotas de los trabajadores que revierten fundamentalmente en ellos. La mayoría de los mejores sistemas sanitarios, como los de los países nórdicos, Reino Unido, Italia, o hasta hace poco España, se configuran como Sistemas Nacionales de Salud, sistemas sólidos que tienen en común la dificultad que tiene la iniciativa privada para penetrar en ellos, al menos inicialmente. Si el sistema funciona razonablemente bien, ¿por qué contratar un seguro privado?

Así, para abrir paso al capital se ha establecido un plan de deterioro secuencial en el que el ministerio de Sanidad, sin liderazgo para ejercer de contrapeso frente al de Hacienda, actúa más como peón que como alfil. “Fomentaremos la colaboración publico-privada para la gestión de las infraestructuras y servicios públicos”, aseguraba la página 150 del programa electoral del Partido Popular para las últimas generales. La idea es sencilla: inicialmente se desacredita el sistema público para luego plantear la iniciativa privada como solución, pese a que los sistemas sanitarios con más participación privada son los más caros del mundo: véanse, frente al 6,5% del PIB dedicado a sanidad pública en España, a EEUU con el 17.4%, o a Holanda que tras implantar en 2006 su modelo de aseguramiento privado obligatorio pasó del 9% al 12%.

¿Y cómo se desacredita? Fomentando un discurso que cuestiona su sostenibilidad y recuerda sistemáticamente su amplia deuda acumulada –unos 15.000 millones de euros- como si ese desequilibrio fuese consustancial al sistema y no fruto de lustros de políticas autonómicas de marcado carácter populista, fomentadas por un gobierno central permisivo y que, lo mismo que nos han llevado a tener aeropuertos sin aviones, AVE sin pasajeros, o autopistas sin coches, nos han conducido a multiplicar innecesariamente el gasto en infraestructuras y tecnologías sanitarias y en medicamentos financiados. Los ciudadanos no somos inocentes, todos queríamos un hospital y un robot cirujano en nuestro barrio aunque sean ineficientes para mejorar nuestra salud. Los profesionales tampoco. Por desinterés, ignorancia, o connivencia, hemos mirado de lado.

Por su parte, casi ningún político reconoce que, especialmente desde que en 2002 se consumaran las transferencias sanitarias a las diez últimas autonomías, los criterios electoralistas han primado sobre los técnicos, lo que disparó el gasto sanitario del 5,4% en 2004 al 6,5% actual en lo que alguno ha denominado la “burbuja sanitaria”.

Periódicos rescates del gobierno central durante una década de bonanza mitigaron el descalabro hasta que, tras el inicio de la crisis financiera en 2008, eso dejó de ser posible. Por ejemplo, en Madrid se han construido desde 2003 diez hospitales y más de 70 centros de salud sin que se haya modificado la población de forma equiparable, sin que haya aumentado el número total de camas y bajo un modelo de colaboración público-privada que a la larga triplicará los gastos, como ya saben en Reino Unido donde nos llevan décadas de ventaja en esto. Otra comunidad, Cantabria, con 600.000 habitantes –menos de la población que cubre alguno de los centros madrileños- tiene cuatro hospitales, dos abiertos en los últimos años. Y así podríamos repasar autonomía por autonomía. ¿Cómo se les queda el cuerpo, pacientes abusadores?

Porque cuando no se asumen responsabilidades, hay que buscar culpable. El archimencionado “abuso” va en esa línea y justifica de paso la implantación de repagos que dificultan el acceso, otra bomba a la línea de flotación pública y otro regalo a la sanidad privada. Y por ahí llegó también la inexplicable exclusión de, entre otros, los indocumentados aprovechando el atavismo de apelar al odio al extraño. "No tener derecho a la tarjeta sanitaria no quiere decir que no lo tengan a la asistencia sanitaria, sino que no lo tienen utilizando una tarjeta que les confiere derechos para uno mismo y para sus familiares". Con esas palabras que hay que leer varias veces para entender en toda su obscenidad y que pasarán a la historia de la hipocresía más absoluta, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, rubricaba a la salida de uno de esos consejos de ministros del terror este despropósito.

Despropósito porque supone eliminar una medida humanitaria elemental y porque, como abrumadoramente atestigua la evidencia científica hasta las antípodas, los inmigrantes son más jóvenes, están más sanos y usan menos los recursos sanitarios. Menos incluso los irregulares, porque persiste su miedo a ser identificados y expulsados. También porque no son ellos sino otros ciudadanos occidentales los turistas sanitarios con los que se les persigue identificar, y porque son pocos, entre 150.000 y 300.000 -un 0,7% como máximo de la población-, lo que convertiría en irrisorio un supuesto ahorro que, fíjense, el propio ministerio de Sanidad reconoce no haber cuantificado. Ahorro en cualquier caso improbable pues se augura una crisis de salud pública y porque la evidencia también demuestra que limitar la accesibilidad -por ejemplo con un repago- implica que los pacientes acudan más tarde y peor, requiriendo finalmente tratamientos más costosos. También porque la medida entra en vigor cuando aún no se ha aprobado la alternativa propuesta para aquellos indocumentados –personas sin trabajo o con trabajos ilegales y precarios- que quieran mantener su cobertura pública, la de pagar 710 o 1.864 euros anuales según si son menores o mayores de 65 años, respectivamente.

Pero es probable que esta medida absurda y su delirante alternativa sean la clave para entender qué nos espera. Si se ha aplicado una medida tan polémica, carente de soporte técnico y de estimación de ahorro, caben a mi juicio tres posibilidades. O bien nuestros responsables son incompetentes, o bien es un guiño populista a los sectores más conservadores, o la más plausible y que, aprovechando la excusa de la “crisis”, supondría el fin literal de casi tres décadas de una magnífica sanidad pública con el que algunos sueñan. Esta es, que los irregulares hayan sido el globo sonda tras el que vayamos los demás. Es decir, que de aquí a que toda persona tenga que contratar un seguro, bien ese público que ahora el estado ofrece a los inmigrantes, bien uno anunciado en el cartel de una farola, pudieran quedar pocas fases de esta demolición meticulosamente diseñada.