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OPINION

Desde un punto de vista global de todo el país, nuestro actual Consejero de Sanidad sale muy bien parado…

Desde un punto de vista global de todo el país, nuestro actual Consejero de Sanidad sale muy bien parado…

La sanidad, en el punto de mira de la renovación autonómica

Editorial de Acta Sanitaria. Por su director Carlos Nicolás.

Foto.- Aquilino Alonso y María José Sánchez Rubio en su toma de posesión como consejeros en Andalucía.

 

Con el nombramiento de Aquilino Alonso al frente de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía se inicia una especie de renovación en los órganos de gestión la sanidad como consecuencia de los cambios derivados de las elecciones autonómicas del 24 de mayo. Aunque las elecciones en Andalucía fueron anteriores, ha debido esperarse a las del 24 de mayo para que, por fin, fueran posibles alianzas y apoyos que facilitaran a Susana Díaz la formación de nuevo ejecutivo.

 

En la constitución de este gobierno se ha optado por separar en dos consejerías distintas Salud y Servicios Sociales y poner al frente de ellas a sendos especialistas en una y otra materia: Aquilino Alonso, el hasta ahora viceconsejero de Sanidad, al frente de Salud, y a María José Sánchez Rubio, formada y fogueada en temas sociales, como responsable de Políticas Sociales e Igualdad. Desde mi punto de vista, se trata de dos consejerías fundamentales, no sólo por el monto de sus presupuestos, sino porque todo indica que la renovación que pretende hacer Mariano Rajoy desde el gobierno central va a girar sobre ambos postulados, después de haber hecho recaer sobre ellos los más drásticos recortes sociales llevados a cabo en lo que lleva de gobierno.

 

En el contexto andaluz, y dada la dependencia que la gestión sanitario tiene de economía, aparece también como positiva la continuidad de María Jesús Montero, anterior consejera de Sanidad, al frente de Hacienda y Administración Pública. Y no sólo por lo que se refiere a presupuesto, sino por lo que tiene que ver con la política de personal.

 

Comunidades renovadas

En cuanto al resto de gobiernos que han de constituirse en las Comunidades Autónomas cuyas elecciones se celebraron el 24 de mayo, se desconoce qué vayan a hacer aquellas lideradas por el Partido Popular (PP), al haber carecido de referentes de fuste en sanidad en los últimos años. No sucede lo mismo con las que vaya a gobernar el Parido Socialista (PSOE).

 

Desde nuestro punto de vista, la labor de Faustino Blanco en Asturias merecería la continuidad de éste al frente de Sanidad. Para Castilla-La Mancha se barajan varios nombres, todos ellos de prestigio y avezados en gestión, para resolver las consecuencias de la nefasta gestión de María Dolores Cospedad en el gobierno regional. En la Comunidad Valenciana, en donde el PSOE-PV va a encabezar el gobierno, llama la atención la figura del neumólogo Ignacio Subías, cuya labor de oposición como portavoz de sanidad ha sido muy bien valorada, Y otro tanto sucedería en Extremadura, de ser nombrado José Maria Vergeles, a quien se le reconoce (y lo ha demostrado ampliamente) una gran capacidad de gestión y liderazgo.

 

De momento, toca esperar.

Por Josep Borrell, catedrático, expresidente del Parlamento Europeo y miembro de Economistas Frente a la Crisis

Por Josep Borrell, catedrático, expresidente del Parlamento Europeo y miembro de Economistas Frente a la Crisis

La hora de la verdad

Para que Grecia se quede en la Unión Monetaria habrá que cambiar la terapia aplicada a sus males

 

¿Qué hubiera votado si hubiese sido griego?

Esta pregunta me la he hecho, y me la han hecho, varias veces desde el pasado jueves. No lo hubiera tenido muy claro. Tendría que escoger entre continuar con un mal conocido, la penitencia sin fin agravada con el acuerdo que los acreedores me proponían. Más años de recesión en un país ya agotado, sabiendo que eso no era una solución, porque no abordaba el problema de fondo que era, y sigue siendo, la reducción de una deuda insostenible. O un riesgo grave, pero difícil de valorar, el de una quiebra que arrastrase al país a una salida desordenada del euro. En esa situación, los acreedores -que somos los ciudadanos europeos también- tienen, tenemos, mucho que perder. El 90% de la ayuda a Grecia, ha ido a salvar a los bancos acreedores de Grecia. Los gobiernos les han liberado de ese pasivo peligroso y lo han trasladado al contribuyente. Los griegos solo han visto el dinero pasar de un acreedor a otro.

 

Enfrentados a ese dilema, casi un 40% de los griegos no han sabido o querido escoger. Pero si los griegos hubieran tenido una Constitución como la que los españoles heredamos de la apresurada reforma de Zapatero en el 2011, ese referéndum no se hubiera podido celebrar. Esa reforma estableció que el pago de la deuda tenía prioridad absoluta sobre cualquier otra necesidad. Es decir, Tsipras hubiera estado constitucionalmente obligado a no pagar ni pensiones, ni subsidios, ni salarios a finales de junio para poder devolver al FMI el crédito que vencía. Los griegos se hubieran tenido que hacer default a ellos mismo. Una solución que los comentaristas políticos consideraban indignante.

 

Los que acusan a Tsipras de peligroso demagogo, no solo desde la derecha, deberían ponerse en la situación por la que pasa Grecia. Un país en el que el PIB ha caído el 27%, el consumo familiar el 40 % (en España ha caído el 12 %), el empleo público ha caído el 30% , el déficit publico ajustado estructuralmente ha disminuido el 20%… para que este ajuste brutal acabe produciendo el 28 % de paro y una deuda pública del 180% del PIB. Una depresión peor que la de los años 30. Un colapso. ¿En qué país en esta situación no se hubieran reclamado otras políticas?

 

Esta calamitosa situación ha engendrado Syriza. Y al final el paciente se ha negado a seguir con la terapia que se le aplicaba. Ante una penitencia sin fin ni esperanza, los griegos han optado por afrontar el riesgo de salir del euro. No han votado para salir, pero pueden tener que hacerlo. Depende de la reacción de los miembros de la Unión, o casi exclusivamente, de la señora Merkel.

 

CERRAR LA PUERTA A PLATÓN

Digan que digan, la pelota está en su campo. Para justificar la entrada de Grecia en la Unión Europea, en contra de la opinión de la tecnocracia de Bruselas, Giscard d’Estaing dijo aquello de «no se puede cerrar la puerta a Platón». Si ahora dejamos que Platón se vaya, la Unión Monetaria ya no va a ser entendida como un proyecto político, sino como una superzona de cambios cuasi fijos, pero que ya se habrá constatado que se puede romper. Para que se quede, tendrá que cambiar la terapia equivocada que desde el principio se ha aplicado al paciente griego.

 

El gran error del Eurogrupo en las negociaciones, que Tsipras abortó con su convocatoria de referéndum, ha sido pretender separar la discusión sobre los detalles del plan de ayuda y la inevitable cuestión de la posterior reducción de la deuda. El Eurogrupo se ha mostrado demasiado rígido y las negociaciones han durado demasiado, abriendo la puerta al agotamiento de las reservas bancarias y a una muerte anunciada por asfixia financiera. Lo que ocurra ahora dependerá primero de lo que haga el BCE. El Eurogrupo debería decidir una vuelta rápida a la mesa de las negociaciones, sabiendo que la alternativa es o Grexit o reestructuración de la deuda. Por eso esas negociaciones no pueden ser otras reuniones al borde del abismo, que más parecen de mercaderes de alfombras que de responsables políticos.

 

A las presiones de los acreedores hay que responder con la urgencia política, para evitar que las opiniones públicas europeas choquen, se despierten los demonios del pasado y dar así una esperanza a Grecia. Más o menos en estos términos se han expresado los socialistas franceses. Pero del lado alemán, el SPD, por boca de su ministro de economía Gabriel parece mantener la puerta cerrada a un Tsipras que, según el alemán, con el referéndum ha cortado «todos los puentes con Europa». Mal que le pese a Juncker, no era esa la cuestión. Y esperemos que no sea esa la respuesta de la Europa que prometió hacer del euro un instrumento de prosperidad compartida.

Una opinión con fundamento…

Una opinión con fundamento…

Ayala: "Las vacunas deben universalizarse por convicción"

El científico asegura que oponerse a la dosis es un prejuicio sin fundamento

17.06.2015, Madrid, M. S. M. / Efe

El científico Francisco José Ayala, afincado en EE UU desde los años 60, considera que las vacunas no sólo son deseables, sino necesarias, y afirma que hay que "universalizarlas por convicción", aunque "si los prejuicios se extendieran demasiado" éstas podrían convertirse en obligatorias.

"Estoy en contra de que se obligue a demasiadas cosas, por lo que lo mejor sería universalizarlas por convicción", comenta. El biólogo será investido doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Barcelona mañana, un reconocimiento otorgado por más de 20 universidades.

Para Ayala, las personas que objetan de la vacunación no tienen conocimientos científicos: "Se trata de un prejuicio sin fundamento", dijo, tras la polémica suscitada por el caso de difteria en un niño de 6 años en Olot (Girona), al que sus padres no vacunaron y que permanece hospitalizado en estado grave.

El investigador, nacido hace 81 años en Madrid, pero cuya carrera se desarrolló en Estados Unidos, apuntó que si estos "prejuicios se extendieran demasiado, igual habría que llegar a la obligación y vacunar a todos los niños para ir al colegio". Expresidente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, Ayala comenta que el origen de la oposición a las vacunas por parte de algunos colectivos está en un estudio con doce niños que vinculaba autismo y vacunación. Se descubrió que el trabajo estaba "totalmente falsificado" y se retiró. No obstante, hay personas que siguen teniendo prejuicios contra todo lo que es tecnología y medicina aplicada: "Si no se vacunara habría unas crisis de mortalidad tremendas" porque existen estudios que calculan que las vacunas añaden 30 años más de vida de promedio a cada persona. Ayala, considerado uno de los grandes especialistas mundiales en evolución, dedicó parte de su carrera a tender puentes entre la religión y la ciencia, que, según ha asegurado, no están reñidas.

A su juicio, ciencia y religión tratan dos asuntos diferentes: la primera intenta explicar los fenómenos naturales, por ejemplo, cómo se constituye la materia, de dónde vienen los organismos o cómo funciona el cerebro. Sin embargo, la religión se encarga de los valores espirituales (el sentido de la vida o si hay vida más allá). "Los objetivos de una y otra son distintos y no tienen por qué estar en contradicción", según Ayala, para quien los problemas surgen cuando una se mete en el terreno de la otra.

El científico es además un batallador activo contra la teoría del diseño inteligente, que definió como "creacionismo con traje de domingo", es decir, lo mismo pero con "presentación más elegante". Sobre los últimos avances se refirió a un campo concreto: "De la misma manera que el siglo XX fue el siglo de la física, el XXI es el de la biología", dijo.

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Elementos para un cambio de verdad…

Elementos para un cambio de verdad…

PARTIDOS, CULTURA INSTITUCIONAL Y CLIENTELISMO POLÍTICO“

Nadie niega que haya todavía países donde las instituciones democráticas estén mal asentadas o sean incluso un decorado teatral” (Moisei Ostrogorski, “La democracia y los partidos políticos”, Trotta, 2006)

En LA MIRADA INSTITUCIONAL, BLOG de Rafael Jimenez Asensio, consultor, formador, jurista y profesor universitario.

Hace un siglo, Max Weber ya diferenciaba entre “partidos ideológicos” y “partidos clientelares”, aunque reconocía que todos los partidos son ambas cosas a la vez: tienen objetivos políticos y persiguen asimismo el reparto de cargos.

La profunda mutación que parece estar gestándose en el sistema de partidos español con la emergencia de “partidos nuevos” que se suman a los “partidos tradicionales”, puede ser una buena excusa para reflexionar sobre qué papel han jugado y pueden jugar los partidos políticos en las instituciones y, más en concreto, en la provisión de cargos públicos.

La política en España ha tenido siempre, desde los mismos inicios del régimen liberal, un componente muy marcado de clientelismo. Los partidos, como también diría Ostrogorski, se han configurado como “una tropa de asalto al poder para repartirse los despojos”. El régimen constitucional nacido a partir de 1978 no atenuó esa corriente de fondo, sino que, ante la multiplicación del tejido institucional, esa tendencia se vio multiplicada tanto cualitativa como cuantitativamente.

John Stuart Mill, en su obra Del Gobierno representativo, contraponía el modelo inglés al existente en buena parte de los países de la Europa continental de entonces, al afirmar que “el corretaje de cargos” es una forma de ambición extraña a los ingleses como colectividad, pues, salvo algunas excepciones, el modo de elevarse en la escala social tomaba una dirección enteramente contraria: la del éxito en los negocios o en una profesión cualquiera. No es este, precisamente, nuestro camino. Aquí, en cambio, se valora a las personas por “lo que son” (en particular, por el cargo que ocupan), no por “lo que hacen”. La afición “al cargo” es algo consustancial a ese peculiar carácter peninsular. No somos los únicos.

No cabe duda que las instituciones en la etapa democrática han sido pasto de clientelas políticas, como diría Alejandro Nieto. Pero este no es un fenómeno nuevo. Viene de lejos. Y la sociedad (la ciudadanía), así como sus medios de comunicación, se han mostrado enormemente complacientes con esa lacra. Algunas personas se han beneficiado y otras, la mayor parte, han mirado hacia otro lado, esperando tal vez su momento. La gravedad del problema no se puede minimizar.

El espacio natural de la política son los órganos representativos. Con base en el principio democrático, la política también dispone de otro hábitat natural para desplegarse, que son los gobiernos. Y el personal eventual o de asesoramiento político. Pero, a partir de ahí, se extiende una enorme “zona de incertidumbre”, al menos en este país. En efecto, entre nosotros, a diferencia de otras democracias avanzadas, la política cubre los puestos directivos de la alta administración, los niveles también directivos de las entidades instrumentales, inclusive penetra por medios diversos en la alta función pública o utiliza la palanca de la contratación laboral temporal y del personal interino para introducir sus huestes, como un fenómeno más de corrupción, en el empleo público. Familias enteras, políticas o de sangre, conviven en nuestro medio institucional. Y ejemplos hay por doquier.

Pero, además, los criterios políticos de reparto de cargos se han extendido sin rubor alguno a todo tipo de órganos constitucionales, estatuarios o asimismo a los innumerables “órganos de control” o autoridades “independientes”, creados por el Estado o por las comunidades autónomas, durante los últimos treinta años. Así las cosas, el sistema de frenos como medio de control de poder está profundamente averiado. Y ese déficit no se resuelve solo con la reconstrucción o reforma de esa “barrera de pergamino” que es la Constitución. Quien piense así, yerra de plano. Se necesita un cambio radical de cultura institucional y un renovado sistema de provisión de cargos que aleje las prácticas clientelares de los nombramientos políticos en todo este tipo de instituciones, pero a su vez no caiga en las redes de un rancio corporativismo o de posiciones tecnocráticas trasnochadas. Se han de establecer reglas nuevas que diseñen procedimientos en los que la imparcialidad y la competencia profesional de los designados esté plenamente acreditada.

No se trata, en efecto, de negar lo evidente. El Estado de partidos es una realidad que nos acompaña desde hace mucho tiempo. Y no cambiará fácilmente. Manuel García Pelayo en un libro publicado en 1986 (“El Estado de Partidos“, Alianza Editorial), intuía ya algunas de las derivas del modelo instaurado en la Constitución de 1978. Pero su análisis se quedaba corto. Barruntaba el problema, pero no lo cerraba por completo. Era, quizás, demasiado pronto.

Hoy en día nadie duda que los partidos “controlan” aquellas instituciones que deben a su vez ejercer el control de los poderes públicos estatales o autonómicos, “colocan” en esos órganos a militantes declarados, antiguos cargos representativos, ex altos cargos, personas con “sensibilidad” política similar o, incluso, fieles sin fisuras a quienes pagan servicios prestados. Tales instituciones están plagadas de personas “afines” a los partidos. Eso tiene un nombre: la “captura” de las instituciones por los partidos. Pero también esa práctica significa la ruina del sistema democrático. Sin instituciones de control el Estado constitucional carece de frenos.

¿Cómo acabar con esta situación? No es una pregunta de respuesta fácil. Cabe preguntarse, en primer lugar, si hay voluntad por parte de los partidos, sean estos “tradicionales” o “nuevos”, para cambiar ese estado de cosas. Y temo ser muy contundente en la respuesta: hoy por hoy no la hay ni en los “partidos tradicionales” (quienes han fracasado todos ellos sin excepción, si es que lo han intentado, en este importante reto) ni tampoco se observa de forma clara y precisa en las propuestas esbozadas por los “partidos nuevos”.

Pronto saldremos de dudas. El escenario de pactos múltiples para formar gobiernos en un futuro inmediato puede dar lugar a dos opciones. La primera será que los partidos utilizarán su poder de influencia para continuar con la política clientelar (cada uno pedirá “su parte”) en el reparto de cargos (ya hay precedentes de esta tendencia en algunas comunidades autónomas). La situación de deterioro institucional puede empeorar en este caso.

Y, la segunda, es que se produzca una auténtica renovación del sistema de provisión de los niveles directivos de la Administración y de los cargos institucionales, mediante un Pacto de Estado entre todas las fuerzas políticas (“tradicionales” y “nuevas”) que fije reglas precisas y procedimientos adecuados para proveer tales puestos de responsabilidad entre personas de acreditada solvencia profesional y honestidad contrastada, con la finalidad de reforzar la profesionalidad, la moral pública y los sistemas de control del poder dañados de forma intensa tras décadas de mala “praxis”. Nada que ver con las tibias y deslavazadas medidas de “regeneración” que se han puesto en marcha, en estos últimos meses. Pura coreografía.

La única opción válida es la segunda, pero me temo que, viendo como discurren los acontecimientos y los pobres discursos de esta política espectáculo o de eslogan que nos invade, una vez más se impondrá la primera. Si así es, de nuevo perderemos la oportunidad de aprender de nuestros errores y salir del subdesarrollo institucional en el que estamos “cómodamente” instalados desde hace siglos. No cabe poner “el vino nuevo en odres viejos”.

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Sencillo y acertado análisis…

Sencillo y acertado análisis…

Elecciones históricas. Semanas de reflexión

A la vista de los resultados de las elecciones municipales y autonómicas, el analista político advierte del proceso a vivir a partir de este momento que, en su parecer, resulta crucial para la configuración política española.

Por Tomás Merina Ortega, médico, sociólogo y politólogo.

Acta Sanitaria

Semanas de reflexión y semestre de transición agitada. Faltan seis meses para las elecciones generales. Las elecciones municipales y autonómicas han sido una meta volante, de cara a la meta final que serán las elecciones generales. Esa cita electoral es la trascendente, la configuración del parlamento nacional y el consiguiente gobierno de España. Semanas de reflexión porque lo que terminará por fraguar serán muchos pactos de dos, tres, o cuatro partidos, en casi todas las ciudades importantes del país para elegir Alcalde y/o Presidente.

El bipartidismo de PP y PSOE ha recibido un castigo importante: juntos han perdido 30 puntos y varios millones de votos. Los partidos emergentes (Podemos y sus marcas blancas municipales, junto con Ciudadanos y Compromís) han obtenido un triunfo histórico, de transformación del mapa político nacional de más envergadura que las elecciones de 1982 en las que triunfó el PSOE y se hundió UCD. Éxito mayor si tenemos en cuenta que Podemos y Ciudadanos, la primera especialmente, no se han presentado en todas las circunscripciones municipales.

 

Podemos y Ciudadanos

De los triunfadores hay que destacar el éxito de las listas presentadas en Madrid y Barcelona, por candidaturas afines a Podemos. Dos alcaldías emblemáticas en España y con repercusión internacional, para ser utilizadas como cajas de resonancia de nuevos triunfos. Podemos ha mejorado sus expectativas electorales y, de manera notable, su capacidad real de influencia.

Ciudadanos parece que ha obtenido un buen resultado, pero va a tener poca relevancia política en la mayoría de los casos. Buen resultado (tercera fuerza electoral en las municipalaes) con escasa capacidad de influencia, es escaso balance.

 

PP y PSOE

El PSOE consigue recuperar poder municipal y autonómico, tras aventajar a su histórico rival el PP. Esta victoria, no obstante, tiene un precio. En la izquierda hay ahora una lista mayor de partidos con la que repartirse ese espacio de la tarta del electorado. Aparentemente al PSOE no le queda otra solución que vincularse a Podemos, con el grave riesgo de ser fagocitado por el partido emergente. Ejemplos de ello hay por doquier en la historia política.

El PP se lleva una derrota histórica, un revolcón en toda regla, por la cantidad de poder perdido. No es que haya perdido mayorías absolutas, es que ha perdido toda posibilidad de gobernar los Ayuntamientos de las grandes capitales y de la mayoría de las Comunidades Autónomas, que hasta ahora venía controlando con gran holgura. La dirección del PP deberá valorar si mantiene el rumbo de su estrategia política, u opta por una renovación profunda, candidato a Presidente incluido. La lectura es fácil, el electorado ha mostrado su hartazgo y su desapego ante el del rosario de escándalos de corrupción.

Los otros perdedores, que no son pocos, son: CiU que se lleva un batacazo importante en el Ayuntamiento de Barcelona que puede enfriar los deseos de adelantar las elecciones catalanas. Bildu puede perder el Ayuntamiento de de San Sebastián. IU ha quedado muy reducida y UPyD que se le puede considerar en proceso de desaparición.

Por Carlos Ponte, presidente de la Plataforma por la Defensa de la Sanidad Pública de Asturias…

Por Carlos Ponte, presidente de la Plataforma por la Defensa de la Sanidad Pública de Asturias…

Elecciones y derechos sociales: la sanidad pública en la encrucijada

Carlos Ponte, portavoz de la Plataforma para la defensa de la Sanidad Pública de Asturias, expone las prioridades que debe afrontar el próximo presidente del Principado

ASTURIAS24

Las elecciones autonómicas del próximo 24 de mayo serán cruciales para los derechos sociales de la ciudadanía asturiana y, entre ellos, uno fundamental, la atención sanitaria. El dilema ante el que nos encontramos, que en buena medida se va a despejar con el resultado electoral, no es si estamos o no ante la recuperación de la economía en términos macroeconómicos, sino cuál será el modelo de sociedad que se conformará con la salida de la crisis. ¿Se mantendrán altas cifras de paro, precarización del empleo, bajos salarios y deterioro de los servicios públicos o, por el contrario, asistiremos a una recuperación de los derechos y las condiciones de vida de la mayoría de la ciudadanía?

En el caso de la sanidad pública, un pilar básico del derecho a la salud y la cohesión social de la población asturiana, la crisis ha traído un considerable retroceso. Ha sido la consecuencia de las políticas de austeridad, con el efecto sumatorio de determinadas debilidades estructurales y funcionales que el sistema sanitario ha venido acumulando a lo largo de los años, sin las políticas de corrección necesarias.

Los resultados están a la vista: la ruptura de la universalidad, con un modelo excluyente de aseguramiento; la introducción de copagos, que dejan, por ejemplo, a muchos asturianos sin acceso a los medicamentos recetados; las desmesurada listas de espera, que suponen en la práctica una denegación de la asistencia; el sustancial y correlativo incremento de la medicina y los seguros privados, a la cabeza de Europa en el gasto de este sector; o la precarización y desmotivación de los profesionales, cuando vemos lo que ocurre en el HUCA y el Servicio de Salud del Principado (Sespa) en su conjunto. 

Mucha problemas y de suficiente entidad, que requieren, desde la perspectiva de la Plataforma para la defensa de la Sanidad Pública, un gran pacto político y social para garantizar el futuro la sanidad pública. La situación del sistema sanitario reclama, en estos momentos, el esfuerzo consensuado de todas y todos los representantes de las fuerzas políticas que constituirán la Junta General del Principado que resulte de las elecciones,  y un nuevo contrato social de ciudadanía que asegure el derecho a la protección y la reparación de la salud.

Por ello, pedimos un compromiso político por la SANIDAD PÚBLICA que concretamos en los siguientes términos: 

 

  • Primero, el restablecimiento de la universalidad y gratuidad de las prestaciones, así como la revocación de los recortes y de la precarización laboral de los trabajadoras y trabajadores sanitarios.
  • En segundo lugar, medidas políticas que apoyen inequívocamente la gestión pública democrática en los centros sanitarios y en los consejos de salud, con capacidad para tomar decisiones, como expresión de la participación activa de los profesionales y los ciudadanos y ciudadanas.
  • Tercero, la rectificación del “hospitalocentrismo”, con un incremento de los presupuestos y la valorización y cometidos de la salud pública, la promoción de la salud y la atención primaria.
  • Cuarto, la puesta en marcha de instrumentos específicos de selección, evaluación y seguimiento para el uso racional de los medicamentos y las tecnologías sanitarias.
  • Quinto, y último, la recuperación ética del sistema sanitario con medidas como la declaración obligatoria de los conflictos de interés, la independencia de la Industria en la formación profesional, o la gestión transparente  --con participación social-- de las listas de espera.

En definitiva, demandamos acuerdos de mínimos, imprescindibles para la sostenibilidad del sistema sanitario público. Un reto para todas las fuerzas políticas que nos representarán en la próxima Junta General del Principado.

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Una lectura del informe BBVA-Ivie titulado “Servicios públicos, diferencias territoriales e igualdad de oportunidades”…

Una lectura del informe BBVA-Ivie titulado “Servicios públicos, diferencias territoriales e igualdad de oportunidades”…

Gasto sanitario y comunidades autónomas

La forma en la que se ha abordado el presupuesto sanitario en tiempos de crisis ha podido contribuir a generar mayores inequidades sociales añadidas a las inequidades territoriales

Por Javier Padilla, Madrid, Analista de Agenda Pública, en El Comercio

La forma en la que un Gobierno (estatal, autonómico o local, según el modelo de financiación) gasta su dinero en sanidad es una buena forma de estudiar el lugar prioritario que en esa sociedad se otorga a la sanidad como parte fundamental del gasto social. Además, en nuestro país, el análisis del gasto sanitario puede ayudarnos a estudiar de forma comparativa de qué manera han invertido las diferentes Comunidades Autónomas el dinero en sus servicios de salud.

Recientemente se ha publicado el informe BBVA-Ivie (bajo el título ‘Servicios públicos, diferencias territoriales e igualdad de oportunidades’) en el que se analiza el gasto en servicios públicos fundamentales, incluyendo la sanidad en dicho informe; de él podemos extraer algunas conclusiones que nos pueden ayudar a comprender el pasado, presente y futuro de la sanidad en nuestro país, así como en sus diferentes Comunidades Autónomas.

En primer lugar, hay que resaltar que España atravesó una época de importante crecimiento del gasto sanitario, por encima del crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), coincidiendo esto con la fase de expansión económica. Al llegar la crisis, sin embargo, este crecimiento no solo se detuvo sino que fue revertido, produciéndose un importante descenso del gasto sanitario… (leer más)

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En cartas a los lectores de La Nueva España… buen análisis que comparto.

En cartas a los lectores de La Nueva España… buen análisis que comparto.

Recursos humanos en el Sespa

Jesús Manuel González Palomares (Avilés)

Tras años de luchas judiciales, el Tribunal Superior de Justicia de Asturias anuló la libre designación de mandos en el ámbito del Servicio de Salud regional de jefe de servicio para abajo, y obligó a la Administración a convocar concursos de méritos para la cobertura de estos puestos. El fin de las prerrogativas y del dedo que todo lo designa estaba a la vuelta de la esquina. Como en el resto de administraciones públicas, los méritos de cada candidato serán los que determinen su valía, se revisará su trabajo periódicamente, los evaluarán sus superiores y formarán parte de un equipo con vocación de futuro que engrase los oxidados ejes de un sistema sanitario viciado por tantos años de enchufismo y cuotas políticas, en el que la igualdad, la capacidad y el mérito se habían cambiado por criterios aleatorios (en el caso de que hubiese alguno para los nombramientos) propios de empresas paternalistas, en las que el mandamás designaba a sus adláteres sin importarle ni su experiencia o méritos académicos ni su condición de personal eventual o interino, vulnerable a ceses o cambios de puesto, ofreciéndoles seguridad en el cargo a cambio de látigo y conculcación de derechos a sus subordinados.

Parece que me estoy refiriendo a tiempos anteriores a la ley de la reforma de la Administración pública, pero esto es de antes de ayer. De hecho, el decreto que regula los sistemas de provisión de puestos de trabajo singularizados y mandos intermedios en el ámbito del Sespa se publicó el 22 de octubre de 2014, y porque no le quedó más remedio a la Administración, acosada por sentencias y denuncias de amaños. Sin entrar a valorar minuciosamente el texto del decreto, sí llama la atención que en su artículo 2. Definiciones, designe a los puestos de trabajo singularizados como: “aquellos que tengan atribuido un contenido y unas funciones específicas que los distingan de los restantes puestos de trabajo y sean definidos como tales en la plantilla orgánica del Sespa”. Para los no iniciados, esta definición sería más que adecuada en un contexto en que los puestos de trabajo estén relacionados, pero hete aquí que en el ámbito del Sespa no existe tal relación, al contrario que en otros organismos públicos, en los que cada empleado conoce su función, ubicación y hasta los compañeros.

Entre el personal estatutario, esta relación de puestos de trabajo se sustituye por unas tablas en las que figura tan sólo el número de empleados por categoría y área, susceptible de modificaciones, y a la que llaman plantilla orgánica. A la administración sanitaria no le interesa, pues, que exista una relación de puestos de trabajo pormenorizada, porque supondría levantar la alfombra para revisar nombramientos interinos o eventuales, jefaturas, comisiones de servicios y puestos de trabajo fantasmas que no se sabe bien quién los remunera o qué función tienen, poniendo al descubierto la necesidad de un verdadero plan de recursos humanos, negociado con los agentes sociales y en el que, entre otras cosas, se incluyese de forma clara la convocatoria de ofertas de empleo periódicas, para terminar con una temporalidad y precariedad en el trabajo inasumible en una Administración pública. Y, aunque el decreto al que me refiero intente paliar de algún modo el dedazo como único sistema para los puestos de mandos intermedios, hay que decir que cinco meses después de su entrada en vigor, casi nada ha cambiado. Los puestos aludidos siguen ocupados por interinos y no se convocan a concurso de méritos; ni tampoco ha habido un aluvión de revisiones de puestos de trabajo singularizados que, bien por obsoletos o por novedosos, tuviesen que sufrir alguna modificación.

Todo esto invita a pensar que la concesión de jefaturas a mandos intermedios ha cesado hasta que se elaboren las convocatorias, conforme a la nueva normativa, pero no es así. A criterio de las gerencias, se han concedido jefaturas provisionales de manera urgente que ni siquiera cumplen el trámite de publicidad, con lo que las demandas están aseguradas, aunque a la administración sanitaria esto le dé igual. Como también le da igual incumplir el decreto al convocar plazas de jefe de grupo en comisión de servicios, o no cesar o revisar a los trabajadores que ocupan estos puestos de confianza y tienen nombramientos de carácter interino, como indica la normativa publicada.

Total, que ya tenemos decreto, pero para que lo cumplan otros. Al mismo tiempo, y obligado por resoluciones judiciales, el Sespa convocará inminentemente un concurso de traslados en el que con seguridad no estarán todas plazas vacantes, a pesar de que no hay previstas ofertas de empleo entre el personal no sanitario, a excepción de la categoría de celador/a. El desbarajuste en la gestión de los recursos humanos en el ámbito sanitario no es nuevo y aunque de cara al público se han publicado planes y decretos, lo cierto es que no hay voluntad política de meter mano a un problema que el usuario de la sanidad pública cada vez nota más. El nuevo Gobierno salido de las próximas elecciones autonómicas tendrá que afrontar una reforma que optimice los recursos humanos y acabe con la temporalidad y precariedad en un sector tan sensible como es el de la sanidad pública.

 

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